Valle de Güímar: La familia guanche de doña Lisa Gherardini 'La Gioconda'.


Los Gherardini eran una familia de la nobleza florentina, de la que se tienen registros desde la plena Edad Media en el norte de Italia. El primero en asentarse en Canarias fue Giovangualberto, o más propiamente, Giovanni Alberto Gherardini, quien vio su nombre castellanizado a Juan Albertos Guiraldín. Giovanni pertenecía a una rama de esta noble familia que no tenía grandes riquezas ni influencia política, siendo hijo de Antonmaria di Noldo Gherardini y de Lucrezia del Caccia, lo que lo convierte en uno de los hermanos de doña Lisa Gherardini, quien pasó a la posterioridad como la Mona Lisa al ser su famoso retrato pintado por el gran maestro Leonardo da Vinci.

LA VIDA DE LISA GHERARDINI.- Lisa Gherardini o "Mona Lisa" (que significa "Señora Lisa" en italiano, derivado de Monna Lisa, una contracción de Madonna Lisa), pero más conocida como La Gioconda, nació en Florencia (norte de Italia), el 15 de junio de 1479 y murió el 15 de julio de 1542, a los 63 años de edad en su ciudad natal. Fue sepultada en el convento florentino de Santa Úrsula. 

Según sus biógrafos, la Gioconda ingresó en aquel monasterio cuatro años después de quedarse viuda, donde ya era monja su hija Marietta. Genealogistas italianos aseguran que existen otros descendientes de la señora Gherardini, como fueron Natalia e Irina Strozzi, y además dos varones.

Copia del retrato de La Gioconda expuesto en el Museo del Prado (Madrid),
obra del Taller de Leonardo da Vinci.

Doña Lisa Gherardini era hija del matrimonio formado por Anton di Noldo Gherardini y Lucrezia del Caccia, pertenecientes a la familia Gherardini di Montigliari, una de las muchas familias aristocráticas que habitaban en la poderosa ciudad toscana de Florencia. Era de un linaje ilustre y antiguo, pero para aquellos tiempos la familia se encontraba venida a menos, con una influencia política inferior. Aún así, mantenía un estatus de vida más que acomodado, gracias sobre todo a sus posesiones rurales y a las rentas que les proporcionaban las actividades agrícolas y ganaderas en la zona de La Toscana.

La Plaza de la Señoría de Florencia. 
Obra de Giuseppe Zocchi (1744).

A la edad de quince años (1495), la joven Lisa fue prometida en un matrimonio concertado con el señor Francesco di Bartolomeo del Giocondo, un exitoso mercader de la ciudad de mucha más edad que ella. Dedicado al comercio de textiles y sedas, Francesco se encontraba viudo de un primer matrimonio y le llevaba catorce años con la joven Lisa. A pesar de la alta diferencia de edad, el matrimonio parece ser que fue muy bien avenido, tal vez feliz, teniendo, como hemos comentado, un total de cinco hijos (dos varones y tres hembras). 

Mientras que Lisa mejoró su estatus social, gracias al floreciente negocio de su marido, pero por su parte su marido Francesco se benefició del prestigio del apellido Gherardini de la familia de su esposa, estableciéndose el matrimonio en Florencia como una familia de clase acomodada.

Respecto a la persona de doña Lisa Gherardini, pasó el resto de su vida en su Florencia natal, centrada en su vida doméstica de acomodada aristócrata, cuidando a su prole y a su marido Francesco. Este llegó a ocupar diversos cargos como funcionario en el gobierno de la ciudad. La que fuera en tiempos la bella y enigmática Mona Lisa falleció en el verano de 1542, como hemos dicho en un convento, a causa de la peste, si bien Lisa sobrevivió a su marido.

UN HERMANO DE LISA GHERARDINI SE ESTABLECE EN TENERIFE.- Esta famosa dama florentina era, en efecto, hermana de Giovanni Albertos di Noldo Gherardini (aunque en español, fue más conocido como Juan Albertos Guiraldín), unos años más viejo que la modelo de Leonardo da Vinci. Dedicado al comercio marítimo como era vieja costumbre familiar de los Gherardini, el florentino hermano de la Mona Lisa, relacionado hasta entonces con la ciudad de Sevilla, decidió establecerse en Tenerife poco después de la conquista de la isla (1496) atraído por el auge que estaban experimentando las islas Canarias en el contexto europeo debido, principalmente, a la comercialización del azúcar.

Debemos aclarar que existen numerosas y dispares grafías de la versión castellana del apellido Gherardini, adoptadas cuando Giovanni Alberto Gherardini se asentó en Tenerife: Giraldín, Giraldini, Geraldín, Gueraldini, Guiraldín y Gallardín. 

Giovanni Albertos nació aproximadamente en el año 1477, también en la ciudad de Florencia, en la Toscana italiana, y como hemos comentado, siendo su padre, Antonio María Gherardini Casciani, que tenía 39 años y su madre, Mona Lucrezia del Caccia, que tenía 28 años. 

Según ha podido estudiar el investigador güimarero Miguel Ángel Gómez, Juan (o Giovanni) Albertos Guiraldín había llegado a las islas Canarias alrededor del año 1510, procedente de Cádiz, donde estaba avecindado. Viene a Tenerife como factor y apoderado de los hermanos florentinos Giovanni y Piero Rondinelli, que eran mercaderes asentados en Sevilla y Cádiz, estableciéndose inicialmente en Garachico. 

Giovanni se casó en Tenerife con Leonor Viña Negrón en el año 1520. Fueron padres de por lo menos cuatro hijos y cuatro hijas. Fijó su residencia en Tenerife, en donde arrendó en las localidades de Güímar y Adeje dos vastos ingenios de la floreciente industria cañamelera. Murió en 1554, en Candelaria a la edad de 78 años.

Según explica Miguel Rodríguez Díaz de Quintana (diario La Provincia 19.08.2018), Giovanni (o Juan) destacó como uno de los mercaderes más importantes de la colonia de origen italiano asentada en Canarias, el negocio del azúcar lo desarrollaba entre las islas de Madeira, Tenerife y La Palma, incluyendo también en sus transacciones mercantiles los paños, el aceite, la cera, la miel, el trigo y la cebada. 

Juan Albertos Guiraldín va, pues, a destacar desde los primeros momentos como un negociante activo, involucrado en numerosas y variadas actividades: compra azúcar a los productores, mercadea  con  ropa, cereales,  pez  y  otros  productos de Tenerife,  aunque  muestra  un  gran  interés  por establecerse en el Valle de Güímar, pues inicia una intensa actividad para conseguir datas y comprar tierras en la isla de Tenerife.

Foto de Alécio de Andrade con La Gioconda del Museo del Louvre (París)
(Colección del Centro de Fotografía Isla de Tenerife).

La historia de este personaje y su familia está contada en el libro Una hacienda azucarera del siglo XVI: el heredamiento de Güímar, cuyo autor es el citado investigador güimarero Miguel Ángel Gómez que trata de la historia canaria de la familia de doña Lisa (o la Gioconda, por el apellido de su esposo, Francesco del Giocondo), que fue publicado en 2018. Doctor en Historia, Gómez se topó con los Gherardini mientras investigaba un ingenio de azúcar del valle de Güímar, en la dorsal sureste de Tenerife.

En Tenerife el florentino en 1520 contrajo matrimonio con una tinerfeña de ancestros también italianos, Leonor Viña Gallegos, que era hija del comerciante genovés establecido en el Archipiélago, conquistador de Tenerife y uno de los navieros de la expedición de conquista, Mateo Viña Negrón, quien incluso, encontrándose residiendo en el Puerto de Santa María, participó en la financiación para dicha conquista. Este gesto económico como socio de Alonso Fernández de Lugo, le situó entre la élite social y mercantil de la primera sociedad colonial asentada en Tenerife. Conseguirá, además, la mayordomía de la Virgen de Candelaria, lo que le permitirá tener un papel relevante en las fiestas y celebraciones relacionadas con la Virgen.

Aclarar que Mateo Viña, mercader genovés y financiero de la conquista de la isla de Tenerife, como italiano, su nombre de familia era Bigna, castellanizado como Viña.

La privilegiada situación de las colonias genovesa y florentina de Canarias en aquellos inicios les aseguraba regentar cargos de importancia en la administración y en los regimientos de sus cabildos, sobresaliendo las regidurías perpetuas que luego pasaban de padres a hijos.

La Gioconda por Leonardo da Vinci (1503-1519).

El 26 de noviembre de 1514 recibe una data en San Cristóbal [de La Laguna] de un solar de 2 fanegas para hacer casa, tienda y huerta. Es una data hecha al mismo tiempo que otras dos iguales y colindantes para Benito Negrón y Pedro Cordero. Lindaba por delante con el camino real, por detrás con solar de Pedro de Vergara y por su costado con el solar de Benito. La vendió en 1516 a Benito Negrón.

En su voluntad de hacer una casa en Tenerife, en 1517 Guiraldín pide y se le otorga un solar de 120 pasos en la villa de Arriba, en San Cristóbal de La Laguna, lindando con la calle real y casa pajiza y corral de Juan de Medel, que en 1519 ya estaba construida.

Desde ese mismo año empieza a intentar tomar en arrendamiento los ingenios que D. Francisco de Vargas, Tesorero Real, tenía en Güímar y en Adeje, para ello lo encontramos otorgando poder a Juan de Torres, un socio con el que terminará emparentando, para que intente la transacción del arrendamiento, incluso la posibilidad de compra de dichos ingenios azucareros.

El 22 de febrero de 1522 obtiene una data de “100 fanegas de tierras en Agache, linda por una banda con la subida de alcance a la majada de Anocheza hasta la cueva de Arbença, e de la otra banda la fuente que se dice de Pablo el canario, por arriba el pinar”. Según cuenta Gómez, en 1557 todavía la tenía y la utilizaba para su ganado ovino. El 24 de octubre de 1557 se le concede otra data de 300 fanegas entre Candelaria y el ingenio de Güímar, que finalmente traspasó a su hijo Antón Albertos en 1543.

En los documentos notariales del ingenio del Valle de Güímar aparecía un tal Giovangualberto Giraldin como representante de la explotación entre 1512 y 1548 del ingenio de Güímar (que se situaba en el actual barrio de Güímar de Arriba o San Juan). A Miguel Ángel Gómez, el personaje no le llamó la atención por un apellido que ya había sido castellanizado sino por “todo el tiempo pasado al frente del ingenio”: “Treinta y seis años en los que además de desarrollar una importante actividad comercial en la isla, se casó con Leonor Viña, la hija de un genovés que cofinanció las conquistas de Tenerife y La Palma, y tuvo mucha relación con el mundo aborigen, llegando a ser patrono de la virgen de Candelaria que los guanches de la zona veneraban”.

Escudo de armas de la familia florentina de los Gherardini.

Por su parte, su esposa Leonor Viña Negrón había nacido en 1503, en Tenerife, como hija del Conquistador de Tenerife Mateo Viña y Catalina de Gallegos. Se casó en 1520 con el citado mercader Giovanni Albertos en Tenerife. Fueron padres de por lo menos tres hijos y tres hijas. Estos descendientes fueron los siguientes:

María Gherardini (n. hacia 1522 y f. fecha desconocida). Ana Camila Albertos Geraldín (n. hacia 1527  y f. fecha desconocida). Juan Bautista Gherardini (n. hacia 1528 y f. fecha desconocida). Francisco Gherardini (n. hacia 1530 y f. fecha desconocida). Agustín Alberto Geraldín (n. hacia 1531 y f. fecha desconocida). Juliana Gherardin (n. hacia 1532 que murió en 1582 sin sucesión).

Este mercader florentino, por tanto, tuvo de su legítimo matrimonio una descendencia que se encuentra hoy muy repartida por las islas, sobresaliendo entre ellas la familia Machado de La Orotava y la de Jaques de Mesa en Gran Canaria. 

Entre los múltiples negocios en que Juan Albertos Guiraldín se vio involucrado destaca, porque ocupó gran parte de su vida, la gestión al frente del ingenio y heredamiento de Güímar, una hacienda que se formó de una data otorgada por el Adelantado el 28 de febrero de 1500 a los hermanos italianos Juan Felipe y Blasino Piombino para plantar cañas y construir un ingenio de azúcar y que después de cuatro años de trabajo e inversiones tuvieron que renunciar en el Tesorero de la Corona, don Francisco de Vargas. 

De nuevo en 1512, Guiraldín toma el arrendamiento del ingenio y tierras de Güímar, que va a tener de forma continuada durante los siguientes treinta y seis años. En principio no queda constancia del tipo de contrato ni la forma en que Juan Albertos tiene la hacienda, si es a partido o a renta. Según Miguel Ángel Gómez solamente hay constancia de que a partir de 1519 la tomó a censo perpetuo junto con el heredamiento que don Francisco de Vargas poseía en Adeje. Al mismo tiempo que tenía arrendado el heredamiento de Güímar y el ingenio de Adeje, entre otras cosas, comerciaba con la pez de las cumbres de Güímar, y además había formado compañía con Pedro de la Nuez para explotar la hacienda de Daute.

Imagen de San Juan que se conserva 
en la ermita de Güímar de Arriba.

También hacia el año 1530 se comienza la construcción de una ermita que Guiraldín pone bajo la advocación de su patronímico junto al ingenio de Güímar, sería la ermita de San Juan, todavía existente en Güímar de Arriba, que daría nombre al actual barrio de San Juan en la parte alta de Güímar. Por ello, es muy probable que, dado su nombre, a don Juan Albertos se deba el patronazgo y la advocación de esta ermita, como fundador de la misma, donante de su solar y, seguramente, de la imagen titular, según señala el Cronista Octavio Rodríguez Delgado. 

Al dejar el Ingenio de Güímar, las actividades comerciales de Juan Albertos se van a reducir y limitar a las explotaciones agrícolas y ganaderas que seguía manteniendo en el Valle de Güímar y en Agache; también en La Laguna, junto a las laderas de San Lázaro y en Tacoronte. 

En enero de 1565, Juan Albertos Guiraldín otorga su testamento por estar enfermo. Manda ser enterrado en la iglesia de Ntra. Sra. de la Concepción, en La Laguna. Nombra albaceas a Leonor Viña, su mujer, a Bernardo de Cuevas (segundo marido de Catalina de Gallegos, su suegra) y Agustín Albertos, su hijo. Los herederos eran Agustín Albertos, Juan Bautista, Francisco, María Albertos y Camila Albertos. A finales de 1565 otorga otro testamento ante Francisco Márquez, que ratifica el anterior.

Fachada actual de la Ermita de San Juan, en Güímar.

COMO SE LLEGÓ A CONOCER EL ORIGEN DE ESTA FAMILIA EN TENERIFE.- Al respecto del estudio de esta familia en Tenerife, interesa destacar que el citado investigador güimarero Miguel Ángel Gómez Gómez descubrió la conexión florentina de Giovangualberto por los hermanos Rondinelli, que desde la ciudad-Estado italiana lo habían enviado a Occidente en busca de nuevos mercados. El apellido Giraldin se parecía al de la también florentina Lisa Gherardini, pero eso no le hizo sospechar en principio un vínculo entre los dos. “Se me hizo la luz cuando volví a ver el apellido tres o cuatro años después, esta vez en unos documentos de los hijos de Giovangualberto con Leonor en los que se ponían de acuerdo para viajar a Florencia a recuperar el patronazgo de varias capillas de la ciudad”.

Según explica Francisco de Zárate (El Diario.es 18.04.2019), el investigador güimarero contactó entonces con Giuseppe Pallanti, autor del libro Monna Lisa, mulier ingenua, quien le confirmó la existencia de Giovangualberto, un hermano de la Gioconda, que se había ido de Florencia sin dejar rastro documental. Pero la prueba definitiva la encontró en el archivo florentino: las capillas cuyo patronazgo buscaban recuperar los hijos de Giovangualberto eran las de la familia de la Gioconda. “La información que no me dio el padre, me la dieron los hijos”, señala Miguel Ángel Gómez.

TAMBIÉN HUBO UN HIJO EXTRAMATRIMONIAL.- Otra descendencia destacada del mercader cañamelero Giovangualberto que ha llegado hasta nuestros días procede de un hijo natural que tuvo el florentino en Madeira con una mujer posiblemente de origen guanche, hacia el año 1500, cuando todavía no se había asentado en Tenerife. El fruto de aquel devaneo fue el nacimiento de Antón Albertos Geraldini, (nacido en Madeira, en efecto, hacia el año 1500 y fallecido violentamente en Candelaria en 1554), que luego se estableció con su padre en los ingenios del sur de Tenerife (Güímar y Adeje), en donde se unió en matrimonio con la nativa guanche, Francisca Pérez González, hija de los guanches bautizados Pedro González y María Hernández. 

Su padre, en efecto, lo incorpora a las labores de dirección del ingenio de Güímar y es apoderado suyo en numerosas ocasiones. La conclusión que se puede obtener de los documentos, según Miguel Ángel Gómez, es que era hijo natural de Juan Albertos Guiraldín, de una relación que nos es desconocida pero que acompaña a su padre durante toda la vida y en sus negocios. 

Su padre le cede la administración de numerosos terrenos en el Valle de Güímar, en concreto, en Candelaria y en El Melozar (paraje situado entre Güímar y Arafo), incluso una data que recibió en Agache, como hemos visto; por otro lado, Francisca aportó unas tierras que tenía en Güímar, en la zona de Chacaica. 

Este matrimonio aconteció en Candelaria en el año 1544 con la mencionada guanche Francisca Pérez, que a juzgar por la dote que aportan al matrimonio los padres de la contrayente, su situación económica debió ser bastante desahogada.

Según el Heraldrys Institute of RomeAntón Albertos, en efecto, fue Alcalde Real de Candelaria, Maestre de Campo de la Coronelía de Güímar, y junto con su esposa Francisca Pérez, fundaron una capellanía en la iglesia de Candelaria. 

Este matrimonio tuvo tres hijos (un varón y dos mujeres): Juan Albertos, que llegó a ser Capitán de Infantería del Tercio de La Laguna en 1626 y primer Patrono de la Capellanía de Candelaria instituida por sus padres. Contrajo matrimonio en la Parroquia de los Remedios de La Laguna, el 28 de Noviembre de 1588, con Doña María de Mesa. 

Luisa Albertos, que se desposó con Francisco González, de origen portugués, y María Albertos, que no tomó estado. 

En el momento de fallecer, Antón Albertos Geraldini tenía 54 años, y al ser todos sus hijos aún menores de edad, su mujer Francisca Pérez pidió la curaduría sobre los hijos, para la administración de sus bienes, tal como consta en escritura pública firmada el 9 de octubre de 1554 ante el escribano de La Laguna Gaspar Justiniano, saliendo como fiador Antón Hernández.

Al mismo tiempo hizo inventario de los bienes que le quedaron de su marido Antón Albertos, y ante el mismo escribano, señala algunos de los bienes de su difunto esposo, los cuales eran:

Una casa de piedra y teja, con su colgadizo en Candelaria, ocho fanegas de tierra en el Melozar, 30 fanegas que disputaba con Leonor Viña en Güímar, 8 marranas, 5 vacas, 5 becerros, 2 asnos mansos, 2 burras salvajes, 2 borricos, una yunta de un buey y un novillo de 2 años, 200 colmenas en el Mocanal y numerosas deudas pendiente de cobro.

ANTÓN ALBERTOS GUIRALDÍN, EL PRIMER ALCALDE REAL DE CANDELARIA.- Antón, en efecto, llegó a ser el primer alcalde pedáneo de Candelaria, con jurisdicción en todo el ámbito parroquial de Santa Ana y San Pedro, en cuya jurisdicción vivía muy relacionado con la colonia guanche del Valle de Güímar. 

Según Octavio Rodríguez Delgado, Cronista oficial de Candelaria, la antigua Alcaldía Pedánea de la comarca, creada probablemente después de que lo fuese el Medio Beneficio Curado de la misma, en 1533, abarcaba a los actuales términos municipales de Candelaria, Arafo, Güímar y Fasnia. Su capital estuvo primero en Candelaria, hasta que en 1630 pasó a Güímar, al igual que la parroquia y el Tercio de Milicias. 

En efecto, el primer alcalde real de Candelaria fue Antón Albertos desde 1554, como hemos comentado, figurando como “alcalde del término de Candelaria” y maestre de campo de Milicias.

En esa época, en efecto, hay que señalar que el lugar de Candelaria compartía alcaldía pedánea (dependiente del Cabildo de La Laguna) con los pueblos de Arafo, Güímar, Agache y Fasnia desde mitad del siglo XVI hasta bien entrado el siglo XIX, en el que los diferentes municipios fueron escindiéndose. 

Fue, por tanto, alcalde real de Candelaria hasta que murió trágicamente a finales de julio del año 1554, como consecuencia de una lanzada propinada por el guanche Antonio González (hijo de Alonso González y Catalina Gaspar), siendo enterrado en la cueva de San Blas, en el pueblo de Candelaria. 

El agresor, como resultado de la acción tuvo que huir a La Gomera, donde fue apresado. Algunos años después, los hijos de Antón Albertos, ante los escribanos Sancho de Urtarte y Juan de Alzola, lo perdonan públicamente para que pueda volver a Tenerife. En agosto de 1579, la hija de Antón, Luisa Albertos, perdonaría al agresor por aquel homicidio, por el que tuvo que mantenerse escondido durante veinticuatro años.

Siendo alcalde, en efecto, sufre un atentando, pues durante una trifulca le arrojaron a la cabeza un arma de defensa guanche llamado banot y de las graves heridas murió en el verano de 1554. El autor de la disputa y homicidio, Alonso González, que además era su consuegro y del que se decía que era nieto del legendario Mencey Pelinor, rey que fue de Adeje, huyó luego a La Gomera para evitar el castigo de la Justicia.

Antón Albertos Guiraldín tuvo tiempo, eso sí, para dejar una descendencia que se extiende hasta nuestros días. El apellido que esta segunda rama familiar transmitió a sus descendientes fue el de Albertos, que al ir entroncando con otras familias hoy son muchos los Rodríguez, Cartaya, González, Díaz-Flores y Gómez que se extienden por las Islas, especialmente en Tenerife y Gran Canaria, y que se enorgullecen de traer genes de aquella histórica familia florentina, emparentada con La Gioconda, inmortalizada por el genio de la pintura renacentista llamado Leonardo da Vinci.

Para el investigador Gómez esta parte guanche de la historia fue más fácil de reconstruir. En los documentos notariales también se hacía mención de un tal Antón Albertos, un hijo natural que, antes de casarse con Leonor, Giovangualberto tuvo con una nativa de Tenerife. “Lleva el apellido Albertos porque Giraldín lo reconoce, Antón Albertos trabaja con su padre y llega a ser el primer alcalde pedáneo de Candelaria, de mucho prestigio en la comunidad guanche”, según explica Gómez.

Retrato de Lisa Gherardini.

De manera, pues, que el guanche-florentino Antón Albertos Guiraldín comparte, además, su primer nombre con su abuelo florentino Anton di Noldo Gherardini, padre de la Gioconda y de Juan Albertos Gherardini. 

RELEVANCIA ACTUAL DEL APELLIDO 'ALBERTOS'.- Con el apellido 'Alberto' o 'Albertos', en Canarias ha habido entre 25 y 30 generaciones de descendientes de Giovangualberto, entre los de su pareja guanche (extramatrimonial) y los de la genovesa (por su matrimonio con Leonor Viña). Uno de los descendientes actuales de la guanche es Calixto Alberto de León, que conoció a Miguel Ángel Gómez mientras buscaba información sobre un abuelo de Fuerteventura. “Me dijeron que fuera al archivo del Instituto de Estudios Canarios (IECAN) y ahí me encontré con Miguel Ángel [Gómez], que me habló por primera vez de mi antepasado florentino”, indicó Calixto a la prensa canaria.

Ayudado por el investigador Gómez y desarrollando una auténtica labor de genealogista, Calixto ha reconstruido un árbol de cinco siglos gracias al que todos los 'Alberto' de su entorno familiar han conocido su pasado guanche-florentino. “Empecé esto en el 2004, todas las tardes cazando datos en el IECAN, dos años muy fuertes que valieron la pena: en el 2006 reuní a toda la familia en Fuerteventura y se los presenté”, recuerda. En Güímar, dice Calixto, quedan muchísimos 'Albertos' y 'Alberto'. A lo largo de la historia española de la isla de Tenerife, por tanto, han habido alcaldes, curas, y militares con la sangre florentino-guanche de este apellido. 

Según el INE, en la actualidad, llevan en toda España el apellido Albertos, como primer apellido: 1.557 personas y como segundo: 1.485 personas. Los cuales representan el 0,17 por mil de toda la población española que se encuentra residiendo en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Por su parte, la variante Alberto, figura como primer apellido en 2.189 personas y como segundo apellido lo ostentan 2.158 personas. En este caso, está representado en el 0,61 por mil de la población de Santa Cruz de Tenerife.

Pedro R. Castro Simancas, 19.02.2026.
Festividad de San Barbado de Benevento.

Fuentes:

GÓMEZ GÓMEZ, Miguel Ángel (2006): "Juan Alberto Guiraldín, un mercader florentino en el panorama azucarero tinerfeño" en Coloquio de Historia Canario-Americana (año 2004), Ed. Casa de Colón, Las Palmas de Gran Canaria, 2006.

GÓMEZ GÓMEZ, Miguel Ángel (2018): Análisis histórico de una hacienda azucarera del siglo XVI: El Heredamiento de Güímar (Tenerife)Le Canarien Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 2018.

¿Sabes quien era la Mona Lisa? Conoce la historia de esta mujer en Selecciones Reader's Digest, México, 20 de mayo de 2020.

RODRÍGUEZ DELGADO, Octavio (2021): "Candelaria: Don Antón Albertos (?-1554), rico propietario agrícola y ganadero, alcalde de la comarca de Candelaria-Güímar y maestre de campo de su Coronelía de Milicias, de origen italiano y guanche, asesinado durante una pelea en plena juventud", en El Blog de Octavio Rodríguez Delgado, 6 de enero de 2021 (en línea).

Tenerife: Las Fiestas de la Virgen de Candelaria de febrero de 1810 contadas por el Vizconde de Buen Paso.


El que fuera III Vizconde de Buen Paso, don Juan Primo de la Guerra y del Hoyo Solórzano había nacido en La Laguna el 9 de junio de 1775, hijo del coronel don Fernando de la Guerra y del Hoyo y doña Juana del Hoyo Alzola Suárez de Deza, Marqueses de la Villa de San Andrés y Vizcondes de Buen Paso, naturales y vecinos de dicha ciudad, por entonces capital de Tenerife.


Fiestas de Candelaria hacía los años 50 del siglo XX.
Foto: Colección Manolo Ramos.

Además de III Vizconde de Buen Paso, fue XIV Señor de la Casa y Valle de Guerra, VII de los Mayorazgos de Guillén del Castillo y Valle de Ximénez. En 1795 es nombrado gobernador del Castillo de San Pablo del Puerto de la Cruz (Tenerife). Participó en la defensa de Santa Cruz de Tenerife contra el Almirante Nelson.

Retrato de Juan Primo de la Guerra, 
pintado por Luis de la Cruz hacia el año 1800.

Al igual que había hecho su tío y padrino, don Lope Antonio de la Guerra y Peña, don Juan Primo escribió un minucioso Diario, que abarca desde enero de 1800 hasta noviembre de 1810, en que fue interrumpido por su repentina muerte; estaba desglosado en 11 tomos manuscritos, uno por año e incluía noticias políticas y sociales de las islas, así como acontecimientos de su vida. Este Diario fue publicado en dos tomos en el año 1976 por el Aula de Cultura de Tenerife, con edición e introducción de Leopoldo de la Rosa Olivera.

Edición del Diario por el Aula de Cultura de Tenerife en 1976.

Como hemos señalado, estos diarios abarca desde 1800 a 1810; en él recoge, como hace constar, "la narración de aquellas noticias de mera curiosidad que pueden ser útiles de algún modo", acompañadas con notas que amplía la relación de lo ocurrido en cada uno de esos años. Para este artículo seguimos la citada edición al cuidado de Leopoldo de la Rosa Olivera, en dos tomos: Diario I (1800-1807) y Diario II (1808-1810).

En vida fue conocida su enemistad con el marqués don Alonso de Nava y Grimón, a quien amenazó de muerte en cierta ocasión y por si se ponía o no determinada banda o lazo en el pecho. Por este motivo fue contrario a la Junta Suprema de Canarias, presidida por el citado Marqués de Villanueva del Prado, durante el periodo de la invasión de Napoleón a España.

De su Diario, nos interesa en esta ocasión, conocer su visita al pueblo de Candelaria para participar de las fiestas a la Virgen en febrero de 1810. Como señala el cronista Octavio Rodríguez Delgado, la festividad del 2 de febrero era costeada por el Cabildo de La Laguna y mantenía su carácter solemne, aunque había decaído en las últimas décadas, pues como describe nuestro autor, había disminuido el número de personas notables que iban en romería, así como el número de tiendas que formaban la feria y el número de cruces parroquiales asistentes, pues antes acudían las de toda la isla y por entonces solo la de la parroquia lagunera a la que correspondía la fiesta anual de dicha ciudad.

Don Juan Primo de la Guerra llegó, en efecto, a Candelaria el 1 de febrero de 1810, en su propio caballo y acompañado por su criado, y abandonó este pueblo en las primeras horas de la mañana del día 3 de febrero, día de San Blas. En su minuciosa descripción incluye detalles del viaje y del recorrido, los lugares que atraviesa, el paisaje e incluso las plantas. Luego, ya en Candelaria, se detiene en detalles sobre la familia que lo alojó en su casa durante los dos días.

Casa del Cabildo, actualmente Ayuntamiento Viejo de Candelaria.

Incluye detalles de la vivienda en que se alojó en el pueblo de Candelaria y de las comidas efectuadas en ella, así como del ambiente que se respiraba en la Casa del Cabildo (que es el actual Ayuntamiento Viejo de Candelaria), los refrescos allí servidos, los juegos de naipes, las personas asistentes de las principales familias de la isla (del Hoyo, Soler, Anchieta, Saviñón, Chirino, Saavedra, Delgado-Trinidad de Güímar, Echevarría de La Gomera), y sus entrevistas con el diputado invitado ese año a la fiesta, vocal de la Junta de Gobierno del Reino, don Manuel María Avalle, con don Esteban Saavedra y con el sacerdote y antiguo compañero de estudios don José Quintero.

En efecto, el Vizconde sale del pueblo de Santa Cruz de Tenerife el día 1 de febrero y regresa del pueblo de Candelaria el 3 de febrero siguiente, que es cuando escribe el relato de la visita en su Diario.

Veamos, pues, el interesante y curioso relato que de la Fiesta de la Candelaria nos hace el Vizconde de Buen Paso en su citado Diario, cuyo original manuscrito se halla en el Archivo Municipal de La Laguna (Fondo de la Casa de Ossuna), y que extraemos de su tomo II (1808-1810), editado por el Aula de Cultura de Tenerife en el año 1976, que se contiene en las pp. 173-182.

RELATO DE LA VISITA QUE HIZO AL PUEBLO DE  CANDELARIA EN FEBRERO DEL AÑO 1810 PARA LAS FIESTAS DE LA VIRGEN.- Deseoso de hallarme a la función de Nuestra Señora en el lugar de Candelaria y ver de cerca aquella Santa Imagen, hallándome en este año [de 1810] con salud, sin embarazos y con caballo propio, me determiné a poner en práctica esta romería y salí de esta plaza [de Santa Cruz, donde residía] con mi criado a las diez y media de la mañana del jueves 1 del presente mes [de febrero]

Estaba el tiempo fresco, pero no llovía, y el sol descubriéndose con toda claridad de rato en rato daba hermosura al camino. Este es pedregoso hasta la distancia de un cuarto de legua, y allí se halla la montaña de Taco, en cuyas inmediaciones tiene una casa el teniente coronel don Francisco Tolosa. Las faldas de esta montaña tienen tierra más amena y laborable y sementeras. Atraviésase después la costa de Geneto; a ésta la zanjean muchos barrancos, que como ha llovido tanto en estos días corrían y formaban largas pocetas llenas de agua. Por los contornos discurrían apacentándose varios rebaños de ovejas y sus pastores las gobernaban con silbos y estaban tan tranquilos y gustosos que daban materia para escribir predios rústicos o églogas. 

Antiguo molino en El Chorrillo.

Será a la mitad del camino donde se hallan tres cruces, y allí es donde se dividen los caminos. Este paraje se llama «El Chorrillo». No lejos de allí se ven las ermitas del Rosario, el Pilar y San Isidro, y luego se empiezan a bajar las cuestas que conducen a Candelaria. Las plantas que se ven por este camino son las tabaibas, los verodes y cardonales, los balos, la alhuaga abrojosa y la leña blanca. Hay algunas viñas y sementeras.

Llegada al pueblo de Candelaria.

Yo llegué al lugar de Candelaria a las tres de la tarde [del 1 de febrero, víspera de la fiesta]; no tenía allí gente conocida donde alojarme, ni llevaba carta de recomendación. Así contaba con las buenas voluntades, y para conocerlas, al estilo de aquellos dependientes de los patriarcas que en los bebederos y manantiales se paraban a distinguir la posición de las mozas que venían por agua, y yo reparé en cuatro personas que salían del pocito santo con sus tallas.

El Vizconde sin duda se refiere a El Pozo que era un pozo de agua situado en el interior de una cueva cerca de la orilla del mar, que era una referencia geográfica importante, zona aún hoy popularmente conocida como "El Pozo"

En el pasado, en efecto, la procesión de la Virgen discurría desde su templo por la playa, hasta llegar a la ermita de Santiago y al Pozo Santo, que se hallaba en el límite poblado del pueblo. Dicho pozo, era de agua dulce en la baja mar y salobre en la pleamar, siendo usado por los habitantes del lugar para abastecerse de agua dulce, en un lugar donde los recursos hídricos escaseaban. Con el pasar de los siglos, sus aguas fueron ganando fama de milagrosas, ya que la Virgen de Candelaria llegaba en sus procesiones hasta este pozo, reflejándose la imagen de la misma en sus aguas. Hecho que seguía aconteciendo, milagrosamente, el resto del año, según la tradición de los creyentes que se acercaban al mismo. Además, el pozo se encontraba cercano al Camino Viejo de Candelaria, por lo que era usado como parada por parte de los peregrinos que acudían al santuario, para refrescarse y recuperar fuerzas antes de terminar su peregrinación.

Aspecto actual de El Pozo, en Candelaria.

Sus aguas eran, pues, consideradas milagrosas, teniendo cualidades sanadoras en virtud de la intervención de la Virgen de Candelaria, conseguida mediante la oración e intercesión ante la imagen de la Virgen situada en el propio pozo. Por todos estos motivos, con el paso de los siglos pasó a denominarse el “Pozo de la Virgen” o también “Pocito Santo”, como así lo llama Juan Primo de la Guerra en su Diario, quedando indisolublemente unido a la peregrinación y culto a la Virgen de Candelaria.

El Convento dominico frente a la playa de Candelaria.

Don Juan encuentra alojamiento.

Adelanté mi caballo y les propuse si habría quien recibiese a un forastero en su casa. Una de las cuatro me ofreció llevarme en casa de una hermana suya, y cumplió su palabra de suerte que a pocos minutos yo estaba en una casita cerca de la parroquia. Tenía en la sala una alacena con piezas de cristal y alguna con ramos dorados, cortinas de muselina y sus sillas y mesas. Allí vive Josefa Delgado, mujer de Antonio Herrera, el cual navega; ha estado de contramaestre en Cádiz y en la América y actualmente está en Lanzarote. 

Tiene en la casa tres hijos pequeños: el varón llamado José Rafael, y de las hembras la mayor María Antonia y Agueda la segunda. De las hermanas, una se llama María Clementa, que fue la que me condujo, otra Manuela y otra Isabel. 

Castillo de San Pedro en la playa de Candelaria.

Visita a las autoridades locales.

Visita en primer lugar a Don José de Baute Santos (1739-1820), nacido en Arafo y residente en Candelaria, quien fuera una figura militar y civil relevante en la zona del Valle de Güímar en Tenerife a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Fue castellano de la Batería de Santiago, guarda-almacén de Artillería, teniente coronel de Milicias, síndico personero y alcalde de Candelaria.

A las cuatro y media fui a presentarme al gobernador de las armas don Josef [de Baute] Santos, cuya casa, con azotea, tiene barandas en contorno. El capitán estaba fuera y le dejé recado. Venía de allí a ver al maestro fray Andrés Carrillo, palmero, quien fue maestro de alumnos en la Sociedad cuando yo fui alumno, y quien me trataba con agrado. Pregunté a un religioso y dióme la noticia de que había muerto pocos días antes. Sucedió su muerte a fines de diciembre, y el padre Carrillo está sepultado en el presbiterio, delante de la puerta de la sacristía. Yo dije que me parece bien una inscripción, pues a su constancia y a su celo infatigable se debe la reedificación de aquel monasterio, en el cual, consultando las obras de don Benito Bails y trazando y disponiendo el mismo padre, puso en práctica planos y diseños aprobados por la Academia de San Fernando.

Ermita de San Blas, en Candelaria.

Visita la Cueva de San Blas.

De allí fui a ver la cueva de San Blas, donde no había entrado. Esta fue por muchos años la residencia de la Santa Imagen de la Virgen, mientras recibía las atenciones de los guanches. En lo más escondido se ve actualmente un altar, con varias pinturas y el considerar que la Santa Imagen ocupaba entre salvajes los parajes más abyectos y olvidados, como lo hicieron mientras vivieron entre los hombres la Virgen y su Divino Hijo, causa en el alma un sentimiento tierno. En la misma capilla estaba ayer la imagen de San Blas, y se ve en un ángulo una pila de mármol.

Visita al templo del Convento dominico donde se custodiaba la imagen de La Candelaria.

Se llegaron las horas del Nombre. En la capilla mayor de la iglesia de Santo Domingo hay un crucifijo grande. La imagen de Candelaria estaba en su trono debajo de un dosel de terciopelo carmesí galoneado de oro por todas las costuras; la iglesia iluminada con lámparas y las piedras preciosas que adornaban la Santa Imagen brillaban sumamente. Los padres cantaron con solemnidad las horas del coro; después hubo una canción española en alabanza de la Virgen, cantada con acentos extraordinarios, pero melodiosos y que repite a cada estrofa ¡Oh Virgen de Candelaria, lucida estrella del mar!

Esta fue entonada por doce o quince hombres, vestidos de guanches, entre los cuales dos llevaban insignias de reyes los otros, medio desnudos, llevaban pieles y gorras de pelo, barba larga y unas lanzas de tres varas de alto. 

Aunque la concurrencia de estos guanches es propia de la función del 15 de agosto y no de la de ayer [2 de febrero], que es costeada por el Cabildo, parece que en este año [de 1810] se dio lugar a esta variedad en obsequio del diputado vocal de la Junta de Gobierno don Manuel María Avalle, quien fue a Candelaria convidado por el Cabildo. Los padres cantaron el Nombre, y por último otro coro de mujeres de La Esperanza cantaron a la Virgen una salve compuesta en versos españoles.

Actividades durante la noche del día 2 de febrero.

Yo volví al patio a las nueve de la noche con mi traje de camino y aforrado en el capote. Dos porteros, dependientes del Cabildo, vinieron entonces a convidarme de parte de los señores para el refresco. Les dije que me dispensaran pero que no estaba vestido con decencia para presentarme. 

A las diez [de la noche] me volví a casa, después de haber visto los bailes en las casitas llamadas de la Virgen, las cuales son destinadas para alojar las gentes de los lugares que van en romería. Mi patrona había aprontado la cena; tendió una estera por la sala y sobre la estera me hizo una cama, limpia y decente. 

Visita a la Iglesia parroquial de Santa Ana.

Ayer por la mañana [del 2 de febrero] fui cerca de las ocho a ver la iglesia parroquial, la cual es de una sola nave y su advocación de Santa Ana. En el retablo mayor tiene pintada una Trinidad; tiene altar con cuadro de Animas y en un nicho vi descubrir un Santo Cristo y la Virgen de Dolores. 

Visita a la Casa del Cabildo.

Creí acompañar al diputado cuando saliese para la función y con este designio fui a la casa del Cabildo después de las nueve. El secretario, que creo se llama Sotelo, le dio aviso y el diputado salió a hablarme a la sala. En su viaje a Canaria ha sido obsequiado dignamente, y el conde de la Vega Grande de Guadalupe, don Fernando del Castillo, le dio un célebre convite. De resultas de estas finezas el diputado, a su vuelta a La Laguna, regaló a mi madre un trozo de una tortada, de la cual mi madre me envió un bocado, y así yo pude contestar al diputado en orden a su viaje a Canaria. Preguntóme noticias de Santa Cruz: le dije que había entrado el correo y que se dice que la Francia toda está declarada contra Buonaparte. Tanto como toda la Francia me parece difícil que lo esté todavía, me contestó, y ya será buena noticia que algunas provincias se hayan declarado. Viendo yo que el diputado no salía tan pronto, me despedí; fui a Santo Domingo y allí esperé hasta cerca de las once en que entró con el Cabildo. Al diputado se le puso una silla de brazos y delante un sitial cubierto de damasco carmesí, con precedencia al Ayuntamiento. Llevó a la función su grande uniforme, bordado de oro, con dos bordados en la bota de la casaca, la cual era de paño azul turquí y tenía un escudo de oro bordado en el pecho. Las gentes del pueblo lo llamaron el capitán general, y el diputado se portó con generosidad, así con los guanches como con la guardia de soldados, a quienes dio una onza.

Antes de la misa anduvo por el claustro una procesión del Sacramento, en la cual el corregidor llevó el guión. Al tiempo de la misa predicó un padre, llamado Acosta, dominico, quien tomó su texto del salmo 25, en el que David exhortaba al pueblo para que se purificase y que en la dedicación del templo que erigió en Jerusalén diese a Dios gloria y honor. «Afferte Domino gloriam et honorem». El predicador propuso por puntos que la provincia de Canarias ha recibido singulares beneficios por la intercesión de la Virgen de Candelaria, y que debe corresponderle con su agradecimiento. Dirigió sus elogios al Ayuntamiento y dijo que se debía pedir a la Virgen por el soberano, por la Junta [Suprema] que rige el reino y por su diputado don Manuel María Avalle, y añadió que se debía pedir igualmente por el marqués de Villanueva del Prado, quien tiene en España los poderes de esta provincia. (No tenía yo noticia de que la Junta Suprema de Gobierno lo hubiese admitido por miembro suyo.) 

Respecto de este personaje de visita a Candelaria, Manuel María Avalle, señalar que estaba de visita oficial en Canarias. En efecto, en febrero de 1810, estando en Tenerife, Manuel María Avalle, como vocal diputado de la Junta de Gobierno del Reino, para resolver un contencioso entre las islas de Gran Canaria y Tenerife, fue obsequiado por el Cabildo de La Laguna con la representación de las “horas del Nombre” en la capilla de la Virgen de la Candelaria, como así describe el Vizconde de Buen Paso.

Manuel María Avalle, ocupó cargos como diputado en la Xunta del Reino de Galicia e incluso en las Cortes Generales, en Madrid, durante la época liberal del reinado de José Bonaparte, pero una vez finalizada la Guerra de la Independencia y regresado el reinado de Fernando VII, Avalle fue uno de los principales defensores de Galicia, en el bando absolutista que tanto predicaba la restauración del Antiguo Régimen.

Fue, al igual que su padre, regente perpetuo de la ciudad de Tui y miembro de las Xuntas del Antiguo Reino de Galicia en representación de la provincia de Tui. También fue elegido diputado a Cortes por la provincia de Tui durante varios años durante el siglo XIX. Participó activamente durante la Guerra de la Independencia en el bando absolutista leal a Fernando VII.

Para conocer mejor este aspecto de la mencionada Junta Suprema de Canarias y los conflictos que mantuvo con el Cabildo de Gran Canaria constituido en Las Palmas, durante el periodo de la guerra contra Napoleón en España, puede consultarse nuestro artículo en este Blog sobre la Junta Suprema de Canarias.

Iconografía de la Virgen de la Candelaria entre guanches 
que se conserva en la Ermita de las Angustias, Icod de los Vinos.

Procesión de mediodía de la Virgen el 2 de febrero.

La procesión fue a la cueva de San Blas después de mediodía, cuidando el diputado don Manuel María Avalle de la conducción de las andas. Después de restituida [la imagen de la Virgen de Candelaria] al templo, acompañada de la imagen de San Blas, se entonaron las letanías y se dio principio a una procesión deprecatoria. Esta la formaban la manga de cruz y el clero de La Laguna; la del convento de Candelaria y su comunidad y el diputado con el Ayuntamiento. Llegó esta procesión sobre la arena hasta el frente de las casas capitulares, y allí se verificó el despedimiento, volviéndose al convento la Virgen y la comunidad.

Yo volví a las dos de la tarde a la casa de mi asistencia, y después de comer llegó un portero a convidarme para que fuese al Cabildo. Le dije que yo agradecía el favor de los señores, pero que había comido ya. Convidóme entonces para el refresco de por la noche.

Las actividades del Vizconde en esa tarde y noche.

Por la tarde [del día 2 de febrero] yo estuve en el convento y entré en la sacristía, donde fray Josef Romero, lego ejercitado en varias atenciones del servicio del convento y de la Santa Imagen, hizo que un paisano de aquel lugar me refiriese los versos que tenían los cuadros de los milagros, antes que el padre Carrillo los hubiese hecho recortar, a causa de estar traspasadas del salitre las extremidades de los lienzos. Son ocho o diez los dichos cuadros y están distribuidos entre la iglesia y la sacristía, y todavía continúa el estilo de enviar a la iglesia el que ha recibido el beneficio alguna memoria suya, en cera o en pintura, pues hasta la mitad del año próximo ha recibido aquel convento algunos de estos anatemas enviados de la América.

A las seis de la tarde fui al Cabildo, pero entonces se habían levantado de la mesa y se tomaba el café. A las siete me hallé en el convento a la conducción de la Santa Imagen de la Virgen de la iglesia, donde la dejaba el trono, a San Blas, a su camarín, en el cual estaba la imagen de Santo Domingo penitente y tenía las paredes colgadas de damasco carmesí. Las paisanas de la Esperanza cantaron allí la salve y ya se había repetido en la iglesia la canción que dice: ¡Oh Virgen de Candelaria, lucida estrella del mar!

A las ocho volví al Cabildo. En el patio había faroles y dos bujías de plata y algunas cornucopias iluminaban la sala, en la cual estaba el diputado y un largo número de eclesiásticos, damas y convidados de La Laguna y otros pueblos. A poco rato llegó a sentarse a mi lado un joven vestido de negro, con aire de emprendedor y de ardiente en sus proyectos. La huerta que Vm. tiene en El Carrizal –me dijo– queda al lado de unas tierras que yo poseo; o arrendada o por otro ajuste puede Vm. cedérmela para unirla a la mía. Yo no tengo el gusto de saber quién es Vm., le respondí. Esteban Saavedra, marido de doña Justa Soler, me respondió. Pues esa huerta, volví a decirle, la tiene arrendada un pobre llamado Bartolomé Dorta, el cual me paga con puntualidad y cultiva la tierra, y no me parece bien el quitársela para que Vm. la tenga. Estaría más bien cultivada, me dijo. Yo lo supongo, le respondí, pero nunca me determino a proceder por el interés. A poco rato Saavedra se volvió a donde estaba.

El diputado se puso a jugar al naipe, un juego llamado la rentilla, en el cual estaban doña Elvira del Hoyo y doña Justa Soler, doña Angela Anchieta, doña María Teresa Saviñón, don Alonso Chirino, hijo del marqués de Las Palmas, Saavedra y algunos otros. Me instaron algunas damas para que jugase, pero yo me excusé porque no conozco aquel juego y me pareció inoportuno que los otros se empleasen en darme lecciones. 

Había en la sala otras damas, a saber, dos de la familia [Delgado]-Trinidad, de Güímar, la una joven, llamada Pilar, y una tía suya; dos hijas de doña María Teresa Saviñón y de su primer marido don Francisco O’Shea y una de Echevarría, natural de La Gomera, la cual vive actualmente en Candelaria con su madre. Algunos ratos me daban conversación estas damas y en otros me entretuve con don Josef Quintero, quien fue mi condiscípulo en el estudio de gramática y después ha sido cura en Buenavista, en El Hierro y en El Realejo, donde actualmente tiene su casa. 

Cerca de las diez [de la noche] se sirvió el refresco, de dos heladas, panal, bizcochos y chocolate, y con suficiente cabalidad (el mayordomo del Cabildo es don Pedro Montoya), y después de las once se despidieron los concurrentes y yo volví a la casa de mi asistencia.

Esta función de Candelaria, que en este año ha tenido las señaladas circunstancias de haber asistido a su celebración un diputado vocal de la Suprema Junta de Gobierno del reino, tuvo antiguamente otras ostentaciones, que en el día no están en práctica. El Cabildo recibía libremente en sus casas y daba alojamiento a un largo número de personas visibles que iban en romería; ocurrían muchas tiendas que formaban la feria; la imagen era conducida entonces frecuentemente de Candelaria a la ciudad de La Laguna, en donde el Ayuntamiento costeaba una serie continuada de funciones. 

A la [fiesta] del 2 de febrero [con anterioridad] concurrían a Candelaria las cruces parroquiales de toda la isla, cuando en el día [de hoy] sólo va la de aquella parroquia donde están las fiestas en La Laguna; bien que concurren llevados por el Cabildo los beneficiados de ambas parroquias de la ciudad. 

Procesión de la Virgen de Candelaria, 
hacía finales de los años 20 del siglo XX.

Celebraban los antiguos los milagros de la imagen de Nuestra Señora de Candelaria, hasta suponerla algunos poco reflexivos un ser viviente y animado; se escribían libros para sostener estas maravillas y la opinión del público era llevada sin examen de una doctrina tan inaccesible a la explicación. Ya veo que para cierta clase de gentes basta un eco que no distinguen para llevarlas envueltas en la muchedumbre; pero un racional debe tener ideas claras y distintas de las causas por que procede y ser por consecuencia estable en lo seguro. [...]

El Niño de la santa imagen de Candelaria no carece de cierta expresión favorable, y en el rostro de Nuestra Señora yo creo descubrir el agrado, acompañado de la seriedad, de la dignidad y de la atención.

El espíritu de adulación, y en muchos ejemplares el interés y otras pasiones, han dado lugar a mentidas apariciones de imágenes sagradas y a falsedades, con las cuales los interventores perjudican más a los fieles que no les hacen favor. Pero nada de esto mancha el hallazgo de esta respetable imagen: ya fuese algún suceso no intencional el que la condujo a nuestras playas, ya fuese el designio de algún cristiano que quisiese erigir este monumento a su creencia en el desierto de una tierra inculta, que es a lo que yo me inclino más (así como veo que antes de la venida de los españoles se construía un edificio de expugnación y se hacían observaciones en las islas por los que no eran guanches), lo cierto es que la tropa española halló en poder de aquellos naturales la escultura sagrada y que esto era un signo o argumento de que la conquista era obra del agrado de Dios.

Impresiones sobre el pueblo de Candelaria en el año de 1810.

El lugar de Candelaria parece de quinientos vecinos, de los cuales el cura se llama don Agustín de Torres y es natural de la isla de Canaria. Está en Candelaria desde su juventud; ha comprado terrenos y una casa, que era del mayorazgo de Tacoronte, don Andrés de Torres, la cual queda cerca de las del Cabildo. Hay allí otro clérigo, llamado don Josef Rafael Botazo, y el actual prior del convento se llama fray Antonio Fernández. 

El Barrio de Santa Ana, en Candelaria, a finales del siglo XIX.

El gobernador de las armas está nombrado y el alcalde es Francisco Ramos, vecino de Igueste. Era éste el alcalde en el año próximo pasado, pero la elección que debió hacerse de otro alcalde en el presente año ha sido contestada y mayores disturbios han ocurrido en el lugar de Güímar a donde el corregidor pasó para aplacar el vecindario y el efecto fue contrario, pues a la media noche cercaron la casa donde estaba el corregidor y lo obligaron a salir del pueblo a aquella hora. Estas libertades son consecuentes a las que el corregidor se tomó indebidamente de suscitarse contra el comandante general que mandaba en estas islas, y ninguno debe extrañar que si contribuye a quitar una piedra fundamental del edificio, la pared se derribe y le caiga encima. 

Entre los vecinos de Candelaria se distinguen por sus conveniencias don Juan Botazo y don Francisco Marrero. Botazo es casado con una española, de la familia de Ramos, la cual hace pocos años que vino de España y reside en Candelaria. 

Las principales rentas de aquel pueblo son el trigo y frutas, y algunos aguardientes y vinos. Algunos vecinos subsisten de la pesca; vienen frecuentemente a Santa Cruz y la juventud es inclinada a navegar. Las mujeres se ocupan en la loza, para la que llevan el barro o mazapé de la cumbre o de Arafo y el almagre de mayor distancia. Para barniz o lustre de la loza mezclan con el almagre el aceite de kelme, de ramosa y de otros peces. La hacen sin torno y tienen cada una en su casa hornos apropiados para cocerla.

El convento de padres dominicos es muy regalado, así por los cuantiosos donativos que entran de la América como por los productos de la data que le concedió allí el Cabildo, desde la cumbre hasta el mar, en cuyos terrenos tienen, entre otras haciendas, dos muy fértiles, llamadas la Hermosa y la Granja.

El pueblo está situado en el declive de una montaña; así las vistas son agradables, aunque el terreno es desigual. A las orillas del mar tiene un castillo y un reducto con alguna distancia. El conde de la Gomera tiene allí casa cerca del convento, y sobre la puerta un escudo de armas labrado en piedra. El marqués de Casahermosa, don Bartolomé González, la familia de Soler y don Lorenzo de Montemayor tienen casa en el lugar."

Salida de Candelaria y regreso a Santa Cruz.

Yo salí de allí cerca de las siete de la mañana de hoy [3 de febrero de 1810]. Mi patrona me ofreció su casa para cuando quiera volver a Candelaria. Mi criado se puso malo ayer. Esto me detuvo y alquilé un mulo para traerlo, pero ya se había mejorado antes de venir y me convino esta determinación, porque mi caballo, que al ver correr los barrancos retrocedía y me daba que hacer, viendo pasar el mulo delante se acostumbró y atravesaba los barrancos sin reparo. Después de las once [de la mañana] llegué a este pueblo [de Santa Cruz]. 

Don Juan Primo de la Guerra, Vizconde de Buen Paso, falleció en Santa Cruz de Tenerife en este mismo año de su visita a Candelaria, concretamente el 10 de noviembre de 1810, a los 35 años de edad, víctima de la epidemia de fiebre amarilla que azotó dicha ciudad, interrumpiendo inesperadamente el relato de su Diario. Precisamente su última anotación es del domingo 4 de noviembre de ese año, cuando escribe: Ha llegado ayer a esta plaza la viuda de don Pedro Quiroga de retorno de Güímar, en donde su marido ha muerto hace pocos días. Es bien sensible para mí que aquellas personas a quienes conocía y trataba con más frecuencia sean los que experimenten acontecimientos tan extremados, cuando en el pueblo el número de los enfermos no es considerable y a los más les acomete una indisposición ligera.

Pero por desgracia, pese a esa infravaloración o poca relevancia de los efectos de dicha epidemia plasmada por el Vizconde en su Diario, sin embargo, esta epidemia de fiebre amarilla acontecida de 1810-1812 en Tenerife, aunque centrada en Santa Cruz, fue una de las mayores catástrofes sanitarias de aquella localidad, iniciada por el contagio de dos barcos llegados procedentes de Cádiz. La enfermedad asoló, en efecto, la isla desde octubre de 1810 hasta febrero de 1812, causando una alta mortalidad, provocando la huida de habitantes y el abandono de la ciudad por las autoridades. Tubo su origen, el 11 de septiembre de 1810, cuando los buques San Luis Gonzaga y Fénix llegaron de Cádiz (que sufría la epidemia) a Santa Cruz de Tenerife, introduciendo el virus en la población a pesar de las medidas de cuarentena decretadas.

Se le ha considerado una de las peores crisis demográficas en la historia de Santa Cruz, pues la enfermedad causó el aislamiento de la población en lazaretos como el que se habilitó en la ermita de El Socorro en Güímar. Otros dos puntos especialmente castigados por este brote fueron La Orotava y su Puerto (actual Puerto de la Cruz), perdiendo entre los dos casi 700 personas. 

Aunque la mortalidad exacta varía según las fuentes, sin duda, fue devastadora y se extendió hasta principios de 1812. El miedo al contagio provocó que autoridades y ciudadanos adinerados abandonaran Santa Cruz, lo que generó un levantamiento armado de los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Esta huida masiva de vecinos hacia otros lugares de la isla e incluso hacia otras islas, supuso que más de la mitad de los habitantes de Santa Cruz huyeran de la localidad, especialmente hacia San Cristóbal de La Laguna. Para cuando se decretó el aislamiento total de Santa Cruz, con controles a la altura de La Cuesta, ya era demasiado tarde y, lógicamente, la dispersión de la enfermedad por el resto de la isla fue casi inmediata. 

Por tanto, de gran valor es este Diario de Juan Primo de la Guerra, que abarca desde el 2 de enero de 1800 hasta el 4 de noviembre de 1810, seis días antes de su muerte. Tanto Juan Primo de la Guerra, así como sus hermanas murieron sin dejar descendencia y con ellos terminó en Canarias la familia de los Guerra, herederos del Mayorazgo que había sido el extenso Valle que lleva su nombre, en el antiguo reino aborigen de Tacoronte y donde en la actualidad, el Valle de Guerra, constituye un importante núcleo de población del municipio de San Cristóbal de La Laguna.

Pedro R. Castro Simancas, 11.02.2026.
Festividad de los Santos mártires de Numidia 
durante la persecución de Diocleciano.
Ampliado el 15.02.2026.

Fuentes:

PRIMO DE LA GUERRA, Juan (1976): Diario II 1808-1810, (edición e introducción por Leopoldo de la Rosa Olivera), Ed. Aula de Cultura de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1976.

RODRÍGUEZ DELGADO, Octavio (2014): "Las Fiestas de la Virgen de Candelaria en febrero de 1810 por Juan Primo de la Guerra (III Vizconde de Buen Paso)", (edición, transcripción y reseña biográfica), en blog.octaviordelgado.es (en línea), 2014.

Botánica singular de Tenerife: El 'Cardón del Chorrillo', el mayor cardón de la isla.

 

En el barrio de El Chorrillo (lindando con El Tablero), en el Distrito Suroeste del municipio de Santa Cruz de Tenerife (entidad antes perteneciente al municipio de El Rosario) se encuentra un espécimen o ejemplar de Cardón canario de la especie Euphorbia canariensis L., que se halla situado a 360 m.s.n.m. en el paraje de Martagón.

En efecto, el territorio sobre el que se asienta el barrio formaba originalmente parte del vecino municipio de El Rosario, pero el 30 de octubre de 1972 fue cedido a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife para su expansión por el suroeste.

Catalogado como uno de los árboles 
singulares y monumentales de la isla de Tenerife.

Sus características:  alcanza los 7 m. de altura, como hemos comentado, tiene un perímetro de 35,20 m., por lo que se le considera el mayor cardón de la isla. Sin duda, uno de los ejemplares de esta especie mejor conservados y más grande de Canarias, está considerado uno de los ejemplares de mayor perímetro de esta especie.

Este cardón pertenece a una especie endémica canaria presente en las islas de El Hierro, La Palma, La Gomera, Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura.

El Cardón del Chorrillo.

Por sus características, podemos señalar que se trata de un arbusto cactiforme, con tallos curvados ascendentes candelabriformes, de 8-15 cm. de grosor, suculentos, sin hojas, espinosos, sección poligonal (4-6 caras) verde-grisáceos, de hasta 3 m. de altura y, a veces, varios metros de diámetro. Con látex muy tóxico. 

En las aristas o costillas de los tallos se disponen por pares espinas curvas de color rojizo. Las flores o ciatios son sésiles, aparecen agrupados en el extremo de los tallos, en grupos de tres, el masculino en el centro rodeado por los femeninos, así tras la fecundación se aprecian dos filas de frutos o tricocas de color marrón rojizos.

Su hábitat y localización en Canarias, se encuentra en zonas de matorral xerofítico, entre 50-900 m. de altitud. Ampliamente distribuida en todas las islas salvo en Lanzarote.

El género Euphorbia fue descrito y dedicado por el gran naturalista Linneo a Euphorbus, médico de Juba, rey de Mauritania. Desde el punto de vista botánico el cardón es uno de los más interesantes especies de la flora canaria, por sus connotaciones biogeográficas, diversidad y protagonismo en la vegetación del paisaje litoral del archipiélago.

El cardón junto al Canal de Araya.

Su ubicación: este espécimen enorme se encuentra próximo al Canal de Araya (o de Güímar), en una zona desprovista de protección ambiental específica, frente al crecimiento urbanístico de la zona de El Chorrillo y al pastoreo y rebaños de cabras que por la zona de Martagón transitan habitualmente.

Como dato complementario, señalar que el Canal de Araya nació el 11 de febrero de 1928, por lo que data con casi 100 años de historia, que cuenta con una longitud de 39,5 kilómetros, que nace en Güímar y termina en La Cuesta, de ahí que también se le conozca como Canal de Güímar. Nació como un acueducto o canal de riego, que partía de la comunidad de agua Los Huecos, una comunidad que en su momento dio una gran cantidad de agua, con el fin de trasvasar esa agua hasta La Cuesta recogiendo, además, el agua de otras galerías que se encontraba a su paso.

Todavía en funcionamiento, en la actualidad, el Canal de Araya recoge a su paso el agua de 21 comunidades de aguas, entre pozos y galerías, transportando un volumen total circulante aproximado de 15.033 m3 al día.

Del tamaño del Cardón del Chorrillo da cuenta esta foto.

Con 35,20 metros de perímetro y 6 metros de altura constituye probablemente uno de los mayores cardones de todo el Archipiélago Canario, sin duda el mayor de Tenerife, pudiendo su edad rondar entre los 300 o 400 años, con un perímetro de 35,20 m. Sin embargo, se encuentra en el cauce de un barranquillo pero en una zona no protegida por la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos.

Diversas perspectivas del cardón junto al Canal de Araya.

Sobresaliente cardón, de talla espectacular, su tamaño singular es causa de admiración. La excelente proporción, el porte bien conformado, regular y destacado para el sitio donde crece, este ejemplar se merece una protección ambiental.

Antiguo Cardón de Buenavista del Norte.

Sus extraordinarias dimensiones recuerdan a los desaparecidos cardones gigantes de Buenavista del Norte en Tenerife (que cubría una extensión de 150 m2) y el de Gáldar en Gran Canaria.

Cardón del Chorrillo.

Sin embargo, pese a esta desprotección legal, se trata de un único y soberbio ejemplar de Euphorbia canariensis en muy buen estado de conservación, que, no obstante, se encuentra incluido en el Catálogo de Árboles Singulares del municipio de Santa Cruz de Tenerife, publicado en el año 2018 por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, y que fue elaborado por el catedrático de Botánica y patrono de la Fundación Santa Cruz Sostenible, el doctor don Wolfredo Wildpret, y la profesora de Botánica, Ecología y Fisiología Vegetal de la Universidad de La Laguna (ULL) y coordinadora del proyecto, doña Victoria Eugenia Martín.

Pedro R. Castro Simancas 02.02.2026.
Festividad de la Virgen de la Candelaria.

Fuentes:

MARTÍN OSORIO, WILDPRET DE LA TORRES, CORREA ROMERO y WILDPRET MARTÍN (2019): "Árboles singulares del término municipal de Santa Cruz de Tenerife, Tenerife, islas Canarias" en revista Vieraea, nº 46, pp. 499-524, Santa Cruz de Tenerife, octubre 2019.

SCHÖNFELDER, Peter e Ingrid (2018): Flora canaria. Guía de identificación, Turquesa Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 2018.

ÁREA DE MEDIO AMBIENTE (2001): Árboles monumentales, arboledas y flora singular de Tenerife, Cabildo Insular de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 2001.

Sendero del Cardón Gigante del Tablero, en línea, CEIP "Julio Castillo Torroba El Tablero", Consejería de Educación, Formación Profesional, Actividad Física y Deportes, Gobierno de Canarias, Santa Cruz de Tenerife, 2024.

Valle de Güímar: La familia guanche de doña Lisa Gherardini 'La Gioconda'.

Los Gherardini eran una familia de la nobleza florentina, de la que se tienen registros desde la plena Edad Media en el norte de Italia. El...

TEMA