Efemérides judicial: V Centenario de la creación de la Real Audiencia de Canarias.

 

Este año 2026 se celebra el V Centenario de la creación de la Real Audiencia de Canarias, lo que es en la actualidad, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, con sede en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Sede actual del Tribunal Superior de Justicia de Canarias.

El punto de partida del Tribunal ha de situarse en la Real Cédula del emperador D. Carlos y la reina Dña. Juana, fechada en Granada el 7 de diciembre de 1526, por la que se decide el nombramiento de tres jueces de apelaciones que, con residencia en Gran Canaria, tengan jurisdicción sobre todas las islas del Archipiélago, tanto realengas como de señorío. La cédula justifica la creación del Tribunal al considerar que “conviene proveer que la Justicia se administre a nuestros súbditos con la menos costa e trabajo que ser pueda dándoles jueces que residan e estén en la parte más conveniente para ello”.

Dicha Real Cédula configura un verdadero tribunal como órgano de justicia de actuación colegiada, siendo la nota más relevante en estos momentos iniciales que la concepción de la monarquía expresada en dicha disposición es la del establecimiento de un órgano judicial fundamentalmente para la resolución de pleitos civiles y causas criminales en apelación para todas las islas Canarias, por lo que es un órgano principalmente de segunda instancia, siendo sus resoluciones apelables ante la Real Chancillería de Granada a partir de 1505, como antes lo fueron ante la de Valladolid y después ante la de Ciudad Real. Además, en esta primera época la autoridad directa del rey en cuanto a las labores de gobierno se ejercía a través de los gobernadores, con ámbito de competencias limitado a cada una de las islas realengas, no habiendo por tanto una autoridad regia general para el Archipiélago.

La propia Real Cédula expone un argumento a favor de la creación de la Real Audiencia, y es un motivo de tipo judicial: favorecer el acceso de los residentes canarios a la justicia, pues las revisiones de las sentencias de las justicias ordinarias, ya señoriales, ya realengas, se llevará a cabo por la Real Audiencia de Canarias. Pero, al mismo tiempo, con más relevancia que la anterior y aunque no se mencione expresamente en la resolución, hay otra razón favorecedora de la creación del Tribunal: la conveniencia de contar, en un territorio fragmentado y distante, con un órgano de absoluta confianza al que, en su caso, pudieran otorgarse atribuciones de carácter gubernativo para ejercerlas en el conjunto de las islas.

Aunque la real cédula de su creación se firmó en 1526, el tribunal no se constituyó solemnemente en Las Palmas hasta el 20 de septiembre de 1527. La iniciativa, impulsada desde Gran Canaria, generó un inmediato recelo en Tenerife. Cuando el mensajero Juan de la Rosa llegó a la isla vecina para reclamar el pago de los salarios de los jueces, los regidores tinerfeños protagonizaron una escena de sumisión formal y rebeldía económica: recibieron las cartas reales con los "bonetes quitados" en señal de respeto, pero se negaron a pagar, alegando que Tenerife no había pedido tal tribunal y que Gran Canaria, "tierra rica y de muchos azúcares", debía costearlo.

Estaba presidida por el comandante general de Canarias, aunque sus funciones de este eran prácticamente nulas sobre el tribunal, pues solo podía usar la influencia de su cargo para adelantar o retrasar procesos; quienes dictaban sentencia y atendían los casos eran los regentes y los oidores.

El título de Comandante General, adoptado oficialmente en 1723, implicaba que su titular debía residir en la isla de Gran Canaria para presidir el tribunal de las islas. Sin embargo, esto no se cumplió, al residir dicho comandante en la isla de Tenerife. Según recoge José D. Dugour en 1875, ya en 1661 el General Hurtado Don Gerónimo de Benavente y Quiñones, primer ocupante del cargo, obtuvo el privilegio de elegir su lugar de residencia, alternando entre La Laguna y Santa Cruz de Tenerife gracias a una licencia que le permitía establecerse donde considerara más conveniente. 

Monografía sobre la figura del Regente de la
Real Audiencia de Canarias.

Esta centralización suprimió la figura del Regente, dejando al jefe militar como "cabeza de la Audiencia". No fue hasta 1629, tras los ataques de Francis Drake (1595), Van der Does (1599) y el corsario Tabac Arráez (1618), cuando el rey Felipe IV restableció definitivamente la Capitanía General bajo el mando de Juan de Rivera Zambrana, como presidente de la Audiencia.

Es la Audiencia, por tanto, la primera institución real de las Islas con competencia sobre el conjunto de todas ellas. Así, la Audiencia se configura como órgano regio, con poder delegado por el monarca, y sus jueces en oficiales que actúan como representantes directos de la monarquía en las Islas.

A partir de ese momento se inicia, pues, la dilatada y relevante trayectoria de este Tribunal, cuya presencia institucional perdura hasta la actualidad. A lo largo de los años, ha experimentado profundas transformaciones en su estructura, competencias y denominación -actualmente, Tribunal Superior de Justicia de Canarias-, circunstancias que avalan su reconocimiento y justifican la organización de una serie de actos conmemorativos orientados a difundir su historia y destacar la relevancia de su función jurisdiccional y gubernativa, durante el presente año 2026.

Funcionó como tribunal hasta 1834, cuando, con la imposición del Liberalismo, las reales audiencias fueron suprimidas, y sus competencias fueron absorbidas por las Audiencias Territoriales. En su caso, la Real Audiencia de Canarias pasó a ser la Audiencia Territorial de Las Palmas, cuya sede se trasladaría, pocos años antes del incendio de las casas Consistoriales de Las Palmas en 1842, al edificio donde se encontraba el Tribunal del Santo Oficio y, más adelante al antiguo convento de San Agustín en 1865, del que solo queda hoy su iglesia. Este último será hasta la actualidad el Palacio de Justicia de la ciudad de Las Palmas, y por tanto, sede del actual Tribunal Superior de Justicia de Canarias.

Una tinerfeña ilustre (casi desconocida): Clemencia Hardisson Wouters, "la condesa roja".


Actualmente Clemencia Hardisson Wouters es reconocida como una figura clave en la historia local de Tenerife, nombrada Hija Predilecta de la isla por el Cabildo Insular y nominada con dos calles, una calle en el barrio de Gracia (La Laguna) y la otra en el municipio de Santa Cruz de Tenerife que recuerdan su labor.

SU ORIGEN FAMILIAR.- La familia de los Hardisson llegaron a Canarias a principios del siglo XIX procedentes de Francia. Desde entonces han aportado a las islas insignes personajes de gran valía en la política, en la empresa, en el arte y en las ciencias, entre las cuales destaca esta ilustre tinerfeña.

Su familia, de origen franco-belga, en efecto, se había establecido en la isla de Tenerife a finales del siglo XIX, al amparo de la actividad comercial que se desarrollaba en el puerto de su capital, por entonces, capital general de las islas Canarias, desempeñando importantes negocios como consignatarios. Su madre estaba vinculada a cinco Casas Reales europeas y era baronesa de Coppers y su padre era descendiente de nobles de Casais.

Mantuvieron cierta vinculación con su país natal, pues durante el periodo de La Gran Guerra (1914-1918) denunciaron desde Canarias los atropellos a los que fue sometida la población belga durante la ocupación alemana en el conflicto. La joven Clemencia por esos años llevó una vida feliz, presentándose a numerosos concursos de belleza según consta en la prensa de la época, siendo esta una actividad habitual de la clase pudiente a la que pertenecía.

CLEMENCIA HARDISSON, UNA GRAN PERSONALIDAD.- Entre los actos más destacables en su infancia y juventud, con tan solo 7 años en abril de 1915, participó en un festival de apoyo a huérfanos belgas, como consecuencia de la I Guerra Mundial. Su familia, en efecto, apoyó a la comunidad belga ante la incursión violenta alemana en su país en la I Guerra Mundial. 

Conocida como la condesa roja, su posición aristócrata y burguesa le permitió tener contactos tanto fascistas y franquistas, como comunistas, rojos o republicanos. Y siempre utilizó sus contactos y privilegios para el beneficio de las personas desfavorecidas.

Pero Clemencia resulta ser una mujer que esconde tras de sí una historia de vida de lo más intensa. Una vida que parece casi una película de ficción. Una aristócrata que valoraba a las personas, a la comunidad y a su barrio de Gracia. Una rebelde vinculada a las fuerzas antifascistas, durante la II República española y Guerra Civil (1936-1939), con grandes amistades que la llevaron a la cárcel por la Dictadura franquista, y con algunas conexiones aliadas que la sacaron de esta, durante la época de la II Guerra Mundial (1939-1945). Una mujer que casi parecía que jugaba a dos bandas, siendo catalogada como posible cooperante de la inteligencia británica.


Retrato de Clemencia Hardisson en un homenaje rendido por 
el Ayuntamiento de La Laguna (Foto: María Pisca/El Día)

ALGUNOS POCOS DATOS DE SU BIOGRAFÍA.- Clemencia Hardisson Wouters (San Cristóbal de La Laguna, 1908-2000) fue una aristócrata franco-belga, activista antifascista y por los derechos humanos, una apreciada vecina del barrio de Santa María de Gracia de la ciudad de La Laguna.

Cartel del documental de Raúl Jiménez Pastor.

Clemencia nació, en efecto, en el año 1908, hija del consignatario Augusto Sabin Hardisson y de la baronesa Clemencia Wouters de Coppens. Desde su juventud mostró un espíritu inquieto y una inclinación por las causas sociales y culturales. En los años treinta, su casa del Camino de La Hornera se convirtió en un punto de encuentro para artistas y pensadores de La Laguna, hasta que la represión de la Guerra Civil truncó aquel clima de apertura. 

La dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930) le trajo sancionado a la isla al que sería uno de sus grandes amores: Juan José Luque Argenti. Este había conspirado para derrocar al dictador y aún habría de ser nuevamente castigado, con destino a África, antes de conocer a Clemencia.

En nuestra tierra, Clemencia Hardisson Wouters ganará en 1929 el título de “Miss Belleza de Tenerife” y de belleza provincial, siendo en 1932 madrina del C.D. Tenerife.

Justo en ese año, como motivo de esta distinción, el poeta y abogado tinerfeño Luis Rodríguez Figueroa (Puerto de la Cruz, 1875 - Santa cruz de Tenerife, 1936), le dedica en el diario La Prensa de Santa Cruz de Tenerife, una poema titulado "Oda Hespérica" (La Prensa, Santa Cruz de Tenerife, 4-05-1929, p. 1. Dedicada a «la señorita Clemencia Hardisson y Wouters»), donde, entre otras estrofas de dicho poema, escribe:

Hoy proclaman las Islas
Su Reina, la que tiene 
Los ojos de turquesa, 
Los cabellos obscuros, 
Y la gentil figura
De la inquieta Atalanta...
Clemencia, eres la Reina
De la regia mansión de las Hespérides 
Y hoy te ofrecen unánime homenaje, 
Orgullosos de serlo, tus vasallos.
Que mi canción hespérica repita
El clamor de su inmenso regocijo,
Y a la vez perpetúe
La fecha inconfundible
De este feliz advenimiento al trono 
Donde reinan tu gracia y tu belleza.

Precisamente, por esta época de los años de 1920 tiene entre sus amistades a los abogados republicanos tinerfeños, el citado Luis Rodríguez Figueroa y también José Carlos Schwartz Hernández. Ella es ya una ferviente republicana y simpatiza militando por entonces en el partido Izquierda Republicana.

Según cuenta el historiador Rubens Ascanio, la prensa escrita de la época, fiel relatora de los acontecimientos sociales de las élites tinerfeñas, menciona en numerosas ocasiones el devenir de Clemencia. Entre bodas, concursos de belleza, donde ganará el galardón de reina de la belleza de la Provincia en 1929, recitales poéticos, haciendo el saque de honor en un disputado partido entre el Club Deportivo Tenerife y el Marino, o en actos de etiqueta de “característico aristocratismo” discurre su existencia. 

SU VIDA DURANTE LA II REPÚBLICA.- Su vida acomodada no será ajena a la irrupción de nuevas ideas que supuso la proclamación de la II República en España. En 1931 entabla una relación sentimental con el ingeniero anarquista Juan José Luque Argenti, que fue director de la Junta de Obras del Puerto de Santa Cruz de Tenerife, y que se vinculó con el Sindicato de Tabaqueros y la CNT.

La instauración de la II República española (1931-1936) repone en su puesto a los represaliados por la dictadura de Primo de Rivera y es entonces, en 1931, cuando conoce a Juan José Luque, que ha sido nombrado ingeniero jefe de la Junta de Obras del Puerto de Santa Cruz de Tenerife. Con el tiempo, este ingeniero de familia acomodada habría de entrevistarse con don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII, en Estoril (Portugal) en representación de todas las fuerzas democráticas para conspirar en la caída del general Francisco Franco (1939-1975), junto a los generales franquistas desafectos como Antonio Aranda y Alfredo Kindelán.

Como señala Luana Studer Villazán en su libro Voces silenciadas, la irrupción de Clemencia Hardisson en todos estos movimientos sociales, políticos y culturales de vanguardia, durante la época republicana en la zona metropolitana de la isla de Tenerife, tuvieron un fuerte impulso a partir de su relación sentimental con el anarquista Juan José Luque Argenti. Este era una persona muy involucrada en el ambiente eufórico de aquellos momentos en la capital tinerfeña, al desempeñar el cargo de director de la Junta de Obras del Puerto de Santa Cruz de Tenerife. Esto le permitió a Clemencia conocer y relacionarse con algunas de las figuras más destacadas dentro del movimiento obrero isleño. Tal fue así, que en el momento en que Argenti se marchó a Barcelona, ella quedó como enlace para recibir y difundir el material de propaganda anarquista que llegaba a la isla desde la ciudad condal.

En este tiempo republicano, Clemencia, pues, participa plenamente en las ilusiones para cambiar el curso de la historia intentando derribar la dictadura. La Guerra Civil (1936-1939) le arrebató casi todo, a buena parte de sus amigos, que son desaparecidos o encarcelados en Fyffes y otras prisiones. Su amor combate en Madrid y Barcelona defendiendo el régimen republicano y lo más importante para ella, la libertad. 

GOLPE DE ESTADO Y GUERRA CIVIL.- En julio de 1936, justo la noche antes del golpe militar contra la República (17.07.1936), Clemencia participará en el homenaje a Gustavo Adolfo Becquer que organizó el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife con motivo del centenario del escritor sevillano. Esta sociedad y otras similares, como el Círculo de Amistad XII de Enero, el Orfeón La Paz o el Ateneo lagunero, serán lugares donde muchas personas de la izquierda tinerfeña se mantendrán activas durante la etapa republicana e incluso después, según señala el historiador Rubens Ascanio.

Estuvo detenida en la cárcel de mujeres (calle San Miguel, barrio de El Toscal, Santa Cruz de Tenerife) entre 1937 y 1939, siendo sometida a varios procesos. En concreto estuvo como presa gubernativa en la cárcel de mujeres de San Miguel, desde el 31 de diciembre de 1937 hasta el 27 de marzo de 1939. Después, por influencia de su mundo de relaciones entre la clase alta de Tenerife, fue puesta en libertad vigilada en arresto domiciliario. 

El 4 de octubre de 1938, el Delegado de Orden Público de Tenerife firma un informe relativo a Clemencia Hardisson que no tiene desperdicio y que hemos extraído de El Blog de Pedro Medina Sanabria, donde se transcribe el siguiente documento:

Conforme interesa en su atento escrito de fecha 3 del actual, relativo a CLEMENCIA HARDISSON VOUTERS, tengo el honor de informar a V. S. que esta individua a fines del año 1931 entabló amistad con el Ingeniero de Obras del Puerto de esta capital Juan José Luque Argenti, destacado notablemente por sus ideas extremistas y de íntima relación con elementos Sindicalistas y Comunistas de esta Capital, ésta obtuvo las simpatías de los elementos obreros de ideas avanzadas y fue vista con frecuencia con el citado Ingeniero, teniéndose referencias que ambos se reunían el Café Alemán con el súbdito de aquella Nación Guillermo Handech, conocido por “Galan” extremista. Estas reuniones tenian por objeto temas referentes a su ideología. Una vez embarcado el citado Ingeniero para la Península, ésta servia de enlace entre los elementos de la C.N.T. Sindicato de Obreros Tabaqueros y dicho Sr. Luque, quien le mandaba propaganda extremista que ella entregaba luego a dicho Sindicato. Por otra parte y con frecuencia se dedicaba a visitar amistades de ideología izquierdista y se la veía por las calles acompañada de un Catedrático de La Laguna apellidado MAYNARD, éste también de ideología izquierdista, estando conceptuada como mujer peligrosa.

Ultimamente encontrándose de nuevo en su domicilio, en Prisión atenuada, por causas de salud, quebrantó el arresto siendo puesta a disposición de la Autoridad Militar por el que suscribe, la cual al ser interrogada sobre diversos extremos contestó lo que en oficio que se transcribe, se comunicó a la Autoridad Militar dice axial: “Excmo. Señor.- Con motivo de haber quebrantado la situación de Prisión atenuada en que se encontraba en su domicilio la joven CLEMENCIA HARDISSON VOUTERS, han sido instruidas por la Comisaría de Investigación y Vigilancia de esta Capital las diligencias correspondientes número 2.026 que se remiten a V. E. para su conocimiento y por si hay parte de culpa para que en ello tenga intervención la Autoridad Militar, debiendo significar a V. E. al mismo tiempo, que al ser interrogada por el que suscribe, en presencia del Agente Auxiliar Don Gonzalo Cáceres Madan, manifestó que sostenía correspondencia con el exterior burlando la censura, que conocía con antelación de haberse efectuado el intento de fuga de los evadidos de esta, que no se había marchado porque no había querido, pues tenia medios para irse cuando quisiera, y por último, que antes del Movimiento Nacional había cumplido cometidos por orden del Ingeniero Sr. LUQUE, cerca del Sindicato de Tabaqueros que le habían hecho decir a aquel “no lo hubiera hecho mejor un Agente de enlace”, lo que pone de manifiesto lo que ésta joven es”.

Sin embargo, en el diario La Prensa, editado en Santa Cruz de Tenerife, aparecen unas noticias sobre la presencia de Clemencia Hardisson en La Palma entre junio y julio de 1938, donde incluso se publica que “ha sufrido una difícil y delicada intervención quirúrgica en la clínica que dirige el doctor Camacho en Santa Cruz de La Palma”, siendo su estado “satisfactorio”, según contaba el citado periódico. Pero, seguramente esto fue cuando Clemencia quebrantó el arresto domiciliario al que alude el informe del Delegado de Orden Público, marchando a la isla de La Palma.

Tras este episodio, consta una declaración de Clemencia en la Comisaría de Investigación y Vigilancia de Santa Cruz de Tenerife, según se publica en el citado Blog de Pedro Medina Sanabria, y donde declara lo siguiente:

Declaración de Clemencia Hardisson Wouters:

Es interrogada la que dijo ser y llamarse como se indica, de veintisiete años, soltera, su casa, hija de Augusto y Clemencia, natural y vecina de la Laguna, con domicilio en Camino de la Hornera - Gracia y dice:

Que se encontraba en Prisión atenuada en su domicilio, y que esta situación se la había concedido el Ilmo. Sr. Delegado de Orden Público, pero que hace unos días, sin poder precisar la fecha y sobre las veintiuna horas y treinta minutos llegó un coche el D. Vicente Capote vecino de Santa Cruz de la Palma con el que salió de su domicilio, dirigiéndose hacia la capital donde permanecieron hasta las veintidós horas habiendo cenado en el Hotel Camacho y después marchó a su domicilio, teniendo todo ello lugar en el día diez y ocho de los corrientes.

Y no teniendo más que decir y leída que la fue esta su declaración la encuentra conforme a lo dicho, firmándola con el actuante de lo que certifico.

En ese momento, durante el periodo de la Guerra Civil, entre los informes personales abiertos a aquellos considerados los “más peligrosos” contamos, en efecto, con el abierto a Clemencia Hardisson Wouters. Esta mujer era vigilada por haber sido la amante del ingeniero anarquista Juan José Luque Argenti, preso en Las Palmas, y con el cual Clemencia mantenía contacto a través de las cartas que le enviaba a prisión. El informe cuenta como Clemencia fue detenida tras el alzamiento fascista, estando como presa gubernativa desde el 31 de diciembre de 1937 hasta el 27 de marzo de 1939. 

CLEMENCIA HARDISSON SE EXILIA EN BÉLGICA.- Tras su puesta en libertad, Clemencia marchó a Bélgica para regresar momentáneamente a Tenerife ese mismo año de 1939. Todo nos hace pensar, en palabras de Luana Studer Villazán, que, debido a su pertenencia a una familia acomodada de aquella época, con importantes contactos dentro de la burguesía comercial tinerfeña, los sublevados no pudieron mantenerla por más tiempo prisionera. Esto no quiere decir que la fueran a dejar libre por la isla en un contexto de guerra civil. Posiblemente la mejor opción que encontraron fue deportarla a Bélgica, donde se exilia. En todo caso, sabemos que en algún momento Hardisson pasó a Francia desde Bélgica, en el fragor de la II Guerra Mundial, para unirse a la Resistencia francesa con el objetivo de combatir a los nazis durante la ocupación alemana del país.

En Francia se sabe que trabajó con la Cruz Roja y colaboró con la resistencia. Su valentía le valió la Legión de Honor francesa en 1945. Aunque de esta etapa en Europa durante la II Guerra Mundial apenas se conocen detalles de su vida, pero se supone que fue una activista relevante contra el nazismo en Francia, actuando secretamente en el bando de los aliados.

Durante esos momentos, Clemencia es catalogada con un grado de peligrosidad inmediata al ser considerada como miembro del “Inteligence Service” británico, es decir, como espía al servicio de Gran Bretaña, por su marcado carácter de “inglesofilia”, según señala la investigadora Yanira Hermida Martín.

En efecto, entre 1939 y 1945, se sabe que trabajará con la Cruz Roja francesa, prestando paralelamente una intensa actividad de apoyo a la resistencia francesa, una labor que por algo mereció el reconocimiento del propio Gobierno de la Francia liberada, de las manos del general De Gaulle.

En los primeros momentos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) ayudó a los amigos condenados valiéndose de su relación anterior a la guerra con el general Francisco Franco Salgado (familiarmente conocido por Pacón), que era primo hermano del general Franco y su ayudante personal. Durante muchos años Clemencia ayudó personalmente a algunos represaliados españoles y víctimas del nazismo (1932-1945) entre Francia y Bélgica.

REGRESO DEFINITIVO A TENERIFE.- A su regreso a Tenerife, décadas después, en fecha indeterminada, hacia los años 40-50, doña Clemencia encontró un Tenerife distinto, pero todavía en el seno de la dictadura de Francisco Franco (1939-1975), decide afincarse definitivamente en la isla. A partir de ese momento, en su domicilio familiar en Gracia se centró en la crianza de su único hijo Florencio Real Hardisson, nacido en 1947.

Florencio Juan José Real Hardisson (1947–2011), conocido por sus allegados como "Pachi", fue un escritor e investigador canario, y el único hijo de la destacada activista y política Clemencia Hardisson. Su labor se centró principalmente en la historia local y la agricultura de Tenerife. Fue profesor del Departamento de Ingeniería Agraria, Náutica, Civil y Marítima de la Universidad de La Laguna.

Tras su fallecimiento el 16 de diciembre de 2011 a los 64 años, su familia ha continuado difundiendo el valioso material gráfico e histórico del Archivo Clemencia Hardisson, el cual aporta testimonios visuales fundamentales sobre la vida en Canarias desde finales del siglo XIX.

Casa de la Familia Hardisson, en La Laguna, 
donde nació y vivió Clemencia Hardisson Wouters (antes de su incendio).

Al tiempo, doña Clemencia realizó una labor filantrópica en su municipio natal, donando y regalando parte de las tierras de su finca, situada en el barrio lagunero de Gracia. Muchos vecinos de dicho barrio recuerdan cómo les ayudó con el trabajo de sus familiares, con la aportación de materiales para la construcción de sus viviendas, así como de forma altruista beneficiando a todos por igual.

Hacia 1957, Florencio Real Hardisson, hijo de Clemencia (a la izquierda), 
en la Plaza del Adelantado, en La Laguna.

Las tierras familiares del Camino de La Hornera, antaño dedicadas al cultivo de cereales, comenzaron a transformarse en espacios urbanos. Clemencia, fiel a su sentido de la justicia social, decidió ceder parte de aquellas propiedades para el bien común. En los terrenos que pertenecieron a los Hardisson se levantaron viviendas para familias con escasos recursos y, años más tarde, instituciones científicas que marcarían un antes y un después en la historia intelectual de las Islas. Entre ellas, el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), cuya sede principal se encuentra precisamente en ese entorno y el Museo de la Ciencia y el Cosmos. Cedió, además, los terrenos donde hoy está construido el IES Domingo Pérez Minik y el centro ciudadano del barrio de Gracia donde quería construir una escuela.

De su buen hacer con los vecinos del barrio de Gracia, nos deja el siguiente testimonio Susana M. Díaz Pérez, presidenta de la Asociación de Mayores «Universo de Gracia», que la conoció siendo una niña:

"Era una bellísima persona y casi todos los terrenos en los que vivimos en el barrio fueron regalados por ella a los vecinos, que solo tuvieron que pagar 5 pesetas de aquella época por las escrituras. Creo que toda la gente antigua del barrio, que mucha ya ha fallecido, tiene sus casas gracias a ella. Fue muy generosa con los vecinos, era muy humanitaria con la gente del barrio. Se conocía su historia en el barrio y siempre fue muy nombrada. Le pusieron su nombre a una calle, pero ella se merece poner su nombre a la plaza de Gracia, por ejemplo, y no a una calle chiquitita; hacer algo para que la juventud, que no llegó a conocerla, pues conozcan su historia y cómo se creó el barrio". (Diario de Avisos, 4 de enero de 2021).

Dos calles de la isla llevan el nombre de Clemencia Hardisson. Igualmente, en el casco histórico de San Cristóbal de La Laguna, un centro de atención a personas vulnerables lleva su nombre.

En el año 2024, en un acto institucional, el Cabildo Insular de Tenerife, a través de sus herederos, le entregó la distinción de Hija Predilecta de la isla por su trayectoria humana y su aportación a la historia de Tenerife y de La Laguna.

Fachada actual de la Casa familiar de los Hardisson en el barrio de Gracia (después de su incendio), hoy de titularidad privada de otro propietario.

Para aproximarnos a su figura, por último, resulta interesante leer el siguiente artículo del periodista Andrés Chávez, publicado en 2024 en el diario El Burgado Digital (02.09.2024), que señalaba lo siguiente sobre esta tinerfeña ilustre:

Clemencia Hardisson, miss Tenerife y miembro de la Resistencia.

Clemencia Hardisson nació en Tenerife –no sé si en Santa Cruz o en La Laguna— en 1908 y murió en el año 2000. Es la única persona (vamos a quitar a Franco, en su día) a la que le dedicaron calles en Santa Cruz y en La Laguna, calles cuyos nombres se mantienen.  Se llamaba Clemencia Hardisson Vouters y quienes la conocieron afirmaban que era una mujer entregada a los demás, caritativa e inteligente, que fue musa de los mejores pintores de su época –Bonnín, Martín González, etcétera— y que se convirtió, con muy pocos años, en la primera Miss Tenerife. Antes, incluso, que la mítica Alicia Navarro Cambronero. 

Heredera de los terrenos sobre los que se edificó el Barrio de Gracia lagunero, su madre era baronesa de Coppens y estaba emparentada con las principales casas reales europeas. Clemencia creció en un ambiente aristocrático, pero liberal, y hay quien dice que conspiró contra Franco con los generales monárquicos Aranda y Kindelán, aunque hay también quienes lo niegan. Fue encarcelada por Franco, según su expediente, rescatado por el historiador de la Guerra Civil Pedro Medina, por ser persona “muy peligrosa”. Estuvo dos años en la cárcel de mujeres de la capital tinerfeña, pero a juzgar por testigos de allí dentro, “no había quien la aguantara”. En realidad, entró en prisión por su amistad íntima con un ingeniero portuario llamado José Luque, que había sido catalogado como anarquista por las autoridades franquistas y del que no se sabe si fue fusilado o no. Era más bien su novio y ambos comulgaban con la idea del antifranquismo. 

También fue amiga del catedrático Mainar, que fue rector de La Laguna y que era conocido por sus ideas republicanas, contrarias al régimen recién instaurado en España. Es curioso, uno de los cargos que la policía sostiene contra ella es haberla visto “paseando con el catedrático Mainar”. Y otro por su relación con un individuo apodado Galán, conocido anarquista. Ya lo ven, pasea y sufre las consecuencias. Muy típico de la época. 

En 1929 fue elegida Miss Tenerife, pero al tiempo que lucía su espectacular belleza, se mostraba como una mujer independiente, con ideas propias y muy resolutiva. De su familia heredó vastas extensiones de terrenos próximos al casco urbano de La Laguna. Pero lejos de venderlos, los regalaba a los más necesitados. Algunos autores –que también han escrito sobre ella, como Rubens Ascanio y Yanira Hermida— y varios otros la sitúan como integrante de la inteligencia británica en Canarias durante la Segunda Guerra Mundial. Pero esto se decía de casi todos los sospechosos de enfrentarse al Movimiento Nacional. 

Tras lograr salir de su arresto huyó a Bélgica y a Francia. En 1940 se alista en la Resistencia francesa y su actuación durante la contienda europea contra los alemanes fue tan arriesgada y tan eficaz que el héroe militar galo, general De Gaulle, que luego sería presidente de la República Francesa, le concede y le impone, en acto solemne, la insignia de la Legión de Honor, en 1945. 

Se dice que era amiga del primo y biógrafo de Franco, general Franco Salgado-Araujo, alias Pacón, y se comenta que fue a instancias de este por lo que consiguió ser liberada de la cárcel de mujeres de Santa Cruz y sometida a arresto domiciliario, con vigilancia policial. 

Parte de los terrenos de lo que es hoy el Barrio de Gracia fueron donados por Clemencia Hardisson Vouters a las personas necesitadas, para que sobre ellos se construyeran viviendas sociales para ellas. Siempre decía lo que pensaba, era una mujer valiente. Los solares donde se fabricó el museo y la gran antena del Astrofísico también eran suyos. 

Después de su estancia en Bélgica y Francia, y de recorrer prácticamente toda Europa, regresa a Tenerife en la década de los sesenta y ya nunca más abandonó la isla por largos periodos de tiempo. Murió con 92 años. 

Antes de huir a Francia y a Bélgica, en plena Guerra Civil, violó varias veces el arresto domiciliario al que fue sometida, lo que traía de cabeza a la policía franquista. Pero Franco Salgado-Araujo nunca dejó de protegerla y eso le libro del fusilamiento. La Laguna y Santa Cruz le dedicaron calles a esta descendiente de Carlomagno, que fue madrina del C.D. Tenerife. La denominaron la condesa roja, pero más bien porque entonces era rojo todo lo que no fuera azul. Para nada merecía este calificativo. Sencillamente, fue una mujer valiente y liberal, que luchó por lo que consideraba justo. Y murió en paz, en una isla a la que adoraba, después de una vida apasionante.

Clemencia Hardisson Wouters, Miss Belleza de Tenerife 1929. Tercera por la derecha. 
Fotografía de la colección de Elia Hardisson.

Hoy, el Camino de La Hornera, en La Laguna (Tenerife) mantiene esa doble herencia; la memoria de una mujer que desafió su tiempo y la huella de un científico que hizo mirar al cielo a todo un archipiélago, a todo el mundo. Entre los muros del barrio de Gracia se cruzan las historias de Clemencia Hardisson y Francisco Sánchez, como si la curiosidad humana y la generosidad social hubiesen encontrado, en aquel rincón de La Laguna, un mismo punto de partida hacia las estrellas. Doña Clemencia muere a los 94 años en el año 2000, en su municipio natal.

Clemencia Hardisson Wouters  sentada en las rodillas de su madre 
Clemencia Wouters de Coppens (fallecida en 1963).

Estreno del documental ‘Clemencia Hardisson, luz en tiempos de oscuridad’.

En 2025 se estrenó en La Laguna, en el Teatro Leal, el documental ‘Clemencia Hardisson, luz en tiempos de oscuridad’, un homenaje audiovisual a la vida y legado de una mujer cuyas acciones marcaron profundamente el barrio de Gracia y el municipio de La Laguna. Narrado por quienes la conocieron más de cerca —familiares, vecinas y vecinos del barrio de Gracia—, el documental reconstruye su biografía, la de una mujer generosa, comprometida y adelantada a su tiempo, que dedicó gran parte de su fortuna, su tiempo y sus influencias a aliviar las desigualdades de su comunidad.

Estreno del documental en el Teatro Leal.

Este audiovisual recoge testimonios directos de los habitantes del barrio de Gracia —aquellos que aún guardan recuerdos vivos de Clemencia—, combinándolos con otros documentos históricos, investigaciones biográficas y material gráfico inédito. El filme ofrece una narración íntima pero amplia: desde el contexto político y social de Canarias en el siglo XX hasta las vivencias personales de una mujer que supo usar su posición para servir a su comunidad.

Con una duración de 52 minutos, la obra está dirigida por Raúl Jiménez Pastor, con guion de Francisco López Felipe y Raúl Jiménez, y producida por La Finquita Producciones. El equipo cuentó además con la participación de Guacimara Rodríguez en asistencia de producción y sonido, aportando una cuidada realización técnica y una sensibilidad humana que impregna toda la pieza.

Pedro R. Castro Simancas, 13.03.2026.
Festividad de Santa Cristina de Persia.

Fuentes:

ASCANIO GÓMEZ, Rubens (2018): "Clemencia Hardisson, la resistencia hecha vida" en La Lata del Gofio (Blog en línea), Tenerife, 2018.

HERMIDA MARTÍN, Yanira (2016): "Mujeres y represión política: las “rojas” de la prisión provincial de Santa Cruz de Tenerife", en XXI Coloquio de Historia Canario-Americana (2014), nº XXI-053, pp. 1-10, Casa de Colón, Las Palmas de Gran Canaria, 2016.

STUDER VILLAZÁN, Luana Studer (2023): Voces silenciadas. La represión franquista sobre las mujeres en La Laguna, LeCanarien Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 2023.

«Fiesta de la Belleza en el teatro Guimerá» en diario Gaceta de Tenerife, 2 de mayo de 1929, p. 2, Santa Cruz de Tenerife.

Valle de Güímar: La familia guanche de doña Lisa Gherardini 'La Gioconda'.


Los Gherardini eran una familia de la nobleza florentina, de la que se tienen registros desde la plena Edad Media en el norte de Italia. El primero en asentarse en Canarias fue Giovangualberto, o más propiamente, Giovanni Alberto Gherardini, quien vio su nombre castellanizado a Juan Albertos Guiraldín. Giovanni pertenecía a una rama de esta noble familia que no tenía grandes riquezas ni influencia política, siendo hijo de Antonmaria di Noldo Gherardini y de Lucrezia del Caccia, lo que lo convierte en uno de los hermanos de doña Lisa Gherardini, quien pasó a la posterioridad como la Mona Lisa al ser su famoso retrato pintado por el gran maestro Leonardo da Vinci.

LA VIDA DE LISA GHERARDINI.- Lisa Gherardini o "Mona Lisa" (que significa "Señora Lisa" en italiano, derivado de Monna Lisa, una contracción de Madonna Lisa), pero más conocida como La Gioconda, nació en Florencia (norte de Italia), el 15 de junio de 1479 y murió el 15 de julio de 1542, a los 63 años de edad en su ciudad natal. Fue sepultada en el convento florentino de Santa Úrsula. 

Según sus biógrafos, la Gioconda ingresó en aquel monasterio cuatro años después de quedarse viuda, donde ya era monja su hija Marietta. Genealogistas italianos aseguran que existen otros descendientes de la señora Gherardini, como fueron Natalia e Irina Strozzi, y además dos varones.

Copia del retrato de La Gioconda expuesto en el Museo del Prado (Madrid),
obra del Taller de Leonardo da Vinci.

Doña Lisa Gherardini era hija del matrimonio formado por Anton di Noldo Gherardini y Lucrezia del Caccia, pertenecientes a la familia Gherardini di Montigliari, una de las muchas familias aristocráticas que habitaban en la poderosa ciudad toscana de Florencia. Era de un linaje ilustre y antiguo, pero para aquellos tiempos la familia se encontraba venida a menos, con una influencia política inferior. Aún así, mantenía un estatus de vida más que acomodado, gracias sobre todo a sus posesiones rurales y a las rentas que les proporcionaban las actividades agrícolas y ganaderas en la zona de La Toscana.

La Plaza de la Señoría de Florencia. 
Obra de Giuseppe Zocchi (1744).

A la edad de quince años (1495), la joven Lisa fue prometida en un matrimonio concertado con el señor Francesco di Bartolomeo del Giocondo, un exitoso mercader de la ciudad de mucha más edad que ella. Dedicado al comercio de textiles y sedas, Francesco se encontraba viudo de un primer matrimonio y le llevaba catorce años con la joven Lisa. A pesar de la alta diferencia de edad, el matrimonio parece ser que fue muy bien avenido, tal vez feliz, teniendo, como hemos comentado, un total de cinco hijos (dos varones y tres hembras). 

Mientras que Lisa mejoró su estatus social, gracias al floreciente negocio de su marido, pero por su parte su marido Francesco se benefició del prestigio del apellido Gherardini de la familia de su esposa, estableciéndose el matrimonio en Florencia como una familia de clase acomodada.

Respecto a la persona de doña Lisa Gherardini, pasó el resto de su vida en su Florencia natal, centrada en su vida doméstica de acomodada aristócrata, cuidando a su prole y a su marido Francesco. Este llegó a ocupar diversos cargos como funcionario en el gobierno de la ciudad. La que fuera en tiempos la bella y enigmática Mona Lisa falleció en el verano de 1542, como hemos dicho en un convento, a causa de la peste, si bien Lisa sobrevivió a su marido.

UN HERMANO DE LISA GHERARDINI SE ESTABLECE EN TENERIFE.- Esta famosa dama florentina era, en efecto, hermana de Giovanni Albertos di Noldo Gherardini (aunque en español, fue más conocido como Juan Albertos Guiraldín), unos años más viejo que la modelo de Leonardo da Vinci. Dedicado al comercio marítimo como era vieja costumbre familiar de los Gherardini, el florentino hermano de la Mona Lisa, relacionado hasta entonces con la ciudad de Sevilla, decidió establecerse en Tenerife poco después de la conquista de la isla (1496) atraído por el auge que estaban experimentando las islas Canarias en el contexto europeo debido, principalmente, a la comercialización del azúcar.

Debemos aclarar que existen numerosas y dispares grafías de la versión castellana del apellido Gherardini, adoptadas cuando Giovanni Alberto Gherardini se asentó en Tenerife: Giraldín, Giraldini, Geraldín, Gueraldini, Guiraldín y Gallardín. 

Giovanni Albertos nació aproximadamente en el año 1477, también en la ciudad de Florencia, en la Toscana italiana, y como hemos comentado, siendo su padre, Antonio María Gherardini Casciani, que tenía 39 años y su madre, Mona Lucrezia del Caccia, que tenía 28 años. 

Según ha podido estudiar el investigador güimarero Miguel Ángel Gómez, Juan (o Giovanni) Albertos Guiraldín había llegado a las islas Canarias alrededor del año 1510, procedente de Cádiz, donde estaba avecindado. Viene a Tenerife como factor y apoderado de los hermanos florentinos Giovanni y Piero Rondinelli, que eran mercaderes asentados en Sevilla y Cádiz, estableciéndose inicialmente en Garachico. 

Giovanni se casó en Tenerife con Leonor Viña Negrón en el año 1520. Fueron padres de por lo menos cuatro hijos y cuatro hijas. Fijó su residencia en Tenerife, en donde arrendó en las localidades de Güímar y Adeje dos vastos ingenios de la floreciente industria cañamelera. Murió en 1554, en Candelaria a la edad de 78 años.

Según explica Miguel Rodríguez Díaz de Quintana (diario La Provincia 19.08.2018), Giovanni (o Juan) destacó como uno de los mercaderes más importantes de la colonia de origen italiano asentada en Canarias, el negocio del azúcar lo desarrollaba entre las islas de Madeira, Tenerife y La Palma, incluyendo también en sus transacciones mercantiles los paños, el aceite, la cera, la miel, el trigo y la cebada. 

Juan Albertos Guiraldín va, pues, a destacar desde los primeros momentos como un negociante activo, involucrado en numerosas y variadas actividades: compra azúcar a los productores, mercadea  con  ropa, cereales,  pez  y  otros  productos de Tenerife,  aunque  muestra  un  gran  interés  por establecerse en el Valle de Güímar, pues inicia una intensa actividad para conseguir datas y comprar tierras en la isla de Tenerife.

Foto de Alécio de Andrade con La Gioconda del Museo del Louvre (París)
(Colección del Centro de Fotografía Isla de Tenerife).

La historia de este personaje y su familia está contada en el libro Una hacienda azucarera del siglo XVI: el heredamiento de Güímar, cuyo autor es el citado investigador güimarero Miguel Ángel Gómez que trata de la historia canaria de la familia de doña Lisa (o la Gioconda, por el apellido de su esposo, Francesco del Giocondo), que fue publicado en 2018. Doctor en Historia, Gómez se topó con los Gherardini mientras investigaba un ingenio de azúcar del valle de Güímar, en la dorsal sureste de Tenerife.

En Tenerife el florentino en 1520 contrajo matrimonio con una tinerfeña de ancestros también italianos, Leonor Viña Gallegos, que era hija del comerciante genovés establecido en el Archipiélago, conquistador de Tenerife y uno de los navieros de la expedición de conquista, Mateo Viña Negrón, quien incluso, encontrándose residiendo en el Puerto de Santa María, participó en la financiación para dicha conquista. Este gesto económico como socio de Alonso Fernández de Lugo, le situó entre la élite social y mercantil de la primera sociedad colonial asentada en Tenerife. Conseguirá, además, la mayordomía de la Virgen de Candelaria, lo que le permitirá tener un papel relevante en las fiestas y celebraciones relacionadas con la Virgen.

Aclarar que Mateo Viña, mercader genovés y financiero de la conquista de la isla de Tenerife, como italiano, su nombre de familia era Bigna, castellanizado como Viña.

La privilegiada situación de las colonias genovesa y florentina de Canarias en aquellos inicios les aseguraba regentar cargos de importancia en la administración y en los regimientos de sus cabildos, sobresaliendo las regidurías perpetuas que luego pasaban de padres a hijos.

La Gioconda por Leonardo da Vinci (1503-1519).

El 26 de noviembre de 1514 recibe una data en San Cristóbal [de La Laguna] de un solar de 2 fanegas para hacer casa, tienda y huerta. Es una data hecha al mismo tiempo que otras dos iguales y colindantes para Benito Negrón y Pedro Cordero. Lindaba por delante con el camino real, por detrás con solar de Pedro de Vergara y por su costado con el solar de Benito. La vendió en 1516 a Benito Negrón.

En su voluntad de hacer una casa en Tenerife, en 1517 Guiraldín pide y se le otorga un solar de 120 pasos en la villa de Arriba, en San Cristóbal de La Laguna, lindando con la calle real y casa pajiza y corral de Juan de Medel, que en 1519 ya estaba construida.

Desde ese mismo año empieza a intentar tomar en arrendamiento los ingenios que D. Francisco de Vargas, Tesorero Real, tenía en Güímar y en Adeje, para ello lo encontramos otorgando poder a Juan de Torres, un socio con el que terminará emparentando, para que intente la transacción del arrendamiento, incluso la posibilidad de compra de dichos ingenios azucareros.

El 22 de febrero de 1522 obtiene una data de “100 fanegas de tierras en Agache, linda por una banda con la subida de alcance a la majada de Anocheza hasta la cueva de Arbença, e de la otra banda la fuente que se dice de Pablo el canario, por arriba el pinar”. Según cuenta Gómez, en 1557 todavía la tenía y la utilizaba para su ganado ovino. El 24 de octubre de 1557 se le concede otra data de 300 fanegas entre Candelaria y el ingenio de Güímar, que finalmente traspasó a su hijo Antón Albertos en 1543.

En los documentos notariales del ingenio del Valle de Güímar aparecía un tal Giovangualberto Giraldin como representante de la explotación entre 1512 y 1548 del ingenio de Güímar (que se situaba en el actual barrio de Güímar de Arriba o San Juan). A Miguel Ángel Gómez, el personaje no le llamó la atención por un apellido que ya había sido castellanizado sino por “todo el tiempo pasado al frente del ingenio”: “Treinta y seis años en los que además de desarrollar una importante actividad comercial en la isla, se casó con Leonor Viña, la hija de un genovés que cofinanció las conquistas de Tenerife y La Palma, y tuvo mucha relación con el mundo aborigen, llegando a ser patrono de la virgen de Candelaria que los guanches de la zona veneraban”.

Escudo de armas de la familia florentina de los Gherardini.

Por su parte, su esposa Leonor Viña Negrón había nacido en 1503, en Tenerife, como hija del Conquistador de Tenerife Mateo Viña y Catalina de Gallegos. Se casó en 1520 con el citado mercader Giovanni Albertos en Tenerife. Fueron padres de por lo menos tres hijos y tres hijas. Estos descendientes fueron los siguientes:

María Gherardini (n. hacia 1522 y f. fecha desconocida). Ana Camila Albertos Geraldín (n. hacia 1527  y f. fecha desconocida). Juan Bautista Gherardini (n. hacia 1528 y f. fecha desconocida). Francisco Gherardini (n. hacia 1530 y f. fecha desconocida). Agustín Alberto Geraldín (n. hacia 1531 y f. fecha desconocida). Juliana Gherardin (n. hacia 1532 que murió en 1582 sin sucesión).

Este mercader florentino, por tanto, tuvo de su legítimo matrimonio una descendencia que se encuentra hoy muy repartida por las islas, sobresaliendo entre ellas la familia Machado de La Orotava y la de Jaques de Mesa en Gran Canaria. 

Entre los múltiples negocios en que Juan Albertos Guiraldín se vio involucrado destaca, porque ocupó gran parte de su vida, la gestión al frente del ingenio y heredamiento de Güímar, una hacienda que se formó de una data otorgada por el Adelantado el 28 de febrero de 1500 a los hermanos italianos Juan Felipe y Blasino Piombino para plantar cañas y construir un ingenio de azúcar y que después de cuatro años de trabajo e inversiones tuvieron que renunciar en el Tesorero de la Corona, don Francisco de Vargas. 

De nuevo en 1512, Guiraldín toma el arrendamiento del ingenio y tierras de Güímar, que va a tener de forma continuada durante los siguientes treinta y seis años. En principio no queda constancia del tipo de contrato ni la forma en que Juan Albertos tiene la hacienda, si es a partido o a renta. Según Miguel Ángel Gómez solamente hay constancia de que a partir de 1519 la tomó a censo perpetuo junto con el heredamiento que don Francisco de Vargas poseía en Adeje. Al mismo tiempo que tenía arrendado el heredamiento de Güímar y el ingenio de Adeje, entre otras cosas, comerciaba con la pez de las cumbres de Güímar, y además había formado compañía con Pedro de la Nuez para explotar la hacienda de Daute.

Imagen de San Juan que se conserva 
en la ermita de Güímar de Arriba.

También hacia el año 1530 se comienza la construcción de una ermita que Guiraldín pone bajo la advocación de su patronímico junto al ingenio de Güímar, sería la ermita de San Juan, todavía existente en Güímar de Arriba, que daría nombre al actual barrio de San Juan en la parte alta de Güímar. Por ello, es muy probable que, dado su nombre, a don Juan Albertos se deba el patronazgo y la advocación de esta ermita, como fundador de la misma, donante de su solar y, seguramente, de la imagen titular, según señala el Cronista Octavio Rodríguez Delgado. 

Al dejar el Ingenio de Güímar, las actividades comerciales de Juan Albertos se van a reducir y limitar a las explotaciones agrícolas y ganaderas que seguía manteniendo en el Valle de Güímar y en Agache; también en La Laguna, junto a las laderas de San Lázaro y en Tacoronte. 

En enero de 1565, Juan Albertos Guiraldín otorga su testamento por estar enfermo. Manda ser enterrado en la iglesia de Ntra. Sra. de la Concepción, en La Laguna. Nombra albaceas a Leonor Viña, su mujer, a Bernardo de Cuevas (segundo marido de Catalina de Gallegos, su suegra) y Agustín Albertos, su hijo. Los herederos eran Agustín Albertos, Juan Bautista, Francisco, María Albertos y Camila Albertos. A finales de 1565 otorga otro testamento ante Francisco Márquez, que ratifica el anterior.

Fachada actual de la Ermita de San Juan, en Güímar.

COMO SE LLEGÓ A CONOCER EL ORIGEN DE ESTA FAMILIA EN TENERIFE.- Al respecto del estudio de esta familia en Tenerife, interesa destacar que el citado investigador güimarero Miguel Ángel Gómez Gómez descubrió la conexión florentina de Giovangualberto por los hermanos Rondinelli, que desde la ciudad-Estado italiana lo habían enviado a Occidente en busca de nuevos mercados. El apellido Giraldin se parecía al de la también florentina Lisa Gherardini, pero eso no le hizo sospechar en principio un vínculo entre los dos. “Se me hizo la luz cuando volví a ver el apellido tres o cuatro años después, esta vez en unos documentos de los hijos de Giovangualberto con Leonor en los que se ponían de acuerdo para viajar a Florencia a recuperar el patronazgo de varias capillas de la ciudad”.

Según explica Francisco de Zárate (El Diario.es 18.04.2019), el investigador güimarero contactó entonces con Giuseppe Pallanti, autor del libro Monna Lisa, mulier ingenua, quien le confirmó la existencia de Giovangualberto, un hermano de la Gioconda, que se había ido de Florencia sin dejar rastro documental. Pero la prueba definitiva la encontró en el archivo florentino: las capillas cuyo patronazgo buscaban recuperar los hijos de Giovangualberto eran las de la familia de la Gioconda. “La información que no me dio el padre, me la dieron los hijos”, señala Miguel Ángel Gómez.

TAMBIÉN HUBO UN HIJO EXTRAMATRIMONIAL.- Otra descendencia destacada del mercader cañamelero Giovangualberto que ha llegado hasta nuestros días procede de un hijo natural que tuvo el florentino en Madeira con una mujer posiblemente de origen guanche, hacia el año 1500, cuando todavía no se había asentado en Tenerife. El fruto de aquel devaneo fue el nacimiento de Antón Albertos Geraldini, (nacido en Madeira, en efecto, hacia el año 1500 y fallecido violentamente en Candelaria en 1554), que luego se estableció con su padre en los ingenios del sur de Tenerife (Güímar y Adeje), en donde se unió en matrimonio con la nativa guanche, Francisca Pérez González, hija de los guanches bautizados Pedro González y María Hernández. 

Su padre, en efecto, lo incorpora a las labores de dirección del ingenio de Güímar y es apoderado suyo en numerosas ocasiones. La conclusión que se puede obtener de los documentos, según Miguel Ángel Gómez, es que era hijo natural de Juan Albertos Guiraldín, de una relación que nos es desconocida pero que acompaña a su padre durante toda la vida y en sus negocios. 

Su padre le cede la administración de numerosos terrenos en el Valle de Güímar, en concreto, en Candelaria y en El Melozar (paraje situado entre Güímar y Arafo), incluso una data que recibió en Agache, como hemos visto; por otro lado, Francisca aportó unas tierras que tenía en Güímar, en la zona de Chacaica. 

Este matrimonio aconteció en Candelaria en el año 1544 con la mencionada guanche Francisca Pérez, que a juzgar por la dote que aportan al matrimonio los padres de la contrayente, su situación económica debió ser bastante desahogada.

Según el Heraldrys Institute of RomeAntón Albertos, en efecto, fue Alcalde Real de Candelaria, Maestre de Campo de la Coronelía de Güímar, y junto con su esposa Francisca Pérez, fundaron una capellanía en la iglesia de Candelaria. 

Este matrimonio tuvo tres hijos (un varón y dos mujeres): Juan Albertos, que llegó a ser Capitán de Infantería del Tercio de La Laguna en 1626 y primer Patrono de la Capellanía de Candelaria instituida por sus padres. Contrajo matrimonio en la Parroquia de los Remedios de La Laguna, el 28 de Noviembre de 1588, con Doña María de Mesa. 

Luisa Albertos, que se desposó con Francisco González, de origen portugués, y María Albertos, que no tomó estado. 

En el momento de fallecer, Antón Albertos Geraldini tenía 54 años, y al ser todos sus hijos aún menores de edad, su mujer Francisca Pérez pidió la curaduría sobre los hijos, para la administración de sus bienes, tal como consta en escritura pública firmada el 9 de octubre de 1554 ante el escribano de La Laguna Gaspar Justiniano, saliendo como fiador Antón Hernández.

Al mismo tiempo hizo inventario de los bienes que le quedaron de su marido Antón Albertos, y ante el mismo escribano, señala algunos de los bienes de su difunto esposo, los cuales eran:

Una casa de piedra y teja, con su colgadizo en Candelaria, ocho fanegas de tierra en el Melozar, 30 fanegas que disputaba con Leonor Viña en Güímar, 8 marranas, 5 vacas, 5 becerros, 2 asnos mansos, 2 burras salvajes, 2 borricos, una yunta de un buey y un novillo de 2 años, 200 colmenas en el Mocanal y numerosas deudas pendiente de cobro.

ANTÓN ALBERTOS GUIRALDÍN, EL PRIMER ALCALDE REAL DE CANDELARIA.- Antón, en efecto, llegó a ser el primer alcalde pedáneo de Candelaria, con jurisdicción en todo el ámbito parroquial de Santa Ana y San Pedro, en cuya jurisdicción vivía muy relacionado con la colonia guanche del Valle de Güímar. 

Según Octavio Rodríguez Delgado, Cronista oficial de Candelaria, la antigua Alcaldía Pedánea de la comarca, creada probablemente después de que lo fuese el Medio Beneficio Curado de la misma, en 1533, abarcaba a los actuales términos municipales de Candelaria, Arafo, Güímar y Fasnia. Su capital estuvo primero en Candelaria, hasta que en 1630 pasó a Güímar, al igual que la parroquia y el Tercio de Milicias. 

En efecto, el primer alcalde real de Candelaria fue Antón Albertos desde 1554, como hemos comentado, figurando como “alcalde del término de Candelaria” y maestre de campo de Milicias.

En esa época, en efecto, hay que señalar que el lugar de Candelaria compartía alcaldía pedánea (dependiente del Cabildo de La Laguna) con los pueblos de Arafo, Güímar, Agache y Fasnia desde mitad del siglo XVI hasta bien entrado el siglo XIX, en el que los diferentes municipios fueron escindiéndose. 

Fue, por tanto, alcalde real de Candelaria hasta que murió trágicamente a finales de julio del año 1554, como consecuencia de una lanzada propinada por el guanche Antonio González (hijo de Alonso González y Catalina Gaspar), siendo enterrado en la cueva de San Blas, en el pueblo de Candelaria. 

El agresor, como resultado de la acción tuvo que huir a La Gomera, donde fue apresado. Algunos años después, los hijos de Antón Albertos, ante los escribanos Sancho de Urtarte y Juan de Alzola, lo perdonan públicamente para que pueda volver a Tenerife. En agosto de 1579, la hija de Antón, Luisa Albertos, perdonaría al agresor por aquel homicidio, por el que tuvo que mantenerse escondido durante veinticuatro años.

Siendo alcalde, en efecto, sufre un atentando, pues durante una trifulca le arrojaron a la cabeza un arma de defensa guanche llamado banot y de las graves heridas murió en el verano de 1554. El autor de la disputa y homicidio, Alonso González, que además era su consuegro y del que se decía que era nieto del legendario Mencey Pelinor, rey que fue de Adeje, huyó luego a La Gomera para evitar el castigo de la Justicia.

Antón Albertos Guiraldín tuvo tiempo, eso sí, para dejar una descendencia que se extiende hasta nuestros días. El apellido que esta segunda rama familiar transmitió a sus descendientes fue el de Albertos, que al ir entroncando con otras familias hoy son muchos los Rodríguez, Cartaya, González, Díaz-Flores y Gómez que se extienden por las Islas, especialmente en Tenerife y Gran Canaria, y que se enorgullecen de traer genes de aquella histórica familia florentina, emparentada con La Gioconda, inmortalizada por el genio de la pintura renacentista llamado Leonardo da Vinci.

Para el investigador Gómez esta parte guanche de la historia fue más fácil de reconstruir. En los documentos notariales también se hacía mención de un tal Antón Albertos, un hijo natural que, antes de casarse con Leonor, Giovangualberto tuvo con una nativa de Tenerife. “Lleva el apellido Albertos porque Giraldín lo reconoce, Antón Albertos trabaja con su padre y llega a ser el primer alcalde pedáneo de Candelaria, de mucho prestigio en la comunidad guanche”, según explica Gómez.

Retrato de Lisa Gherardini.

De manera, pues, que el guanche-florentino Antón Albertos Guiraldín comparte, además, su primer nombre con su abuelo florentino Anton di Noldo Gherardini, padre de la Gioconda y de Juan Albertos Gherardini. 

RELEVANCIA ACTUAL DEL APELLIDO 'ALBERTOS'.- Con el apellido 'Alberto' o 'Albertos', en Canarias ha habido entre 25 y 30 generaciones de descendientes de Giovangualberto, entre los de su pareja guanche (extramatrimonial) y los de la genovesa (por su matrimonio con Leonor Viña). Uno de los descendientes actuales de la guanche es Calixto Alberto de León, que conoció a Miguel Ángel Gómez mientras buscaba información sobre un abuelo de Fuerteventura. “Me dijeron que fuera al archivo del Instituto de Estudios Canarios (IECAN) y ahí me encontré con Miguel Ángel [Gómez], que me habló por primera vez de mi antepasado florentino”, indicó Calixto a la prensa canaria.

Ayudado por el investigador Gómez y desarrollando una auténtica labor de genealogista, Calixto ha reconstruido un árbol de cinco siglos gracias al que todos los 'Alberto' de su entorno familiar han conocido su pasado guanche-florentino. “Empecé esto en el 2004, todas las tardes cazando datos en el IECAN, dos años muy fuertes que valieron la pena: en el 2006 reuní a toda la familia en Fuerteventura y se los presenté”, recuerda. En Güímar, dice Calixto, quedan muchísimos 'Albertos' y 'Alberto'. A lo largo de la historia española de la isla de Tenerife, por tanto, han habido alcaldes, curas, y militares con la sangre florentino-guanche de este apellido. 

Según el INE, en la actualidad, llevan en toda España el apellido Albertos, como primer apellido: 1.557 personas y como segundo: 1.485 personas. Los cuales representan el 0,17 por mil de toda la población española que se encuentra residiendo en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Por su parte, la variante Alberto, figura como primer apellido en 2.189 personas y como segundo apellido lo ostentan 2.158 personas. En este caso, está representado en el 0,61 por mil de la población de Santa Cruz de Tenerife.

Pedro R. Castro Simancas, 19.02.2026.
Festividad de San Barbado de Benevento.

Fuentes:

GÓMEZ GÓMEZ, Miguel Ángel (2006): "Juan Alberto Guiraldín, un mercader florentino en el panorama azucarero tinerfeño" en Coloquio de Historia Canario-Americana (año 2004), Ed. Casa de Colón, Las Palmas de Gran Canaria, 2006.

GÓMEZ GÓMEZ, Miguel Ángel (2018): Análisis histórico de una hacienda azucarera del siglo XVI: El Heredamiento de Güímar (Tenerife)Le Canarien Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 2018.

¿Sabes quien era la Mona Lisa? Conoce la historia de esta mujer en Selecciones Reader's Digest, México, 20 de mayo de 2020.

RODRÍGUEZ DELGADO, Octavio (2021): "Candelaria: Don Antón Albertos (?-1554), rico propietario agrícola y ganadero, alcalde de la comarca de Candelaria-Güímar y maestre de campo de su Coronelía de Milicias, de origen italiano y guanche, asesinado durante una pelea en plena juventud", en El Blog de Octavio Rodríguez Delgado, 6 de enero de 2021 (en línea).

Tenerife: Las Fiestas de la Virgen de Candelaria de febrero de 1810 contadas por el Vizconde de Buen Paso.


El que fuera III Vizconde de Buen Paso, don Juan Primo de la Guerra y del Hoyo Solórzano había nacido en La Laguna el 9 de junio de 1775, hijo del coronel don Fernando de la Guerra y del Hoyo y doña Juana del Hoyo Alzola Suárez de Deza, Marqueses de la Villa de San Andrés y Vizcondes de Buen Paso, naturales y vecinos de dicha ciudad, por entonces capital de Tenerife.


Fiestas de Candelaria hacía los años 50 del siglo XX.
Foto: Colección Manolo Ramos.

Además de III Vizconde de Buen Paso, fue XIV Señor de la Casa y Valle de Guerra, VII de los Mayorazgos de Guillén del Castillo y Valle de Ximénez. En 1795 es nombrado gobernador del Castillo de San Pablo del Puerto de la Cruz (Tenerife). Participó en la defensa de Santa Cruz de Tenerife contra el Almirante Nelson.

Retrato de Juan Primo de la Guerra, 
pintado por Luis de la Cruz hacia el año 1800.

Al igual que había hecho su tío y padrino, don Lope Antonio de la Guerra y Peña, don Juan Primo escribió un minucioso Diario, que abarca desde enero de 1800 hasta noviembre de 1810, en que fue interrumpido por su repentina muerte; estaba desglosado en 11 tomos manuscritos, uno por año e incluía noticias políticas y sociales de las islas, así como acontecimientos de su vida. Este Diario fue publicado en dos tomos en el año 1976 por el Aula de Cultura de Tenerife, con edición e introducción de Leopoldo de la Rosa Olivera.

Edición del Diario por el Aula de Cultura de Tenerife en 1976.

Como hemos señalado, estos diarios abarca desde 1800 a 1810; en él recoge, como hace constar, "la narración de aquellas noticias de mera curiosidad que pueden ser útiles de algún modo", acompañadas con notas que amplía la relación de lo ocurrido en cada uno de esos años. Para este artículo seguimos la citada edición al cuidado de Leopoldo de la Rosa Olivera, en dos tomos: Diario I (1800-1807) y Diario II (1808-1810).

En vida fue conocida su enemistad con el marqués don Alonso de Nava y Grimón, a quien amenazó de muerte en cierta ocasión y por si se ponía o no determinada banda o lazo en el pecho. Por este motivo fue contrario a la Junta Suprema de Canarias, presidida por el citado Marqués de Villanueva del Prado, durante el periodo de la invasión de Napoleón a España.

De su Diario, nos interesa en esta ocasión, conocer su visita al pueblo de Candelaria para participar de las fiestas a la Virgen en febrero de 1810. Como señala el cronista Octavio Rodríguez Delgado, la festividad del 2 de febrero era costeada por el Cabildo de La Laguna y mantenía su carácter solemne, aunque había decaído en las últimas décadas, pues como describe nuestro autor, había disminuido el número de personas notables que iban en romería, así como el número de tiendas que formaban la feria y el número de cruces parroquiales asistentes, pues antes acudían las de toda la isla y por entonces solo la de la parroquia lagunera a la que correspondía la fiesta anual de dicha ciudad.

Don Juan Primo de la Guerra llegó, en efecto, a Candelaria el 1 de febrero de 1810, en su propio caballo y acompañado por su criado, y abandonó este pueblo en las primeras horas de la mañana del día 3 de febrero, día de San Blas. En su minuciosa descripción incluye detalles del viaje y del recorrido, los lugares que atraviesa, el paisaje e incluso las plantas. Luego, ya en Candelaria, se detiene en detalles sobre la familia que lo alojó en su casa durante los dos días.

Casa del Cabildo, actualmente Ayuntamiento Viejo de Candelaria.

Incluye detalles de la vivienda en que se alojó en el pueblo de Candelaria y de las comidas efectuadas en ella, así como del ambiente que se respiraba en la Casa del Cabildo (que es el actual Ayuntamiento Viejo de Candelaria), los refrescos allí servidos, los juegos de naipes, las personas asistentes de las principales familias de la isla (del Hoyo, Soler, Anchieta, Saviñón, Chirino, Saavedra, Delgado-Trinidad de Güímar, Echevarría de La Gomera), y sus entrevistas con el diputado invitado ese año a la fiesta, vocal de la Junta de Gobierno del Reino, don Manuel María Avalle, con don Esteban Saavedra y con el sacerdote y antiguo compañero de estudios don José Quintero.

En efecto, el Vizconde sale del pueblo de Santa Cruz de Tenerife el día 1 de febrero y regresa del pueblo de Candelaria el 3 de febrero siguiente, que es cuando escribe el relato de la visita en su Diario.

Veamos, pues, el interesante y curioso relato que de la Fiesta de la Candelaria nos hace el Vizconde de Buen Paso en su citado Diario, cuyo original manuscrito se halla en el Archivo Municipal de La Laguna (Fondo de la Casa de Ossuna), y que extraemos de su tomo II (1808-1810), editado por el Aula de Cultura de Tenerife en el año 1976, que se contiene en las pp. 173-182.

RELATO DE LA VISITA QUE HIZO AL PUEBLO DE  CANDELARIA EN FEBRERO DEL AÑO 1810 PARA LAS FIESTAS DE LA VIRGEN.- Deseoso de hallarme a la función de Nuestra Señora en el lugar de Candelaria y ver de cerca aquella Santa Imagen, hallándome en este año [de 1810] con salud, sin embarazos y con caballo propio, me determiné a poner en práctica esta romería y salí de esta plaza [de Santa Cruz, donde residía] con mi criado a las diez y media de la mañana del jueves 1 del presente mes [de febrero]

Estaba el tiempo fresco, pero no llovía, y el sol descubriéndose con toda claridad de rato en rato daba hermosura al camino. Este es pedregoso hasta la distancia de un cuarto de legua, y allí se halla la montaña de Taco, en cuyas inmediaciones tiene una casa el teniente coronel don Francisco Tolosa. Las faldas de esta montaña tienen tierra más amena y laborable y sementeras. Atraviésase después la costa de Geneto; a ésta la zanjean muchos barrancos, que como ha llovido tanto en estos días corrían y formaban largas pocetas llenas de agua. Por los contornos discurrían apacentándose varios rebaños de ovejas y sus pastores las gobernaban con silbos y estaban tan tranquilos y gustosos que daban materia para escribir predios rústicos o églogas. 

Antiguo molino en El Chorrillo.

Será a la mitad del camino donde se hallan tres cruces, y allí es donde se dividen los caminos. Este paraje se llama «El Chorrillo». No lejos de allí se ven las ermitas del Rosario, el Pilar y San Isidro, y luego se empiezan a bajar las cuestas que conducen a Candelaria. Las plantas que se ven por este camino son las tabaibas, los verodes y cardonales, los balos, la alhuaga abrojosa y la leña blanca. Hay algunas viñas y sementeras.

Llegada al pueblo de Candelaria.

Yo llegué al lugar de Candelaria a las tres de la tarde [del 1 de febrero, víspera de la fiesta]; no tenía allí gente conocida donde alojarme, ni llevaba carta de recomendación. Así contaba con las buenas voluntades, y para conocerlas, al estilo de aquellos dependientes de los patriarcas que en los bebederos y manantiales se paraban a distinguir la posición de las mozas que venían por agua, y yo reparé en cuatro personas que salían del pocito santo con sus tallas.

El Vizconde sin duda se refiere a El Pozo que era un pozo de agua situado en el interior de una cueva cerca de la orilla del mar, que era una referencia geográfica importante, zona aún hoy popularmente conocida como "El Pozo"

En el pasado, en efecto, la procesión de la Virgen discurría desde su templo por la playa, hasta llegar a la ermita de Santiago y al Pozo Santo, que se hallaba en el límite poblado del pueblo. Dicho pozo, era de agua dulce en la baja mar y salobre en la pleamar, siendo usado por los habitantes del lugar para abastecerse de agua dulce, en un lugar donde los recursos hídricos escaseaban. Con el pasar de los siglos, sus aguas fueron ganando fama de milagrosas, ya que la Virgen de Candelaria llegaba en sus procesiones hasta este pozo, reflejándose la imagen de la misma en sus aguas. Hecho que seguía aconteciendo, milagrosamente, el resto del año, según la tradición de los creyentes que se acercaban al mismo. Además, el pozo se encontraba cercano al Camino Viejo de Candelaria, por lo que era usado como parada por parte de los peregrinos que acudían al santuario, para refrescarse y recuperar fuerzas antes de terminar su peregrinación.

Aspecto actual de El Pozo, en Candelaria.

Sus aguas eran, pues, consideradas milagrosas, teniendo cualidades sanadoras en virtud de la intervención de la Virgen de Candelaria, conseguida mediante la oración e intercesión ante la imagen de la Virgen situada en el propio pozo. Por todos estos motivos, con el paso de los siglos pasó a denominarse el “Pozo de la Virgen” o también “Pocito Santo”, como así lo llama Juan Primo de la Guerra en su Diario, quedando indisolublemente unido a la peregrinación y culto a la Virgen de Candelaria.

El Convento dominico frente a la playa de Candelaria.

Don Juan encuentra alojamiento.

Adelanté mi caballo y les propuse si habría quien recibiese a un forastero en su casa. Una de las cuatro me ofreció llevarme en casa de una hermana suya, y cumplió su palabra de suerte que a pocos minutos yo estaba en una casita cerca de la parroquia. Tenía en la sala una alacena con piezas de cristal y alguna con ramos dorados, cortinas de muselina y sus sillas y mesas. Allí vive Josefa Delgado, mujer de Antonio Herrera, el cual navega; ha estado de contramaestre en Cádiz y en la América y actualmente está en Lanzarote. 

Tiene en la casa tres hijos pequeños: el varón llamado José Rafael, y de las hembras la mayor María Antonia y Agueda la segunda. De las hermanas, una se llama María Clementa, que fue la que me condujo, otra Manuela y otra Isabel. 

Castillo de San Pedro en la playa de Candelaria.

Visita a las autoridades locales.

Visita en primer lugar a Don José de Baute Santos (1739-1820), nacido en Arafo y residente en Candelaria, quien fuera una figura militar y civil relevante en la zona del Valle de Güímar en Tenerife a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Fue castellano de la Batería de Santiago, guarda-almacén de Artillería, teniente coronel de Milicias, síndico personero y alcalde de Candelaria.

A las cuatro y media fui a presentarme al gobernador de las armas don Josef [de Baute] Santos, cuya casa, con azotea, tiene barandas en contorno. El capitán estaba fuera y le dejé recado. Venía de allí a ver al maestro fray Andrés Carrillo, palmero, quien fue maestro de alumnos en la Sociedad cuando yo fui alumno, y quien me trataba con agrado. Pregunté a un religioso y dióme la noticia de que había muerto pocos días antes. Sucedió su muerte a fines de diciembre, y el padre Carrillo está sepultado en el presbiterio, delante de la puerta de la sacristía. Yo dije que me parece bien una inscripción, pues a su constancia y a su celo infatigable se debe la reedificación de aquel monasterio, en el cual, consultando las obras de don Benito Bails y trazando y disponiendo el mismo padre, puso en práctica planos y diseños aprobados por la Academia de San Fernando.

Ermita de San Blas, en Candelaria.

Visita la Cueva de San Blas.

De allí fui a ver la cueva de San Blas, donde no había entrado. Esta fue por muchos años la residencia de la Santa Imagen de la Virgen, mientras recibía las atenciones de los guanches. En lo más escondido se ve actualmente un altar, con varias pinturas y el considerar que la Santa Imagen ocupaba entre salvajes los parajes más abyectos y olvidados, como lo hicieron mientras vivieron entre los hombres la Virgen y su Divino Hijo, causa en el alma un sentimiento tierno. En la misma capilla estaba ayer la imagen de San Blas, y se ve en un ángulo una pila de mármol.

Visita al templo del Convento dominico donde se custodiaba la imagen de La Candelaria.

Se llegaron las horas del Nombre. En la capilla mayor de la iglesia de Santo Domingo hay un crucifijo grande. La imagen de Candelaria estaba en su trono debajo de un dosel de terciopelo carmesí galoneado de oro por todas las costuras; la iglesia iluminada con lámparas y las piedras preciosas que adornaban la Santa Imagen brillaban sumamente. Los padres cantaron con solemnidad las horas del coro; después hubo una canción española en alabanza de la Virgen, cantada con acentos extraordinarios, pero melodiosos y que repite a cada estrofa ¡Oh Virgen de Candelaria, lucida estrella del mar!

Esta fue entonada por doce o quince hombres, vestidos de guanches, entre los cuales dos llevaban insignias de reyes los otros, medio desnudos, llevaban pieles y gorras de pelo, barba larga y unas lanzas de tres varas de alto. 

Aunque la concurrencia de estos guanches es propia de la función del 15 de agosto y no de la de ayer [2 de febrero], que es costeada por el Cabildo, parece que en este año [de 1810] se dio lugar a esta variedad en obsequio del diputado vocal de la Junta de Gobierno don Manuel María Avalle, quien fue a Candelaria convidado por el Cabildo. Los padres cantaron el Nombre, y por último otro coro de mujeres de La Esperanza cantaron a la Virgen una salve compuesta en versos españoles.

Actividades durante la noche del día 2 de febrero.

Yo volví al patio a las nueve de la noche con mi traje de camino y aforrado en el capote. Dos porteros, dependientes del Cabildo, vinieron entonces a convidarme de parte de los señores para el refresco. Les dije que me dispensaran pero que no estaba vestido con decencia para presentarme. 

A las diez [de la noche] me volví a casa, después de haber visto los bailes en las casitas llamadas de la Virgen, las cuales son destinadas para alojar las gentes de los lugares que van en romería. Mi patrona había aprontado la cena; tendió una estera por la sala y sobre la estera me hizo una cama, limpia y decente. 

Visita a la Iglesia parroquial de Santa Ana.

Ayer por la mañana [del 2 de febrero] fui cerca de las ocho a ver la iglesia parroquial, la cual es de una sola nave y su advocación de Santa Ana. En el retablo mayor tiene pintada una Trinidad; tiene altar con cuadro de Animas y en un nicho vi descubrir un Santo Cristo y la Virgen de Dolores. 

Visita a la Casa del Cabildo.

Creí acompañar al diputado cuando saliese para la función y con este designio fui a la casa del Cabildo después de las nueve. El secretario, que creo se llama Sotelo, le dio aviso y el diputado salió a hablarme a la sala. En su viaje a Canaria ha sido obsequiado dignamente, y el conde de la Vega Grande de Guadalupe, don Fernando del Castillo, le dio un célebre convite. De resultas de estas finezas el diputado, a su vuelta a La Laguna, regaló a mi madre un trozo de una tortada, de la cual mi madre me envió un bocado, y así yo pude contestar al diputado en orden a su viaje a Canaria. Preguntóme noticias de Santa Cruz: le dije que había entrado el correo y que se dice que la Francia toda está declarada contra Buonaparte. Tanto como toda la Francia me parece difícil que lo esté todavía, me contestó, y ya será buena noticia que algunas provincias se hayan declarado. Viendo yo que el diputado no salía tan pronto, me despedí; fui a Santo Domingo y allí esperé hasta cerca de las once en que entró con el Cabildo. Al diputado se le puso una silla de brazos y delante un sitial cubierto de damasco carmesí, con precedencia al Ayuntamiento. Llevó a la función su grande uniforme, bordado de oro, con dos bordados en la bota de la casaca, la cual era de paño azul turquí y tenía un escudo de oro bordado en el pecho. Las gentes del pueblo lo llamaron el capitán general, y el diputado se portó con generosidad, así con los guanches como con la guardia de soldados, a quienes dio una onza.

Antes de la misa anduvo por el claustro una procesión del Sacramento, en la cual el corregidor llevó el guión. Al tiempo de la misa predicó un padre, llamado Acosta, dominico, quien tomó su texto del salmo 25, en el que David exhortaba al pueblo para que se purificase y que en la dedicación del templo que erigió en Jerusalén diese a Dios gloria y honor. «Afferte Domino gloriam et honorem». El predicador propuso por puntos que la provincia de Canarias ha recibido singulares beneficios por la intercesión de la Virgen de Candelaria, y que debe corresponderle con su agradecimiento. Dirigió sus elogios al Ayuntamiento y dijo que se debía pedir a la Virgen por el soberano, por la Junta [Suprema] que rige el reino y por su diputado don Manuel María Avalle, y añadió que se debía pedir igualmente por el marqués de Villanueva del Prado, quien tiene en España los poderes de esta provincia. (No tenía yo noticia de que la Junta Suprema de Gobierno lo hubiese admitido por miembro suyo.) 

Respecto de este personaje de visita a Candelaria, Manuel María Avalle, señalar que estaba de visita oficial en Canarias. En efecto, en febrero de 1810, estando en Tenerife, Manuel María Avalle, como vocal diputado de la Junta de Gobierno del Reino, para resolver un contencioso entre las islas de Gran Canaria y Tenerife, fue obsequiado por el Cabildo de La Laguna con la representación de las “horas del Nombre” en la capilla de la Virgen de la Candelaria, como así describe el Vizconde de Buen Paso.

Manuel María Avalle, ocupó cargos como diputado en la Xunta del Reino de Galicia e incluso en las Cortes Generales, en Madrid, durante la época liberal del reinado de José Bonaparte, pero una vez finalizada la Guerra de la Independencia y regresado el reinado de Fernando VII, Avalle fue uno de los principales defensores de Galicia, en el bando absolutista que tanto predicaba la restauración del Antiguo Régimen.

Fue, al igual que su padre, regente perpetuo de la ciudad de Tui y miembro de las Xuntas del Antiguo Reino de Galicia en representación de la provincia de Tui. También fue elegido diputado a Cortes por la provincia de Tui durante varios años durante el siglo XIX. Participó activamente durante la Guerra de la Independencia en el bando absolutista leal a Fernando VII.

Para conocer mejor este aspecto de la mencionada Junta Suprema de Canarias y los conflictos que mantuvo con el Cabildo de Gran Canaria constituido en Las Palmas, durante el periodo de la guerra contra Napoleón en España, puede consultarse nuestro artículo en este Blog sobre la Junta Suprema de Canarias.

Iconografía de la Virgen de la Candelaria entre guanches 
que se conserva en la Ermita de las Angustias, Icod de los Vinos.

Procesión de mediodía de la Virgen el 2 de febrero.

La procesión fue a la cueva de San Blas después de mediodía, cuidando el diputado don Manuel María Avalle de la conducción de las andas. Después de restituida [la imagen de la Virgen de Candelaria] al templo, acompañada de la imagen de San Blas, se entonaron las letanías y se dio principio a una procesión deprecatoria. Esta la formaban la manga de cruz y el clero de La Laguna; la del convento de Candelaria y su comunidad y el diputado con el Ayuntamiento. Llegó esta procesión sobre la arena hasta el frente de las casas capitulares, y allí se verificó el despedimiento, volviéndose al convento la Virgen y la comunidad.

Yo volví a las dos de la tarde a la casa de mi asistencia, y después de comer llegó un portero a convidarme para que fuese al Cabildo. Le dije que yo agradecía el favor de los señores, pero que había comido ya. Convidóme entonces para el refresco de por la noche.

Las actividades del Vizconde en esa tarde y noche.

Por la tarde [del día 2 de febrero] yo estuve en el convento y entré en la sacristía, donde fray Josef Romero, lego ejercitado en varias atenciones del servicio del convento y de la Santa Imagen, hizo que un paisano de aquel lugar me refiriese los versos que tenían los cuadros de los milagros, antes que el padre Carrillo los hubiese hecho recortar, a causa de estar traspasadas del salitre las extremidades de los lienzos. Son ocho o diez los dichos cuadros y están distribuidos entre la iglesia y la sacristía, y todavía continúa el estilo de enviar a la iglesia el que ha recibido el beneficio alguna memoria suya, en cera o en pintura, pues hasta la mitad del año próximo ha recibido aquel convento algunos de estos anatemas enviados de la América.

A las seis de la tarde fui al Cabildo, pero entonces se habían levantado de la mesa y se tomaba el café. A las siete me hallé en el convento a la conducción de la Santa Imagen de la Virgen de la iglesia, donde la dejaba el trono, a San Blas, a su camarín, en el cual estaba la imagen de Santo Domingo penitente y tenía las paredes colgadas de damasco carmesí. Las paisanas de la Esperanza cantaron allí la salve y ya se había repetido en la iglesia la canción que dice: ¡Oh Virgen de Candelaria, lucida estrella del mar!

A las ocho volví al Cabildo. En el patio había faroles y dos bujías de plata y algunas cornucopias iluminaban la sala, en la cual estaba el diputado y un largo número de eclesiásticos, damas y convidados de La Laguna y otros pueblos. A poco rato llegó a sentarse a mi lado un joven vestido de negro, con aire de emprendedor y de ardiente en sus proyectos. La huerta que Vm. tiene en El Carrizal –me dijo– queda al lado de unas tierras que yo poseo; o arrendada o por otro ajuste puede Vm. cedérmela para unirla a la mía. Yo no tengo el gusto de saber quién es Vm., le respondí. Esteban Saavedra, marido de doña Justa Soler, me respondió. Pues esa huerta, volví a decirle, la tiene arrendada un pobre llamado Bartolomé Dorta, el cual me paga con puntualidad y cultiva la tierra, y no me parece bien el quitársela para que Vm. la tenga. Estaría más bien cultivada, me dijo. Yo lo supongo, le respondí, pero nunca me determino a proceder por el interés. A poco rato Saavedra se volvió a donde estaba.

El diputado se puso a jugar al naipe, un juego llamado la rentilla, en el cual estaban doña Elvira del Hoyo y doña Justa Soler, doña Angela Anchieta, doña María Teresa Saviñón, don Alonso Chirino, hijo del marqués de Las Palmas, Saavedra y algunos otros. Me instaron algunas damas para que jugase, pero yo me excusé porque no conozco aquel juego y me pareció inoportuno que los otros se empleasen en darme lecciones. 

Había en la sala otras damas, a saber, dos de la familia [Delgado]-Trinidad, de Güímar, la una joven, llamada Pilar, y una tía suya; dos hijas de doña María Teresa Saviñón y de su primer marido don Francisco O’Shea y una de Echevarría, natural de La Gomera, la cual vive actualmente en Candelaria con su madre. Algunos ratos me daban conversación estas damas y en otros me entretuve con don Josef Quintero, quien fue mi condiscípulo en el estudio de gramática y después ha sido cura en Buenavista, en El Hierro y en El Realejo, donde actualmente tiene su casa. 

Cerca de las diez [de la noche] se sirvió el refresco, de dos heladas, panal, bizcochos y chocolate, y con suficiente cabalidad (el mayordomo del Cabildo es don Pedro Montoya), y después de las once se despidieron los concurrentes y yo volví a la casa de mi asistencia.

Esta función de Candelaria, que en este año ha tenido las señaladas circunstancias de haber asistido a su celebración un diputado vocal de la Suprema Junta de Gobierno del reino, tuvo antiguamente otras ostentaciones, que en el día no están en práctica. El Cabildo recibía libremente en sus casas y daba alojamiento a un largo número de personas visibles que iban en romería; ocurrían muchas tiendas que formaban la feria; la imagen era conducida entonces frecuentemente de Candelaria a la ciudad de La Laguna, en donde el Ayuntamiento costeaba una serie continuada de funciones. 

A la [fiesta] del 2 de febrero [con anterioridad] concurrían a Candelaria las cruces parroquiales de toda la isla, cuando en el día [de hoy] sólo va la de aquella parroquia donde están las fiestas en La Laguna; bien que concurren llevados por el Cabildo los beneficiados de ambas parroquias de la ciudad. 

Procesión de la Virgen de Candelaria, 
hacía finales de los años 20 del siglo XX.

Celebraban los antiguos los milagros de la imagen de Nuestra Señora de Candelaria, hasta suponerla algunos poco reflexivos un ser viviente y animado; se escribían libros para sostener estas maravillas y la opinión del público era llevada sin examen de una doctrina tan inaccesible a la explicación. Ya veo que para cierta clase de gentes basta un eco que no distinguen para llevarlas envueltas en la muchedumbre; pero un racional debe tener ideas claras y distintas de las causas por que procede y ser por consecuencia estable en lo seguro. [...]

El Niño de la santa imagen de Candelaria no carece de cierta expresión favorable, y en el rostro de Nuestra Señora yo creo descubrir el agrado, acompañado de la seriedad, de la dignidad y de la atención.

El espíritu de adulación, y en muchos ejemplares el interés y otras pasiones, han dado lugar a mentidas apariciones de imágenes sagradas y a falsedades, con las cuales los interventores perjudican más a los fieles que no les hacen favor. Pero nada de esto mancha el hallazgo de esta respetable imagen: ya fuese algún suceso no intencional el que la condujo a nuestras playas, ya fuese el designio de algún cristiano que quisiese erigir este monumento a su creencia en el desierto de una tierra inculta, que es a lo que yo me inclino más (así como veo que antes de la venida de los españoles se construía un edificio de expugnación y se hacían observaciones en las islas por los que no eran guanches), lo cierto es que la tropa española halló en poder de aquellos naturales la escultura sagrada y que esto era un signo o argumento de que la conquista era obra del agrado de Dios.

Impresiones sobre el pueblo de Candelaria en el año de 1810.

El lugar de Candelaria parece de quinientos vecinos, de los cuales el cura se llama don Agustín de Torres y es natural de la isla de Canaria. Está en Candelaria desde su juventud; ha comprado terrenos y una casa, que era del mayorazgo de Tacoronte, don Andrés de Torres, la cual queda cerca de las del Cabildo. Hay allí otro clérigo, llamado don Josef Rafael Botazo, y el actual prior del convento se llama fray Antonio Fernández. 

El Barrio de Santa Ana, en Candelaria, a finales del siglo XIX.

El gobernador de las armas está nombrado y el alcalde es Francisco Ramos, vecino de Igueste. Era éste el alcalde en el año próximo pasado, pero la elección que debió hacerse de otro alcalde en el presente año ha sido contestada y mayores disturbios han ocurrido en el lugar de Güímar a donde el corregidor pasó para aplacar el vecindario y el efecto fue contrario, pues a la media noche cercaron la casa donde estaba el corregidor y lo obligaron a salir del pueblo a aquella hora. Estas libertades son consecuentes a las que el corregidor se tomó indebidamente de suscitarse contra el comandante general que mandaba en estas islas, y ninguno debe extrañar que si contribuye a quitar una piedra fundamental del edificio, la pared se derribe y le caiga encima. 

Entre los vecinos de Candelaria se distinguen por sus conveniencias don Juan Botazo y don Francisco Marrero. Botazo es casado con una española, de la familia de Ramos, la cual hace pocos años que vino de España y reside en Candelaria. 

Las principales rentas de aquel pueblo son el trigo y frutas, y algunos aguardientes y vinos. Algunos vecinos subsisten de la pesca; vienen frecuentemente a Santa Cruz y la juventud es inclinada a navegar. Las mujeres se ocupan en la loza, para la que llevan el barro o mazapé de la cumbre o de Arafo y el almagre de mayor distancia. Para barniz o lustre de la loza mezclan con el almagre el aceite de kelme, de ramosa y de otros peces. La hacen sin torno y tienen cada una en su casa hornos apropiados para cocerla.

El convento de padres dominicos es muy regalado, así por los cuantiosos donativos que entran de la América como por los productos de la data que le concedió allí el Cabildo, desde la cumbre hasta el mar, en cuyos terrenos tienen, entre otras haciendas, dos muy fértiles, llamadas la Hermosa y la Granja.

El pueblo está situado en el declive de una montaña; así las vistas son agradables, aunque el terreno es desigual. A las orillas del mar tiene un castillo y un reducto con alguna distancia. El conde de la Gomera tiene allí casa cerca del convento, y sobre la puerta un escudo de armas labrado en piedra. El marqués de Casahermosa, don Bartolomé González, la familia de Soler y don Lorenzo de Montemayor tienen casa en el lugar."

Salida de Candelaria y regreso a Santa Cruz.

Yo salí de allí cerca de las siete de la mañana de hoy [3 de febrero de 1810]. Mi patrona me ofreció su casa para cuando quiera volver a Candelaria. Mi criado se puso malo ayer. Esto me detuvo y alquilé un mulo para traerlo, pero ya se había mejorado antes de venir y me convino esta determinación, porque mi caballo, que al ver correr los barrancos retrocedía y me daba que hacer, viendo pasar el mulo delante se acostumbró y atravesaba los barrancos sin reparo. Después de las once [de la mañana] llegué a este pueblo [de Santa Cruz]. 

Don Juan Primo de la Guerra, Vizconde de Buen Paso, falleció en Santa Cruz de Tenerife en este mismo año de su visita a Candelaria, concretamente el 10 de noviembre de 1810, a los 35 años de edad, víctima de la epidemia de fiebre amarilla que azotó dicha ciudad, interrumpiendo inesperadamente el relato de su Diario. Precisamente su última anotación es del domingo 4 de noviembre de ese año, cuando escribe: Ha llegado ayer a esta plaza la viuda de don Pedro Quiroga de retorno de Güímar, en donde su marido ha muerto hace pocos días. Es bien sensible para mí que aquellas personas a quienes conocía y trataba con más frecuencia sean los que experimenten acontecimientos tan extremados, cuando en el pueblo el número de los enfermos no es considerable y a los más les acomete una indisposición ligera.

Pero por desgracia, pese a esa infravaloración o poca relevancia de los efectos de dicha epidemia plasmada por el Vizconde en su Diario, sin embargo, esta epidemia de fiebre amarilla acontecida de 1810-1812 en Tenerife, aunque centrada en Santa Cruz, fue una de las mayores catástrofes sanitarias de aquella localidad, iniciada por el contagio de dos barcos llegados procedentes de Cádiz. La enfermedad asoló, en efecto, la isla desde octubre de 1810 hasta febrero de 1812, causando una alta mortalidad, provocando la huida de habitantes y el abandono de la ciudad por las autoridades. Tubo su origen, el 11 de septiembre de 1810, cuando los buques San Luis Gonzaga y Fénix llegaron de Cádiz (que sufría la epidemia) a Santa Cruz de Tenerife, introduciendo el virus en la población a pesar de las medidas de cuarentena decretadas.

Se le ha considerado una de las peores crisis demográficas en la historia de Santa Cruz, pues la enfermedad causó el aislamiento de la población en lazaretos como el que se habilitó en la ermita de El Socorro en Güímar. Otros dos puntos especialmente castigados por este brote fueron La Orotava y su Puerto (actual Puerto de la Cruz), perdiendo entre los dos casi 700 personas. 

Aunque la mortalidad exacta varía según las fuentes, sin duda, fue devastadora y se extendió hasta principios de 1812. El miedo al contagio provocó que autoridades y ciudadanos adinerados abandonaran Santa Cruz, lo que generó un levantamiento armado de los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Esta huida masiva de vecinos hacia otros lugares de la isla e incluso hacia otras islas, supuso que más de la mitad de los habitantes de Santa Cruz huyeran de la localidad, especialmente hacia San Cristóbal de La Laguna. Para cuando se decretó el aislamiento total de Santa Cruz, con controles a la altura de La Cuesta, ya era demasiado tarde y, lógicamente, la dispersión de la enfermedad por el resto de la isla fue casi inmediata. 

Por tanto, de gran valor es este Diario de Juan Primo de la Guerra, que abarca desde el 2 de enero de 1800 hasta el 4 de noviembre de 1810, seis días antes de su muerte. Tanto Juan Primo de la Guerra, así como sus hermanas murieron sin dejar descendencia y con ellos terminó en Canarias la familia de los Guerra, herederos del Mayorazgo que había sido el extenso Valle que lleva su nombre, en el antiguo reino aborigen de Tacoronte y donde en la actualidad, el Valle de Guerra, constituye un importante núcleo de población del municipio de San Cristóbal de La Laguna.

Pedro R. Castro Simancas, 11.02.2026.
Festividad de los Santos mártires de Numidia 
durante la persecución de Diocleciano.
Ampliado el 15.02.2026.

Fuentes:

PRIMO DE LA GUERRA, Juan (1976): Diario II 1808-1810, (edición e introducción por Leopoldo de la Rosa Olivera), Ed. Aula de Cultura de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1976.

RODRÍGUEZ DELGADO, Octavio (2014): "Las Fiestas de la Virgen de Candelaria en febrero de 1810 por Juan Primo de la Guerra (III Vizconde de Buen Paso)", (edición, transcripción y reseña biográfica), en blog.octaviordelgado.es (en línea), 2014.

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