Grandes viajeros que pasan por Canarias: William Dampier, explorador y bucanero.

El mundo tiende a juzgar todo por el éxito; 
y a quien tiene mala fortuna difícilmente se le permitirá tener buena reputación.
Carta de Dampier al conde de Pembroke.


Durante el siglo XVII, un pirata culto, inglés por más señas, de esos que se enrolaban en los barcos por el simple hecho de aprender más de las costumbres del mundo entero, va a describir a las islas Canarias como nadie lo hubiera hecho antes. Es un nuevo nombre que se une al interesante mundo de la literatura de viajes que es el explorador y bucanero inglés, llamado William Dampier (1652-1715). Este viajero escribirá dos maravillosos libros titulados Un nuevo viaje alrededor del mundo (publicado en 1697) y Un viaje a Nueva Holanda en 1699 (publicado en 1703)que van a ser leídos e imitados por muchos británicos, en especial por Horacio Nelson, que lo llevará siempre en su mesa de noche y de los que se valió para ejecutar su frustrado intento a las islas Canarias, según comenta el investigador José Luis García Pérez. 

Incluso el mismo novelista Daniel Defoe va a leer estas obras con mucha pasión ya que William Dampier habla en su obra de un personaje llamado Alexander Selkirk que luego lo utilizaría Defoe para narrarnos en su novela, contando su biografía, al famoso personaje de Robinson Crusoe. Hay estudios profundos sobre este tema, en los que se piensa que lo que hizo Daniel Defoe no fue inventar un personaje, sino copiar paso a paso la odisea de un marino llamado Alexander Selkirk, que al parecer estuvo en Tenerife a bordo del barco donde venía navegando junto con  William Dampier y que luego fue abandonado en la isla de Juan Fernández, frente a las costas de Chile.

William Dampier y su tripulación navegan por aguas turbulentas frente a la costa de Aceh, ahora parte de Indonesia. 
Grabado de Caspar Luyken, de una edición holandesa de 1698 de Un nuevo viaje alrededor del mundo de W. Dampier.

William Dampier fue, pues, un navegante inglés que desempeñó múltiples roles en el mar, desde corsario hasta bucanero. Sin embargo, su legado trasciende la «piratería», pues destacó también como escritor y botánico, registrando con meticulosidad sus observaciones e impresiones en una serie de relatos que dieron cuenta de sus exploraciones en sus varios libros publicados. A lo largo de su vida, logró circunnavegar el globo en tres ocasiones, convirtiéndose en una figura clave en la historia de la navegación inglesa. Así Dampier será pirata, corsario, oficial de la Marina de guerra inglesa y también explorador bajo los auspicios del Almirantazgo inglés. 

Aunque nació en una familia relativamente acomodada en Somerset, al oeste de Inglaterra, William Dampier perdió a su padre a los 7 años y a su madre a los 14, cayendo en la pobreza. Tras ser aprendiz de constructor naval, se hizo a la mar, zarpando hacia el Caribe en abril de 1674, a los 22 años. En su tiempo libre, Dampier realizaba largas caminatas por la naturaleza y se emocionaba al encontrarse con criaturas de las que solo había oído hablar en cuentos populares: como puercoespines y perezosos, colibríes y armadillos. Estas excursiones despertaron en él una pasión por la historia natural que lo acompañaría toda la vida. Fue el primer inglés en explorar las costas de Australia y el primer hombre en circunnavegar el mundo tres veces.

William Dampier, grabado de Charles Sherwin 
a partir de un retrato de Thomas Murray, 1787.

Sus problemas comenzaron en junio de 1676, cuando un huracán en el Caribe destruyó su campamento maderero y arrasó con su equipo compuesto de hachas, sierras y machetes. En aquella época, los leñadores debían proveerse de sus propias herramientas, y Dampier no tenía dinero para comprar más. Así que, como Dampier escribió más tarde: «Me vi obligado a vagar para ganarme la vida». Esto era un eufemismo. «Vagarse» significaba dedicarse a la piratería. 

Primera circunnavegación del mundo (1679-1691).

En el año 1678 William Dampier participó en tripulaciones con bucaneros en tierras españolas de América Central, visitando dos veces la bahía de Campeche (costa de México). Esto condujo a su primera circunnavegación del mundo: de 1679 a 1681 formó parte de la tripulación del bucanero Bartholomew Sharp, que abordó y asaltó a gran número de barcos españoles y saqueó muchas poblaciones incluyendo Portobello, en la costa norte de Panamá.

WILLIAM DAMPIER, UN BUCANERO CONTRA LOS INTERESES DE ESPAÑA EN AMÉRICA.- En aquella época existían dos clases distintas de piratas. Algunos eran los llamados corsarios, que contaban con el permiso tácito o expreso (patente de corso) de sus gobiernos para hostigar a los barcos enemigos. El corso, en general, era tolerado, si no respetable. Dampier, en cambio, era un bucanero o pirata caribeño, y los bucaneros no tenían permiso para saquear a nadie. Eran simples delincuentes, y sus gobiernos los despreciaban tanto como sus enemigos. La tripulación de bucaneros a la que se unió Dampier era incluso más despreciable que la mayoría, porque en lugar de saquear barcos repletos de lujos, a menudo asaltaban pequeños y miserables campamentos costeros, robando a gente en una situación económica tan precaria como la suya.

Existen varias historias que hablan de las buenas relaciones y de la ayuda mutua entre los bucaneros del Caribe y las sociedades nativas de la región. Según Pérotin-Dumon, en los años 1619-1620 los corsarios franceses, cuando regresaban de una aventura fallida que les había llevado por el Atlántico y el Pacífico, permanecían varios meses con los indios caribes en Martinica. Los miembros de la tripulación que estaban enfermos y hambrientos eran rescatados y acogidos por los indios.

Otros relatos pintan un cuadro diferente. Dampier, por ejemplo, escribe sobre los indios de las Islas de las Perlas: «Aquí no hay más que unos pocos indios pobres y desnudos, que han sido saqueados tan a menudo por los corsarios que no tienen más que unas pocas provisiones, y que cuando ven una vela se esconden; de lo contrario, los barcos que vienen aquí se los llevarían y los harían esclavos; y he visto a algunos de ellos que han sido esclavos». Dada la defensa incondicional, a veces eufórica, que los autores radicales hacen de los leñadores de las bahías de Campeche y Honduras —muchos de los cuales eran bucaneros a tiempo parcial y mantenían fuertes relaciones con la comunidad de los bucaneros—, el relato que hace W. Dampier de algunas de sus hazañas es aún más preocupante: «A menudo [ellos] hacían incursiones en pequeños grupos, entre los pueblos de indios más cercanos, donde saqueaban y se llevaban a las mujeres indias para que les sirvieran en sus cabañas, y enviaban a sus maridos a que fueran vendidos en Jamaica».

Lo cierto es que Dampier y su tripulación pasaron los siguientes años emboscando barcos y asaltando asentamientos a lo largo de las costas centroamericanas, especialmente en las islas del Caribe. No siempre está claro qué papel desempeñó Dampier durante estos ataques. Documentó cómo apuñalaban a sacerdotes, arrojaban prisioneros por la borda y abatían a indígenas con fusiles o los torturaban para obtener información. Y hay indicios indirectos de que participó en al menos algunas atrocidades: en una ocasión, durante una fuerte tormenta en la que temía morir, Dampier rememoró con «horror y repugnancia acciones que antes me disgustaban, pero que ahora me hacían temblar al recordarlas». Hacía años que no se confesaba, y decenas de pecados no nombrados aparentemente pesaban sobre su alma.

Dampier regresó a Inglaterra en 1678 y pronto casó con una dama de compañía de una duquesa. Tenía la firme intención de reformarse y decidió regresar al Caribe con un cargamento de mercancías. Pero su ansia por nuevas tierras, nuevos cielos, nuevas plantas y animales resultó demasiado fuerte. Tras un viaje a Jamaica, volvió a caer en manos de los piratas —contra su voluntad, según afirmó— y huyó. Finalmente, dijo que se sentía «bastante satisfecho» dondequiera que fuera, «sabiendo que cuanto más lejos fuéramos, más conocimiento y experiencia adquiriría, que era lo principal que me importaba».

Los compañeros piratas de Dampier saqueando una carga de harina, chocolate y queso en la costa oeste de México, cerca de la actual Zihuatanejo, 1685. 
Tomado de «Relato histórico de todos los viajes alrededor del mundo realizados por navegantes ingleses», de David Henry, 1774.

El explorador inglés comenzó sus aventuras como filibustero y como tal, en compañía de bucaneros, saqueó entre 1680 y 1691 las costas del Imperio español en América. Tras sus hazañas en el Caribe, Dampier se unió a otra tripulación pirata que zarpó hacia territorios del sudeste asiático. Allí se convirtió en una especie de protoantropólogo, registrando detalles sobre las culturas con las que se encontraba. Y para su época, demostró una notable apertura mental. Siempre que veía una costumbre o rito (para él) extraño, se esforzaba por comprenderlo. Más tarde, dio la primera descripción en inglés de la "ganga" o marihuana ("A algunos les da sueño, a otros alegría, a otros les provoca un ataque de risa y a otros los vuelve locos"), e introdujo docenas de palabras nuevas en inglés, como banana, posse, smugglers, cashews y chopsticks. Describió incluso una circuncisión masiva de niños de 12 años en Filipinas, así como el tatuaje en Polinesia.

Segunda circunnavegación del mundo (1699-1703).

La guerra de sucesión española estalló en 1701 y los corsarios ingleses estaban siendo preparados para ayudar en contra de los intereses franceses y españoles. Dampier fue nombrado comandante de un buque del gobierno inglés compuesto de 26 cañones, el St. George, con una tripulación de 120 hombres. A ellos se les unió el galeón de 16 cañones Cinque Ports, con 63 hombres. Embarcaron el 30 de abril de 1703, completando así la segunda vuelta al mundo capitaneada por William Dampier.

DAMPIER, UN GRAN OBSERVADOR NATURALISTA.- Pero, a pesar de su naturaleza pirática, William Dampier fue uno de los más grandes exploradores del siglo XVII, además de un gran observador y naturalista. Sus observaciones recogidas en su obra El viaje alrededor del mundo (1697) provocaron un enorme impacto en la sociedad europea del momento, considerándose por tal razón un precursor de los viajes científicos del siglo XVIII.

Durante sus viajes, Dampier tomó notas exhaustivas de todo lo que veía, guardándolas en tubos de bambú para su custodia. Cuando finalmente regresó a Inglaterra en 1691, comenzó a preparar el citado libro de viajes. "Un nuevo viaje alrededor del mundo" se publicó, como hemos indicado, en 1697 y fue un éxito rotundo. Algunos historiadores incluso le atribuyen el inicio de todo el género de la literatura de viajes. Tras su publicación, Dampier recibió una invitación para dar una conferencia en la prestigiosa Royal Society de Londres, el club científico más importante del mundo. También cenó con varios estadistas eminentes de aquel momento. Los peces gordos querían hablar de historia natural, por supuesto, pero algunos de ellos sin duda sintieron un escalofrío de placer al saber que tenían a un pirata de carne y hueso en su mesa, comenta Keam.

Tercera circunnavegación del mundo (1703-1707).

Dampier convenció al inglés Woodes Rogers (1679–1732) para llevar a cabo una expedición como corsarios, ya que conocía a su padre. Rogers, con el apoyo financiero de muchos comerciantes de Bristol, consiguió fletar en 1708 dos fragatas, la Duke y la Duchess, y contrató a Dampier como navegante principal en la Duke, del que él iba como capitán. Este viaje fue más exitoso y en él rescataron a Selkirk el 2 de febrero de 1709, que se hallaba en la isla de Juan Fernández (frente a las costa de Chile), el cual se había quedado solo en la isla por sus desavenencias y conflictos con Dampier en una navegación cinco años antes. Sería esta la tercera vuelta al mundo que completaría el explorador y bucanero William Dampier.

Este personaje, que como hemos señalado inspiró al personaje de Robinson Crusoe, también ha dado nombre a una isla en este archipiélago chileno. En efecto, la isla Alejandro Selkirk es la más occidental y remota del archipiélago de Juan Fernández en Chile, situada a unos 600-700 km. de la costa chilena. Anteriormente conocida como "Más Afuera", fue renombrada en 1966 en honor al citado marinero Alexander Selkirk, quien sobrevivió solo en otra isla cercana del mismo archipiélago entre 1704 y 1709.

VISITAS DE WILLIAM DAMPIER A LAS ISLAS CANARIAS.- De sus viajes y observaciones por todo el mundo, es relevante citar, como ya hemos indicado, la publicación de A Voyage to New-Holland. En este libro, escrito con ocasión de su viaje a Australia en 1699, es donde más extensamente se detiene a describir algunos aspectos que observa en su visita a la isla de Tenerife, cuando para en las islas Canarias.

Dampier visita Tenerife en el año 1699, en su segundo viaje alrededor del mundo con destino a Nueva Holanda (Australia). Dampier fue, en efecto, uno de los viajeros más notables que visitó las islas Canarias en el setecientos, y cuando llega a Tenerife visita Santa Cruz y la ciudad de La Laguna, entonces capital de la isla, proporcionando un risueño retrato de la ciudad, aunque discrepa de otros viajeros anteriores sobre la regularidad de las calles, que sí considera anchas y hermosas. Es de los pocos visitantes que menciona la Plaza del Adelantado y su entorno de bellas casas. Por lo demás, su estampa placentera se centra en el verdor circundante de naranjos, limones, huertas, parras, jardines. Por entonces la ciudad tendría poco más de 7.000 habitantes. 

Según cuenta William Dampier (en su libro Un viaje a Nueva Holanda en 1699, pero publicado en 1703), en las islas se podían adquirir, carne, manzanas, peras, ciruelas, cerezas, excelentes melocotones, albaricoques, guayabos, granadas, naranjas, limones, verduras y cebollas, para él las mejores del mundo. Y todavía el vino en Tenerife seguía siendo el monocultivo de exportación en el tránsito del siglo XVII y XVIII. Según Dampier, había tres clases de vinos: el canary sack, el malvasía y el verdona, un vino verde. Los navíos con destino a Oriente y las Antillas solían suministrarse del verdona. Era fuerte, más áspero y más ácido que el canary wine. En la medida en que se conservaba mejor en los climas cálidos y era más barato, era muy frecuente que los navegantes lo compraran para llevar a bordo durante sus travesías. Este tipo de vino era producido en la comarca este de Tenerife y se exportaba desde el puerto de Santa Cruz. Los otros dos vinos, el malvasía y el canary wine [canary sack], se cosechaban fundamentalmente en el NO de Tenerife. 

Según ha podido estudiar el profesor Nicolás González Lemus, estos dos tipos de vinos producidos en Tenerife se exportaban para Europa, fundamentalmente para Gran Bretaña, desde los puertos de Garachico y el Puerto de la Orotava (en la actualidad, el Puerto de la Cruz), «el puerto más importante de la isla y donde residía una pequeña colonia inglesa y el consulado de Inglaterra», según señala William Dampier en su citado libro A voyage to New-Holland ('Un viaje a Nueva Holanda').

El malvasía y el canary sack eran considerados como los de mejor calidad por los ingleses. Según el mismo Dampier, las islas de mayor producción eran Tenerife, Gran Canaria, La Palma y, en menor medida, La Gomera. Y Dampier sigue comentando que las principales zonas de viñedos en Tenerife eran Buenavista, la comarca de Daute, el valle de La Orotava, Tegueste y especialmente San Juan de la Rambla. Tenerife producía el mejor malvasía, según indica en su mencionado A voyage to New-Holland.

William Dampier volvió a visitar las islas con otro de los más grandes corsarios ingleses, Wood Rogers, en 1708, con la citada fragata Duke, acompañado por otra fragata, la también ya mencionada Duchess, capitaneada por Stephen Courtney. La visita a las islas estuvo salpicada de incidentes porque cuando se encontraba navegando entre Gran Canaria y Fuerteventura, en la madrugada del 18 de septiembre de 1708, dieron caza a un pequeño barco de 25 toneladas con 45 pasajeros del Puerto de Orotava con destino a Fuerteventura y luego se acercaron al valle para negociar su devolución. El viaje de Rogers se recordará porque en su diario, A cruising voyage round the World, describe la vida del mencionado Alexander Selkir, un bucanero escocés que como ya hemos comentado, había sido abandonado por su capitán en una playa de la isla de Juan Fernández en septiembre de 1704, a unos 640 kilómetros al oeste de Valparaíso (Chile), y que serviría a Daniel Defoe para la recreación de su novela Robinson Crusoe, así como la recreación en su libro The Four Years Voyages of Capt. George Roberts de las andanzas piráticas en Canarias del capitán George Roberts en 1721.

Según nos cuenta Oriol Luis González, examinando la trayectoria de Pedro de Ponte y Llerena, primer conde del Palmar, como vía para comprender el inicio del proceso de integración de las élites canarias en la estructura administrativa de la Monarquía Hispánica durante el último tercio del siglo XVII, señala que en el cuarto tomo de sus Voyage, el marino y cronista William Dampier recoge una singular observación durante su paso por Canarias en 1698. Allí, menciona cómo Pedro de Ponte y Llarena, el citado conde del Palmar, habría asegurado su nombramiento como capitán general del Archipiélago no solo gracias a sus servicios militares propios, sino mediante el obsequio de unas espléndidas joyas a la reina Mariana de Neoburgo, reina consorte de España de 1689 a 1700 como segunda esposa del rey Carlos II. 

En su viaje a Australia, Dampier sale de Inglaterra el 14 de enero de 1699, a bordo del barco Roebuck, tal como lo cuenta en su citado libro A voyage to New-Holland, donde nos describe con detalle su arribo al puerto de Santa Cruz de Tenerife, en los siguientes términos:

Nos dirigíamos a la isla de Tenerife, donde tenía previsto abastecerme de vino y brandy para mi viaje. El domingo, a las tres y media de la tarde, llegamos a la isla y nos apiñamos con todas nuestras velas hasta las cinco; cuando el extremo noreste de la isla se encontraba a siete leguas de distancia oeste-suroeste. Pero, estando tan lejos que no podía esperar llegar antes de la noche, esperé hasta la mañana siguiente, deliberando si debía atracar en Santa Cruz o en [el puerto de la] Orotava, una en el lado este y la otra en el lado oeste de la isla; que se extiende principalmente de norte a sur; y estos son los principales puertos de cada lado. Elegí Santa Cruz como el mejor puerto (especialmente en esta época del año) y como el que mejor proveía el tipo de vino que necesitaba para mi viaje: así que allí eché el ancla el 30 de enero, en aguas de 33 brazas, fondo negro y viscoso; a media milla de la costa; desde la cual divisé la ciudad.

Plano de Santa Cruz.

El mejor y más tranquilo desembarco es en una pequeña cala arenosa, aproximadamente a una milla al noreste de la carretera, donde hay buena agua, con la que se abastecen los barcos que cargan aquí; y muchas veces los barcos que cargan en Oratavia, que es el principal puerto comercial, envían sus botes aquí para abastecerse de agua. Ese es un puerto peor para los vientos del oeste que este para los vientos del este; y entonces todos los barcos que están allí se hacen a la mar. Entre este lugar de abastecimiento de agua y Santa Cruz hay dos pequeños fuertes; que, junto con algunas baterías dispersas a lo largo de la costa, controlan el camino. Santa Cruz es un pequeño pueblo sin murallas que da al mar, protegido por otros dos fuertes para asegurar el camino. Hay unas 200 casas en el pueblo, todas de dos pisos, sólidamente construidas con piedra y cubiertas de tejas. Tiene dos conventos y una iglesia, que son los mejores edificios del pueblo. Los fuertes aquí no pudieron impedir el paso a los galeones españoles del almirante Blake, aunque se acercaron mucho al fuerte principal. Muchos de los habitantes que viven hoy recuerdan aquella batalla en la que los ingleses bombardearon el pueblo y le causaron muchos daños; y las marcas de los disparos aún permanecen en las murallas del fuerte. Los restos de los galeones que se incendiaron aquí yacen a 15 brazas de profundidad; y se dice que la mayor parte de la vajilla está allí, aunque parte de ella fue llevada apresuradamente a tierra cuando Blake apareció a la vista.
[...]

Poco después de haber anclado, desembarqué aquí para ver al Gobernador del pueblo, quien me recibió muy amablemente y me invitó a cenar con él al día siguiente. Regresé a bordo por la noche y volví a desembarcar con dos de mis oficiales a la mañana siguiente; con la esperanza de llegar a tiempo a la cima de la colina para ver Laguna, el pueblo principal, y regresar para cenar con el Gobernador de Santa Cruz; pues me dijeron que Laguna estaba a solo 3 millas de distancia. El camino sube por una colina bastante empinada; sin embargo, no tan empinada como para que los carros cargados no puedan subir y bajar. Hay tabernas dispersas a lo largo del camino, donde tomamos algo de vino. La tierra a cada lado parecía ser rocosa y seca; sin embargo, en muchos lugares vimos manchas de maíz verde y floreciente. A mayor distancia había pequeños viñedos junto a las montañas, entremezclados con abundante tierra rocosa baldía, no apta para el cultivo, que solo ofrecía arbustos de astillas. Eran alrededor de las 7 u 8 de la mañana cuando partimos de Santa Cruz; Y, como hacía buen tiempo, el sol brillaba con fuerza y ​​nos calentó lo suficiente antes de llegar a la ciudad de Laguna; a la que llegamos sobre las 10 de la mañana, sudorosos y cansados, y nos alegramos de refrescarnos con un poco de vino en una taberna cutre. Pero pronto encontramos a uno de los comerciantes ingleses que residían allí, quien nos agasajó espléndidamente en la cena y por la tarde nos enseñó la ciudad.

Luego visita la ciudad de San Cristóbal de La Laguna:

Laguna es una ciudad bastante grande y compacta, con una vista muy agradable. Parte de ella se asienta sobre una colina y parte en terreno llano. Las casas tienen en su mayoría muros robustos construidos con piedra y cubiertos con tejas. No son uniformes, pero resultan bastante agradables. Hay muchos edificios hermosos, entre los que se encuentran dos iglesias parroquiales, dos conventos, un hospital, cuatro conventos y algunas capillas, además de muchas casas señoriales. Los conventos son los de San Agustín, Santo Domingo, San Francisco y San Diego. Las dos iglesias tienen campanarios cuadrados bastante altos que coronan el resto de los edificios. Las calles no son regulares, pero en su mayoría son amplias y bastante bonitas; y cerca del centro de la ciudad hay una gran avenida con buenos edificios a su alrededor. Hay una sólida prisión a un lado de la avenida, cerca de la cual hay un gran acueducto de agua potable que abastece a toda la ciudad. Tienen muchos jardines rodeados de naranjos, limas y otras frutas; en el centro, hierbas aromáticas, lechugas, flores, etc. Y, en efecto, si los habitantes fueran tan curiosos, podrían tener jardines muy agradables, pues como la ciudad se alza sobre el mar, en la cima de una llanura abierta al este, y por consiguiente se beneficia de los vientos alisios, que soplan aquí y suelen ser favorables, rara vez faltan en esta ciudad brisas frescas y revitalizantes durante todo el día.

Vista de La Laguna.

Detrás del pueblo hay una gran llanura de tres o cuatro leguas de largo y dos millas de ancho, donde crece una hierba espesa y frondosa que, cuando estuve allí, lucía verde y muy agradable, como nuestros prados en Inglaterra en primavera. Al este de esta llanura, muy cerca del pueblo, hay un lago o estanque natural de agua dulce. Tiene aproximadamente media milla de circunferencia; pero, al ser estancada, solo se usa para que beba el ganado. En invierno, varias especies de aves acuáticas se congregan aquí, proporcionando abundante caza a los habitantes de Laguna. El nombre de la ciudad proviene de aquí, ya que esa palabra en español significa lago o estanque. La llanura está delimitada al oeste, noroeste y suroeste por altas colinas escarpadas, tan altas como el mar; y es desde la base de una de estas montañas que el agua del acueducto que abastece al pueblo se transporta a través de la llanura en canales de piedra elevados sobre pilares. Y, en efecto, considerando la ubicación del pueblo, su amplia vista hacia el este (desde donde se divisa Gran Canaria), sus jardines, sus frescas pérgolas, su agradable llanura, sus verdes campos, el estanque y el acueducto, y sus refrescantes brisas; es un lugar encantador, especialmente para aquellos que no tienen asuntos que los obliguen a estar lejos de casa con frecuencia: pues, al ser la isla generalmente montañosa, escarpada y rocosa, llena de altibajos, resulta muy problemático viajar por ella, salvo en las frescas mañanas y tardes; y las mulas y los asnos son los animales más utilizados, tanto para montar como para transportar mercancías, por ser los más adecuados para los caminos pedregosos e irregulares. [...].

Plano del Puerto de Santa Cruz.

Zarpa del puerto de Santa Cruz el 4 de febrero de 1699:

Después de haber refrescado a mis hombres en tierra y haber tomado lo que necesitábamos, zarpé de Santa Cruz el 4 de febrero por la tarde; apresurándome todo lo que pude, porque los vientos del noreste, cada vez más fuertes, crearon un mar tan agitado que el barco apenas estaba a salvo en la rada; y me alegré de salir, aunque dejamos atrás varias mercancías que habíamos comprado y pagado: porque un bote no podía ir a tierra; y la tensión fue tan grande al levar el ancla que el cable se rompió.

Perfil de la isla de Tenerife con el Pico.

Ya navegando, desde el barco, divisa la silueta del pico Teide:

El Pico de Tenerife, que había estado generalmente cubierto de nubes mientras estábamos en Santa Cruz, ahora aparecía completamente blanco de nieve, flotando sobre las otras colinas; pero su altura lo hacía parecer menos considerable; pues se ve más notable para los barcos que están al oeste de él. Tuvimos vientos fuertes del norte-noreste y noreste desde Tenerife, y vimos peces voladores y una gran cantidad de algas de cardo marino flotando. 

DAMPIER, PRIMER LORD DEL ALMIRANTAZGO Y SUS CONFLICTOS CON LA TRIPULACIÓN.- Dampier deseaba fervientemente dejar atrás la piratería, tomar un nuevo rumbo en su vida y reinventarse como un científico respetable. Aceptó con entusiasmo la oferta del nombramiento como Primer Lord del Almirantazgo para liderar una expedición a Australia. Parte de la misión de Dampier consistía en explorar oportunidades comerciales en el hemisferio sur para impulsar las ambiciones coloniales e imperiales de Gran Bretaña; eran los albores del Imperio Británico, hacia finales del siglo XVII. Pero el objetivo principal era recolectar flora y fauna silvestre, con fines científicos. Era una misión sin precedentes para la marina británica. Pero con Dampier al mando, fue un desastre desde el principio.

Dampier podía ser arrogante, sobre todo con sus subordinados. Para colmo, su segundo al mando en el Roebuck, un teniente, y por tanto oficial de la marina británica, llamado George Fisher, lo despreciaba por considerarlo un verdadero pirata y por ello, nada de fiar. Fisher juraba y perjuraba que Dampier tramaba apoderarse del barco y dedicarse a la piratería en cuanto llegaran a mar abierto.

El perfil de la isla de Tenerife 
y otras islas por W. Dampier (1699).

El Roebuck zarpó en enero de 1699, tal como ya hemos indicado. Incluso antes de llegar a su primera parada —el puerto de Tenerife, en las islas Canarias, para abastecerse de brandy y vino—, Dampier y Fisher ya estaban discutiendo. Como relató un testigo con la franqueza propia de un marinero, Fisher «le dirigió al capitán palabras muy reprochables, le mandó a la mierda y le dijo que no le importaba un comino».

Esas tensiones desembocaron en violencia a mediados de marzo de 1699. Todo comenzó con un barril de cerveza. Según la tradición náutica, se debía abrir un barril cuando un barco cruzaba el ecuador por primera vez, para que los hombres pudieran desahogarse en el frío intenso. Sin embargo, la tripulación del Dampier consumió su barril demasiado rápido y le rogó a Fisher que les permitiera abrir un segundo. En lugar de consultar a Dampier, como exigían las normas de la marina, el teniente Fisher simplemente dio su consentimiento.

Al ver que se abría el segundo barril, Dampier perdió los estribos. Agarró su bastón y se enfrentó a Fisher, exigiéndole que le explicara por qué había abierto el barril. Antes de que Fisher pudiera responder, Dampier lo golpeó con su bastón y procedió a darle una paliza brutal. Luego, le puso grilletes en las piernas y lo encerró en un camarote con llave durante dos semanas. Fisher no podía salir ni siquiera para ir al baño; lo dejaron pudrirse entre su propia inmundicia.

La tripulación hizo escala en Brasil durante unas semanas, donde Dampier consiguió que encarcelaran a Fisher. En cuanto la puerta de su celda se cerró, Fisher se asomó a la ventana y empezó a gritar a los transeúntes, despotricando sobre su encarcelamiento y difamando a Dampier sin piedad. Más tarde, escribió cartas a las autoridades inglesas para desenmascarar al científico pirata como un tirano. El único objetivo de Fisher era destruir a Dampier.

Finalmente, Dampier envió a Fisher de regreso a Inglaterra, donde, según se suponía, desde luego, le esperaba un juicio humillante por insubordinación. Dampier solo tenía razón a medias. Habría juicio y humillaciones de sobra, pero no para Fisher.

Sin embargo, con Fisher ausente, las tensiones disminuyeron en el Roebuck, y a mediados de agosto la tripulación llegó al oeste de Australia, desembarcando en las relucientes playas de arena blanca que Dampier, con razón, bautizó como Bahía Tiburón

Concluido su venturoso periplo por las costas de Australia e Indonesia, cuando Dampier regresó en agosto de 1701 a Londres, descubrió que el teniente George Fisher había estado envenenando a la sociedad inglesa en su contra, difamándolo con tal vehemencia que el almirantazgo se vio obligado a someterlo a un consejo de guerra y juzgarlo en junio del año siguiente.

Cabe reconocer que los jueces desestimaron la mayoría de los cargos contra Dampier, incluido uno que lo acusaba de asesinar a un miembro de la tripulación quejoso al encerrarlo en un camarote durante un tiempo, pues, al parecer el hombre falleció diez meses después de que terminara el castigo. Sin embargo, los jueces no toleraron los azotes infligidos a Fisher, que era un oficial de la Marina y declararon a Dampier culpable de un trato "muy duro y cruel" hacia su segundo al mando.

Como cuenta Sam Kean, en 1703, William Dampier tuvo un golpe de suerte. Había estallado una guerra con España y Francia, e Inglaterra buscaba piratas para hostigar al enemigo. Aunque tenía prohibido comandar sus barcos, la reina Ana convocó al pirata de 51 años a una audiencia. Dampier besó la mano de la reina y pronto recibió el nombramiento de capitán de un navío privado llamado St. George.

Por desgracia, el viaje del St. George fue otro asunto caótico y lleno de motines, por culpa del mal carácter de su capitán. Los hombres de Dampier lo acusaron de aceptar vajillas de plata y otros sobornos de los capitanes de los barcos que capturaba. A cambio, Dampier solo realizaba una inspección superficial de sus bodegas y les permitía zarpar con la mayor parte de su tesoro intacto. También corría el rumor de que Dampier bebía en exceso. Cuando el viaje terminó en 1707, la reputación de Dampier como capitán estaba por los suelos y nunca más volvió a comandar un barco. 

William Dampier muere, pobre y en el anonimato, en 1715, probablemente en Londres. Su retrato está colgado en la National Portrait Gallery de Londres, con la inscripción "Pirata e Hidrógrafo", que, aunque es cierta, dista mucho de contener toda la verdad sobre este famoso personaje.

DAMPIER, INSPIRADOR DE DOS RELATOS DE NOVELA.- A pesar de sus difíciles últimos años, el legado de Dampier mejoró considerablemente tras su muerte. El novelista Jonathan Swift se inspiró en sus historias para su obra Los viajes de Gulliver, al igual que Samuel Taylor Coleridge para su novela La balada del viejo marinero. Incluso el relato de Dampier que ya hemos comentado sobre Alejandro Selkirk, un compañero de tripulación que quedó varado durante cerca de cinco años en la isla de Juan Fernández (frente a las costa de Chile), como hemos comentado, pudo haber inspirado al novelista Daniel Defoe para el personaje de Robinson Crusoe.

Pero el admirador más influyente de Dampier fue el científico Charles Darwin, que incluso llevó consigo sus libros en su crucial  viaje a bordo del Beagle en la década de 1830, en pleno siglo XIX. Darwin estudió las descripciones de especies de Dampier y analizó minuciosamente sus relatos, utilizándolo prácticamente como guía. Quizás Darwin nunca se habría convertido en quien es, sin las observaciones de Dampier.

SU VALORACIÓN ACTUAL.- Si bien los escritores de aventuras y los científicos han ignorado los pecados de W. Dampier, a los analistas de hoy en día les resulta más difícil tolerarlo. Cuando a principios del siglo XX su ciudad natal en Inglaterra consideró colocar una placa en su honor, un hombre devoto se levantó y lo condenó como «un pirata sin escrúpulos que debería haber sido ahorcado». Los críticos actuales van aún más lejos. Sostienen que la ciencia de William Dampier, por muy innovadora que fuera, simplemente allanó el camino para el colonialismo y sus brutalidades, cometidas por el Imperio británico durante el siglo XIX. Sus incursiones en la historia natural también, sin duda, allanaron el camino para la biopiratería: el robo y expolio descarado de recursos naturales de los países pobres para llevarlos y exponerlos en los gabinetes y museos británicos.

En su haber, debemos dejar anotado que fue el primer hombre que circunnavegó tres veces el mundo y, como naturalista, el primero que entendió la emigración de las aves, que puso el pie en Australia, que visitó los cinco continentes, que introdujo el término y concepto de subespecie y que describió en lengua inglesa cosas tan diversas como las cebras, el árbol del pan o los efectos de la marihuana.

Pedro R. Castro Simancas, 23.03.2026.
Festividad de San Victoriano, 
procónsul de Cartago y otros santos mártires.

Fuentes:

GONZÁLEZ LEMUS, Nicolás (2019): "Movimiento portuario en el prototurismo temprano y el paso de la Pizarro por las Canarias orientales", en XVI Jornadas de Estudios de Fuerteventura y Lanzarote, tomo II, pp. 143-181, Ed. Cabildo de Lanzarote y Cabildo de Fuerteventura, Puerto del Rosario, 2019.

KEAM, Sam (2022): "William Dampier, venerado y vilipendiado" en Distillations Magazine, 31 de mayo de 2022, en línea, Science History Institute, Philadelphia.

KUHN, Gabriel (2020): La vida bajo bandera pirata. Reflexiones sobre la Edad de Oro de la piratería (Traducción de Cristopher Morales Bonilla), Ed. Katakrak Liburuak, Pamplona, 2020.

VARIOS Autores (1992): Hacia los límites del mundo. Los grandes exploradores, 2.500 años de viajes, descubrimientos y aventuras (traducción de Juan Manuel Ibeas), pp. 90-95, Ed. Debate, S.A., Madrid, 1992.

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