La Palma: La trágica historia de los mártires de Tazacorte.

Los Mártires de Tazacorte o Mártires del Brasil, son el Beato Ignacio de Acevedo y sus 39 compañeros: 32 portugueses y 8 españoles (de entre 15 y 30 años), quienes se dirigían a la misión jesuítica en Brasil en el año 1570. Entre los mártires había dos sacerdotes, un diácono, veintitrés estudiantes y catorce hermanos.

El Beato Ignacio de Azevedo y sus 39 compañeros se dirigían a la misión jesuítica de Brasil en el año 1570. Llegando a La Palma, hicieron escala en Tazacorte y en la ermita de San Miguel, en Tazacorte, celebró por última vez la Eucaristía, y según cuenta la tradición, el Padre Ignacio, al sumir la sangre del Señor tuvo la revelación de su martirio. Tras ser capturada la nave, frente a las costas de La Palma, el 15 de julio de 1570, los 40 jesuitas fueron martirizados, siendo apuñalados y lanzados vivos al mar.

En efecto, aconteció el día 15 de julio de 1570, cuando la Compañía de Jesús sufrió el martirio, en una sola batalla, cuarenta mártires: dos sacerdotes, veintitrés novicios, siete estudiantes y ocho coadjutores, frente a las costa de la isla de La Palma. 

Pintura recordando a los mártires de Tazacorte 
expuesta en el Santuario de la Virgen de los Remedios, en La Palma.

Los hechos ocurren el 15 de julio de 1570, frente a la punta de Fuencaliente de La Palma, al sur de Tazacorte, en la isla de La Palma, donde el pirata francés Sores y sus hombres abordaron la nave portuguesa en que viajaban 40 misioneros jesuitas (los llamados mártires de Tazacorte, que eran 32 portugueses y 8 españoles). Fueron atacados, torturados y arrojados al mar. Desde el año 1999 un conjunto de cruces en el fondo del mar marca el sitio del martirio.

El Beato Ignacio de Acevedo, principal protagonista del martirio.

Ignacio de Acevedo, era Provincial de la Compañía de Jesús en Portugal, embarcó en la Ciudad de Oporto, con treinta y nueve compañeros, oriundos de Portugal. El capitán de la nave les advirtió que los mares de las islas Canarias estaban infestados de piratas calvinistas, los cuales profesaban gran odio a la Iglesia Católica, pero esto no impidió en modo alguno que partieran hacia Brasil.

En aguas de la costa de Tazacorte, en la vertiente oeste de isla de La Palma, los piratas calvinistas hugonotes franceses abordaron la nave y prometieron a los religiosos que, si abandonaban la fe católica, les perdonarían la vida. Pero ellos, animados vehementemente por Ignacio de Acevedo, se exhortaban mutuamente, con oraciones fervorosas, a entregar su vida por Cristo. Por eso, por odio a la religión, los herejes descuartizaron sus cuerpos y los arrojaron al mar. El último en confesar la fe fue Ignacio de Acevedo, que padeció el martirio sosteniendo un cuadro de la Virgen María, que le había regalado el Papa Pío V.

Por ello, el santoral católico recuerda que un 15 de julio, 40 jóvenes misioneros jesuitas de entre 20 y 30 años murieron violentamente en la costa palmera defendiendo su fe. Durante cinco días hicieron escala en La Palma, arribando al puerto de Tazacorte.

Grabado con la imagen de Ignacio de Acevedo.

Ignacio de Acevedo nació en 1527, en Oporto, Portugal. Era hijo ilegítimo de su padre, un noble de los Morgado de Acevedo. El rey Don Juan III de Portugal obligó a su padre a reconocerlo cuando Ignacio, estaba en la adolescencia. A los 21 años se hizo religioso jesuita en Coimbra, pensando su familia a encumbrarlo a las dignidades eclesiásticas, pero él quería otra cosa: solo extender el evangelio. 

Fue ordenado sacerdote en 1553 por el Venerable Simón Rodríguez, de la Compañía de Jesús y Provincial de Portugal, y comenzó una actividad apostólica, como la fundación del Colegio San Antonio o el Colegio San Pablo, para niños pobres. 

En 1556, muere el vasco San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, y el Provincial de Portugal viaja a Roma, dejando a Ignacio de Acevedo como Viceprovincial. En 1565 participó de forma activa en el capítulo General en Roma, en el cual se eligió a San Francisco de Borja como General de la Compañía de Jesús. Y fue el mismo Francisco quien le nombró visitador apostólico de Brasil.

En 1566 Ignacio de Acevedo llegó a Bahía, en Brasil, y desde allí se dirigió a las misiones y fundaciones jesuitas, corrigiendo, alentando, y preparando el informe para el General, con las luces y sombras de la misión jesuítica brasileña en aquellos momentos. En 1569 fue a Roma, y dio su informe al Papa San Pío V y a San Francisco de Borja, señalándole lo mal que estaba la misión, por la escasez de misioneros para la evangelización. El General le encomendó la tarea de reclutar religiosos y sacerdotes de la Orden de los jesuitas en España y Portugal, dispuestos a partir a Brasil y para tener más facilidades para ello, fue nombrado Provincial de Brasil. Antes de partir, visitó al Papa que, entusiasmado con su obra, le regaló un icono de la Virgen María, para que lo llevara a las misiones de su parte. 

La respuesta a su obra fue generosa, en unos meses tuvo el sí de casi 90 jesuitas dispuestos a partir hacia Brasil. Sacerdotes, hermanos legos, religiosos estudiantes y novicios, que continuarían su formación en la colonia portuguesa del Brasil. 

Como fueron los hechos ocurridos en las aguas de La Palma.

Luego de un tiempo de preparación, el 5 de junio de 1570, los religiosos jesuitas partieron rumbo a las islas de Madeira en dos barcos. Ignacio de Acevedo y 45 religiosos en uno y los demás en la nave en que viajaba el recién nombrado Gobernador de Brasil, Don Luis de Vasconcelos. El día 12 llegaban a Madeira. La siguiente parada sería en las islas Canarias, pero antes de partir de Madeira, conocieron las noticias acerca de unos piratas franceses que andaban por los mares canarios, asolando barcos, asesinando y robando. Ante esto, el gobernador Luis de Vasconcelos se negó a seguir viaje. Ignacio de Acevedo llamó a sus religiosos y anunció que seguiría su misión, costara lo que costara. Algunos religiosos de su barco se negaron a seguir, y otros de los otros barcos los sustituyeron gustosamente. Si les esperaba el martirio, pues que así fuera.

En efecto, uno de los barcos partió desde Funchal hasta la isla de La Palma porque tenían que dejar una mercancía. Pero llegando a esta se encontraron con un mal tiempo que les obligó a refugiarse en la costa oeste y desembarcaron en la costa de Tazacorte con la sorpresa de encontrarse con el hacendado palmero don Melchor de Monteverde amigo de infancia de Ignacio de Acevedo.

Precisamente, la antigua hacienda de Tazacorte y su iglesia de San Miguel (hoy parroquia de Tazacorte), que funcionó como capilla o ermita del ingenio azucarero hasta el siglo XIX, se halla directamente vinculada a este acontecimiento de renombre universal, del que estamos hablando, el martirio de los cuarenta jesuitas conocidos como “Mártires de Tazacorte” o “Mártires del Brasil”. 

Bajo la dirección del citado Ignacio de Azevedo, este grupo misionero que se dirigía al Nuevo Mundo se hospedó, según la tradición, en la casa principal de la hacienda de don Melchor de Monteverde antes de hacerse de nuevo a la mar para continuar su derrota hasta Santa Cruz de La Palma y luego hasta Brasil.

San Miguel Arcángel, Patrono de Tazacorte y de la isla de La Palma, 
escultura colocada en el centro de Tazacorte.

En julio de 1570, pues, el templo de San Miguel en Tazacorte fue visitado por Ignacio de Azevedo y sus compañeros jesuitas, que luego serían martirizados el mismo día que se hicieron a la mar por los piratas hugonotes. Cuentan sus biógrafos que el hacendado don Melchor de Monteverde condujo a sus invitados a la ermita de la hacienda (hoy la mencionada parroquia de San Miguel en Tazacorte), cuya magnificencia compara con la capilla de un príncipe: cuyos altares estaban ornamentados y engalanados como para grandes fiestas. El padre Ignacio de Acevedo confesó a varias personas, entre ellas a Monteverde, que celebró misa y dio la comunión junto a otros hermanos; seguidamente les mostró las alfombras y paramentos; todo, por lo rico, constituía un auténtico tesoro, porque era tanta la seda y plata, y los velludos y brocados, que no parecía aquello sino una iglesia o capilla también de un príncipe. Según la inspección eclesiástica efectuada en 1678 por el licenciado D. Juan Pinto de Guisla, la iglesia de San Miguel estaba “fabricada en sitio propio y a su costa por los primeros dueños de los yngenios de asúcar de Tazacorte y Argual, que fueron los caballeros Monteverde”. Llama la atención la descripción que hizo del recinto que rodeaba al templo, situado “en sitio eminente al lugar con vn serco de muros y almenas que lo hermozean dentro del qual ay casa para el capellán”. En 1739, su capellán, el licenciado Simón José de Acosta, señalaba que en ella se celebraba misa todos los días por la intención de sus fundadores, que la erigieron, con el mayor adorno posible, con la intención de gozar del sacrificio de la misa sin verse obligados a tener que “pasar quasi tres quartos de legua a la parroquia” [de los Remedios en Los Llanos de Aridane] y para que todos los demás moradores del lugar, habitado por unas 700 personas, “tubiessen el beneficio de tener missa los domingos y fiestas, pues, si no fuere esta prouidencia, fueran mui pocos los que en el año a la parrochia vinieran por su gran desnudes”. 

Aspecto actual de la Parroquia de San Miguel, en Tazacorte.

El 13 de julio de 1570 celebró el Padre Ignacio de Acevedo su última misa en tierra, en la mencionada iglesia del Patrón de La Palma, San Miguel Arcángel en el pago de Tazacorte.

Pues bien, al día siguiente partieron por vía marítima, luego de desechar seguir por tierra hasta Santa Cruz de La Palma, la capital, situada al otro lado de la isla. De manera, pues, que tras esta estancia en Tazacorte donde los religiosos jesuitas se integran completamente, trabajando con los vecinos del pago y celebrando eucaristías, embarcan desde el Puerto de Tazacorte en dirección a Santa Cruz de La Palma con la intención de más tarde retomar la ruta hacia el Brasil.

El 14 de julio de 1570 zarpa el galeón Santiago rumbo a Santa Cruz de La Palma, por la parte sur de la isla. El mar, por este lado de poniente, se hallaba en calma ese día, lo que obliga al galeón a avanzar lentamente costeando la isla para mejor aprovechar el "terral", la ligera brisa que le llega de tierra.

El corsario francés Jacques Sourie, a bordo del navío de guerra "Le Prince", pudo interceptar al galeón de los jesuitas cuando éste se aproximaba a la Punta de Fuencaliente, aprovechando los vientos favorables que le venían del mar por la parte del naciente. Esto sucedió al amanecer del día 15 de julio. 

Los piratas hugonotes franceses.

Jacques de Sores (en francés Jacques Sourie) fue un pirata francés, protestante hugonote de Normandía, recordado por haber atacado e incendiado la villa de La Habana (Cuba) en 1555. Era apodado «El Ángel Exterminador» (L’Ange Exterminateur). Fue el jefe de una banda de piratas hugonotes y lugarteniente de otro pirata francés, François Le Clerc (el primer pirata que tuvo una pierna ortopédica de madera, por lo que era llamado Pegleg o "Pata de Palo"). Este pirata pertenecía, pues, al grupo de los hugonotes que eran los protestantes franceses de doctrina calvinista que seguían las ideas del reformador religioso Juan Calvino.

Estos piratas y corsarios hugonotes fueron protestantes calvinistas franceses que, durante el siglo XVI y XVII, unieron la fe religiosa con la guerra de corso para atacar las posesiones y flotas del Imperio español. Atacaban los galeones cargados de oro y plata que venían de América porque así rompían el monopolio católico de España y debilitaban a la corona de los Habsburgo. Tenían la base en La Rochelle, puerto francés que fue el refugio principal y el centro neurálgico de las operaciones navales hugonotes. Las rutas atlánticas sufrieron constantes incursiones de estos corsarios, como el ataque a La Gomera o los asaltos en La Palma por parte de las tripulaciones de Jacques de Sores. 

Las guerras de religión en el interior de Francia —culminando con el asedio del puerto de La Rochelle por parte del cardenal Richelieu (1627-1628)— diezmaron el poderío naval protestante y acabaron con esta piratería organizada desde la costa francesa.

Por tanto, a pesar de los intentos de don Melchor de Monteverde de que los religiosos fueran por tierra a Santa Cruz de la Palma para dejar la mercancía por el temor de los piratas hugonotes, Ignacio de Acevedo declinó tal posibilidad: “Hermanos míos, guardémonos bien de guiarnos aquí por sugestiones de la prudencia humana. Es Dios quien nos ha guiado hasta este día”. En, efecto, el martirio sucedió frente a la costa de Fuencaliente el 15 de julio de 1570.

El ataque y abordaje en la costa de Fuencaliente.

A las dos semanas, pues, de salir de Funchal, el 15 de julio, divisaron barcos en la lejanía, que resultaron ser barcos piratas, eran hugonotes franceses (es decir, franceses de religión protestante) al mando de Jacques de Sores, que, además de pirata, odiaba todo lo católico. En el sur de La Palma, los piratas se metieron intimidando al barco "Santiago" de Ignacio de Acevedo, aislándolo entre sí y haciendo el abordaje más fácil. Ignacio ató el icono de María al mástil y junto con algunos de los religiosos, comenzó a orar, mientras que otros hermanos ayudaban a los marinos a defenderse.

Por ello, a los disparos de intimidación por parte de los piratas, en esa mañana del 15 de julio de 1570, le siguen los intentos de los piratas de abordaje a la nave de los religiosos. Mientras tanto, los otros navíos del pirata se iban acercando al galeón "Santiago". A la orden de Sourie, de los cinco barcos franceses saltaron salvajemente sobre el galeón portugués, unos piratas armados ávidos de sangre y riquezas. Nada pudieron hacer los tripulantes y los jesuitas. Todos iban sucumbiendo ante tal atroz ataque. 

El Padre Ignacio Acevedo alentaba como podía a sus compañeros y compatriotas. Un capitán calvinista lo hiere en la cabeza con una espada. A duras penas seguía exhortando a los suyos a perdonar a los verdugos, mientras abrazaba con fuerza el pequeño cuadro de la Virgen, obsequio de Pío V. Herido de muerte por tres golpes de lanza, cayó al suelo sin vida.

Finalmente, los piratas abordaron el barco y el jesuita Ignacio tomó el icono y se enfrentó a Jacques de Sores gritando: «Sois testigos de que morimos por Cristo y por su Iglesia«. Inmediatamente fue herido con una espada en la cabeza, más varias estocadas. Le protegieron varios religiosos y todos juntos fueron asesinados, quedando ensangrentada totalmente la imagen del cuadro de la Virgen. Antes de morir, Ignacio dijo: “No teman, agradezcan al Señor por esta gran misericordia. Yo voy adelante y los esperaré en el cielo”. Finalmente fue arrojado por la borda, aún abrazado al icono de la Virgen. 

Los demás religiosos fueron despojados de sus sotanas, vejados, y arrojados al agua, habiéndoles cortado los brazos antes, para que no nadasen. Encontraron los piratas otro grupo de religiosos bajo la cubierta y preguntaron a Sores que hacían con ellos, este contestó: «Los sacerdotes se dirigían a Brasil para difundir sus mentiras. Así que los echaremos al mar con los otros«. Y así, los arrojaron a todos al mar, empezando por los más viejos y siguiendo por los más jóvenes, pues según su idea, estos al no ser sacerdotes, se retractarían, pero no fue así (en realidad, los piratas franceses no sabían que solo habían dos sacerdotes).

Los piratas hugonotes lanzaron por la borda a los cuerpos, algunos moribundos, hasta que los vieron hundirse en el mar. Los martirizados fueron dos sacerdotes, siete alumnos de Escolástica, ocho hermanos coadjutores y veintitrés novicios. Entre los jóvenes asesinados estaba también Joao Sánchez, sobrino del capitán del galeón Santiago, que anteriormente había pedido unirse a la misión y aunque era religioso, ejercía las funciones de cocinero. 

Ignacio de Acevedo, con el icono 
de la Virgen de las Nieves.

De manera, pues, el jesuita Joao Sánchez sobrevivió a la masacre, porque esa condición de cocinero, y los piratas lo raptaron y lo dejaron a su servicio en su guarida de La Rochelle (Francia). Cuando escapó, a pie, descalzo y traumatizado, llegó a Oñate (País Vasco español), donde contó lo que había sucedido. Al llegar a Lisboa el provincial de los jesuitas le hizo escribir, bajo notario y juramento su relato de lo acontecido en La Palma. Luego de un tiempo, continuó su vida de jesuita. 

Polémica canonización.

El Papa Gregorio XV permitió el culto a los 40 mártires de Brasil en 1621, para la Orden Jesuita, pero fue revocado por Urbano VIII, en 1625, por ciertas incongruencias, que aún persisten, como la duración del viaje, el intervalo de pausas y el sitio exacto del martirio. Y además, porque Urbano VIII mandó suprimir todo culto público a santos no canonizados oficialmente.

El proceso se reabrió en 1628 en Coimbra, y duró hasta 1742 cuando el Papa Benedicto XIV volvió a permitir el culto. En efecto, fue este Papa en su Bula de 21 de septiembre de 1742, el que reconoció el martirio de los cuarenta jesuitas "conocidos por antonomasia con el nombre de Mártires de Tazacorte".

En ese interín, los reyes Pedro de Portugal, María Beatriz de Inglaterra y Felipe V de España, pidieron por escrito al Papa que los mártires fueran canonizados. Se descubre la mano e influencia jesuita detrás de estas cartas. Finalmente, el Papa Pío IX los beatificó oficialmente el 11 de mayo de 1854, aunque el 15 de julio de 1574, ya habían tenido su primera celebración litúrgica oficial en Salvador de Bahía, y ese mismo día había sido, además, proclamados patronos de Brasil.

La festividad católica del Beato Ignacio de Acevedo, jesuita y compañeros mártires, se celebra, pues, cada 15 de julio anual. Se celebra anualmente en Tazacorte, tras la solemne función religiosa concelebrada en honor a los Mártires, la procesión con la talla del Beato Ignacio de Acevedo y la arqueta con las reliquias, las cuales también son expuestas.

Listado del resto de mártires de Tazacorte.

Los otros mártires son:

Beato Alejo Delgado, estudiante.
Beato Alfonso de Baena, hermano.
Beato Álvaro Mendez, estudiante
Beato Amaro Vaz, novicio.
Beato Andrés Gonsalves, estudiante.
Beato Antonio Correia, novicio de 16 años.
Beato Antonio Fernandes, hermano, de 18 años.
Beato Antonio Soares, estudiante de 15 años.
Beato Bento de Castro, estudiante de 17 años. Fue el primer asesinado luego de Ignacio de Acevedo
Beato Blas Ribeiro, hermano.
Beato Diego Andrade, presbítero. Fue gravemente herido y arrojado vivo al mar.
Beato Diego Pires, estudiante.
Beato Domingo Fernández, hermano.
Beato Esteban Zudaire, hermano. Celebrado en Pamplona a 30 de agosto.
Beato Fernando Sánchez, estudiante.
Beato Francisco Álvarez, hermano.
Beato Francisco de Magallanes, estudiante de 19 años.
Beato Francisco Pérez Godoy, novicio, pariente de Santa Teresa.
Beato Gaspar Alvarez, hermano. Arrojado vivo al mar.
Beato Gonzalo Henriques, estudiante.
Beato Gregorio Escribano, hermano.
Beato Joao, el sustituto.
Beato Joao Fernández, hermano de 17 años.
Beato Joao Fernández, estudiante.
Beato Joao de Mayorga, novicio.
Beato Joao de San Martín, novicio.
Beato Joao de Zafra, novicio. Arrojado vivo al mar.
Beato Luis Correia, estudiante.
Beato Luis Rodríguez, estudiante de 16 años.
Beato Manuel Álvarez, hermano.
Beato Manuel Fernández, estudiante.
Beato Manuel Pacheco, estudiante.
Beato Manuel Rodríguez, estudiante.
Beato Marcos Caldeira, novicio.
Beato Nicolás Dinis, novicio.
Beato Pedro de Fontoura, estudiante.
Beato Pedro Nunes, estudiante.
Beato Simón da Costa, novicio. Fue decapitado antes de arrojado al mar.
Beato Simón Lopez, estudiante.

Placa recordando los hechos del martirio en 
el Santuario de la Virgen de los Remedios, en La Palma.

Monumento submarino en las costas de La Palma.

En la actualidad (1999) se han colocado en el fondo del mar -a unos veinte metros de profundidad y donde se cree que fueron arrojados los jesuitas- cuarenta pesadas cruces de piedra que recuerdan tan triste episodio. Antes de su inmersión fueron bendecidas por el Obispo de San Cristóbal de La Laguna. Están situadas entre la Punta de Malpica y la Punta de Fuencaliente, cerca de la llamada Boca Fornalla (también conocida por los pescadores de la zona como Cueva de las Palomas). 

Según nota informativa de don José Feliciano Reyes, su situación exacta es: 28º, 27', 178" Latitud Norte y 17º, 50', 748" Longitud Oeste. Se trata de un magnífico e impactante espectáculo visual, una sorpresa para el que desconoce este especial y original monumento submarino. Se encuentra en el punto más famoso de la zona, pues su paisaje submarino es uno de los más hermosos del sur de la isla de La Palma, cerca de la llamada Torre de Malpique o Malpica, en la costa de Fuencaliente de La Palma. Gracias a la iniciativa de Feliciano Reyes -antiguo Director del Patronato Municipal del Museo Naval de Santa Cruz de La Palma- que encabezaba un grupo de personas enamoradas del mar y de su historia, y gracias a la aportación económica del Cabildo Insular de La Palma, el sueño de colocar las cruces en el fondo marino se hizo realidad en el año 1999.

Monumento submarino 
en recuerdo de los mártires de Tazacorte.

A pesar de que, como se ha dicho, "se trata de uno de los hechos históricos y religiosos más importantes que ha tenido La Palma y Canarias", lamentablemente pocos palmeros y menos los canarios en general, conocen esta festividad ni tampoco esta historia.

Monumento marino a los mártires.

Incluso se ha considerado la posibilidad de nombrar al Padre Ignacio de Acevedo, Alcalde Honorario y Perpetuo del municipio de Tazacorte. También se valoró el proyecto de acondicionamiento de las cuevas del Time, en el Barranco de las Angustias, para destinarlas a un centro temático que recordara a estos misioneros, pues parece que estos estuvieron en estas oquedades haciendo penitencia, antes de su partida marítima.


Pedro R. Castro Simancas, 27.08.2026. 
Festividad de Santa Mónica. 
(Nació en Tagaste en el año 331 
era una mujer de etnia bereber).

Fuentes:

HERNÁNDEZ, María Victoria (Cronista Oficial de Los Llanos de Aridane): Mártires de Tazacorte, un año más el triste olvido, en ElDiario.es/Canariasahora, 12 de julio de 2023.

Vida de Ignacio de Azevedo, © 2026 Curia Generalizia della Compagnia di Gesù. 

RODRÍGUEZ ESCUDERO, José Guillermo (2022): "Los Mártires de Tazacorte o de Brasil", en El Pajar. Cuaderno de Etnografía Canaria, nº. 36, pp. 144-155, Asociación Cultural "Día de las Tradiciones Canarias", Tenerife, 2022.

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