Fuerteventura: El Venerable Fray Andresito, intercesor de los pobres y apóstol de Chile.
Ya que Dios te llama a la religión,
camina, camina a la perfección.
Andrés García Acosta.
'Coplas a un novicio'.
Pintura con escena misionera de Fray Andresito
que se encuentra en su Casa natal, en La Ampuyenta (Fuerteventura).
Hace unas semanas tratamos en este Blog sobre la vida y la obra del primer Santo canario, el Hermano Pedro, natural de Vilaflor de Chasna (sur de Tenerife), y ahora traemos la vida y obra de otro canario, natural de Fuerteventura, conocido como Fray Andresito, religioso que hizo su vida pastoral en Chile. Ambos tienen algunas cosas comunes: fueron pastores de cabras en sus respectivos pueblos, isleños canarios que emigraron a la América hispana, allí tuvieron una vida religiosa misionera y ambos ingresaron en la Orden Franciscana.
Andrés nació en la aldea de La Ampuyenta (hoy perteneciente al municipio de Puerto del Rosario), en Fuerteventura, a comienzos del siglo XIX, en el seno de una familia de campesinos. Vivió su infancia y juventud en su aldea natal, y a partir de 1833 emigró a América, como muchos canarios, estableciéndose primero en Uruguay y más tarde en Chile, en cuya capital falleció en el año 1853, y allí es muy venerado y se le considera un hombre santo.
Desde que llegó al Nuevo Mundo se vinculó a la Orden franciscana, primero en Montevideo y posteriormente en Santiago de Chile, donde ingresó en la Recoleta Franciscana en Santiago y dedicó su vida al apostolado en dicho país andino. De este modo, el frailito Andrés pasó a formar parte de la nómina de emigrantes canarios que se dedicaron al trabajo religioso en América, como ocurrió con el Padre Anchieta en Brasil y el Hermano Pedro en Guatemala.
Casa natal de Fray Andrés de Fuerteventura,
en el pueblo de La Ampuyenta. Foto: Pedro Rubens.
SUS PRIMEROS AÑOS EN FUERTEVENTURA.- El majorero Andrés Antonio María de los Dolores García de Acosta, y conocido como Fray Andresito (La Ampuyenta, Fuerteventura, islas Canarias, 10 de enero de 1800 - Santiago, Chile, 14 de enero de 1853), fue un fraile franciscano reconocido por sus virtudes y caridad; está sepultado en el cementerio situado en el interior de la Recoleta Franciscana de Santiago de Chile.
Hijo de Gabriel García y Agustina de Acosta, creció en una familia campesina sencilla y profundamente creyente. Exactamente, el día 21 de noviembre de 1793 se celebró en la ermita de San Pedro de Alcantará, en La Ampuyenta, el matrimonio de los padres de Andrés García Acosta: Gabriel García Acosta y Agustina de Acosta y Carrión. Fruto de ese matrimonio, nace el 10 de enero del año 1800, el futuro Fray Andrés.
En el Archivo Parroquial de Santa Ana, en Casillas del Ángel, en el libro 1º de bautismos, encontramos la partida de bautismo de Andrés del 18 de enero de 1800:
En la Yg[lesi]a Parroq[uia]l de Sra. Sta. Ana, cita en el pueblo de Cas[illas]s del Angel de Fuerteventura a diez y ocho de e[ner]o de mil y ochocientos, yo Dn. José Ramón Velasq[ue]z, Ten[ien]te de B[eneficia]do de esta dicha Y[glesi]a, bautisé, puse óleo y crisma a Andrés Ant[oni]o María de los Dolores, que nació el día diez de dicho mes, hijo lex[ítim]o de Gabriel García y Agustina de Acosta, abuelos paternos, Luis García y Manuela de Acosta, maternos, Pedro de Acosta y Catalina Carrión, fue su padrino Dn. Ant[oni]o Mena del Castillo Pres[bíter]o, son vez[ino]s de Hamp[uyen]ta. Y lo firmé. [...] José Ramón Velasquez.
Su hogar, una humilde casa, aún hoy se conserva como lugar de peregrinación, en La Ampuyenta (Fuerteventura). Fue el tercero de cinco hijos en una familia de humildes campesinos y se dedicó principalmente al pastoreo y la labranza.
La Ampuyenta es una aldea bastante antigua cuyo nombre, considerado de origen prehispánico, comienza a aparecer registrado en las fuentes escritas al menos desde el año 1610, con distintas variantes gráficas. Hasta finales del siglo XVIII este pueblo, como el resto de los que se fueron formando en la isla, dependía de la parroquia matriz de Ntra. Sra. de la Concepción, única de la isla, y del Cabildo o Ayuntamiento, también único de la isla, radicados ambos en la villa capital de Betancuria. En el momento del nacimiento de Andrés, en el año 1800, la aldea pertenecía a la Parroquia de Casillas del Ángel.
La vida en la isla era austera y marcada por la escasez. Las familias vivían del campo y del ganado, especialmente de cabras, y los lazos familiares eran estrechos por el aislamiento geográfico. Andrés perdió a su padre cuando tenía cinco años, y su madre volvió a casarse poco después.
Del matrimonio formado por Gabriel García y Agustina de Acosta nacieron cuatro hijos, dos mujeres y dos varones, entre los años 1794 y 1803. Cuando la hija menor aún no había cumplido dos años, falleció el padre a la edad de 51 años, siendo sepultado en la parroquia de Santa Ana el 5 de julio de 1805. Entonces, la madre contrae matrimonio en segundas nupcias, siendo su segundo esposo Pedro Nolasco Fernández Morera, que era natural de Breña Alta, localidad de la isla de La Palma, pero que se hallaba residente en Fuerteventura.
Después de ya fallecido su padre, cuando Andrés estuvo en la edad de ayudar con las responsabilidades familiares, le encomendaron la misión de ser pastor de cabras en su pueblo. Con sus cabras, él ocupaba los viajes buscando agua y pasto para sus animales, rezando y apacentando su ganado por la zona.
La ganadería en Fuerteventura en aquella época se basaba principalmente en el ganado caprino y en menor cuantía en el ovino, aunque también muchas familias campesinas poseían algunas reses mayores como burros, vacas o camellos, que utilizaban para las labores del campo y como medio de transporte de mercancías y personas.
Para Rosario Cerdeña, biógrafa de Fray Andrés, entre 1800 y 1833, período en que vivió Andrés García Acosta en la isla, la aldea de La Ampuyenta era una pedanía rural en la que moraban aproximadamente un centenar de familias que, como la mayoría de los habitantes de la isla de Fuerteventura, se dedicaban fundamentalmente a la agricultura y a la ganadería. Los quehaceres propios de las actividades agropecuarias y domésticas ocupaban, pues, la vida cotidiana de las gentes.
En ese ambiente rural, desde joven, Andrés fue conocido por su espíritu tranquilo, trabajador y piadoso. En Fuerteventura tuvo contacto con la espiritualidad franciscana, muy presente en la isla desde el siglo XV gracias a los frailes menores que evangelizaron el archipiélago, pero también porque en aquel momento existía un convento franciscano en Betancuria y unos frailes franciscanos atendían en La Apuyenta, la ermita de San Pedro Alcántara (santo de esta Orden).
Sin embargo, Andrés García Acosta no fue un personaje público relevante durante los primeros 33 años de su existencia en su isla natal; era un modesto pastor que no frecuentó los registros oficiales de documentos y sólo se ha podido rastrear su existencia en los registros comunes a toda la población, como son los libros sacramentales parroquiales y algunos registros notariales a los que acudió en el momento en que enajenó su bienes para emigrar. Por otra parte, no se conservan -o al menos no se han encontrado- documentos privados como puede ser la correspondencia que pudo mantener con su familia desde América, pues al decir de sus biógrafos tenía la costumbre de quemar las cartas que recibía. Quizá debido a ello sólo se conoce una carta, conservada en el Convento de La Alameda de Santiago de Chile, remitida desde Fuerteventura en 1835 y que se puede atribuir con toda probabilidad a su padrastro Pedro Nolasco Fernández Morera.
En 1832, en efecto, tras la muerte de su madre y el matrimonio de sus hermanos, Andrés decidió emigrar a América. Como muchos isleños de su tiempo, buscaba mejores oportunidades ante las crisis agrícolas, las hambrunas y la falta de trabajo. Así comenzó el viaje que lo llevaría primero a Montevideo y, más tarde, a su destino definitivo: Chile.
Retrato de Fray Andrés de Fuerteventura.
SU MARCHA A AMÉRICA DEL SUR.- Fueron muchos los majoreros que entre 1830 y 1850 abandonaron la isla y embarcaron con destino a América. Entre los pueblos afectados por el ciclo migratorio provocado por la crisis social y económica que padecía Fuerteventura, se encuentra el de La Ampuyenta, en el que residía Andrés García Acosta y su familia.
Entre los numerosos majoreros que partieron para Montevideo de forma clandestina en el siglo XIX se encontraba Andrés García Acosta. Partió como un emigrante clandestino más, anónimo, en una época en que la emigración a Uruguay estaba oficialmente prohibida por las autoridades de su país.
Andrés ya tenía familia en Buenos Aries y otros puntos del Río de la Plata y sabía, además, por sus parientes en Lanzarote, que se mantenían las expediciones que masivamente fueron saliendo del Puerto del Arrecife a cargo de diferentes comerciantes y navieros, tal y como se había hecho desde el siglo anterior con la espantada de los volcanes de Timanfaya, el miedo y la miseria consecuente de muchos.
No obstante, en 1832, Andrés vendió sus propiedades que tenía en La Ampuyenta para abonar el flete al patrón del barco y así dejó Fuerteventura viajando hacia América junto a otros emigrantes canarios. La travesía fue dura, como muchas de esa época: barcos abarrotados, escasez de alimentos y condiciones peligrosas. Llegó a Montevideo (Uruguay) el 11 de diciembre de 1832, en la goleta Flor del Río y donde primero comenzó a trabajar fue como labrador y viviendo en casa de unos conocidos.
Para el investigador majorero Francisco Javier Cerdeña Armas, cabe preguntarse si Andrés García viajó solo y si pudo obtener permiso real para tal viaje, porque la mayor parte de los viajeros carecían de licencia para emigrar como colonos a zonas que recién se habían independizado de la corona española. Por eso se trataba de una expedición clandestina que, como tantas otras, recaló primero en Río de Janeiro pero con destino final en Montevideo, en Uruguay. Allí transcurrieron, pues, los primeros momentos del beato Andrés en América, antes de pasar a Chile.
Ya en la ciudad de Montevideo, capital de Uruguay, conoció de cerca la intensa presencia franciscana, que desde siglos antes formaba parte de la vida espiritual y educativa del Uruguay. Allí entró en contacto con Fray Felipe Echenagussia, quien se convertiría en su confesor y guía espiritual.
Se sabe que el 29 de julio de 1834 ya se encontraba en el convento franciscano de Montevideo, pues en esta fecha se registra que "trajo de limosnas Fr. Andrés 2 pesos." Allí se inicia como Hermano Donado, dedicado a tareas humildes como la recolección de limosnas por las calles de la ciudad. Vivió este servicio con sencillez, soportando incluso maltratos y dificultades propias de la vida conventual y del contexto político de la época.
En la orden franciscana existen los “Donados”, que sin profesar ni hacer votos, son laicos libres de permanecer en la casa común. Se ocupan de menesteres humildes, visten el hábito y siguen las prácticas regulares de la comunidad: como los rezos en común y la obediencia a los superiores. Sin embargo, pese a ejercer de manera positiva su trabajo de "donado" en Montevideo, en 1837 Andrés fue expulsado por el Guardián del convento. Bajo este panorama, tuvo que ganarse el pan como obrero de la construcción y, luego, como vendedor de objetos de piedad. Su vocación, sin embargo, le hizo pedir su reingreso al mismo Guardián que lo había echado. Tuvo éxito, pero Dios le preparaba nuevo destino.
El clima político se volvió convulsionado en la República Oriental del Uruguay, de manera que estos conflictos políticos derivaron en la expulsión de los franciscanos en 1838 por orden del gobierno uruguayo. Al quedar sin convento ni comunidad, Andrés retomó oficios simples para sobrevivir. Fue entonces cuando su director espiritual, Fray Felipe, le habló de la Recoleta Franciscana de Santiago de Chile, que recientemente se había restablecido. Así que ambos decidieron partir juntos y establecerse definitivamente en Santiago de Chile.
Visita del autor del Blog a su Casa natal
y actual santuario en la isla de Fuerteventura. Foto: Jaime V. Delgado Ferrando.
LLEGADA Y VIDA EN CHILE.- En abril de 1839, Andrés García y Fray Felipe Echenagussia embarcaron en el bergantín Floraville rumbo a Valparaíso (Chile). El viaje fue duro, marcado por tempestades y tensiones a bordo, durante una dura travesía desde Montevideo hasta Valparaíso, atravesando el Cabo de Hornos.
Al llegar a Chile, fueron recibidos en el convento de la Recoleta Franciscana de Santiago. El 10 de julio de 1839, el Padre Infante acogió al “hermano Andrés, secular de Montevideo” y lo destinó primero a labores sencillas en la cocina, que él asumió con humildad y alegría.
Poco después, se le confió el oficio que marcaría su vida: hermano limosnero. Cada día se levantaba de madrugada para asistir a misa y orar, y luego recorría las calles de Santiago pidiendo ayuda para el convento y para las ánimas del purgatorio, la propagación de la fe y diversas obras de caridad. Su actitud paciente, afable y respetuosa se mantenía incluso ante insultos o burlas. Al atardecer regresaba al convento para unirse a la oración comunitaria.
Daguerrotipo de Fray Andresito:
Fray Andrés muestra al fotógrafo una imagen de Santa Filomena.
Autor: atribuido a Manson, Santiago, 1849.
En la Recoleta Franciscana de Santiago de Chile recibió la influencia espiritual del sacerdote argentino Pedro Ignacio de Castro Barros, quien lo introdujo en la devoción a Santa Filomena. Esta devoción tocó tanto su corazón que tomó el nombre de Filomeno, mandó construir un altar en su honor y financió capellanías para asegurar la novena, la fiesta anual y misas por las ánimas del purgatorio.
A las siete de la mañana de cada día salía a pedir limosna, recorriendo las calles de Santiago. Rogaba limosnas a las gentes para el convento, visitando casas por el camino, las pedía también en sufragio de las Ánimas del Purgatorio, para la propagación de la Fe y la devoción a Nuestra Señora de la Cabeza, advocación que se puede admirar todavía hoy en la Recoleta Franciscana de Santiago de Chile. Su actitud para con todos era paciente, afable y modesta. Era cosa común verlo dando consejos a las personas.
Por ello, muchas veces recibió insultos y burlas. Andrés regresaba al convento a la puesta del sol y en la noche rezaba con la comunidad, fabricaba remedios caseros, ungüentos confeccionados por él mismo y elaboraba escapularios, los cuales aún se pueden ver hoy en el Museo de la Recoleta Franciscana. En efecto, después de su muerte, en los cuadernillos y papeles sueltos que se encontraron en su celda de la Recoleta Franciscana, había dejado escrito oraciones, recetas de cocina, cuentas, remedios medicinales y composiciones poéticas.
Su caridad no se quedó en los muros del convento. Fray Andresito reunió por las noches a obreros para rezar el Vía Crucis y compartir reflexión, y junto al padre Francisco Pacheco impulsó la Hermandad del Corazón de Jesús, que acompañaba a trabajadores y sus familias en la pobreza, la enfermedad y la vejez.
Visitaba cárceles y hospitales, llevaba medicinas a los enfermos, ayudaba a los moribundos, repartía pan y fruta a los pobres y animaba a los jóvenes a seguir la vida religiosa. Las gentes de la capital chilena lo conoció y amó como “Fray Andresito”, viendo en él un verdadero padre y amigo de los más necesitados. En efecto, directamente vinculado a la vocación religiosa franciscana de Andrés García se hallaba el trabajo humanitario, social y caritativo que desarrolló en Chile. De él dice su coetáneo y amigo F. Manuel de la Cruz Villarroel: "... su vida toda, y especialmente el largo período de ella que transcurrió entre nosotros, la dedicó a la práctica de la caridad".
En enero de 1853, su salud comenzó a deteriorarse gravemente. Aun así, mantuvo su confianza en Dios, despidiéndose con gestos sencillos —como regalar su bastón y pedir misas por su alma—. Tras recibir los sacramentos, anunció con serenidad el día y la hora de su muerte.
Iglesia de la Recoleta Franciscana en Santiago de Chile.
Andrés solicitó al Guardián del convento un hábito para cubrir su cadáver y una sepultura, lo que le fue otorgado, y luego emitió la profesión solemne. A las 21 hrs., Andrés le dijo a Fr. Pacheco: “Moriré mañana a las ocho”. Y así fue: falleció el 14 de enero de 1853 a las ocho de la mañana, como consecuencia de una neumonía que había contraído.
Su cuerpo fue velado en el coro del convento y una multitud de personas, de todas las clases sociales, acudió a despedirlo. Sus funerales estuvieron llenos de gratitud y reconocimiento: el pueblo chileno ya lo consideraba un santo, un fraile pobre que había vivido completamente entregado a Dios y a los más necesitados.
Sus restos fueron sepultados en el cementerio de Los Franciscanos (hoy La Vega Central), pero años más tarde, lo trasladaron a la Iglesia de la Recoleta Franciscana, donde se custodian.
Falleció, pues, en Santiago de Chile, cuando ya se había convertido en un personaje entrañable, con una enorme popularidad, y cuya estela llega hasta nuestros días. Desde entonces un gran número de personas visita su tumba para pedir su intercesión o manifestar su gratitud por favores recibidos, y sus devotos asisten los días 14 de cada mes a una misa por su canonización.
Tumba con los restos de Fray Andresito
que se puede visitar en Santiago de Chile.
El mismo día de su muerte, los diarios de Santiago de Chile destacaron la profunda huella que Fray Andresito dejó en el pueblo chileno. El diario El Progreso escribió que su caridad era tan grande que “no había persona en la capital que no lo conociera” y que los pobres habían perdido en él un verdadero consuelo.
Recuerdos de Fray Andresito
en el Museo Histórico Nacional de Chile.
Durante meses después de su muerte, periódicos de Santiago como El Mercurio publicaron biografías, discursos y testimonios, llamándolo “apóstol de la caridad”, “santo religioso” y “médico de los pobres”. Su popularidad fue tal que incluso se imprimieron litografías con su retrato para responder a la alta demanda de los fieles chilenos. A lo largo del siglo XIX y XX, la prensa continuó difundiendo su legado, fortaleciendo la devoción popular. Su figura inspiró hermandades, asociaciones y miles de devotos dentro y fuera de Chile.
"Fray Andresito" ha sido considerado por algunos autores "...uno de los personajes más fascinantes y enigmáticos del siglo XIX chileno", un personaje con una gran repercusión social que ha dejado "...una profunda huella... entre los santiaguinos y, especialmente, entre los sectores populares". Fue tan popular y conocido en Santiago de Chile que, en palabras de uno de sus biógrafos "...pocos hombres pueden gloriarse de haber obtenido en Santiago más popularidad durante su vida."
Programa de las Fiestas en honor a Fray Andresito
en enero de 2026 celebrada en Fuerteventura.
Dos años después de su muerte, en 1855, sus restos mortales fueron exhumados y hallados en sorprendente estado de conservación, lo que atrajo la atención de fieles, autoridades civiles y eclesiásticas. Los peritos no encontraron causas naturales que explicaran el fenómeno. Desde entonces, las multitudes comenzaron a visitar su tumba y a pedir su intercesión. Hoy, cada 14 de mes, los devotos se reúnen en la Recoleta Franciscana de Santiago de Chile para rezar junto a sus restos y pedir por su pronta canonización, manteniendo viva una tradición de fe de más de 170 años.
Placa con la calle de La Ampuyenta
dedicada a Fray Andrés de Fuerteventura.
Después de su muerte, su fama de santidad se extendió rápidamente por todo Chile. En 1893 se inició oficialmente la causa de su canonización y, tras distintos periodos de avance y pausa, la documentación fue retomada y revisada a lo largo del siglo XX. Un signo especialmente llamativo para los devotos ha sido la conservación líquida de su sangre, recogida durante su última enfermedad y estudiada posteriormente en Roma y Chile. Todo este camino —histórico, espiritual y popular— sostiene hoy la esperanza de la Iglesia chilena y del pueblo de verlo algún día reconocido como santo.
La fama de santidad que Fray Andrés había alcanzado en Chile se conoció por primera vez en las islas Canarias en el año 1894, como consecuencia de la investigación sobre su vida solicitada al obispo de la Diócesis de Canaria por el primer Vicepostulador de la Causa de Beatificación de Fray Andrés, Fray Julio Uteau, al objeto de incorporar datos biográficos sobre los primeros 33 años de la vida de Andrés García al proceso iniciado por la Orden Franciscana para su beatificación y canonización, todavía hoy en trámite.
Como consecuencia de la divulgación del contenido de diversas pastorales emitidas por el Obispo de Canaria a las parroquias de su Diócesis, Fray Andrés comenzó a ser un personaje popular en Fuerteventura, especialmente en el pueblo de La Ampuyenta, don- de a los recuerdos que se conservaban de su existencia, como la casa en que había vivido, entre otros, se unían las noticias llegadas de América, a través de las citada pastorales del Obispo. De este modo, Fray Andrés comenzó a formar parte de la memoria colectiva majorera como un personaje entrañable, al que se denominaba afectuosamente "el frailito Andrés".
LA CASA NATAL DE FRAY ANDRÉS, ACTUAL SANTUARIO EN LA AMPUYENTA.- Actualmente la Casa natal de Fray Andrés se puede visitar y la misma constituye un pequeño y humilde santuario para conocer la vida del Venerable. Según cuenta Rosario Cerdeña, la casa fue visitada por el Obispo de Canaria D. Miguel Serra y Lucarrats el 14 de diciembre de 1925, durante su visita pastoral a la isla, acompañado por varios miembros del clero, las autoridades civiles y numerosos vecinos de La Ampuyenta. En aquel momento tanto la edificación como la finca que la rodeaba pertenecían a D. Francisco Medina Berriel, Presidente del Cabildo de la isla, que acompañaba al Obispo en aquella visita. El Prelado manifestó entonces su "...deseo más interesado de que esta casita se conserve siempre en el mismo estado de ornamentación en que hoy se encuentra, ya que cualquier adorno que se le ponga con ánimo de embellecerla, la haría perder su propio carácter. A su alrededor, pero sin tocarla a ella, puede su dueño construir lo que quiera, aunque le agradeceríamos que todo estuviera inspirado en los sentimientos religiosos que esta propiedad hace sentir. Siempre alabaríamos el celo de este señor, si de esta manera quisiese conservar y enaltecer esta casita que debe ser mirada y tratada siempre con respeto y devoción".
La sugerencia del Obispo fue tomada en consideración por el entonces Presidente del Cabildo Insular de Fuerteventura y, años más tarde, segregó una parte de la finca en la que se encontraba la casa y la donó al citado Cabildo con el fin de que se restaurara y conservara.
En el momento en que se cedió al Cabildo, la casa se encontraba bastante deteriorada, por lo que se procedió a su restauración; se edificó una pequeña dependencia adosada a su lado norte y se construyó el muro o barbacana que la rodea, con un portal de acceso que da a un camino público, denominado Camino de La Oliva, y que en ese tramo se denomina actualmente Calle de Fray Andresito. Desde entonces se han llevado a cabo varias trabajos de restauración, mantenimiento y adecentamiento, tanto de la edificación como del entorno.
En la actualidad, en efecto, la casa natal de Fray Andresito, en La Ampuyenta, ha sido transformada en un pequeño, cuidado y sencillo santuario. Su interior conserva un ambiente sobrio y recogido, con paneles explicativos, imágenes y elementos que ayudan a comprender su vida y su legado. Más que un museo al uso, este espacio invita a la reflexión y al recogimiento, convirtiéndose en un lugar de visita tanto para devotos como para quienes desean conocer una parte esencial de la historia espiritual de Fuerteventura.
En el interior de la habitación mayor se encuentran una serie de paneles adosados a la pared, en los que se narra la biografía de Fray Andrés y varias imágenes del mismo, así como un parco mobiliario constituido por un banco y dos sencillas mesas, en las que numerosas personas depositan ofrendas y donativos; en una de las mesas también se encuentra un libro en el que los visitantes anotan mensajes. En la dependencia pequeña adosada se depositan asimismo diversos donativos.
Visitar la Casa de Fray Andresito es adentrarse en la historia de un hombre sencillo cuya vida trascendió los límites de su isla natal. Un lugar cargado de memoria, devoción y humanidad que conecta La Ampuyenta con América y con una de las páginas más profundas de la identidad majorera.
Portal de entrada a la Casa natal del Fray Andresito.
LA SIGNIFICACIÓN ACTUAL DE FRAY ANDRÉS DE FUERTEVENTURA.- La figura de Fray Andresito forma parte de la historia de la emigración canaria a América y su huella en el ámbito religioso de la América hispana, especialmente de Uruguay y de Chile. Su trabajo humanitario ha sido objeto de numerosos estudios y biografías, especialmente en Chile, donde su memoria sigue muy viva. Fruto de esa devoción, desde aquel país se ha impulsado una causa de beatificación que continúa en curso, reflejo del profundo arraigo de su figura entre los fieles.
Cada año, en torno al 14 de enero, fecha de su fallecimiento en 1853 en Santiago de Chile, La Ampuyenta celebra las fiestas en honor a Fray Andresito. Los actos incluyen actividades culturales y recreativas en el Centro Cultural del pueblo, la celebración de la Eucaristía en la ermita de San Pedro de Alcántara y una emotiva procesión con la imagen de San Pedro hasta la Casa de Fray Andresito, reforzando el vínculo entre el pueblo y su figura más universal.
Monumento con la escultura de Fray Andresito
a pocos metros de su casa natal en Ampuyenta.
Patio del Santuario en la Casa natal en Ampuyenta (Foto Pedro Rubens).
Vivió en América desde 1833 a 1853, es decir, veinte años, mientras que el resto de su vida, 33 años, transcurrieron en su aldea natal, La Ampuyenta, en la isla de Fuerteventura.
Mapa de Fuerteventura del siglo XIX donde se encuentra
la aldea de La Ampuyenta, cerca de Casillas del Ángel.
Fray Andresito fue declarado “Venerable” por el Papa Francisco el 8 de julio de 2016. Hoy se está a la espera del milagro que permita su Beatificación. Esto significa que el Papa reconoce en sus virtudes un modo de vivir el Evangelio de manera extraordinaria. Fray Manuel Alvarado, vicepostulador de la causa, asevera que ahora están en la espera de un milagro para poder presentarlo a Roma.
Pedro R. Castro Simancas, 16.05.2026.
Festividad de San Simón Stock.
Fuentes:
CERDEÑA ARMAS, Francisco Javier (2025): "Andrés García Acosta (1800-1853), Fray Andresito, se prepara para emigrar a Uruguay: 1833" en Cuaderno de Puerto Cabras, 16 de noviembre de 2025.
CERDEÑA RUIZ, Rosario (2003): Andrés García Acosta. El "Frailito Andrés" (1800-1833), Ed. Cabildo Insular de Fuerteventura, Puerto del Rosario, 2003.
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