Historia antigua: ¿Acaso los fenicios llegaron a las islas Canarias?
Los fenicios fueron una antigua civilización de navegantes y comerciantes originarios del Levante mediterráneo (actuales Líbano, Siria, Israel y Palestina). Entre los siglos XII y VI a.C., establecieron una próspera red de rutas marítimas y fundaron importantes colonias, destacando por inventar el alfabeto fonético y el comercio a gran escala en todo el Mediterráneo. Si bien desconocemos cómo se denominaban a sí mismos, bien pudieron usar el término antiguo cananeo y llamar a su territorio Canaán.
El gentilicio fenicio es de origen griego.
En efecto, el término "fenicio" es en realidad una designación externa impuesta por los griegos —derivada de phoinix, que significa rojo— en referencia al valioso tinte púrpura (púrpura de Tiro) que extraían de los moluscos múrex y que comerciaban por todo el mundo conocido. Este término, en efecto, derivaba del tan deseado tinte natural con el que comerciaban y teñían sus textiles (sustancia que se obtenía de un molusco gasterópodo, el múrex). De esta palabra también deriva el término púnico con el que se denominaba a los cartagineses, es decir, a los fenicios de Occidente instalados en Cartago (en el territorio actual de Túnez). Gracias a sus avanzados barcos, establecieron una amplia red de factorías y colonias que conectaban Oriente con Occidente.
Los fenicios llegaron al Mediterráneo occidental.
Llegaron al extremo occidental del Mediterráneo en busca de metales como la plata, el cobre y el estaño. Fundaron importantes enclaves que hoy perduran, siendo Gadir (Cádiz) y Malaka (Málaga) ejemplos sobresalientes de su legado. En efecto, las factorías fenicias se esparcieron prácticamente por toda la ribera sur mediterránea y sus islas: desde Gadir, más allá del estrecho de Gibraltar, en el entorno del mítico reino de Tartessos y puerta de las rutas del océano Atlántico, hacia el norte —Europa— y el sur —África—, al parecer, hasta las costas de Asia y el mar Negro. Por ello, es plausible pensar o suponer que pudieron pasar e incluso recalar en todas o en algunas de las islas Canarias, estableciendo incluso factorías para la producción de la púrpura.
Los fenicios conquistan el sur de Iberia y fundan Gadir.
Los fenicios de Occidente (también llamados púnicos) fundan en el año 1100 a.C, al sur de la Península Ibérica, la citada ciudad de Gadir (Cádiz) y en el 753 a.C. la citada ciudad de Cartago (en el actual territorio de Túnez), y en el 237 a.C. es cuando el militar cartaginés Amílcar Barca desembarca en Gadir (Cádiz) para iniciar la conquista de Iberia.
Amílcar Barca (Cartago, 290 a.C. – Oretania, 229 a.C.), era un general cartaginés que pertenecía por familia a la aristocracia púnica, la de los Bárquidas, que se apoyaban en el pueblo. En sus luchas internas con las familias aristocráticas de Cartago, Amílcar se convirtió en el verdadero dueño de esa ciudad-estado en el norte de África.
De esta manera llegan al sur de Iberia los fenicios púnicos, también conocidos como cartagineses. Muchas de las antiguas colonias comerciales fenicias pasaron a la esfera púnica; tal es el caso de Gadir (Cádiz) o Ebasus (Ibiza).
Sabemos que los púnicos (es decir, los fenicios de Occidente) generalizaron como rito de enterramiento la inhumación y que, a partir del siglo VI a.C., surge el culto a una nueva divinidad, Tanit, con los mismos atributos que Astarté, la diosa fenicia protectora de los navegantes.
Las guerras púnicas y el final de la hegemonía fenicio-púnica.
Con las guerras púnicas, Roma fue poniendo fin a la hegemonía fenicio-púnica en el Mediterráneo occidental que terminaría bajo el yugo romano. Cartago y Roma se enfrentaron en las tres guerras púnicas. La tercera de estas guerras (años 149-146 a.C.) provocó la destrucción total de la ciudad de Cartago, y con ella, el fin del dominio fenicio, y Roma pasó a dominar el Mediterráneo y en particular, la casi totalidad de la Península Ibérica (la futura Hispania).
¿Llegaron a las islas Canarias?
Pero, ¿acaso estos fenicios de Occidente pudieron llegar a las islas Canarias? Según la investigación llevada a cabo por el profesor Pablo Atoche Peña (durante 2009-2011), con los más recientes hallazgos arqueológicos producidos en Canarias, principalmente en los sitios de El Bebedero y Buenavista en Lanzarote y El Descubrimiento en La Graciosa, parece que, en efecto, se confirman los prolongados y estrechos lazos que existieron entre las islas y el Mediterráneo occidental desde fechas muy antiguas situadas en torno al siglo X a.C. y hasta el siglo IV d.C. Para este investigador, se pone así de manifiesto el trascendental papel que fenicios y púnicos primero, y los romanos más tarde, jugaron en el proceso de colonización del archipiélago canario y la profundidad y lejanía que en el Atlántico africano alcanzó la influencia cultural de Cartago y las colonias fenicias del sur de la Península Ibérica.
LOS FENICIOS Y LAS ISLAS CANARIAS.- Ya comentamos, cuando hablamos del rey Juba II de Mauretania, que en el siglo V a.C., los cartagineses, los que fueron continuadores de los fenicios en la colonización y explotación comercial del Mediterráneo occidental, en efecto, organizaron dos expediciones para explorar el Atlántico norte y sur. El almirante púnico Hannón fue el encargado de dirigir la expedición a lo largo de la fachada atlántica africana, expedición en la que descubriría probablemente las islas Canarias. De hecho, el famoso "Periplo de Hannon", es el relato de navegaciones más famoso del mundo antiguo.
El Periplo de Hannón.
Siguiendo al investigador Enrique Gonzalbes, en este texto se narraba la actuación del citado cartaginés Hannón, probablemente en el siglo V a.C., que había dirigido una exploración en un litoral meridional, caracterizado por la existencia de unas islas, y de un volcán en erupción (¿el Teide?), y de unos seres en forma humana conocidos como Gorilas. La influencia, pues, del texto del "Periplo de Hannon" en el rey Juba II parece indudable.
La flota de Hannón explora la costa africana.
Aunque no se sabe exactamente la fecha, Plinio asegura que una flota cartaginesa al mando de Hannón colonizó y exploró buena parte de la costa atlántica de África.
Se dice que este almirante cartaginés venía de una familia noble y el viaje, ordenado por el Senado cartaginés, podría ubicarse entre algunos de los periodos de paz entre Roma y Cartago, muy posiblemente tras la primera Guerra Púnica (241 a.C.), pero también hay teorías que lo sitúan mucho más atrás, en torno al primer tratado entre romanos y cartagineses (siglo VI a.C.).
El relato del viaje, que es conocido como “El Periplo de Hannón”, proviene —siempre según Plinio— del cuaderno de bitácora —a la sazón “tablilla de bitácora“— del viaje que se depositó en el templo de Baal Moloch cuando regresaron a Cartago. También los hay más escépticos que simplemente califican el viaje de una fábula de navegantes.
Según la bitácora, la flota cartaginesa se componía de 60 barcos y unos 30.000 marineros (hombres y mujeres, pero a todas luces, número exagerado) y, con la proa puesta hacia las “Columnas de Hércules” (estrecho de Gribaltar), por lo que zarparon de Cartago con la intención de abrir nuevas rutas comerciales y fundar colonias donde considerasen de interés, a lo largo de la costa africana.
Durante la expedición se exploró y colonizó parte de la costa atlántica del noroeste de África. Una de las principales fuentes del personaje de Hannón y su expedición es un pasaje de Plinio el Viejo en el que dice que el viaje de Hannón tuvo lugar durante el apogeo del poder cartaginés y que coincidió aproximadamente con otra expedición, la del navegante Himilcón por el norte de Europa. Pero no hay consenso sobre las posibles fechas en que se realizó el viaje. Los distintos expertos lo sitúan entre el siglos VII y el IV a.C. El documento fue descubierto a comienzos del siglo XVI y hoy en día se encuentra en el Museo Vaticano.
El recorrido de la expedición es objeto de debate. Los partidarios de la existencia real del mismo suelen interpretar que el viaje llegó hasta algún punto de África Ecuatorial, y algunos creen que pudo circunnavegar África.
El discutido periplo de Hannón por la costa africana.
Con respecto al viaje en sí, Raymond Mauny puso en duda la posibilidad de que un barco de la época pudiera ir más allá de las islas Canarias debido a lo desolado de las costas situadas al sur del río Draa, que no permitiría obtener recursos mínimos necesarios, y también por la acción contraria de los vientos alisios, que van de norte a sur y que harían imposible el retorno de la flota. Sus argumentos fueron refutados, en parte, por otros autores, aunque tal refutación no ha resultado lo suficientemente definitiva y algunos críticos contemporáneos siguen siendo escépticos sobre la posibilidad de la realización del viaje.
La opinión mayoritaria de los investigadores es la que defiende que el extremo noroccidental de África fue el destino del viaje, debido entre otras cosas a que se ha impuesto la tesis que identifica el cabo Solunte con el actual cabo Espartel, un impresionante promontorio rocoso ubicado a 14 kilómetros al oeste de Tánger (Marruecos), y por tanto las fundaciones de los cartagineses que se mencionan en el famoso periplo deben situarse en torno al Estrecho de Gibraltar, entre Espartel y el río Lixo.
En la actualidad, el río Lixo (actualmente llamado río Lucus o Loukkos en árabe, واد لوكوس) es un importante curso fluvial de unos 100 kilómetros de longitud. Nace en las montañas del Rif (norte de Marruecos) y, tras recorrer las llanuras del Garb, desemboca en el océano Atlántico junto a la histórica ciudad de Larache.
En la antigüedad este río del actual Marruecos fue el escenario de importantes civilizaciones. En su orilla norte se encuentran las ruinas de Lixus, una de las colonias fenicias más antiguas del norte de África que posteriormente pasó a dominio cartaginés y romano.
Pero la segunda parte del relato de la navegación de Hannon tiene como punto principal de partida la isla de Cerné, algunos días de navegación al Sur del río Lixus, que se considera que fue el último poblamiento efectuado por los cartagineses. Aunque se ha intentado identificar dicha isla con Herné en el Sahara Occidental, o con alguna isla de Senegal, lo cierto es que todas las citas posteriores, así como el material arqueológico, apuntan a que Cerné corresponde con la isla de Mogador (actual Essaouira, en la costa de Marruecos). Esta constatación es la que termina de confirmar que muy difícilmente la navegación de Hannon pudo alcanzar zonas subsaharianas y el África ecuatorial.
Comienza Hannón así su relato de su famoso Periplo:
"Esta es la historia del largo viaje de Hannón, basileus de Cartago, a las tierras libias, más allá de las Columnas de Hércules, que él mismo dedicó al templo de Kronos en una tablilla.
I. Los cartagineses decidieron que Hannón había de navegar más allá de las Columnas de Hércules y fundar ciudades de libiofenicios. Se hizo a la mar con sesenta pentecónteras y unos treinta mil hombres y mujeres, así como provisiones y todo lo necesario.
[Los pentecontoros eran barcos de guerra ligeros y rápidos, con espolón en la proa, y capacidad prácticamente sólo para los remeros, por lo que llevaban muy poca carga, ausencia de pasajeros, y víveres para pocos días. El elevado número de tripulantes, al tratarse de una galera de 50 remeros, dispuestos en dos bancos superpuestos, con dos grupos de 12 remeros a cada lado y dos en los timones de popa, lo que no favorecía esta presencia de colonos o pasajeros como indica el relato].
[El término libiofenicio utilizado en el texto equivalía al de fenicio occidental en sentido genérico, tanto entre los residentes en la Península Ibérica como entre los del Norte de África, a partir de familias originarias de Fenicia residentes en Libia, es decir, en el norte de África].
II. Después de navegar dos días más allá de las Columnas, fundamos la primera ciudad que llamamos Thimiaterion. Detrás de ella había una gran llanura.
III. Navegando desde allí hacia Occidente, llegamos a Soloeis, un promontorio libio cubierto de árboles. En él fundamos un templo a Poseidón.
IV. Caminamos medio día hacia el este y encontramos un lago, no lejos del mar, cubierto de una gran aglomeración de altas cañas, en las que pacían elefantes y muchos otros animales salvajes.
V. A una jornada de este lago, fundamos ciudades en la costa, que se llamaron Karikón Teijos, Gytte, Akra, Melitta y Arambys.
VI. Dejando aquello, llegamos al ancho río Lixos, que viene de Libia, junto al que unos nómadas, llamados lixitas, hacían pastar sus rebaños. Estuvimos algún tiempo con ellos y quedamos amigos.
VII. De allí hacia el interior habitan los inhospitalarios etíopes en un país cercado por altas montañas y lleno de animales salvajes. Dicen ellos que el río Lixos nace allí, y que entre las montañas viven trogloditas de raro aspecto, y que, según los lixitas, pueden correr más rápidamente que los caballos. [...]
[Como hemos comentado, Lixos es el río Lukus, en el actual Marruecos, en cuya desembocadura encontramos la ciudad de Larache, próxima a la colina de Tschemich, donde estaba situada la ciudad de Lixos o Liks].
XIII. Durante dos días las rodeamos y llegamos a un inmenso golfo, en cada una de cuyas orillas había una llanura, en las que, de noche, veíamos hogueras grandes y pequeñas que ardían a intervalos por todas partes.
XIV. Hicimos aguada allí, y navegamos durante cinco días a lo largo de la costa hasta llegar a una gran bahía que nuestros intérpretes llamaban El Cuerno del Oeste. En ella había una amplia isla, y en la isla un lago de agua salada dentro del que había otra isla en la que desembarcamos. De día no podíamos ver nada más que el bosque, más por la noche distinguíamos muchas hogueras y oíamos sonido de flautas, tañer de címbalos y tímpanos, y gran estrépito de voces. El terror se apoderó de nosotros y los adivinos aconsejaron abandonar la isla.
XV. Navegamos, pues, apresuradamente y pasamos frente a una costa ígnea [de fuego] llena de incienso ardiente, grandes corrientes de fuego y lava fluían hasta el mar, y era imposible acercarse a tierra a causa del calor.
XVI. Dejamos aquello de prisa, por temor, y durante cuatro días de navegación vimos de noche la tierra envuelta en llamas. En medio había una llama altísima, mucho más que las otras, que llegaba, al parecer, a las estrellas. De día vimos que se trataba de una montaña muy alta, llamada el Carro de los Dioses.
XVII. Navegando desde allí durante tres días, pasamos corrientes ardientes de lava, y llegamos a un golfo llamado el Cuerno del Sur.
XVIII. En el extremo más lejano de esta bahía había una isla como la anterior, también con un lago en el cual había otra isla llena de salvajes. Desde lejos, la mayor parte eran mujeres con cuerpos peludos, a las que nuestros interpretes llamaron gorilas. Las perseguimos, pero no pudimos capturar a ningún hombre, pues todos ellos, acostumbrados a trepar por los precipicios, se escaparon, defendiéndose tirándonos piedras. Cazamos tres mujeres, que mordieron y magullaron a los que las cogían, no dispuestas a seguirles. Las matamos al fin y, desollándolas, llevamos sus pieles a Cartago. No navegamos más allá porque se acababan nuestras reservas”.
[Otra gran discusión ha sido el intento de reafirmar la visita a las regiones ecuatoriales a través de la presencia de animales tropicales, particularmente los gorilas. Basándose en el estudio de Falconer (1797), que habla de los gorilla o supuestos humanos velludos del Periplo de Hannón, lo que fue utilizado por Savage (1847) para denominar una nueva especie de monos localizada en el río Gabón bajo el término de Gorilla gorilla].
Resumiendo, podemos señalar que respecto al periplo en sí, la opinión de los investigadores está dividida entre los partidarios de un itinerario corto, que no iría más allá del sur de Marruecos, y los de uno largo, que habría llevado a Hannón hasta la desembocadura del Senegal o incluso hasta el Golfo de Guinea. No entraremos ahora en la identificación de los lugares que se mencionan en el Periplo, más que problemática y que ha suscitado una enorme polémica, de los sitios que en él se mencionan.
¿Hannón pudo recalar en las islas Canarias?
Durante mucho tiempo se ha debatido si el archipiélago canario fue una de las escalas del cartaginés Hannón, cuando menciona la existencia de un volcán en llamas escupiendo lava. Sin embargo, estudios geográficos e históricos modernos demuestran que la ruta de Hannón se limitó a costear el litoral continental africano (llegando tal vez hasta el Golfo de Guinea o Gabón) y que el archipiélago canario no fue alcanzado en este viaje.
Sin embargo, resulta interesante resaltar el conocimiento y la utilización del texto del Periplo de Hannon por parte del rey Juba II de Mauretania, como ya hemos comentado. En efecto, Juba fue un gran escritor, en relación con su tiempo, y precisamente en las dos primeras décadas de su largo reinado realizó toda una serie de exploraciones geográficas en los confines meridionales de su reino, la Mauritania Tingitana, en especial en las costas de la Getulia, en el Atlas marroquí, e incluso en las islas Canarias, dando nombre a todas las islas, y de donde proviene el nombre de Canaria, dado a una de ellas. De manera que el rey mauritano se documentó con anterioridad a efectuar estas actividades y así sabemos que conoció el texto original del Periplo de Hannón.
LOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS HALLADOS.- La evidencia arqueológica indica, desde luego, una presencia cartaginesa en las costas atlánticas de Marruecos. Los descubrimientos arqueológicos en Korass (actual Tánger) ponen de relieve la existencia de un asentamiento en el que se ha identificado un centro de producción de cerámica fenicia. El análisis de las ánforas halladas sugiere que sus hornos proveían de contenedores, al menos desde el siglo V a. C. a unas factorías de salazón de pescado que debían estar próximas a Korass. En Banasa, en el meandro del Sebú, se han documentado múltiples formas de cerámica cartaginesa en un horizonte arqueológico que arranca de finales del siglo VI a. C. Así mismo esta documentada la influencia púnica en la citada ciudad de Lixus a partir del siglo V a. C.
La importancia de la presencia fenicia en la isla de Mogador.
Esa presencia fenicia se centraría, pues, en la costa del actual Marruecos. Concretamente, está acreditada la presencia fenicia en la isla, o más bien islote, de Mogador (la actual Essaouira). Las prospecciones y trabajos arqueológicos llevados a cabo en el islote (situado al norte del paralelo 31) a partir de los años 50 del siglo XX documentaron dos fases de ocupación bien definidas en la zona, extendiéndose la más antigua (fenicia) entre la primera mitad del siglo VII a.C. y mediados de la centuria siguiente, y la más reciente (romana) desde el reinado de Augusto hasta mediados del siglo IV d.C. Durante la fase más antigua, resulta acreditado que la isla de Mogador sirvió como factoría estacional para empresas comerciales de la Gadir (Cádiz) fenicia. Se trata, en cualquier caso, del único centro ultraperiférico antiguo (fenicio o cartaginés), que parece que estuvo establecido en la costa occidental africana, según atestiguan las fuentes documentales y que se reconoce en la fachada atlántica africana.
Los indicios de la colonización fenicia de las islas Canarias según las investigaciones del profesor Pablo Atoche Peña.
En efecto, siguiendo al citado profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Dr. Pablo Atoche Peña, y atendiendo a las dataciones cronométricas disponibles (Atoche, 2009; González y Arco, 2009), el comienzo o arranque de la colonización humana de las islas Canarias se produciría en la primera mitad del siglo X a.C., afectando primeramente a las islas de La Graciosa, Lanzarote y Tenerife. En esos momentos el archipiélago canario estaría sometido tanto a un proceso de frecuentación y valoración de sus posibilidades y recursos (El Descubrimiento, La Graciosa), así como al establecimiento de los primeros grupos humanos tal y como se atestigua en el sitio de Buenavista (Lanzarote) o la Cueva de los Guanches (Tenerife).
Por el contrario, para José A. Delgado Delgado del Departamento de Prehistoria, Arqueología, Antropología e Historia Antigua de la Universidad de La Laguna, el estudio del contexto general demuestra "de forma irrefutable" que la frontera extrema (tanto a efectos de ocupación como de explotación de recursos) de la Mauritania atlántica se situó para fenicios, púnicos y romanos en la posición de Sala, esto es, en el paralelo 34, aunque el islote de Mogador en la costa del actual Marruecos fue una notable, aunque única, excepción.
Sin embargo, el profesor Delgado reconoce que el estudio de las fuentes permite establecer que la costa atlántica que se extendía al sur del paralelo 34 y hasta la latitud de las islas Canarias no era del todo desconocida en el mundo mediterráneo. La frecuentación fenicia de la isla de Mogador durante la época arcaica, el reconocimiento de la fachada atlántica por las autoridades romanas tras la caída de Cartago y la ocupación de nuevo del islote africano a partir del siglo I a.C, pudieron haber promovido alguna pequeña empresa exploratoria en torno a las aguas canarias. Incluso para el profesor Delgado, no se puede descartar, naturalmente, algunas arribadas fortuitas a las islas Canarias.
Sin embargo, para el citado profesor Atoche Peña, por el contrario, la hipótesis mediterránea para explicar la inicial colonización del archipiélago canario por los fenicios se asienta en un amplio conjunto de registros arqueológicos hallados en las islas, en el que un primer grupo estaría integrado por diferentes manifestaciones culturales conocidas desde antiguo en los distintos contextos arqueológicos definidos en las islas aunque solo en los últimos años han sido objeto de una adecuada interpretación.
En efecto, las principales evidencias de presencia fenicia en las islas Canarias se concentran en Lanzarote, donde los estudios del citado investigador Pablo Atoche de la ULPGC, en efecto, documentan establecimientos y piezas de origen fenicio-púnico que fechan el primer poblamiento del archipiélago entre los siglos X y VIII a.C.
Los hallazgos más destacados incluyen:
Yacimiento de Buenavista (Teguise): Un asentamiento de aproximadamente 100 m² de planta ovalada que ha proporcionado dataciones de radiocarbono de entre los años 960 y el 360 a.C. Entre sus vestigios se encuentran cerámicas modeladas a torno, objetos de cobre o bronce, una cuenta de vidrio y restos de fauna. Las referencias cronométricas proporcionadas por el yacimiento de Buenavista indican que la estructura se construyó en la segunda mitad del siglo X a.C., ocupándose a partir de entonces el asentamiento hasta el último tercio del siglo IV a.C., fecha en la que la estructura se abandonó.
Yacimiento de El Bebedero (Teguise): En este antiguo poblado también se han recuperado fragmentos de vajilla y objetos de origen fenicio-púnico que prueban el contacto de navegantes mediterráneos con la población indígena local.
Hallazgos submarinos y costeros: En la zona de "El Río" (canal entre Lanzarote y La Graciosa), se descubrieron varias ánforas de tipología fenicia que acreditan las rutas de navegación por el archipiélago.
En conjunto, los hallazgos producidos en el yacimiento de El Descubrimiento (isla de La Graciosa) parecen el resultado de la frecuentación de antiguas navegaciones por el Atlántico meridional las cuales recalarían en Canarias durante la edad del Bronce Final, abriéndose, pues, nuevas perspectivas acerca de la antigüedad del conocimiento de las islas por los fenicios, elevándola a tiempos muy anteriores a los que hasta ahora se consideraban para enclaves coloniales de la cercana costa africana, tales como Lixus o Mogador (en la costa del actual Marruecos).
Así mismo, se ha encontrado un tipo de escritura identificado en Lanzarote, Fuerteventura y Tenerife, que en un primer momento se consideró erróneamente como «cursiva pompeyana», pero que R. Muñoz identificó como un corpus «de inspiración púnica» (Muñoz, 1994) y que correspondería a lo que J. L. López Castro (1992) denominó como escritura «libiofenicio». Con ella se han elaborado inscripciones que, traducidas, revelan un lenguaje cargado de elementos religiosos semíticos.
En el ámbito de los artefactos más cotidianos, las islas de Tenerife, La Palma y Fuerteventura han proporcionado un amplísimo conjunto de anforoides modelados a mano que imitan ánforas fenicias elaboradas en los establecimientos de la zona del Estrecho de Gibraltar, entre los siglos VI y III a.C.
A los anteriores hallazgos de El Bebedero (Teguise) se une El Rubicón (Yaiza), en efecto, un asentamiento localizado en el extremo meridional de Lanzarote, zona caracterizada por presentar una costa abierta y protegida donde se suceden las playas aptas para el fondeo de navíos. En una de esas playas, denominada de Los Pozos, se encontraron varias estructuras objeto, al parecer, de una continuada reutilización desde la Antigüedad tardía y vinculadas a un punto de recalada inicialmente establecido por navegantes fenicio-púnicos y posteriormente reutilizado por marinos romanos (Atoche 1999 y 2003), reproduciéndose el modelo de asentamiento establecido para otras factorías púnico-romanas fundadas o establecidas a lo largo de las costas de la Mauritania occidental (actual Marruecos) en diferentes momentos del I milenio a.C.
En este yacimiento del sur de Lanzarote, en El Rubicón, su estructura descubierta por los arqueólogos de la ULPGC, conjuga elementos arquitectónicos ampliamente conocidos por púnicos y griegos, un esquema constructivo que se repite de forma continua en las tumbas púnicas con cámara subterránea y acceso escalonado, repartidas por todo el Mediterráneo occidental y reutilizadas en más de una ocasión para el almacenamiento del agua de lluvia.
Pero además, se pudo descubrir la presencia del signo de la diosa Tanit, una representación religiosa indiscutiblemente púnica, en el dintel del hueco que da acceso a la cámara señala directamente hacia la autoría de la misma: gentes púnicas o punicizadas, quienes lo levantarían en fechas coetáneas o posteriores a la segunda mitad del siglo V a.C. en base a las cronologías estimadas para la presencia de Tanit en el Occidente mediterráneo (González Alcalde, 1997).
Para Atoche Peña, en resumen, la presencia de unas estructuras como éstas en Lanzarote y su vinculación a un asentamiento de las características descritas, refuerza la presencia de gentes fenicias o púnicas atestiguada en el yacimiento de El Bebedero, además de ponernos sobre la pista del papel que las islas Canarias debieron representar en los circuitos marítimos y económicos en los que se hallaban integrados los establecimientos de las costas atlánticas del actual Marruecos fundados por navegantes fenicio-púnicos y más tarde ampliados por el rey Juba II y el Imperio Romano.
La importancia de Cádiz como inicio y fin de las expediciones atlánticas fenicias.
En efecto, parece evidente que todas estas expediciones hasta las islas Canarias, tanto en la etapa de los fenicios, como luego con los romanos, tenían como base el puerto de Cádiz. La ciudad de Gadir/Gades fue, pues, el punto de origen y de término del itinerario que discurrió por la costa occidental africana tanto en época fenicio-púnica como romana. La importancia de esa urbe ubicada en el Extremo Occidente del Mediterráneo, a partir de la edad del Bronce Final resulta indiscutible; su puerto centralizó gran parte del comercio generado en los circuitos comerciales del Mediterráneo centro-occidental, convirtiéndose, por tanto, el puerto de Cádiz en la estación aduanera que controlaba el tráfico naval hacia el Mare Cantabricum, el Mare Britannicum y hacia el Atlántico africano tal y como nos muestra el Periplo de Hannón del que hemos hablado.
A partir de la isla de Mogador (Marruecos) la navegación podía, pues, dirigirse con dirección oeste hacia mar abierto buscando enlazar con las islas Salvajes, para desde ahí arribar por el norte a Las Afortunadas (La Palma, Gomera, Hierro, Tenerife y Gran Canaria), o bien podía seguir una ruta paralela a la costa hasta alcanzar el Cabo de Iuba (actual Cabo Juby), punto desde el cual se adentrarían en alta mar con dirección oeste para contactar con las islas de Las Hespérides (Lanzarote, Fuerteventura y La Graciosa). Así, a partir del siglo VI a.C. los cartagineses trabajaron por reforzar su presencia en esa vertiente del continente africano, fortaleciéndose la ruta de las factorías mediante la fundación de nuevas colonias, el objetivo más evidente encomendado por la ciudad de Cartago al almirante Hannón.
Para Atoche Peña, por tanto, una vez en aguas canarias, el trayecto que seguiría la ruta fenicio-púnica estaría avalado por la existencia de una serie de jalones o puntos de referencia geográficos, que se hallan representados en la actualidad por diferentes vestigios arqueológicos hallados, tales como los hallazgos submarinos de ánforas fenicias, o como las representaciones grabadas en piedra de naves localizadas en puntos costeros del norte de La Palma (El Cercado, Garafía), el sureste de Tenerife (Barranco Hondo), noreste de Fuerteventura (Barranco de Tinojay) o sitios costeros de recalada como El Rubicón (sur de Lanzarote).
Fuentes:
ALBA GÓMEZ, José M. (2026): "Mientras en el Mediterráneo" en Muy Interesante. Historia, nº 177, pp. 30-37, Madrid, 2026.
ATOCHE PEÑA, Pablo y RAMÍREZ RODRÍGUEZ, Mª Ángeles (2011): "El archipiélago canario en el horizonte fenicio-púnico y romano del Círculo del Estrecho (circa siglo X a.n.e. al siglo IV d.n.e.)", en la obra colectiva: Gadir y el Círculo del Estrecho revisados. Propuestas de la arqueología desde un enfoque social, Ed. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2011.
DELGADO DELGADO, José A. (2012): "Canarias en la antigüedad como problema histórico" en Tabona. Revista de prehistoria y de arqueología, nº 19, pp. 9-23, Universidad de La Laguna, 2012.
MEDEROS MARTÍN, Alfredo y ESCRIBANO COBO, Gabriel (2000): "El periplo norteafricano de Hannón y la rivalidad gaditano-cartaginesa de los siglos IV-III a.C." en Gerión. Revista de Historia Antigua, n° 18, pp. 77-107, Universidad Complutense de Madrid, 2000.
Comentarios
Publicar un comentario
¿Qué opinión te merece el artículo? Se agradece dejar un comentario...
Síguenos también: www.instagram.com/guadamoxete2025