Iconografías marianas: Por la ruta de las "Marías" Patronas de Tenerife.

En el presente artículo vamos a repasar, conociendo las distintas iconografías religiosas dedicadas a la figura de la Virgen María, mediante sus advocaciones particulares netamente tinerfeñas, recorriendo, así, los diferentes patronazgos que la Iglesia Católica tiene en algunos de los municipios de la isla de Tenerife, tales como El Rosario, Candelaria, Güímar, Arico, Guía de Isora... donde las advocaciones marianas responden a un hecho histórico o una tradición oral relacionada con la fundación del lugar después de la conquista de Tenerife o donde la denominación de la localidad o comarca tiene también directa correlación con el nombre de la iconografía mariana.

Empezaremos esta particular ruta de las Marías por la zona metropolitana, en el municipio de El Rosario.

1º Nuestra Señora de La Esperanza (El Rosario).

Imagen de Ntra. Sra. de la Esperanza.

La imagen de Nuestra Señora de La Esperanza es la patrona de la Villa y alcaldesa honoraria del municipio de El Rosario, albergada en el templo principal de su capital administrativa, La Esperanza. La imagen de esta Virgen María, data del siglo XVII, y se trata de una valiosa escultura de vestir que preside el altar mayor de la parroquia.

Cartel de la romería dedicada a la 
Virgen de la Esperanza en 2026 en el municipio de El Rosario.

Su romería se celebra cada primer domingo de agosto, cumpliendo en este año 2026 su quincuagésimo (50) aniversario como una de las romerías más emblemáticas de Tenerife.

Aunque la Festividad de Nuestra Señora de La Esperanza es una celebración con un profundo significado religioso y cultural que se conmemora en diversas localidades de España, en Tenerife tiene un significado especial por su origen histórico. Esta festividad rinde homenaje a la Virgen María en su representación de La Esperanza, simbolizando la confianza y la fe en tiempos difíciles.

Fachada de la Iglesia parroquial de 
Ntra. Sra. de La Esperanza, en El Rosario

Según los historiadores, fue el conquistador de Tenerife, el Adelantado Alonso Fernández de Lugo el que le puso su bello nombre en honor del sentimiento de esperanza que pudo experimentar cuando, tratando de escapar de la "matanza de Acentejo", es decir, de la primera batalla de Acentejo donde los castellanos sufrieron una gran derrota frente a las huestes guanches, en el que los conquistadores castellanos habían sido masacrados por los guanches, por lo que, cuando llegó a este punto y logró divisar el campamento castellano de Añazo, tuvo aquella visión que suponía su salvación y la de sus hombres y, por eso, hizo la promesa de levantar allí mismo una ermita en honor de la Virgen de la EsperanzaLa Gran Enciclopedia Virtual de Canarias (GEVIC) recoge la misma explicación: el nombre alude al sentimiento de “esperanza” de los castellanos que escaparon de la batalla y vieron su campamento desde estas medianías.

Desde los inicios del poblamiento del lugar en el siglo XVI existió, en efecto, una ermita consagrada a la Virgen de La Esperanza, que luego la familia Coronado sustituiría por una nueva edificación a mitad de siglo, dedicándola a San Juan Evangelista.

Fue en 1550 cuando un hijo del conquistador Francisco Coronado corre con la responsabilidad de erigir un templo cuya advocación estaría en la figura de San Juan Evangelista, fabricada en "el heredamiento de la fuente del adelantado", según se señala en un documento de 9 de mayo de 1616, obrante en el archivo de la Iglesia de la Concepción de La Laguna. 

Francisco Coronado (1567-1625), el segundo de este nombre, se configura, pues, como el principal terrateniente en la zona y puede considerarse el fundador del pueblo de La Esperanza, pues en 1616 fundaría una ermita en las tierras que tenía junto a la Fuente del Adelantado, que nacería bajo la advocación, como hemos señalado, de San Juan Evangelista y dotada para su mantenimiento con seis ducados anuales.

Celebración de la Romeria de La Esperanza.

Para el año 1676 ya existía en la Fuente del Adelantado un caserío con un aumento considerable del número de vecinos, además de haber ampliado la ermita e introducido el culto a la Virgen de la Esperanza. El licenciado lagunero Juan Nuñez de la Peña en su libro Conquista y Antigüedades de las islas de la Gran Canaria, publicado en ese año, dice del lugar de La Esperanza: "El lugar de La Esperanza está a media legua de la Ciudad [de San Cristóbal de La Laguna], tiene una ermita de Nuestra Señora de La Esperanza, de mucha devoción, sus vecinos son parroquianos de la parroquia de la Concepción de la Ciudad."

En el Libro de Cuentas de la Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza (1794-1843) que se conserva en el citado archivo de la Concepción de La Laguna, se señala que "Las festividades más importantes que se celebran en dicha ermita son las del Día de la Virgen y la de Nuestra Señora de la Esperanza, para lo cual celebra sermón que cuesta 32 reales de vellón, varias octavas y una misa, sin olvidar la devoción que desde un principio se tuvo a la imagen de San Juan Evangelista".

En el año 1929, por resolución del obispo Fray Albino Menéndez Reigada, dicha iglesia, hasta aquel momento simple ermita, adquirió la categoría de parroquia independiente, separándose de la jurisdicción de la parroquia matriz de La Concepción, en San Cristóbal de La Laguna. Desde ese momento el pueblo de La Esperanza pasó a convertirse en el núcleo religioso principal del municipio de El Rosario.

Sobre aquel templo se construiría posteriormente la actual Iglesia de Nuestra Señora de La Esperanza en 1966, un templo de estilo neocolonial, obra del arquitecto Félix Sáenz Marrero, en el que destaca la elegante solución del crucero, así como la Virgen de La Esperanza, una imagen de vestir del siglo XVII, que preside la iglesia, declarada Bien de Interés Cultural (BIC). Igualmente cuenta con unas valiosas pinturas de Miguel Rocha, licenciado en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, como los Cuatro Evangelistas, colocados en el cimborrio de la iglesia, una dedicada a San Juan Evangelista, a San Pedro, a Ntra. Sra. de La Esperanza, así como una pintura de la Virgen de Candelaria que aparece custodiada por tres pastores guanches.

En el año 1964, por decreto del Gobierno de España, el municipio de El Rosario obtiene el título de villa concedido a su núcleo capital, La Esperanza, pues en el caso de El Rosario, se trata del único municipio de Tenerife donde el nombre de su capitalidad no determina el nombre del municipio al que le pertenece. En este caso, el municipio de El Rosario toma el nombre de su patrona, la Virgen del Rosario, que se conserva en la Ermita de Machado, al sureste de la Villa de La Esperanza.

Fuentes:

CATALÁN RAMOS, Joaquín y DÍAZ EXPÓSITO, José Luis (2001): El Rosario. Una historia singular, Ilustre Ayuntamiento de El Rosario, Tenerife, 2001.

GÓMEZ GÓMEZ, Miguel Ángel (2023): "El reparto de tierras y aguas en los términos de El Rosario y La Esperanza, [siglos XVI-XVIII]" en El Rosario. Una mirada a sus hallazgos científicos, pp. 99-127, Ilustre Ayuntamiento de El Rosario, Tenerife, 2023.

Nos vamos ahora por la vertiente sur de la isla de Tenerife, para llegar a la Villa de Candelaria.

2º Nuestra Señora de Candelaria (Candelaria).

Iconografía actual de la Virgen de la Candelaria.

La historia de la Virgen de la Candelaria se remonta al siglo XIV en la isla de Tenerife. Según la tradición, dos pastores guanches encontraron una imagen de la Virgen María con el Niño Jesús en la playa de Chimisay. Este descubrimiento fue considerado un acontecimiento milagroso y la imagen fue venerada por los guanches como símbolo de protección y guía espiritual. Con la llegada de los conquistadores españoles, la devoción a esta figura se fusionó con el cristianismo.

La imagen fue trasladada a la cueva de Achbinico y se construyó una ermita en su honor en el lugar que luego se llamó Candelaria. A lo largo de los años, la devoción a la Virgen creció y se convirtió en una de las advocaciones marianas más importantes del mundo hispano. 

Según cuenta la tradición, un joven llamado Antón Guanche, que había sido tomado como esclavo por los castellanos y había logrado escapar de Lanzarote y regresar a su isla de Tenerife, reconoció en la imagen milagrosa hallada por los guanches del Menceyato de Güímar a la Virgen María. Él, habiendo sido bautizado le relató al mencey de Güímar y a su corte la fe cristiana que él sostenía. Así llegaron a conocer a la Virgen María como “La Madre del sustentador del cielo y tierra” (en lengua guanche: Axmayex Guayaxerax Achoron Achaman) y la trasladaron a la Cueva de Achbinico (hoy Cueva de San Blas) para veneración pública. Esta larga expresión fue abreviada en un nombre divino más sencillo: Chaxiraxi, la deidad madre que sostenía el firmamento. En la tradición guanche, Chaxiraxi se interpreta como “la que carga al Rey del Mundo” o “Madre del Sol”, atributos que reflejan su carácter de diosa madre universal. Con este nombre mezclaban la identidad de María con la de una antigua diosa aborigen: Chaxiraxi, que pasó a ser, para ellos, la forma en que su propia religión abrazaba a la Virgen cristiana. Incluso al niño que la Virgen llevaba en brazos le pusieron un nombre guanche: lo llamaron Chijoraji, considerado hijo de Chaxiraxi en esa interpretación sincrética de la Sagrada Familia.

Desde luego que los guanches veneraban la imagen de la Virgen de la Candelaria en la cueva de Achbinico antes de que la isla de Tenerife fuese conquistada por la Corona de Castilla, y allí mismo se organizó posteriormente su culto después de la conquista, en la que sería conocida como cueva de San Blas.

Facsímil de la primitiva imagen de la Virgen de Candelaria, 
desaparecida en el aluvión del 7 de noviembre de 1826 
que se conserva en la Villa de Adeje.

Terminada la conquista de la isla de Tenerife, en 1497 el Adelantado Alonso Fernández de Lugo, celebró en la Cueva de San Blas la primera Fiesta de las Candelas, coincidiendo ésta con la Festividad de la Purificación de la Virgen, es decir, el 2 de febrero. Considerado este acontecimiento, como el inicio de la devoción cristiana a la advocación mariana de La Candelaria.

El culto a la Candelaria del reino de Güímar fue asumido por todos los grupos étnicos y sociales de la isla de Tenerife, y la razón última de este hecho, sobradamente documentado, ha de buscarse en su marco guanche, por lo que una correcta comprensión de este fenómeno ha de correr pareja con otro que sigue siendo una asignatura pendiente de la historiografía canaria, y que no es otro que el de la pervivencia de la cultura aborigen tras la Conquista, como ha señalado Lorenzo Santana en su estudio La Candelaria de los guanches, la de los agustinos y la de los dominicos. Dos visiones opuestas del culto candelariero.

La fiesta de la Virgen de la Candelaria se celebra el 2 de febrero. Esta fecha conmemora la presentación del Niño Jesús en el Templo y la purificación de María, de acuerdo con la tradición cristiana. Se celebra 40 días después del nacimiento de Jesús. Su origen se basa en dos eventos bíblicos: la Purificación de la Virgen María y la Presentación de Jesús en el templo. Según la tradición judía, las madres debían esperar 40 días después del parto para presentar a sus hijos en el templo, realizando una ofrenda. 

Pues bien, en la villa de Candelaria, durante esta festividad del 2 de febrero, miles de fieles y peregrinos se congregan en la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria para rendir homenaje a la Virgen y participar en las ceremonias religiosas y actividades festivas que se llevan a cabo en su honor. Esta fiesta es una ocasión significativa para los canarios y para todos aquellos que profesan devoción hacia ella. 

Procesión de la Virgen de Candelaria.

Además, durante el mes de agosto, por la festividad de la Asunción de la Virgen María (15 de agosto) se celebran igualmente diversos eventos culturales y folclóricos, como conciertos, bailes típicos, ferias artesanales y muestras gastronómicas, con la procesión de las candelas, la ofrenda y la ceremonia de los guanches. La fiesta de agosto es multitudinaria y popular, con miles de peregrinos llegados desde todos los rincones de la isla de Tenerife.

La Real Basílica de Candelaria y los menceyes guanches 
del artista José Abad, en una imagen creada por I.A. (Revista Isidora).

Fue declarada Patrona Principal del Archipiélago Canario por decreto de la Sagrada Congregación de Ritos del 12 de diciembre de 1867 y coronada canónicamente el 13 de octubre de 1889, aunque ya en 1599 había sido declarada Patrona General de las islas Canarias por el papa Clemente VIII. Su santuario en Candelaria recibió el título de Real Basílica y ha sido enriquecido a lo largo de los siglos, convirtiéndose en centro de peregrinación anual cada 2 de febrero (fiesta de la Candelaria) y especialmente cada 15 de agosto, día en que miles de peregrinos de todas las islas acuden a rendir homenaje a La Morenita (apodo cariñoso que alude al color moreno de la imagen original).

Hoy en día, la Virgen de la Candelaria no solo es la patrona religiosa sino también uno de los grandes símbolos identitarios de las islas Canarias. Su imagen –lamentablemente, la talla original del siglo XIV desapareció en el histórico aluvión de 1826 y fue reemplazada por otra semejante– preside la devoción popular más concurrida del archipiélago. 

La imagen actual de la Virgen de Candelaria es una escultura de vestir, una talla policromada de 1827, obra del artista tinerfeño Fernando Estévez de Salas, que sustituyó a la talla gótica original que desapareció en el citado aluvión de 7 de noviembre de 1826.

La historia de su encuentro con los guanches se mantiene viva en la memoria colectiva y en escenificaciones culturales: cada mes de agosto, la Representación Guanche del hallazgo atrae a cientos de peregrinos y curiosos, recordando cómo unos pastores aborígenes y un mencey tinerfeño fueron los primeros en venerar a la Virgen en aquella playa solitaria de Chimisay. En palabras de historiadores locales, “no se puede hablar de la Virgen sin mencionar a los guanches”, y viceversa, pues su leyenda fundacional entrelaza ambas herencias. La Virgen de la Candelaria, para los canarios, encarna, pues, ese sincretismo fecundo entre la fe ancestral y la fe adoptada.

Fuentes:

ESPINOSA, Alonso de (1594): Historia de Nuestra Señora de Candelaria (Introducción de Alejandro Cioranescu), Goya Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 1980. 

RODRÍGUEZ MOURE, José (1913): Historia de la devoción del pueblo canario a Ntra. Sra. de Candelaria, Cabildo Insular de Tenerife-Ayuntamiento de Candelaria, 1991.

RODRÍGUEZ MORALES, Carlos (Dirección científica) (2009): Vestida de sol. Iconografía y memoria de Nuestra Señora de Candelaria, Caja General de Ahorros de Canarias, San Cristóbal de La Laguna, 2009.

Una curiosa derivada histórica y religiosa de la advocación de La Candelaria la encontramos en la Virgen del Socorro en Güímar.

3º Nuestra Señora del Socorro (Güímar).

Caserío de El Socorro, en la costa de Güímar.

La fiesta de Nuestra Señora del Socorro en Güímar es una de las romerías más antiguas de Canarias, celebrada anualmente el 7 de septiembre. Incluye una procesión desde la Iglesia parroquial de San Pedro hasta la ermita en El Socorro, la representación de la aparición de la virgen en la playa de Chimisay y la "subida" de regreso el 8 de septiembre. Sus actos principales son los siguientes:

- 7 de septiembre (Bajada de la Virgen): Se celebra la romería con la imagen de la Virgen bajando desde el casco de Güímar hasta la ermita en El Socorro. El trayecto de unos 6 kilómetros recorre el Camino del Socorro, con peregrinos, carrozas y música.

Por la tarde, en El Socorro, se recrea la aparición de la Virgen a los guanches en la playa de Chimisay.

- 8 de septiembre (Subida de la Virgen): La imagen de la Virgen regresa en procesión desde la ermita de El Socorro hasta la Iglesia de San Pedro en el casco de Güímar. A la altura de La Asomada, comienza el tradicional juego del "Pares o nones".

Romería Bajada del Socorro el 7 de septiembre.

El padre Espinosa asegura en 1590 que "por memoria deste aparecimiento [en Chimisay o El Socorro], pusieron después los cristianos una cruz que hoy está en pie, y un poco más adelante fundaron una pequeña ermita, que llamaron del Socorro" (...) que siempre ha sido venerada y frecuentada, aunque no reparada, pues hoy está caída". A lo que Antonio de Viana, en el canto XVI de su Poema, aludiendo a la misma ermita del Socorro o lugar de aparición de la imagen de la Virgen María, solo un decenio después del padre Espinosa, asegura que el conquistador Alonso Fernández de Lugo lo había visitado en 1496 al ir a Güímar: "y vio el barranco y sitio venturoso donde apareció la Santa Imagen, y adonde se fundó por su memoria una ermita llamada del Socorro que nuevamente se ha reedificado."

Como hemos afirmado en 1993 en la obra colectiva titulada Naturaleza, historia y tradición en El Socorro de Güímar, estamos convencidos que la iniciativa de erigir esa ermita como templo en las playas de Chimisay, pertenece a una raíz popular, de base netamente feligrés, directamente vinculada a los naturales que habitaban el Valle de Güímar a finales del siglo XV, celosos guardianes de la tradición aborigen que significó la aparición de la Virgen de la Candela en el ya lejano tiempo guanche. A nuestra manera de ver, la erección de la Ermita del Socorro tuvo un origen humilde y popular -podríamos decir, incluso, indígena-, a impulso de los guanches cristianizados que habitaban el Valle de Güímar en los primeros años de la postconquista de Tenerife, con el apoyo, como sabemos, muy decidido en los últimos siglos, de los Beneficiados de la Parroquia de San Pedro en Güímar, y como no, de las numerosas mandas testamentarias de las familias hacendadas de la comarca a favor de la reedificación de su fábrica, en los tiempos en que estuvo derruida, como vemos en el testamento de doña Argenta de Franquis, viuda de Pedro de Alarcón, señor del Heredamiento de Güímar, y vecina del lugar de Güímar de Arriba en 1595, en el cual manda "otras seis doblas para la reedificación de la hermita de Ntra. Señora del Socorro".

Cartel de las Fiestas del Socorro 2025.

Por su parte, Javier Eloy Campos Torres, igualmente opina que la historia de Nuestra Señora de El Socorro "es la de una devoción humilde pero constante, que desde sus orígenes ha estado relacionada con la gente sencilla. Ya en las primeras referencias a la advocación del padre Espinosa, se da cuenta de la humildad de la fundación de su Ermita. Este fraile dominico pudo hacer una de las primeras crónicas, gracias a que aún vivían algunos miembros de familias guanches herederos directos de los protagonistas de la aparición."

Se trata, en efecto, de una fundación inusual en la que no se menciona a un fundador poderoso o corporación patrocinadora. Fray Alonso de Espinosa únicamente puede decir que la ermita la hicieron: los cristianos, es decir, el pueblo más llano de estos contornos. Otra cita que llama mucho la atención a Javier Eloy es la que constituye el acta fundacional de la antigua Cofradía de El Socorro en 1643. Una cita relevante en la historia de la devoción a la imagen, en la cual el propio párroco de San Pedro, el bachiller Juan Díaz Lugo, nos dice que: “…habiéndose hallado presentes en dicha ermita muchos vecinos de Güímar a celebrar una fiesta que se acostumbra a hacer el día de la Espectación de la Virgen N. Sra., la cual hicieron y ofrecieron por las necesidades de agua que había en las sementeras, y yo el Bachiller Juan Díaz de Lugo, Beneficiado de estas Parroquiales de San Pedro de Güímar y Santa Ana de Candelaria, estando todos juntos en la puerta de dicha ermita les convoqué y junté y les hice una plática diciéndoles y aconsejándoles que nombrasen a N. Sra. de El Socorro por su abogada para que fuese intercesora con su hijo precioso y les socorra en sus necesidades y en particular en sus sementeras...”

Esta cita es sumamente significativa porque durante siglos, ese va a ser el único título de la imagen más venerada para los habitantes del Valle de Güímar: "protectora o abogada de las sementeras", no era ni siquiera patrona de la Parroquia de San Pedro, jamás se le hizo nombramiento oficial de copatrona de Güímar, no tuvo otros honores hasta una fecha tan reciente como 1993, cuando se la nombra Alcaldesa Honoraria y Perpetua del municipio. 

Por otra parte, debemos en este punto citar a uno de los más fieles devotos de la Virgen, el Doctor Agustín Díaz Núñez, un güimarero que llegó a ser párroco de San Pedro, su parroquia de bautismo y que, andando el tiempo, llegaría a ser primer Arcipreste del Sur de Tenerife. Don Agustín Díaz Núñez, que fue Mayordomo de El Socorro, ha sido el güimarero que más ha hecho por su devoción, interviniendo directamente en cuestiones tan importantes y decisivas como el cambio de fecha definitivo de la fiesta, que en su época consiguió trasladar del 26 de diciembre, fecha inicial de su celebración, al actual 8 de septiembre que se mantiene. 

Desde antiguo, aunque no había tradición de una romería anual, cuando las plagas de langosta o la sequía azotaban el pueblo de Güímar, se tenía la costumbre de subir hasta la parroquia a la Virgen desde las playas de Chimisay, para la realizar novenarios de rogativas, cuestión que Don Agustín aprovechó e incluso fomentó. En 1842 el mencionado párroco Díaz Núñez se dirigió a Monseñor Luis Folgueras y Sión, primer obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, solicitando permiso para organizar la subida de la Virgen de El Socorro hasta la Parroquia de San Pedro, a fin de realizar un novenario de rogativa, cuestión que se le concedió. En otro texto, el mismo Don Agustín nos indica que: “…En tiempo de seca hay costumbre de trasladar esta Imagen a la primera ermita de la entrada del Pueblo, y de ella a la Parroquia en procesión solemne…” 

Momento del inicio de la Bajada, 
el 7 de septiembre, en la Plaza de San Pedro, en Güímar.

Hasta finales del siglo XIX la imagen de El Socorro permaneció en su Ermita de la costa, pero hoy la encontramos de manera permanente en el templo parroquial de San Pedro Apóstol. Durante años se ha buscado el motivo de este cambio de ubicación de la imagen en los azarosos tiempos de la Guerra de Cuba (1898). Mientras se desarrollaba la contienda en las colonias de ultramar entre España y los Estados Unidos, comenzó a circular el rumor de que la flota de aquella potencia pensaba dirigirse a las islas Canarias para su invasión u ocupación. Dicho rumor se tomó con cautela y en consecuencia se atrincheraron destacamentos de tropas del Ejército español en las costas de las islas. La Ermita de El Socorro sirvió de alojamiento improvisado a un grupo de oficiales y soldados de Artillería. Por tanto, ese ha sido el motivo que se ha señalado para explicar que la Virgen fuera desde ese momento subida a San Pedro y permaneciera allí durante el año, no obstante hay indicios, apuntados por el Cronista Oficial Octavio Rodríguez Delgado, de que ya existía la costumbre de que permaneciera en el pueblo de Güímar por largas temporadas con anterioridad a 1898.

Como hemos indicado, fue el día 5 de septiembre de 1993 cuando se realizó el solemne nombramiento de la Virgen de El Socorro como Alcaldesa Honoraria y Perpetua por el Ayuntamiento de Güímar. Este acontecimiento se convirtió en una verdadera manifestación multitudinaria en dicha Ciudad. Un emocionado Domingo Chico, el maestro y poeta natural de Fasnia, fue el encargado de representar a todo el pueblo de Güímar para dirigir una oración a la Virgen, y lo hizo en forma de poema entre cuyos versos destacaba uno en el que le pedía: “Madre, dame tu candela”.

Según ha podido estudiar la imagen Juan Manuel Pérez González, la de la Virgen del Socorro se trata de una imagen barroca de autor desconocido, tallada en madera con bastante naturalidad y perfección artística, y que fue realizada específicamente para la Ermita de El Socorro. La fecha exacta de su llegada se desconoce, pero en el año 1643 ya se citaba como imagen que se hallaba en este templo. Iconográficamente representa a una Virgen de la Candelaria, pero con variaciones a la hora de sostener el niño y la candela. Destaca la decoración a base de letras y motivos florales en la falda, que se realzan sobre el fondo rojo.

Imagen del rostro de la Virgen y el Niño.

En la actualidad la Virgen muestra una corona rematada en un ave, y la del Niño en una cruz. Dos ramas de albahaca, una con flor y otra sin flor propiedad de Manolo Medina y Conchita Delgado, sirvieron de inspiración al orfebre de Córdoba cuando elaboró la corona que se bendijo en la Coronación Canónica de la Virgen del Socorro el 19 de octubre de 2008.

Aunque la Virgen fue restaurada en 1967 por Ezequiel de León, ya había sufrido otra restauración en 1945, realizada por el escultor Jesús María Perdigón Salazar. La última restauración tuvo lugar en el año 2004 debido al deterioro ocasionado por el paso del tiempo. Los trabajos fueron realizados por la restauradora de obras de arte, la güimarera Elisa Campos Domínguez.

Fuentes:

ÁLVAREZ DELGADO, Juan (1977): "Los lugares históricos de Chimisay y Chinguaro, sitios en el Término municipal de la Ciudad de Güímar (isla de Tenerife)" en Naturaleza, historia y tradición en El Socorro de Güímar, pp. 15-24, Editorial Benchomo, Santa Cruz de Tenerife, 1993.

CASTRO SIMANCAS, Pedro Rubens (1993): "Contribución al estudio de la Fábrica de la Ermita del Socorro, a la luz del Derecho eclesiástico. Su declaración de Bien de Interés Cultural" en Naturaleza, historia y tradición en El Socorro de Güímar, pp. 207-228, Editorial Benchomo, Santa Cruz de Tenerife, 1993.

4º Nuestra Señora de Abona (Arico).

El santuario de la Virgen de Las Mercedes
situado en la Punta de Abona (litoral de Arico).

La Virgen de Abona es la patrona del sur de Tenerife y del municipio de Arico. Además es la alcaldesa perpetua de este municipio. La festividad de Nuestra Señora de Abona es una de las celebraciones religiosas más significativas del sur de la isla de Tenerife, especialmente para las comunidades vinculadas al antiguo menceyato de Abona. Esta advocación mariana representa un profundo símbolo de fe, protección y arraigo histórico, siendo venerada como patrona por numerosos fieles de la comarca.

Imagen de la Virgen de Abona.

Arico constituía el sector más septentrional del Menceyato de Abona, de manera que la comunidad prehispánica se asentaba en pequeños poblados de cuevas en los principales barrancos del territorio por sus condiciones ecológicas y de disponibilidad de agua. Tras la conquista, familias castellanas y portuguesas, así como algunos pobladores procedentes de Gran Canaria, se establecieron en este lugar, fusionándose con los guanches supervivientes y perpetuando el modelo pastoril que había caracterizado a la etapa prehistórica. Este proceso de transculturación entre el mundo aborigen y el europeo tiene su reflejo en la temprana construcción de la ermita de Nuestra Señora de las Mercedes en la Punta de Abona, a principios del siglo XVI hasta su destrucción a raíz de los ataques de piratas argelinos acontecidos en el año 1721.

Aunque la colonización de Arico comienza inmediatamente después de finalizada la conquista, el núcleo de Lomo de Arico no se establece hasta finales del siglo XVI, habiendo sido fundado por, entre otros vecinos, el Capitán Juan González Gómez. La consolidación del núcleo comienza a raíz de la construcción de una ermita dedicada a San Juan Bautista en 1603.

En cuanto al origen de la advocación de la Virgen de Abona, según las crónicas y la tradición, la imagen de la Virgen apareció en El Caletón o Playa Grande en la Punta de Abona, zona de El Porís, en septiembre de 1722. Su historia comenzó con el hallazgo de la talla cerca del mar un año después del citado ataque pirata, y su posterior traslado al Lomo de Arico, a la iglesia parroquial de San Juan. La imagen, pues, de la Virgen de Abona fue encontrada junto al océano Atlántico tras el citado saqueo de la ermita de Nuestra Señora de las Mercedes en la Punta de Abona por piratas argelinos. Por ello no deben confundirse ambas advocaciones, la de la Virgen de Abona con Nuestra Señora de las Mercedes, aunque aparecidas ambas en la misma playa de la Punta del Porís, del litoral de Arico.

Desde los primeros momentos, según cuenta Domingo Martínez de la Peña en su Historia de Arico, el obispo de Canaria don Lucas Conejero de Molina decretó que se le rindiera un culto especial, bajo la advocación de Nuestra Señora del Mar, denominación oficial mantenida durante mucho tiempo, si bien devocionalmente conocida por el pueblo desde muy antiguo como la Virgen de Abona.

En el año 1761, la figura se llevó a la Iglesia de San Juan Bautista en el Lomo de Arico para protegerla mejor y desde ese momento pasó a llamarse Nuestra Señora de Abona, con la celebración de su festividad para el 8 de septiembre anual y que hoy constituye la celebración más importante del calendario de fiestas del municipio de la Villa de Arico.

Se trata de una bella talla gótica policromada de 40 cm de la Virgen María con el Niño Jesús en el brazo izquierdo y un ramo de azucenas en el derecho. 

Como decimos, la talla recibió originalmente la advocación de Nuestra Señora del Mar, en honor al haber sido hallada a la vera del océano Atlántico, en la Punta del Porís, pues la imagen apareció en un momento de trascendental importancia para los vecinos del lugar, pues el año anterior había acontecido ese saqueo de la Ermita de Nuestra Señora de las Mercedes a manos de piratas argelinos, como hemos dejado anotado. 

Cartel de las Fiestas Lustrales celebradas en 2016.

Con motivo de la desaparición de la Virgen de Candelaria de los guanches en 1826, Nuestra Señora de Abona conoció un gran incremento devocional, llegando en un momento a ser la imagen mariana más importante del Sur de Tenerife, en abierta lucha interparroquial, por esta primacía, con la Virgen del Socorro de Güímar.

La devoción a la Virgen de Abona creció, en efecto, en toda la comarca y en general, en todo el sur de la isla de Tenerife, hecho que derivó en la declaración de la Virgen como patrona del sur de Tenerife y del municipio de la Villa de Arico. Del fomento de su culto se preocupó mucho su mayordomo don Diego de Torres y Delgado Trinidad, que encargó estampas grabadas para dar a los peregrinos entre los años 1846 y 1853. Posteriormente, el 20 de abril de 1961 se le otorgó también el título de Alcaldesa Perpetua de este municipio sureño.

Cartel de las Fiestas de la Virgen de Abona 2025.

Su festividad se celebra cada 8 de septiembre, día en que la Iglesia católica celebra la Natividad de la Virgen María. Sus fiestas siempre fueron muy concurridas por gentes del sur de la isla, hasta el punto que llegó a ser durante un tiempo, la peregrinación y romería más importante del sur de Tenerife, compitiendo con la Virgen de Candelaria y la Virgen del Socorro en devoción popular.

En la actualidad, además de su fiesta anual, cada cinco años en el mes de septiembre se celebran las Fiestas de la Bajada de la Virgen de Abona. Esta fiesta consiste en el traslado en multitudinaria romería de la pequeña imagen desde la Parroquia de San Juan Bautista, en el Lomo de Arico hasta la Ermita de Nuestra Señora de las Mercedes en La Punta de Abona, lugar en donde la Virgen pasa la noche. Al día siguiente, la venerada escultura mariana regresa de nuevo a su templo de San Juan Bautista.

Fuentes:

MARTÍNEZ DE LA PEÑA Y GONZÁLEZ, Domingo (1991): Historia de Arico, Ilustre Ayuntamiento de la Villa de Arico, Tenerife, 1991.

Por la vertiente suroeste de Tenerife, encontramos la veneración de la Virgen de Nuestra Señora de la Luz, en Guía de Isora.

5º Nuestra Señora de la Luz (Guía de Isora).

Ntra. Sra. de la Luz, patrona de Guía de Isora.

La Virgen de la Luz es la patrona de Guía de Isora, una valiosa talla de la escuela de Fernando Estévez que se venera en la histórica Iglesia de Nuestra Señora de la Luz.

Portada del programa de las fiestas 
dedicadas a la Virgen de la Luz del año 2025.

El malpaís de Isora, por sus condiciones inhóspitas no era un lugar aceptable para el asentamiento humano, ni antes ni después de la conquista, aunque en esta época comienza a tener protagonismo, ya que gracias a su accidentado terreno, profundos barrancos y densos pinares, lo concierten en guarida perfecta para los aborígenes que quieren perpetuar su forma de vida, guanches alzados y huidos de la justicia establecida.

Junto a esta población, se establece al sur del malpaís el primer núcleo de colonos de procedencia gomera en las tierras conocidas como La Guerguera o Barranco de la Guerguera (actual caserío de El Pozo), dando lugar al primer asentamiento de población no aborigen junto a un bien tan escaso como el agua.

El caserío de El Pozo es un pequeño y histórico núcleo rural en Guía de Isora, situado cerca de Tejina de Isora, famoso por ser el primer asentamiento de colonos no aborígenes en la zona y por conservar un valioso nacimiento de agua tradicional. Su nombre viene de un antiguo naciente de agua junto a la plaza de la Iglesia que sirvió para dar vida a la comunidad.

Todavía en 1558, Juan de Bonilla dice que “es tierra despoblada, si no es alguna cueva o choza donde mora alguien y tiene ganado cabruno u ovejuno”.

Posteriormente, continuarán los aportes de pobladores procedentes del Norte de la isla, que se dedican a diferentes actividades económicos como colmeneros, productores de pez (tenemos constancia actualmente de la existencia de varios hornos para su extracción), o por actividades ganaderas.

El hallazgo de la Virgen de la Luz y la posterior construcción de una ermita en su honor, incrementan el desarrollo del poblado de Guía a lo largo del siglo XVI. Al parecer su hallazgo ocurrió un 28 de mayo de dicha centuria y desde esa fecha consagrada a la advocación de la Virgen de la Luz, encontrada en el paraje conocido como el Malpaís de Isora. Debido a la intemperie, la pieza estaba muy castigada por el clima y apenas revelaba la forma de la advocación mariana que representaba, pero el júbilo de los pobladores motivó el nombramiento de la imagen como patrona del lugar y el levantamiento de un templo primitivo, su primera ermita dedicada a Nuestra Señora de la Luz, cambiando el nombre del pago, del antiguo topónimo guanche de Isora por el de Guía, aunque el municipio toma oficialmente el nombre completo actual de Guía de Isora por real decreto de 27 de junio de 1916, para diferenciarlo de otros pueblos homónimos.

Según cuenta el sacerdote güimarero Agustín Díaz Núñez en su Memoria cronológica de la Religión Católica en las islas Canarias, publicada en 1865, fue a solicitud de su vecindario y previa autorización obtenida del obispo de Canaria Don Pedro Manuel Dávila y Cárdenas, quien gobernó la Diócesis entre 1731 y 1738, cuando mediante decreto del 15 de septiembre de 1737, dicho pago de Guía fue desmebrado del de Valle de Santiago y erigido en parroquia propia, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Luz de Guía, que fue instalada en su ermita de dicho lugar.

La pequeña imagen de Ntra. Sra. de la Luz esculpida 
por el imaginero Ezequiel de León en 1958.

La imagen original de Nuestra Señora de la Luz recibió la coronación canónica el 16 de septiembre de 1956, y unos años más tarde, en 1958, previo encargo de la Parroquia, el escultor Ezequiel de León (1926-2008) realizó una réplica más pequeña encargada para las procesiones. Sin embargo, dicha escultura de la Virgen de la Luz, dejó de procesionarse, se estropeó y el párroco de entonces, Sebastián Afonso se la donó a un feligrés de la zona que hace unos años la ha devuelto restaurada y con ajuar. Según consta en los archivos parroquiales, esta réplica reducida de la Virgen de la Luz fue, en efecto, un encargo al prestigioso escultor orotavense Ezequiel de León, tras la coronación canónica de la imagen oficial en 1956. La réplica de menor tamaño tenía la misión de sacarse en procesiones y evitar que la grande se deteriorara.

Fuentes:

SANTANA, Aldara (2022): Isora. Nuestra historia, LeCanarien Ediciones-Ayuntamiento de Guía de Isora, Tenerife, 2022.

Finalizamos esta ruta mariana por las "Marías", patronas de Tenerife, en el norte, en la localidad de La Victoria de Acentejo.

6º Nuestra Señora de la Victoria (La Victoria de Acentejo).

Imagen de Ntra. Sra. de la Victoria.

A principios del siglo XVI, con el asentamiento de los primeros colonos en el territorio de Acentejo (norte de Tenerife), la tradición revela la creación de una ermita, siguiendo una promesa de Alonso Fernández de Lugo (c. 1456-1525). Así lo deducimos, desde el punto de vista del sacerdote José Rodríguez Moure (1855-1936), el cual relaciona cuatro santuarios marianos, con la intervención fundacional directa, por parte de Alonso Fernández de Lugo: Nuestra Señora de la Concepción, Nuestra Señora de los Remedios, Nuestra Señora de Gracia y Nuestra Señora de la Victoria. Las tres primeras en San Cristóbal de La Laguna, y la cuarta en la Victoria de Acentejo. Sin embargo, en la documentación antigua de la parroquia, no aparece este origen; posiblemente por descuido, o por la pérdida de la escritura.

En efecto, según cuenta Leonardo Delgado en su Blog en línea, el 25 de diciembre de 1495, el conquistador Alonso Fernández de Lugo, entró en la comarca de Acentejo y luchó contra los guanches. Venció a los aborígenes, en la denominada Segunda Batalla de Acentejo. En recuerdo de este suceso bélico, se nombró a este lugar: La Victoria. El historiador Espinosa lo cuenta de este modo: “Esto era así, porque, viendo los (…) guanches que ya los españoles se apoderaban de la tierra, y que les faltaba mucha gente, (…) quisieron probar fortuna (…); y así convocándose y juntándose de todas partes (…), presentaron la batalla a los nuestros, día señalado de la Natividad del Hijo de Dios, el año del mil y cuatrocientos y noventa y cinco. Y habiéndose los nuestros (…) prevenido la noche antes de lo necesario, (…), poniéndose en un sitio el gobernador, con parte de la caballería y peones, y en otro Lope Hernández de la Guerra con el resto de la gente. / Pelearon los unos y los otros valentísimamente, (…) Al fin, habiendo peleado la mayor parte del día, la victoria se decantó por nuestra parte y los naturales fueron desbaratados y vencidos, muriendo muchos (…); y en agradecimiento (…) fundaron en el propio lugar una ermita, que la llamaron Nuestra Señora de la Victoria”.

La promesa del conquistador finalmente se llevó a cabo, con la creación de una ermita en 1537 bajo la advocación de Nuestra Señora de la Victoria, pero la iglesia como tal no se construyó hasta 1581 año en el que se incendió la ermita, procediendo al levantamiento de un nuevo templo. De manera que, habría que esperar al 22 de marzo de 1537,  a la generosidad de Gonzalo de Salamanca y de otros vecinos de la zona, para concertarse la edificación de una iglesia, más bien, una nueva ermita, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Victoria (también nominada como Nuestra Señora de los Ángeles), a la cual dotaron sus bienes. Comprensiblemente este nuevo santuario vendría a sustituir, a la primera ermita humilde y desaparecida de la época del conquistador Fernández de Lugo. Hay que tener en cuenta, que Gonzalo había sido muy agraciado, en el reparto de tierras del Adelantado. 

El templo consistía en una nave, capilla mayor y sacristía. Pero lamentablemente, sería pasto de las llamas, en la década de los ochenta del siglo XVI. No lográndose salvar nada. Entonces, se llevaría a cabo una reconstrucción, que recuperaría su dimensión anterior. Volviendo a estar en funcionamiento en 1591.

Cartel de las Fiestas de La Victoria de Acentejo bajo la advocación 
de Ntra. Sra. de la Encarnación, año 2013.

Tras el incendio y la reconstrucción de la nueva Parroquia se generan ciertas dudas acerca de su verdadera advocación, siendo a partir de 𝟏𝟕𝟕𝟏 cuando de repente empieza a aparecer como 𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞𝐧̃𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐄𝐧𝐜𝐚𝐫𝐧𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 generándose así una gran 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐮𝐬𝐢𝐨́𝐧 desde entonces. Es tal la 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐮𝐬𝐢𝐨́𝐧 que la Iglesia de La Victoria de Acentejo ha pasado por 𝐝𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐨𝐬 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞𝐬 𝐫𝐞𝐠𝐢𝐬𝐭𝐫𝐚𝐝𝐨𝐬:

• En 𝟏𝟓𝟕𝟖 “Parroquia de 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐕𝐢𝐜𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚”.
• En 𝟏𝟕𝟕𝟏 “𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚 𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐌𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐒𝐚𝐧𝐭í𝐬𝐢𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐕𝐢𝐜𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚”.
• En 𝟏𝟕𝟖𝟎 “𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚 𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐒𝐚𝐧𝐭í𝐬𝐢𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐕𝐢𝐜𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚”.
• En 𝟏𝟕𝟖𝟖 “𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐄𝐧𝐜𝐚𝐫𝐧𝐚𝐜𝐢ó𝐧”.
• En 𝟏𝟖𝟎𝟎 “𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐄𝐧𝐜𝐚𝐫𝐧𝐚𝐜𝐢ó𝐧 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐕𝐢𝐜𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚”.
• En 𝟏𝟖𝟏𝟑 “𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐕𝐢𝐜𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚”.
• En 𝟏𝟖𝟒𝟗 “𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐨𝐬 Á𝐧𝐠𝐞𝐥𝐞𝐬”.
• Y ya desde el año 𝟏𝟖𝟓𝟎 hasta nuestros días “𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐄𝐧𝐜𝐚𝐫𝐧𝐚𝐜𝐢ó𝐧”.
No hay duda de que la imagen “𝐑𝐞𝐢𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 Á𝐧𝐠𝐞𝐥𝐞𝐬” existente en dicho templo, es una advocación dedicada a “𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐕𝐢𝐜𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚”, solo basta con observar su imagen ostentando en su mano derecha el estandarte de plata símbolo de las victorias y en segundo lugar viendo el niño que sujeta con su mano izquierda, ya que una advocación de la Encarnación no debería de llevar al Niño Jesús en sus brazos.

Nuestra Señora de la Victoria es una imagen de vestir, de finales del siglo XVI, de especial belleza, con su encantador Niño Jesús. La Patrona muestra un estandarte triunfal, en su mano derecha. El 2 de septiembre de 1998, fue declarada: “Alcaldesa Honoraria” de La Victoria de Acentejo; recibiendo la vara y un escudo de plata, por mediación del alcalde Alfonso Fernández García (1929-2014). El primer regidor de la etapa democrática, que se preocupó, por la defensa del nombre primitivo de Nuestra Señora de la Victoria; haciendo frente, así, a la advocación de "Nuestra Señora de la Encarnación" que parece que defiende en la actualidad la Diócesis.

Fachada de la Iglesia parroquial de La Victoria de Acentejo, .

Por último, señalar que por un decreto de 20 de diciembre de 1985, el Gobierno de Canarias declaró monumento histórico-artístico de interés para la Comunidad Autónoma de Canarias: la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, en La Victoria de Acentejo, en el puesto número 13, del listado de monumentos meritorios. Más tarde, por un nuevo decreto de 12 de junio de 2014, modificó la categoría del Bien de Interés Cultural: “Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria”, por la de Monumento, al que se vinculan los bienes muebles, delimitando, además, su entorno de protección.

Fuentes:

DELGADO, Leonardo: Espacio Historia del Arte, Blog en línea. La Victoria de Acentejo, Tenerife, 2010-2019.

Pedro R. Castro Simancas, 01.08.2026.
Festividad de San Ethelwoldo.

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