Iconografías marianas: Por la ruta de las "Marías" Patronas de Tenerife.
En el presente artículo vamos a repasar, conociendo las distintas iconografías religiosas dedicadas a la figura de la Virgen María, mediante sus advocaciones particulares netamente tinerfeñas, recorriendo, así, los diferentes patronazgos que la Iglesia Católica tiene en algunos de los municipios de la isla de Tenerife, tales como El Rosario, Candelaria, Güímar, Arico, Guía de Isora... donde las advocaciones marianas responden a un hecho histórico o una tradición oral relacionada con la fundación del lugar después de la conquista de Tenerife o donde la denominación de la localidad o comarca tiene también directa correlación con el nombre de la iconografía mariana.
Empezaremos esta particular ruta de las Marías por la zona metropolitana, en el municipio de El Rosario.
1º Nuestra Señora de La Esperanza (El Rosario).
La imagen de Nuestra Señora de La Esperanza es la patrona de la Villa y alcaldesa honoraria del municipio de El Rosario, albergada en el templo principal de su capital administrativa, La Esperanza. La imagen de esta Virgen María, data del siglo XVII, y se trata de una valiosa escultura de vestir que preside el altar mayor de la parroquia.
Su romería se celebra cada primer domingo de agosto, cumpliendo en este año 2026 su quincuagésimo (50) aniversario como una de las romerías más emblemáticas de Tenerife.
Aunque la Festividad de Nuestra Señora de La Esperanza es una celebración con un profundo significado religioso y cultural que se conmemora en diversas localidades de España, en Tenerife tiene un significado especial por su origen histórico. Esta festividad rinde homenaje a la Virgen María en su representación de La Esperanza, simbolizando la confianza y la fe en tiempos difíciles.
Según los historiadores, fue el conquistador de Tenerife, el Adelantado Alonso Fernández de Lugo el que le puso su bello nombre en honor del sentimiento de esperanza que pudo experimentar cuando, tratando de escapar de la "matanza de Acentejo", es decir, de la primera batalla de Acentejo donde los castellanos sufrieron una gran derrota frente a las huestes guanches, en el que los conquistadores castellanos habían sido masacrados por los guanches, por lo que, cuando llegó a este punto y logró divisar el campamento castellano de Añazo, tuvo aquella visión que suponía su salvación y la de sus hombres y, por eso, hizo la promesa de levantar allí mismo una ermita en honor de la Virgen de la Esperanza. La Gran Enciclopedia Virtual de Canarias (GEVIC) recoge la misma explicación: el nombre alude al sentimiento de “esperanza” de los castellanos que escaparon de la batalla y vieron su campamento desde estas medianías.
Desde los inicios del poblamiento del lugar en el siglo XVI existió, en efecto, una ermita consagrada a la Virgen de La Esperanza, que luego la familia Coronado sustituiría por una nueva edificación a mitad de siglo, dedicándola a San Juan Evangelista.
Fue en 1550 cuando un hijo del conquistador Francisco Coronado corre con la responsabilidad de erigir un templo cuya advocación estaría en la figura de San Juan Evangelista, fabricada en "el heredamiento de la fuente del adelantado", según se señala en un documento de 9 de mayo de 1616, obrante en el archivo de la Iglesia de la Concepción de La Laguna.
Francisco Coronado (1567-1625), el segundo de este nombre, se configura, pues, como el principal terrateniente en la zona y puede considerarse el fundador del pueblo de La Esperanza, pues en 1616 fundaría una ermita en las tierras que tenía junto a la Fuente del Adelantado, que nacería bajo la advocación, como hemos señalado, de San Juan Evangelista y dotada para su mantenimiento con seis ducados anuales.
Para el año 1676 ya existía en la Fuente del Adelantado un caserío con un aumento considerable del número de vecinos, además de haber ampliado la ermita e introducido el culto a la Virgen de la Esperanza. El licenciado lagunero Juan Nuñez de la Peña en su libro Conquista y Antigüedades de las islas de la Gran Canaria, publicado en ese año, dice del lugar de La Esperanza: "El lugar de La Esperanza está a media legua de la Ciudad [de San Cristóbal de La Laguna], tiene una ermita de Nuestra Señora de La Esperanza, de mucha devoción, sus vecinos son parroquianos de la parroquia de la Concepción de la Ciudad."
En el Libro de Cuentas de la Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza (1794-1843) que se conserva en el citado archivo de la Concepción de La Laguna, se señala que "Las festividades más importantes que se celebran en dicha ermita son las del Día de la Virgen y la de Nuestra Señora de la Esperanza, para lo cual celebra sermón que cuesta 32 reales de vellón, varias octavas y una misa, sin olvidar la devoción que desde un principio se tuvo a la imagen de San Juan Evangelista".
En el año 1929, por resolución del obispo Fray Albino Menéndez Reigada, dicha iglesia, hasta aquel momento simple ermita, adquirió la categoría de parroquia independiente, separándose de la jurisdicción de la parroquia matriz de La Concepción, en San Cristóbal de La Laguna. Desde ese momento el pueblo de La Esperanza pasó a convertirse en el núcleo religioso principal del municipio de El Rosario.
Sobre aquel templo se construiría posteriormente la actual Iglesia de Nuestra Señora de La Esperanza en 1966, un templo de estilo neocolonial, obra del arquitecto Félix Sáenz Marrero, en el que destaca la elegante solución del crucero, así como la Virgen de La Esperanza, una imagen de vestir del siglo XVII, que preside la iglesia, declarada Bien de Interés Cultural (BIC). Igualmente cuenta con unas valiosas pinturas de Miguel Rocha, licenciado en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, como los Cuatro Evangelistas, colocados en el cimborrio de la iglesia, una dedicada a San Juan Evangelista, a San Pedro, a Ntra. Sra. de La Esperanza, así como una pintura de la Virgen de Candelaria que aparece custodiada por tres pastores guanches.
En el año 1964, por decreto del Gobierno de España, el municipio de El Rosario obtiene el título de villa concedido a su núcleo capital, La Esperanza, pues en el caso de El Rosario, se trata del único municipio de Tenerife donde el nombre de su capitalidad no determina el nombre del municipio al que le pertenece. En este caso, el municipio de El Rosario toma el nombre de su patrona, la Virgen del Rosario, que se conserva en la Ermita de Machado, al sureste de la Villa de La Esperanza.
Fuentes:
CATALÁN RAMOS, Joaquín y DÍAZ EXPÓSITO, José Luis (2001): El Rosario. Una historia singular, Ilustre Ayuntamiento de El Rosario, Tenerife, 2001.
GÓMEZ GÓMEZ, Miguel Ángel (2023): "El reparto de tierras y aguas en los términos de El Rosario y La Esperanza, [siglos XVI-XVIII]" en El Rosario. Una mirada a sus hallazgos científicos, pp. 99-127, Ilustre Ayuntamiento de El Rosario, Tenerife, 2023.
Nos vamos ahora por la vertiente sur de la isla de Tenerife, para llegar a la Villa de Candelaria.
2º Nuestra Señora de Candelaria (Candelaria).
La historia de la Virgen de la Candelaria se remonta al siglo XIV en la isla de Tenerife. Según la tradición, dos pastores guanches encontraron una imagen de la Virgen María con el Niño Jesús en la playa de Chimisay. Este descubrimiento fue considerado un acontecimiento milagroso y la imagen fue venerada por los guanches como símbolo de protección y guía espiritual. Con la llegada de los conquistadores españoles, la devoción a esta figura se fusionó con el cristianismo.
La imagen fue trasladada a la cueva de Achbinico y se construyó una ermita en su honor en el lugar que luego se llamó Candelaria. A lo largo de los años, la devoción a la Virgen creció y se convirtió en una de las advocaciones marianas más importantes del mundo hispano.
Según cuenta la tradición, un joven llamado Antón Guanche, que había sido tomado como esclavo por los castellanos y había logrado escapar de Lanzarote y regresar a su isla de Tenerife, reconoció en la imagen milagrosa hallada por los guanches del Menceyato de Güímar a la Virgen María. Él, habiendo sido bautizado le relató al mencey de Güímar y a su corte la fe cristiana que él sostenía. Así llegaron a conocer a la Virgen María como “La Madre del sustentador del cielo y tierra” (en lengua guanche: Axmayex Guayaxerax Achoron Achaman) y la trasladaron a la Cueva de Achbinico (hoy Cueva de San Blas) para veneración pública. Esta larga expresión fue abreviada en un nombre divino más sencillo: Chaxiraxi, la deidad madre que sostenía el firmamento. En la tradición guanche, Chaxiraxi se interpreta como “la que carga al Rey del Mundo” o “Madre del Sol”, atributos que reflejan su carácter de diosa madre universal. Con este nombre mezclaban la identidad de María con la de una antigua diosa aborigen: Chaxiraxi, que pasó a ser, para ellos, la forma en que su propia religión abrazaba a la Virgen cristiana. Incluso al niño que la Virgen llevaba en brazos le pusieron un nombre guanche: lo llamaron Chijoraji, considerado hijo de Chaxiraxi en esa interpretación sincrética de la Sagrada Familia.
Desde luego que los guanches veneraban la imagen de la Virgen de la Candelaria en la cueva de Achbinico antes de que la isla de Tenerife fuese conquistada por la Corona de Castilla, y allí mismo se organizó posteriormente su culto después de la conquista, en la que sería conocida como cueva de San Blas.
Terminada la conquista de la isla de Tenerife, en 1497 el Adelantado Alonso Fernández de Lugo, celebró en la Cueva de San Blas la primera Fiesta de las Candelas, coincidiendo ésta con la Festividad de la Purificación de la Virgen, es decir, el 2 de febrero. Considerado este acontecimiento, como el inicio de la devoción cristiana a la advocación mariana de La Candelaria.
El culto a la Candelaria del reino de Güímar fue asumido por todos los grupos étnicos y sociales de la isla de Tenerife, y la razón última de este hecho, sobradamente documentado, ha de buscarse en su marco guanche, por lo que una correcta comprensión de este fenómeno ha de correr pareja con otro que sigue siendo una asignatura pendiente de la historiografía canaria, y que no es otro que el de la pervivencia de la cultura aborigen tras la Conquista, como ha señalado Lorenzo Santana en su estudio La Candelaria de los guanches, la de los agustinos y la de los dominicos. Dos visiones opuestas del culto candelariero.
La fiesta de la Virgen de la Candelaria se celebra el 2 de febrero. Esta fecha conmemora la presentación del Niño Jesús en el Templo y la purificación de María, de acuerdo con la tradición cristiana. Se celebra 40 días después del nacimiento de Jesús. Su origen se basa en dos eventos bíblicos: la Purificación de la Virgen María y la Presentación de Jesús en el templo. Según la tradición judía, las madres debían esperar 40 días después del parto para presentar a sus hijos en el templo, realizando una ofrenda.
Pues bien, en la villa de Candelaria, durante esta festividad del 2 de febrero, miles de fieles y peregrinos se congregan en la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria para rendir homenaje a la Virgen y participar en las ceremonias religiosas y actividades festivas que se llevan a cabo en su honor. Esta fiesta es una ocasión significativa para los canarios y para todos aquellos que profesan devoción hacia ella.
Además, durante el mes de agosto, por la festividad de la Asunción de la Virgen María (15 de agosto) se celebran igualmente diversos eventos culturales y folclóricos, como conciertos, bailes típicos, ferias artesanales y muestras gastronómicas, con la procesión de las candelas, la ofrenda y la ceremonia de los guanches. La fiesta de agosto es multitudinaria y popular, con miles de peregrinos llegados desde todos los rincones de la isla de Tenerife.
Fue declarada Patrona Principal del Archipiélago Canario por decreto de la Sagrada Congregación de Ritos del 12 de diciembre de 1867 y coronada canónicamente el 13 de octubre de 1889, aunque ya en 1599 había sido declarada Patrona General de las islas Canarias por el papa Clemente VIII. Su santuario en Candelaria recibió el título de Real Basílica y ha sido enriquecido a lo largo de los siglos, convirtiéndose en centro de peregrinación anual cada 2 de febrero (fiesta de la Candelaria) y especialmente cada 15 de agosto, día en que miles de peregrinos de todas las islas acuden a rendir homenaje a La Morenita (apodo cariñoso que alude al color moreno de la imagen original).
Hoy en día, la Virgen de la Candelaria no solo es la patrona religiosa sino también uno de los grandes símbolos identitarios de las islas Canarias. Su imagen –lamentablemente, la talla original del siglo XIV desapareció en el histórico aluvión de 1826 y fue reemplazada por otra semejante– preside la devoción popular más concurrida del archipiélago.
La imagen actual de la Virgen de Candelaria es una escultura de vestir, una talla policromada de 1827, obra del artista tinerfeño Fernando Estévez de Salas, que sustituyó a la talla gótica original que desapareció en el citado aluvión de 7 de noviembre de 1826.
La historia de su encuentro con los guanches se mantiene viva en la memoria colectiva y en escenificaciones culturales: cada mes de agosto, la Representación Guanche del hallazgo atrae a cientos de peregrinos y curiosos, recordando cómo unos pastores aborígenes y un mencey tinerfeño fueron los primeros en venerar a la Virgen en aquella playa solitaria de Chimisay. En palabras de historiadores locales, “no se puede hablar de la Virgen sin mencionar a los guanches”, y viceversa, pues su leyenda fundacional entrelaza ambas herencias. La Virgen de la Candelaria, para los canarios, encarna, pues, ese sincretismo fecundo entre la fe ancestral y la fe adoptada.
Fuentes:
ESPINOSA, Alonso de (1594): Historia de Nuestra Señora de Candelaria (Introducción de Alejandro Cioranescu), Goya Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 1980.
RODRÍGUEZ MOURE, José (1913): Historia de la devoción del pueblo canario a Ntra. Sra. de Candelaria, Cabildo Insular de Tenerife-Ayuntamiento de Candelaria, 1991.
RODRÍGUEZ MORALES, Carlos (Dirección científica) (2009): Vestida de sol. Iconografía y memoria de Nuestra Señora de Candelaria, Caja General de Ahorros de Canarias, San Cristóbal de La Laguna, 2009.
Una curiosa derivada histórica y religiosa de la advocación de La Candelaria la encontramos en la Virgen del Socorro en Güímar.
3º Nuestra Señora del Socorro (Güímar).
La fiesta de Nuestra Señora del Socorro en Güímar es una de las romerías más antiguas de Canarias, celebrada anualmente el 7 de septiembre. Incluye una procesión desde la Iglesia parroquial de San Pedro hasta la ermita en El Socorro, la representación de la aparición de la virgen en la playa de Chimisay y la "subida" de regreso el 8 de septiembre. Sus actos principales son los siguientes:
- 7 de septiembre (Bajada de la Virgen): Se celebra la romería con la imagen de la Virgen bajando desde el casco de Güímar hasta la ermita en El Socorro. El trayecto de unos 6 kilómetros recorre el Camino del Socorro, con peregrinos, carrozas y música.
Por la tarde, en El Socorro, se recrea la aparición de la Virgen a los guanches en la playa de Chimisay.
- 8 de septiembre (Subida de la Virgen): La imagen de la Virgen regresa en procesión desde la ermita de El Socorro hasta la Iglesia de San Pedro en el casco de Güímar. A la altura de La Asomada, comienza el tradicional juego del "Pares o nones".
El padre Espinosa asegura en 1590 que "por memoria deste aparecimiento [en Chimisay o El Socorro], pusieron después los cristianos una cruz que hoy está en pie, y un poco más adelante fundaron una pequeña ermita, que llamaron del Socorro" (...) que siempre ha sido venerada y frecuentada, aunque no reparada, pues hoy está caída". A lo que Antonio de Viana, en el canto XVI de su Poema, aludiendo a la misma ermita del Socorro o lugar de aparición de la imagen de la Virgen María, solo un decenio después del padre Espinosa, asegura que el conquistador Alonso Fernández de Lugo lo había visitado en 1496 al ir a Güímar: "y vio el barranco y sitio venturoso donde apareció la Santa Imagen, y adonde se fundó por su memoria una ermita llamada del Socorro que nuevamente se ha reedificado."
Como hemos afirmado en 1993 en la obra colectiva titulada Naturaleza, historia y tradición en El Socorro de Güímar, estamos convencidos que la iniciativa de erigir esa ermita como templo en las playas de Chimisay, pertenece a una raíz popular, de base netamente feligrés, directamente vinculada a los naturales que habitaban el Valle de Güímar a finales del siglo XV, celosos guardianes de la tradición aborigen que significó la aparición de la Virgen de la Candela en el ya lejano tiempo guanche. A nuestra manera de ver, la erección de la Ermita del Socorro tuvo un origen humilde y popular -podríamos decir, incluso, indígena-, a impulso de los guanches cristianizados que habitaban el Valle de Güímar en los primeros años de la postconquista de Tenerife, con el apoyo, como sabemos, muy decidido en los últimos siglos, de los Beneficiados de la Parroquia de San Pedro en Güímar, y como no, de las numerosas mandas testamentarias de las familias hacendadas de la comarca a favor de la reedificación de su fábrica, en los tiempos en que estuvo derruida, como vemos en el testamento de doña Argenta de Franquis, viuda de Pedro de Alarcón, señor del Heredamiento de Güímar, y vecina del lugar de Güímar de Arriba en 1595, en el cual manda "otras seis doblas para la reedificación de la hermita de Ntra. Señora del Socorro".
Por su parte, Javier Eloy Campos Torres, igualmente opina que la historia de Nuestra Señora de El Socorro "es la de una devoción humilde pero constante, que desde sus orígenes ha estado relacionada con la gente sencilla. Ya en las primeras referencias a la advocación del padre Espinosa, se da cuenta de la humildad de la fundación de su Ermita. Este fraile dominico pudo hacer una de las primeras crónicas, gracias a que aún vivían algunos miembros de familias guanches herederos directos de los protagonistas de la aparición."
Se trata, en efecto, de una fundación inusual en la que no se menciona a un fundador poderoso o corporación patrocinadora. Fray Alonso de Espinosa únicamente puede decir que la ermita la hicieron: los cristianos, es decir, el pueblo más llano de estos contornos. Otra cita que llama mucho la atención a Javier Eloy es la que constituye el acta fundacional de la antigua Cofradía de El Socorro en 1643. Una cita relevante en la historia de la devoción a la imagen, en la cual el propio párroco de San Pedro, el bachiller Juan Díaz Lugo, nos dice que: “…habiéndose hallado presentes en dicha ermita muchos vecinos de Güímar a celebrar una fiesta que se acostumbra a hacer el día de la Espectación de la Virgen N. Sra., la cual hicieron y ofrecieron por las necesidades de agua que había en las sementeras, y yo el Bachiller Juan Díaz de Lugo, Beneficiado de estas Parroquiales de San Pedro de Güímar y Santa Ana de Candelaria, estando todos juntos en la puerta de dicha ermita les convoqué y junté y les hice una plática diciéndoles y aconsejándoles que nombrasen a N. Sra. de El Socorro por su abogada para que fuese intercesora con su hijo precioso y les socorra en sus necesidades y en particular en sus sementeras...”
Esta cita es sumamente significativa porque durante siglos, ese va a ser el único título de la imagen más venerada para los habitantes del Valle de Güímar: "protectora o abogada de las sementeras", no era ni siquiera patrona de la Parroquia de San Pedro, jamás se le hizo nombramiento oficial de copatrona de Güímar, no tuvo otros honores hasta una fecha tan reciente como 1993, cuando se la nombra Alcaldesa Honoraria y Perpetua del municipio.
Por otra parte, debemos en este punto citar a uno de los más fieles devotos de la Virgen, el Doctor Agustín Díaz Núñez, un güimarero que llegó a ser párroco de San Pedro, su parroquia de bautismo y que, andando el tiempo, llegaría a ser primer Arcipreste del Sur de Tenerife. Don Agustín Díaz Núñez, que fue Mayordomo de El Socorro, ha sido el güimarero que más ha hecho por su devoción, interviniendo directamente en cuestiones tan importantes y decisivas como el cambio de fecha definitivo de la fiesta, que en su época consiguió trasladar del 26 de diciembre, fecha inicial de su celebración, al actual 8 de septiembre que se mantiene.
Tras el incendio y la reconstrucción de la nueva Parroquia se generan ciertas dudas acerca de su verdadera advocación, siendo a partir de 𝟏𝟕𝟕𝟏 cuando de repente empieza a aparecer como 𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞𝐧̃𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐄𝐧𝐜𝐚𝐫𝐧𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 generándose así una gran 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐮𝐬𝐢𝐨́𝐧 desde entonces. Es tal la 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐮𝐬𝐢𝐨́𝐧 que la Iglesia de La Victoria de Acentejo ha pasado por 𝐝𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐨𝐬 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞𝐬 𝐫𝐞𝐠𝐢𝐬𝐭𝐫𝐚𝐝𝐨𝐬:
• En 𝟏𝟓𝟕𝟖 “Parroquia de 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐕𝐢𝐜𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚”.• En 𝟏𝟕𝟕𝟏 “𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚 𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐌𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐒𝐚𝐧𝐭í𝐬𝐢𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐕𝐢𝐜𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚”.
• En 𝟏𝟕𝟖𝟎 “𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚 𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐒𝐚𝐧𝐭í𝐬𝐢𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐕𝐢𝐜𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚”.
• En 𝟏𝟕𝟖𝟖 “𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐄𝐧𝐜𝐚𝐫𝐧𝐚𝐜𝐢ó𝐧”.
• En 𝟏𝟖𝟎𝟎 “𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐄𝐧𝐜𝐚𝐫𝐧𝐚𝐜𝐢ó𝐧 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐕𝐢𝐜𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚”.
• En 𝟏𝟖𝟏𝟑 “𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐕𝐢𝐜𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚”.
• En 𝟏𝟖𝟒𝟗 “𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐨𝐬 Á𝐧𝐠𝐞𝐥𝐞𝐬”.
• Y ya desde el año 𝟏𝟖𝟓𝟎 hasta nuestros días “𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐄𝐧𝐜𝐚𝐫𝐧𝐚𝐜𝐢ó𝐧”.
No hay duda de que la imagen “𝐑𝐞𝐢𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 Á𝐧𝐠𝐞𝐥𝐞𝐬” existente en dicho templo, es una advocación dedicada a “𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚 𝐕𝐢𝐜𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚”, solo basta con observar su imagen ostentando en su mano derecha el estandarte de plata símbolo de las victorias y en segundo lugar viendo el niño que sujeta con su mano izquierda, ya que una advocación de la Encarnación no debería de llevar al Niño Jesús en sus brazos.
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