Tenerife, la isla de los nueve reinos: Qué fue de los últimos menceyes (I): Beneharo rey de Anaga.

El Menceyato de Anaga era una de las nueve demarcaciones territoriales o reinos en que los guanches tenían dividida la isla de Tenerife hasta la época de la conquista por parte de la Corona de Castilla, en 1496.

Como premisa previa hay que distinguir entre los menceyes de los reinos de paces y los de guerra.

Como ha señalado Rumeu de Armas, los primeros, con la libertad personal garantizada por los acuerdos con el Reino de Castilla, indiscutiblemente volvieron de Almazán a Tenerife, integrándose en la nueva sociedad a partir de 1496.

Anaga fue el primero de los bandos de paces, cuyos habitantes no pudieron ser legalmente esclavizados. Como señala Felipe Fernández Armesto (1997), "aunque Alonso de Lugo fue un negrero cuyo codicia sobrepasaba los límites legales, Anaga fue la mejor protegida de entre las zonas de tribus nativas, ya que sus habitantes fueron aliados de los españoles y disfrutaban de favores reales desde antes de la conquista."

Sobre las dinastías que reinaron en los menceyatos de Tenerife hasta 1496, y en particular, en el de Anaga, puede consultarse el siguiente artículo:

Las dinastías de los menceyes de Tenerife

Pues bien, como ha señalado el estudioso Juan Carlos Hernández Marrero, con posterioridad a la conquista de la isla de Tenerife (1493-1496), la conformación de una nueva sociedad isleña no estuvo exenta de la violencia propia del final de una guerra, en la que gran parte de los vencidos son esclavizados. Como resultado de la Conquista el sistema político indígena se desmorona, hecho que tiene en la rendición de los últimos menceyes coaligados en los «bandos de guerra» su mayor representación formal (Los Realejos, diciembre de 1496).

Desde ese momento, en la comunidad guanche de la postconquista las estructuras sociales de la isla de Tenerife sufrirán profundos cambios o particulares variaciones según los casos, pero siempre caracterizados por un gran dinamismo. De forma global en el mundo aborigen se aprecian dos grupos sociales, los privilegiados y los marginados sociales. 

Dentro del grupo de los primeros, y a la cabeza de éstos se sitúan los individuos que de alguna forma consiguen una situación privilegiada dentro de la nueva sociedad, incorporándose al reconocimiento social del grupo conquistador. Éstos forman parte de las jerarquías indígenas con mayor poder y, en muchos casos, los de los llamados «bandos de paces», es decir, los Menceyatos de Güímar, Abona, Adeje y Anaga, si bien también los encontramos de los «bandos de guerra», como Tacoronte, Tegueste, Icod, Daute o Taoro.

En relación con esta situación privilegiada de algunas familias guanches en el bando de Anaga, es interesante consultar el siguiente artículo sobre los Ibaute:

La relevancia de Diego de Ibaute

En efecto, parece importante destacar el nuevo rol de los antiguos menceyes, sus parientes y descendientes, por representar, según las fuentes documentales etnohistóricas, la cabeza visible de la pirámide social guanche anterior a la Conquista de la isla de Tenerife; el apelativo «Don» o «hijo del que fue Rey de...», utilizado en los documentos es un indudable indicativo de ello, como así lo ha señalado Hernández Marrero.

LO PRIMERO, DESMONTANDO UNA LEYENDA POÉTICA.- A pesar de lo que cuenta la renombrada leyenda del Mencey Loco, sin embargo, el mencey Beneharo (o Benecharo) de Anaga sobrevivió a la conquista de la isla, pues además había sido un bando de paz. Tomó el nombre de Fernando de Anaga y fue, junto a sus hijos, un gran defensor de los guanches en la nueva sociedad colonial, como ahora veremos, motivo por el que marchó exiliado algunos años a Gran Canaria y por lo que tuvo pleitos con el Adelantado Alonso Fernández de Lugo.

En efecto, popularmente se cree que Beneharo se despeñó en algún risco de Anaga para no caer cautivo ante el avance de los castellanos, cuando el adelantado Alonso Fernández de Lugo invadió Tenerife, pero esto es lisa y llanamente un invento literario sin base histórica, porque este error parte de la recreación literaria que de su figura realizó el poeta Antonio de Viana.

EL Mencey Beneharo, escultura de José Abad

El poema de Viana inspiró a autores posteriores que le dieron crédito, como sucedió a Viera y Clavijo, y ya en la década de los 20 del siglo XX, el poema épico del político Ramón Gil-Roldán, que sirvió de base a la "Cantata del Mencey Loco", la popular obra musical de Los Sabandeños, publicada en 1975. Por ello se expandió la creencia absoluta de que Beneharo se suicidó despeñándose por un cerro antes de dejarse apresar por los conquistadores. Sin embargo, esto no es cierto en absoluto y hay documentación histórica que lo atestigua, pues el Mencey fue desterrado a Arguineguín y según todos los indicios, está enterrado en Gran Canaria.

Portada del disco de Los Sabandeños
 "La Cantata del Mencey Loco"

En 2016, precisamente la escritora Balbina Rivero recrea en su obra la azarosa vida de Beneharo, el valiente y sensible mencey de Anaga, con la intención de acabar con el falso mito de que se suicidó para no caer en poder de los conquistadores, pues realmente fue desterrado a Gran Canaria. "Beneharo, mencey de Anaga. Fin del mito" es el título del volumen de Balbina Rivero y que definió como literatura con base histórica para todo tipo de lectores, pero especialmente dirigida a estudiantes de Bachillerato y Educación Secundaria Obligatoria.

Portada de la novela de Balbina Rivero Pimienta

La novelista Rivero plantea, en efecto, un relato histórico desde diferentes puntos de vista con el que va armando el "puzzle" de la conquista de Tenerife y que tiene como eje central al mencey de Anaga, a quien describe como un hombre sensible, amante de la tierra y del contacto con la naturaleza, con la que vive en una especie de simbiosis, y que presiente que algo va a acaecer. Con la conquista llega un martirio para Beneharo, que lucha consigo mismo para aceptar propuestas de los conquistadores que van en contra de su voluntad. En la obra se relatan las postrimerías de una sociedad, la aborigen, su trato con colonizadores como los Peraza, Maldonado y Diego de Herrera, la importancia de las torres de vigilancia, los preparativos de las dos batallas de Acentejo y la de Aguere, donde murió Bencomo, y la postguerra tras la victoria de los castellanos.

Sin embargo –y esta es la aportación revolucionaria de Balbina Rivero en su novela- la muerte violenta y voluntaria de Beneharo fue mito, leyenda, ficción, historia recreada por Antonio de Viana, el poeta lagunero muerto en 1650 y que escribió Antigüedades de las Islas Afortunadas y la Conquista de Tenerife (1604). Además, historiadores actuales desconfían de la autenticidad de muchos nombres que en sus obras aparecen, pues son inventados, producto de la fantasía literaria de su autor. Por ello, parece que también pudo ser producto de su fantasía "el suicidio de Beneharo".

EL MENCEYATO DE ANAGA.- En cuanto a la historia del menceyato de Anaga, se mezcla lo legendario con lo real. Así, Juan Bethencourt Alfonso nos habla de un tiempo remoto en que la isla conformaba un único reino, y que el achimencey o gobernador de la provincia de Anaga, al que llama Naga, se rebeló junto a sus hermanos Taburco y Góymar (de Teno y Güímar respectivamente) para autoproclamarse soberanos de sus provincias. La rebelión fracasó, y Anaga continuó siendo provincia del reino único. Entonces llega la división de la isla en nueve reinos, unos dicen que por rebelión de los hijos del gran Mencey primigenio, y otros que sin rebelión. Así, Serdeto o Beneharo I se proclamaría como el primer mencey de Anaga.

Este menceyato limitaba con Tegueste y con el «señorío» de la Punta del Hidalgo al oeste, y con Güímar al suroeste. Sus límites aproximados los establecía la divisoria de aguas entre los valles de Taborno y del Río hasta la montaña Cruz de Taborno, siguiendo por el monte de Las Mercedes y las elevaciones que cierran la vega de La Laguna por el este hasta San Roque. Desde aquí por el barranco de la Carnicería hasta enlazar con el barranco del Hierro (aunque para otros autores, ese límite occidental estaría situado más al noreste, en el barranco de Santos), y de aquí al mar.

Como ya vimos, el erudito güimarero Juan Álvarez Delgado, en su estudio de las dinastías de los menceyes guanches, sitúa en el Reino de Anaga, en 1464, al Mencey Serdeto (sin embargo, Bethencourt Alfonso sitúa primero a Beneharo I y luego a Serdeto), y en el momento final de la Conquista de Tenerife (1496), en Anaga estaría reinando el Mencey Benecharo o Beneharo (por su parte, Juan Bethencourt Alfonso sitúa a Beneharo II, llamado después de bautizado como Pedro de los Santos de Anaga, más conocido como don Fernando de Anaga).

Advertir que el nombre de Beneharo aparece también en las fuentes documentales con las variantes de Bencharo, Benecharo, Benecaro, Benejaro y Benearo.

Siguiendo, pues, a Bethencourt Alfonso, después de Beneharo I, el segundo Mencey de Anaga, Serdeto gobernaría cuando la firma de las Paces del Bufadero y firmaría el Acta de posesión con el Señor de Canarias Diego de Herrera. Más tarde sería quien expulsaría a Sancho de Herrera y a los castellanos del torreón o fortaleza de Añazo que los castellanos había edificado junto al barranco de Santos. Le sucedió su hijo Beneharo II, que pasó a la historia como el citado Don Fernando de Anaga y que fue defensor de los guanches, como luego veremos.

Véase nuestro artículo en este Blog sobre el "Fragmento del Acta del Bufadero (21-07-1464), firmada por Diego de Herrera y los Menceyes de Tenerife", publicada el 29.05.2024, y que puedes consultar en el siguiente enlace: 

Acta del Bufadero

Parece que en momentos previos a la Conquista de Tenerife la clase noble de Anaga había tenido encuentros con "avanzadillas" castellanas, como Lope de Salazar, que había estado preparando el terreno para atraerse la amistad del citado rey Beneharo II. Así las cosas, el general Alonso Fernández de Lugo envió a su llegada a Tenerife al rey converso de Gran Canaria Don Fernando Guanarteme a que se entrevistara con el mencey de Anaga, pues en el tiempo había cambiado su actitud, de rey de paces hacia la hostilidad. Dos veces fue Don Fernando Guanarteme a verse con el Mencey Beneharo II, hasta que el de Anaga quedó convencido, y fue llevado ante Alonso de Lugo a la citada fortaleza de Añazo:

«… que vido que el dicho Dn. Fernando Guanarteme fue donde estaba el Rey de Anaga, Rey guanche, el cual estaba de paces, a le decir y requerir que se viniése a ayuntar con el dicho adelantado e los cristianos, porque se temía de él, e que el dicho Guanarteme fue dos veces al dicho Rey de Anaga e entre los guanches, hasta que hizo venir a el dicho Rey de Anaga al Real de los cristianos…».

Dinastía del Mencey de Anaga

QUÉ FUE DE BENEHARO MENCEY DE ANAGA DESPUÉS DE LA CONQUISTA.- A su regreso de Almazán (1496), el último Mencey de Anaga, Beneharo II, después nominado, como fue conocido, don Fernando de Anaga, regresa a la isla, pero tras un breve lapso de tiempo en Tenerife, es deportado por orden real a la isla de Gran Canaria, concretamente a la zona de Arguineguín, en el sur de aquella isla.

A pesar de que el historiador José de Viera y Clavijo dice que el mencey de Anaga fue bautizado con el nombre de Pedro de los Santos en la iglesia del Apóstol Santiago del Realejo Alto, las fuentes contemporáneas revelan que tomó el nombre de don Fernando de Anaga, como así figura en los documentos de la época, especialmente los de carácter notarial. 

De don Fernando de Anaga sabemos que, reincorporado a Tenerife tras el solemne acto de sumisión ante los Reyes Católicos en Almazán, se le obligó más tarde por mandato real a trasladar su residencia al sur de Gran Canaria, junto con sus dos hijos: Juan de Anaga y Diego de Anaga.

Como ha señalado Hernández Marrero, el rey de Anaga pertenencia a los bandos de paces, pero esto no fue suficientemente importante como para salvarle del destierro. El Mencey, en efecto, se trasladará desterrado a Gran Canaria entre 1497 y 1499, desde donde llevará a cabo un litigio que eleva a la Corona contra el Adelantado, Alonso de Lugo. Aprovechándose de su situación, el Adelantado prohibió el traslado de sus bienes a la isla vecina, robándole la mitad del ganado propiedad del Mencey, además de dos esclavos que el propio Don Fernando ya le había comprado previamente a Alonso de Lugo. Uno de estos esclavos era el propio hijo del Mencey, don Enrique de Anaga, vendido a Pedro Patiño y liberado en junio de 1501 por el intermedio del bachiller Sepúlveda, procurador de pobres en la Corte (Rumeu de Armas, 1975), a quien los monarcas hispanos habían dado particular comisión para liberar de las garras de sus opresores a los guanches indebidamente cautivados.

Don Enrique de Anaga, enterado de los despojos de ganados y esclavos de que había sido víctima el rey, su padre don Fernando, denunció el caso a Fernando e Isabel, los reyes de Castilla. Estos soberanos dispusieron, por su carta de comisión de 16 de septiembre de 1500, que don Juan de Silva, conde de Cifuentes y corregidor de Sevilla, actuando como juez especial encargado de fallar las causas de libertad de los canarios, resolviese sumariamente y de plano la reclamación antedicha.

Esta resolución favorable de los Reyes Católicos, animó al Rey de Anaga a demandar justicia por su propia cuenta, formulando denuncia en 1502. Esta demanda tuvo favorable acogida por los Reyes Católicos, como podemos ver en el siguiente documento descubierto por don Antonio Rumeu de Armas en el Registro del Sello del Archivo de Simancas:

El rey de Anaga don Fernando denuncia los atentados cometidos contra su persona por el Capitán-conquistador Alonso de Lugo. Incitativa del Consejo Real para que el gobernador de Gran Canaria administre justicia en el caso:

Sevilla, 22 de febrero de 1502.

Don Fernando, rey canario. Yncitativa.

Don Fernando y doña Ysabel, por la gracia de Dios, rey y reyna de Castilla [...], de las islas de Canaria [...]. A vos, el que es o fuere nuestro gobernador de la ysla de la Gran Canaria [...]. Sepades que don Fernando, rey que fue de [A]Naga, canario de la isla de Thenerife, nos hizo relación por su petición diciendo: que al tiempo que, por nuestro mandado, se pasó de la dicha ysla de Thenerife a esa dicha ysla de la Gran Canaria, dis[e] que Alonso de Lugo, nuestro gobernador de la dicha ysla de Thenerife, no le dejó pasar su hacienda, según que por Nos le avía mandado; y que demás desto, le tomó dos esclavos que compró él, porque eran sus parientes, e que asimismo, le tomó la mitad de sus ganados e otros muchos agravios, que dis[e] le hizo ynjusticia; en lo cual, dis[e] que ha recibido mucho agravio e daño; e nos suplicó e pidió por merced [a]cerca dello le mandásemos proveer de remedio con justicia, mándole dar nuestra carta para vos, para que oviésedes ynformación [a]cerca de los susodicho, e sobre todo le hicieres brevemente cumplimiento de justicia e como la nuestra merced fuere. [...]

[También le otorgan el beneficio de justicia gratuita para dicho pleito]:

E otrosí, por nuestra carta [a] vos mandamos que hasyendo ante vos, el dicho don Fernando, rey que fue de Anaga, el juramento e solemnidad de pobre, que la ley en tal caso dispone, hagays que un letrado e procurador de esa dicha ysla, le ayude en los susodicho al dicho don Fernando, e los escribanos públicos de esa dicha ysla, non le lleven derechos algunos de la escripturas que ante ellos pasaren sobe el dicho caso. [...]

Dada en la muy noble cibdad de Sevilla, a veynte e dos días del mes de febrero, año del nacimiento de nuestro salvador Ihesu Christo, de mill e quinientos e dos años. [...]

Yo Bartolomé Ruyz de Castañeda, escrivano de cámara del rey e de la reyna, nuestro señores, la hice escrivir por su mandado, con acuerdo de su Consejo.

Yncitativa al gobernador de la isla de la Gran Canaria, a pedimento de don Fernando, rey que fue de [A]Naga, sobre ciertos bienes. Syn derechos.

Colonia de anaganenses en Arguineguín (Gran Canaria).

Producto de este destierro a la familia de don Fernando de Anaga, en efecto, encontramos en 1505 una numerosa comunidad de guanches del reino de Anaga, asentados en el entorno de Arguineguín, en el sur de Gran Canaria. Entre ellos aparecen los dos hijos de Don Fernando de Anaga, Juan de Anaga y Diego de Anaga, además de otros parientes pertenecientes a su linaje, entre los que se supone, también se incorporó su tercer hijo, el citado Don Enrique de Anaga, una vez liberado de esclavitud. Éstos formarán cuatro hatos o unidades de población, donde continuarán poniendo en práctica sus tradiciones indígenas, como el cuidado del ganado.

Uno de estos asentamientos lo ocuparan también Juan de [A]Naga y sus dos hijos, Juan Delgado y Juan Coxo, además de otros guanches. En otro se encontraba Sebastián Coxo, Pedro y dos mujeres. El tercer hato estaba integrado por Don Diego de Anaga, Don Juan de Anaga y la mujer del último. Los gomeros Juan de Ronda, Rodrigo y algunos más, ocuparán el último hato, en esta zona del sur de Gran Canaria. Haciendo referencia a esta pequeña comunidad de pastores guanches en el sur de Gran Canaria se dispone de la siguiente referencia escrita:

[...] y que no vivían como cristianos por esta razón; porque cree que ninguno déllos no sabe Ave María ni Pater Noster ni ninguna oración, porque este testigo se lo amostraba y no sabían palabra ninguna, y así mesmo dixo este testigo que cree que no saben quál dia es fiesta ni vigilia ni la guardan y que cree asimismo que comen carne todos los dias vedados (Serra Ràfols, 1968).

Andando el tiempo se produjo el retorno a la tierra natal, pues un poder otorgado en Tenerife el 22 de agosto de 1508, aparecen como firmantes "don Diego de Naga y don Enrique de Anaga, hijos del rey de Anaga". Se trata de un poder general al procurador Antón de Ortega para la defensa de sus particulares intereses.

De cualquier forma, se halla acreditado que el Mencey Don Fernando de Anaga regresa en algún momento a su isla natal y se halla documentado que estaba presente en Tenerife entre los años 1522 y 1525, donde lo encontramos asistiendo de testigo a un acto. Pero nada sabemos de la fecha de su fallecimiento y donde se produjo dicho óbito, aunque suponemos que pudo ser en Tenerife. Por ello, en este caso, podemos descartar con toda seguridad que el Mencey de Anaga no fue aquel enigmático rey de Tenerife que en la corte de Almazán fuera donado por los Reyes Católicos y que viajó a Venecia en 1497.

También retornará desde Gran Canaria su hijo Don Diego de Anaga, que parece estar asentado en Tenerife por lo menos desde el año 1506; de él se conservan varios contratos ligados a la ganadería y poderes entre 1506 y 1510, conservando pesar de ello, propiedades en la otra isla, donde sigue teniendo ganado.

Respecto al hijo mayor del Mencey, Don Enrique de Anaga, después de su liberación dedicará todos sus esfuerzos a liberar a otros guanches de Anaga y de otros bandos, y esto le valdrá el apelativo, en un poder concedido por éste a Antón Ortega, de: «denunciador de los guanches libres que fueron vendidos como cautivos en esta isla y fuera de ella [...]»; su actitud beligerante en este sentido y sobre todo durante el proceso judicial de residencia ejecutado contra el Adelantado Fernández de Lugo, en Gran Canaria, le costará ser de nuevo encarcelado en diciembre de 1508 (Marrero Rodríguez, 1977).

Como señala Rumeu de Armas, en efecto, este último hijo del Mencey de Anaga, don Enrique, se singularizó por la defensa de sus hermanos los aborígenes. Cuando, en 1508, se incoó por el gobernador de Gran Canaria don Lope de Sosa el mencionado juicio de residencia contra el conquistador Alonso Fernández de Lugo, el infante anagués fue quien promovió una querella particular por atentado contra la libertad de los guanches, sosteniendo que Alonso F. de Lugo no había respetado a los bandos de paces, lo que le permitió reducir a esclavitud, contra todo derecho, a importantes números de aborígenes tinerfeños. De ello seguiremos hablando, continuando en próximos capítulos contando lo que se ha podido saber del devenir vital del resto de los menceyes tinerfeños.

Pedro R. Castro Simancas, 11.11.2024.

Fuentes:

FERNÁNDEZ ARMESTO, Felipe (1997): Las islas Canarias después de la conquista. La creación de una Sociedad Colonial a principios del siglo XVI, Ed. Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas, 1997.

HERNÁNDEZ MARRERO, Juan Carlos (2001): "Estructura y dinamismo en las relaciones sociales guanches tras la conquista de Tenerife" en Revista Tabona nº 10, pp. 247-266, Universidad de La Laguna, julio 2001.

RUMEU DE ARMAS, Antonio (1975): La conquista de Tenerife, Ed. Aula de Cultura de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1975.



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