El tiempo de recorrido de la ola hasta llegar a las costas constituye un factor determinante para la valoración del riesgo de maremotos. Estos tiempos en España fueron muy diferentes, desde los 30 minutos que tardó en llegar a Lepe (Huelva), hasta las dos horas y cuarto a Corcubión (La Coruña). Tomando valores medios para las dos ciudades más importantes del litoral, las velocidades medias serían aproximadamente de 300 km/h para Cádiz y de 380 km/h para Huelva. Para el caso de Cádiz se tienen además referenciadas las llegadas a la ciudad de las primeras cinco alteraciones del mar: 11h 10m; 11h 30m; 12h 00m; 12h 35m y 13h 15m. Estas horas darían periodos entre las crestas de las sucesivas llegadas de 20, 30, 35 y 40 minutos y unas longitudes de onda teóricas (no observadas) en su aproximación a la costa que podrían estar comprendidas entre 25 y 50 km (Martínez Solares, 2001).
Para la costa portuguesa, en el punto más próximo al epicentro, el cabo San Vicente, el tiempo de viaje de la ola fue de 16 minutos, llegando a Oeiras (cerca de Lisboa) en 25 minutos y a Figueira da Foz en 40 minutos. Respecto a Marruecos, la ola tardó 15 minutos en llegar a la ciudad de Salè (próxima a Rabat). Otras ciudades de la costa atlántica que lo percibieron fueron Agadir, Safi, Arzila y Tánger.
Para el investigador Martínez Solares, no parece discutible que este terremoto y su posterior maremoto haya sido sin duda la mayor catástrofe natural habida en España por número de víctimas, aunque bien podría extenderse también a Portugal y Marruecos. Desde un punto de vista mas optimista se puede señalar que a partir de estudios recientes sobre paleosísmicos ocurridos en la zona, las estimaciones sobre el periodo de recurrencia de un terremoto de estas características estaría entre los 1.500 y 2.000 años (Sallares, 2016). No obstante, debemos estar alertas porque terremotos de menor magnitud, como el ocurrido el 28 de febrero de 1969 (7,9 Ms), han tenido también carácter destructivo con maremoto incluido, si bien la altura de la ola solo fue registrada por los mareógrafos.
En la ciudad de Tánger (norte de Marruecos), por ejemplo, se menciona en dos documentos distintos la impetuosa subida del mar a causa de este maremoto. En el Archivo de los Condes de Luque se cuenta que "En esta [ciudad de Tánger] empezó a la misma hora aunque con mayor duración y que un gran promontorio de antigua fábrica que estaba junto a la puerta de la ciudad después de tres vaivenes se abrió destruyendo su caída cinco tiendas. Subió la mar hasta las murallas y bajó de improviso hasta donde alcanzan las embarcaciones grandes. En la bahía dejando bastante pescado y arena en el muelle y repitió el flujo y el reflujo por dieciocho veces hasta las seis de la tarde y por la playa subió el agua cerca de media legua, secándose las fuentes hasta la tarde que escupieron su curso."
En el segundo documento se expone: "En Tánger hubo a la misma hora igual acontecimiento con gran ruina de muchos de sus grandes edificios, siendo de notar que desde las diez de aquel día hasta las seis de la tarde creció impetuosamente el mar, de tal forma que entrándose en la ciudad, y retrocediendo con gran fuerza, hizo muchos estragos, así en las casas como en sus moradores, dejándose ver repetidas veces el fondo del puerto en que estaban anclados los navíos y otras embarcaciones, dejando en el retroceso siempre gran cantidad de peces en la ciudad."
Así se relata en Copia de una carta que escribe desde la ciudad de Cádiz un comerciante a otro de esta, en que le noticia de las ruinas y desgracias que ocasionó el terremoto del día 1 de noviembre de este año de 1755 en las ciudades, villas, lugares y puertos de la costa de África, sujetas al dominio del Muley, y audalá emperador de Marruecos, con lo demás que verá el curioso lector, 1755.
EFECTOS DEL TSUNAMI EN CANARIAS.- Si bien no aparecen referencias directas a Canarias del tsunami en el catálogo euromediterráneo, sí existen textos que corroboran la incidencia de ese fenómeno, al menos, en las islas de Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura. En una carta remitida por el Capitán General de Canarias, Juan de Urbina (1746-1761), al por entonces ministro de Estado Ricardo Wall se constatan varias retiradas del mar de unos 100 metros en las costas de Gran Canaria, con posteriores inundaciones de algunas zonas próximas a la costa.
En efecto, según relató, "los habitantes vieron desde los balcones esta repentina hinchazón de las aguas con el mayor asombro, y mucho más cuando vieron que, retiradas ocho o diez minutos, volvieron con mayor impulso". No obstante, precisó que el suceso se desarrolló "sin estrago ni otra circunstancia digna de notarse". Aun así, Urbina menciona que la marea llegó a inundar la ermita de Nuestra Señora de la Luz, en el Puerto de Las Isletas, y que, al retirarse, dejó el interior del templo "lleno de pescado". Como detalle curioso, se "descubrió el casco de un navío", de cuyo naufragio no tenían memoria.
Texto histórico íntegro de la Carta remitida por el Capitán General de Canarias, Juan de Urbina al Ministro de Estado Ricardo Wall en 1756.
Muy s[eño]r. mío: habiendo llegado a estas Islas las noticias de los estragos que causó el terremoto que se sintió en esa Corte y en otras partes, la mañana del día primero de noviembre me ha parecido preciso dar aviso a V[uestra]. E[xcelencia]. de n[uest]ra. felicidad en esta tragedia p[ar]a. que la participe al Rey.
El citado día, como a las once de la mañana, estando el mar en tranquilidad, se elevaron las gradas del muelle [de Santa Cruz de Tenerife], pero no fue tanta esta avenida que se hiciese notable a todos, ni causó en este puerto y sus costas otro efecto que admirar a los pocos que advirtieron esta novedad.
En esta misma Isla [de Tenerife], por la costa que llaman las Bandas del Norte, fue mayor la elevación de las aguas y notoriamente advertida con algún sobresalto de todos los habitadores de este paraje, pero sin estrago.
En la isla de Gran Canaria se experimentó igual movimiento del mar y los habitadores de su principal ciudad estuvieron viendo desde los balcones y cercanías de la marina esta repentina hinchazón de las aguas en la misma hora y con el mayor asombro, y mucho más cuando vieron que, retiradas ocho o diez minutos, volvieron con mayor impulso sobre los no tocados límites en la antecedente invasión, repitiéndose hasta tres veces en aquella Isla esta gran novedad, pero sin estrago ni otra circunstancia digna de notarse, y sólo en el Puerto principal de esa Isla, nombrado el Puerto de la Luz, distante una corta legua de la ciudad, se vio entrar el mar e inundar la ermita que allí había de Nuestra Señora de la Luz, y habiéndose retirado como un tiro de pistola dentro de su antiguo límite, descubrió el casco de un navío, de cuyo naufragio no hay memoria, y dejó la ermita llena de pescado.
En las islas de Fuerteventura y Lanzarote se experimentó el mismo movimiento, pero también sin estrago; sólo que en la última se arruinaron unas salinas de que se proveían aquellos naturales.
Habiendo sabido por las cartas de España, y otras de diferentes partes de la Europa, lo casi universal que fue el temblor de tierra del referido día y la catástrofe que padecieron muchos pueblos y, lo que es más triste, innumerables personas, hemos dado a Dios repetidas gracias con la mayor solemnidad, a las que di yo principio el día del Apóstol San Matías, y continuó este pueblo [de Santa Cruz] y todos los de esta Isla con la mayor devoción, porque habiendo llenado este día la Europa de asombro, horror y tragedia, nosotros por la misericordia de Dios solo tuvimos asunto que admirar, pero no con circunstancias que nos despertaran el miedo.
Es cuanto ha ocurrido digno de participar[le] a V[uestra]. E[xcelencia]. En estas Islas y sus mares. Dios guarde a V[uestra]. E[xcelencia].
Santa Cruz de Tenerife, marzo, 6 de 1756.
Al Exmo. Sr. D. Ricardo Wall.
Creación de las Dunas de Maspalomas.
Cristóbal Colón pasó por Maspalomas en 1492 pero ese espacio dunar y esa charca no existían entonces. Investigadoras del IGME-CSIC han realizado un inventario de los tsunamis registrados en los últimos 2.000 años en el archipiélago de Canarias, siendo el más grave en 1755 causado por el citado terremoto de Lisboa, en un estudio que puede ayudar a calcular cuánto tarda un evento de este tipo en llegar a la costa y con qué altura de ola desde que se produce el terremoto. Ese sería el que provocó lo que hoy es todo el entorno de Maspalomas con sus dunas y que seguramente llegó a las medianías de la isla.
Dunas de Maspalomas. Foto: turcon.wordpress.com.
Este estudio ha sido liderado por investigadoras del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en colaboración con investigadoras de la Universidad de La Laguna y del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife (MUNA). Parece que no causó daños graves a las personas porque cuando se produjo la población vivía principalmente en la zona interior de las islas.
Un sondeo que se realizó en la Playa del Inglés en 2008, con motivo del Estudio Integral de la Playa y Dunas de Maspalomas, y en el que se perforó hasta una profundidad de 19,5 metros, arrojó unos resultados, que una vez estudiados, alteraron la concepción de la génesis dunar. En concreto, en torno al octavo y noveno metro excavado, los elementos sedimentológicos analizados mostraron una ruptura brusca en la línea temporal que sólo podría ser explicada si el campo de dunas se hubiese formado entre 1720 y 1870.
Es a partir de 1838, cuando en el atlas que dibujan P. B. Webb y S. Berthelot, donde se atisba una "amplia playa de arena, que coincide con el actual sector norte de la playa del Inglés", que se recoge en el citado estudio de 2008.
De ahí en adelante, las referencias documentales se hacen cada vez más frecuentes. En 1857 Carl Bolle cita la presencia del campo de dunas, en 1867 lo hace Fritsch Von Karl, en 1876 Juan de León y Castillo lo muestra en una excelente cartografía, y así continúan produciendo multitud de referencias hasta la actualidad.
Este hallazgo, sin embargo, no ha podido ser confirmado por otros sondeos que permitiesen descartar que los datos obtenidos no fuesen una simple anomalía de un estudio aislado. "Lo único que tenemos claro", explica Ignacio Alonso Bilbao, doctor en Ciencias del Mar en la ULPGC, "es que la formación de Maspalomas ha sido muy rápida y muy reciente".
Pero, ¿son solo los datos obtenidos en el sondeo los que avalan la hipótesis de la creación fulgurante del campo de dunas? "No", revela Alonso, "antes de 1800 no existían las dunas de Maspalomas, y eso lo hemos comprobado a través de documentos históricos, cartográficos y documentos de naturalistas que pisaron la Isla en los siglos XVII y XVIII. En ellos, nadie hablaba de las dunas. Lo cual es muy llamativo".
Por su parte, el geógrafo Luis Hernández planteó en una entrevista a la revista Pellagofio que las Dunas de Maspalomas no se formaron únicamente por la acción del viento acumulando arena con el tiempo, sino que podrían haber recibido un impulso clave tras el tsunami de 1755, consecuencia del terremoto de Lisboa. Antes, existía en la zona una plataforma sedimentaria del barranco de Maspalomas, con pequeñas dunas sobre una superficie llana. El maremoto habría retirado temporalmente el agua del mar, dejando al descubierto grandes cantidades de arena que, al regresar la marea, fueron empujadas hacia el interior y formaron un depósito mucho mayor. Eso explicaría la magnitud del campo de dunas, difícil de alcanzar solo con los aportes del viento.
La hipótesis de la formación dunar gracias al tsunami cobra, con los datos recogidos, mayor fuerza, sobre todo si se tiene en cuenta que entre los años 1785 y 1838 la plataforma sobre la que se asienta la Playa del Inglés -formada hacía menos de 2.000 años a través de aportes aluviales y marinos- alcanzó los ocho o nueve metros de profundidad, y que, en aquellos años, "un evento hizo que se acumulase una enorme cantidad de material", entre ocho y nueve metros más de sedimentos, "que permitió a la costa emerger y adquirir la configuración actual", confirma el estudio.
Por último, señalar que José María Hernández de León, ex jefe de la Demarcación de Costas de Canarias, en declaraciones al diario La Provincia indicaba que, en 2006, el Ministerio de Medio Ambiente encargó un estudio al Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria sobre el origen y evolución de las dunas y el informe concluyó que el sistema se formó hace entre 200 y 250 años atrás, y fue como resultado de un evento extraordinario que aportó al menos 20 millones de metros cúbicos de arena, entre cuyas causas posibles se contemplaba también el fenómenos del tsunami. Y lo cierto es que las fechas encajan.
Las primeras descripciones geográficas de la zona de Maspalomas, como las del ingeniero Antonio Riviere en 1742, y los planos de Miguel Hermosilla en 1785, no mencionan en ningún momento la existencia de las dunas, aunque sí otros elementos como el Charco de Maspalomas. No es hasta mediados del siglo XIX cuando comienzan a aparecer referencias consistentes respecto a la existencia de las dunas de Maspalomas. En 1857, en efecto, las mencionó el naturalista Carl Bolle; después lo hizo Fritsch von Karl, en 1867, y casi veinte años más tarde, en 1876, fue el ingeniero canario Juan de León y Castillo que las dibujó con precisión en una cartografía detallada de la zona. Todo indica que comenzaron a formarse en algún momento de la segunda mitad del siglo XVIII.
Antes del evento, la plataforma de Maspalomas tardaba unos 146 años en crecer un metro, pero en el lapso temporal entre 1785 y 1838, es donde se produce la ruptura sedimentológica del sondeo, donde la plataforma duplicó su altura.
Y así, el maremoto o tsunami que destruyó la ciudad de Lisboa, varias poblaciones del Algarve, las costas de Marruecos, Huelva, Cádiz, Conil, Sanlúcar de Barrameda o el Puerto de Santa María, y cuyas olas atravesaron el océano y llegaron hasta América, también pudo ser el origen de las dunas de Maspalomas. Único cataclismo documentado capaz de transportar tal cantidad de arena.
Efectos en la costa de Lanzarote.
Las olas también llegaron hasta Lanzarote, según ha comprobado un estudio liderado por la UNED. Los investigadores concluyen que la presencia de cantos rodados en la costa norte de Timanfaya son consecuencia de olas asociadas al tsunami de 1755.
En efecto, en 2024, un equipo de científicos pudo identificar en la costa occidental de Lanzarote, en el Parque Nacional de Timanfaya, evidencias del impacto que en Canarias tuvo el tsunami provocado por el gran terremoto de Lisboa en 1755, que causó decenas de miles de muertes.
El estudio lleva la firma de Inés Galindo, Nieves Sánchez y Juana Vega, del Instituto Geológico y Minero; Carmen Romero, del Departamento de Geografía de la Universidad de La Laguna; Esther Martín, del Museo de Ciencias Naturales de Santa Cruz de Tenerife (MUNA); y Javier Lario, de la Facultad de Ciencias de la UNED.
El trabajo tiene su base en la identificación de depósitos de grandes bloques de basalto, algunos de hasta tres metros de longitud, transportados tierra adentro por un evento de olas extremas. Los investigadores sugieren que estos depósitos solo pudieron ser originados por una fuerte tormenta o, más probablemente, por un tsunami.
A través de la aplicación de diferentes ecuaciones para el estudio de las alturas de ola, velocidad de flujo y profundidad necesarias para movilizar estos bloques descartan que las condiciones extremas de tormenta registradas en la zona fueran suficientes para formar estas acumulaciones de bloques en Punta del Cochino y Punta del Volcán Nuevo.
Mediante la datación de los cantos rodados a partir de cartografía geológica y geomorfológica de coladas de lava volcánica han determinado que se formaron en el periodo comprendido entre el final de la erupción de Timanfaya en 1736 y el 3 de septiembre de 1824, cuando las coladas de lava emitidas desde el Volcán Nuevo del Fuego entraron al mar por la Punta del Volcán Nuevo.
Los autores del estudio recalcan que existen registros del efecto de este tsunami consecuencia del terremoto de Lisboa de 1755 en la mayor parte de las islas macaronésicas, y en concreto en el caso de Canarias, en la propia isla de Lanzarote, donde existen evidencias y documentación histórica que recoge la llegada del tsunami a las mismas. En base a todos estos datos, estos investigadores concluyen que la presencia de cantos rodados en la costa norte de Timanfaya se ha interpretado como consecuencia de las grandes olas asociadas al tsunami de 1755.
Para el caso de Lanzarote, se estima que las olas alcanzaron alturas superiores a 2,1/2,7 metros, acompañadas de velocidades de flujo superiores a 2,8 metros por segundo, suficientes para iniciar el movimiento de las rocas. Además, se estima que la distancia de inundación se extendió al menos hasta 188 metros desde la costa.
Aunque el registro histórico de este evento está documentado en Canarias, se trata de la primera evidencia del registro geológico del tsunami de 1755 en las islas, recalcan los autores del estudio.
En dicho estudio, pues, se muestra la presencia de depósitos de crestas de bloques en la costa norte de Lanzarote, con múltiples características que demuestran su origen marino y su asociación con un evento de oleaje extremo (tormenta o tsunami). La aplicación de diferentes ecuaciones para el estudio de la altura de las olas, la velocidad del flujo y la profundidad necesarias para movilizar estos bloques indica que las condiciones de tormenta extrema registradas en el área no fueron suficientes para formar estas acumulaciones de bloques en los sitios de Punta del Cochino y Punta del Volcán Nuevo, asignando su formación a un evento de tipo tsunami de alta energía.
Con base en estos datos, se demuestra cómo el estudio del registro geológico es clave para reconstruir episodios anteriores y, por lo tanto, es crucial evaluar la frecuencia de estos eventos destructivos en las islas y planificar medidas de prevención y protección.
En este caso, los cantos rodados también se depositaron sobre las lavas de Timanfaya y posteriormente fueron cubiertos por flujos de lava extruidos durante la siguiente erupción de 1824 también acontecida en Timanfaya. Por ello, para los investigadores, el origen de estos depósitos podría interpretarse, en efecto, como una tormenta extrema o como consecuencia de un tsunami. No existen registros históricos de tormentas extremas en Canarias para este período, pero sí hay evidencia documental de este tsunami de 1755 ocurrido como consecuencia del terremoto de Lisboa. Por lo tanto, el estudio propone que estos depósitos en la costa norte de la isla de Lanzarote son la primera evidencia científica del origen sedimentario del tsunami de 1755 en Canarias (aparte de la formación de las dunas de Maspalomas), causando inundaciones significativas en esta isla, donde las olas llegaron tierra adentro hasta 188 metros y que incluso provocaron importante daños en infraestructuras costeras, como las Salinas de La Santa (o del Río, que se hallaban frente a La Graciosa), que sufrieron daños graves y que quedaron inutilizadas y fueron abandonadas poco después, dejando evidencias geológicas del evento, como se ha estudiado, en la zona del mencionado Parque Nacional de Timanfaya.
Pedro R. Castro Simancas, 13.01.2026.
Festividad de los Santos mártires de
Córdoba Gumersindo y Servideo.
Fuentes:
GALINDO, Inés, y Romero, C. Martín-González, E. Sánchez, N. Las Vegas, J. y Lario, J. (2024): (en inglés) "Un evento de olas extremas en el Parque Nacional de Timanfaya: Posible primera evidencia geológica del tsunami de Lisboa de 1755 en Lanzarote, islas Canarias" en Earth Surface Processes and Landforms, vol. 49 nº 13, pp. 4133–4153, Sociedad Británica de Geomorfología, Londres, octubre 2024.
MARTÍNEZ SOLARES, J. M. (2017): "El Terremoto de Lisboa de 1 de noviembre de 1755" en Física de la Tierra, Vol. 29, pp. 47-60, Universidad Complutense, Madrid, 2017.
PEREGRÍN PIZARRO, Jaime (2022): "Evaluar un Desastre. Procedimientos de la Monarquía Hispánica tras el Terremoto de Lisboa de 1755: la Orden Circular del 8 de noviembre" en Revista de Historia Moderna, n.º 40, pp. 333-365, Universidad de Alicante, 2022.
El amigo José Antonio, desde Madrid, nos comenta: "Desde luego muy interesante tu postura sobre el terremoto de Lisboa.
ResponderEliminarEl efecto del terremoto llegó tan lejos como a Arnedo, donde daño gravemente el convento de las clarisas, según me comentaron en reciente visita al lugar.
Interesante también los daños en Canarias. Pensaba yo que las islas están a salvo de tsunamis ya que no están rodeadas de aguas someras que permitan manifestarse la onda sísmica en forma de ola. Cierto es que en las zonas de isla baja y en el Estrecho de la Bocaina sí tenemos esas aguas someras."
Muy interesante el artículo.
ResponderEliminarMuy interesante y documentado como siempre, Pedro. Miguel Ramírez
ResponderEliminarMuchas gracias don Miguel, me alegro que le haya gustado.
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