La Gomera (I): La vida de Beatriz de Bobadilla y Osorio, "La Cazadora", cruel, ninfómana y codiciosa.
Como afirmó el Profesor Antonio Rumeu de Armas, Beatriz de Bobadilla, llamada "La Cazadora", fue una mujer apasionada y dura, de reacciones impremeditadas bajo al impulso de la violencia. En la vida familiar se enemistó con todos sus parientes, desde la suegra doña Inés Peraza hasta el cuñado Sancho de Herrera, sin que fuese posible llegar nunca a una avenencia con ella.
En el gobierno de sus dominios, la mano de hierro de la «señora» se dejó sentir sobre personajes altos y bajos, poderosos o humildes, revelando particular saña contra los indígenas gomeros. Sus terribles justicias se harán célebres al correr del tiempo, sin que hayan podido ser jamás borradas.
Primero debemos aclarar que en la Historia de España hay dos mujeres con el nombre idéntico de Beatriz de Bobadilla que en su tiempo alcanzaron gran renombre y fama. Fueron tía y sobrina. Ambas nacieron en Medina del Campo (Valladolid), con 20 años de diferencia y ambas vivieron en la corte y en la cercanía de los reyes, Isabel y Fernando, los Reyes Católicos.
DOS MUJERES LLAMADAS 'BEATRIZ DE BOBADILLA'.- La primera, en efecto, la tía, ha pasado a los textos como un dechado de lealtad y de virtudes. Amiga desde niña de Isabel, futura reina de Castilla, no tuvo esta mejor consejera ni valedora que Beatriz. Hasta estuvo a punto de dar su vida por ella. En el sitio de Baza, durante la guerra de Granada, un infiltrado enemigo se abalanzó sobre ella apuñalándola en reiteradas ocasiones, pues quizás la confundió con Isabel. Pero no llegó ni a herirla. Las ropas de la dama Beatriz fueron suficiente escudo y salió indemne. La reina Isabel la apreció siempre en mucho, y su íntima amistad perduró durante toda su vida.
Ostentó el título de Marquesa de Moya, fue la consejera y persona muy próxima a Isabel I de Castilla, desarrollándose una íntima amistad entre ellas.
Tras la muerte de Isabel la Católica y la marcha de Fernando II a Aragón, Beatriz y su marido abandonaron la Corte castellana y entregaron el alcázar de Segovia al señor de Belmonte, al servicio de Felipe el Hermoso. Aunque Fernando El Católico volvió como regente, para gobernar en nombre de su hija Juana La Loca, el matrimonio de Beatriz y su marido no volvió a la Corte por su avanzada edad. Doña Beatriz falleció en la villa de Madrid el 17 de enero de 1511.
No tuvo, sin embargo, la reina Isabel La Católica, el mismo aprecio por la sobrina de la Marquesa de Moya. Y no le faltaron razones, aunque de inicio la protegiera y no dejara de otorgarle mercedes aunque ya fuera para mantenerla lejos. Porque Beatriz de Bobadilla y Osorio, de niña hermosa, y de joven y por siempre de una belleza deslumbradora, por lo que fue el oculto deseo de toda la Corte. A la que no fue en absoluto inmune el propio rey Fernando ya casado con Isabel, cuyas aventuras amorosas extramatrimoniales no fueron precisamente pocas, lo que preocupó en mucho a la reina castellana.
BEATRIZ DE BOBADILLA 'LA CAZADORA'.- Beatriz de Bobadilla y Osorio (Medina del Campo, 1462-Medina del Campo, 1504) fue una joven dama castellana de la Corte de los Reyes Católicos conocida luego por ser señora de las islas de La Gomera y El Hierro al casarse con Fernán Peraza el Joven, siendo uno de los personajes femeninos más destacados de la historia de Canarias, a finales del siglo XV y los primeros años del siglo siguiente.
Hija de Juan de Bobadilla, cazador mayor de los Reyes Católicos, y de doña Leonor Álvarez de Vadillo; era sobrina de su homónima Beatriz de Bobadilla, la citada marquesa de Moya. Casó hacia 1481 con el mencionado Fernán Peraza, señor de La Gomera y de El Hierro, del que enviudó en 1488. En 1498 casaría nuevamente con Alonso Fernández de Lugo, a la sazón viudo, conquistador, primer Adelantado de Canarias y gobernador de Tenerife y La Palma.
Fue apodada "La Cazadora" por el cargo de cazador mayor que tenía su padre, para así diferenciarla de su famosa tía que antes hemos mencionado, doña Beatriz de Bobadilla, primera marquesa de Moya y amiga de Isabel I de Castilla.
La reputación personal de la segunda Bobadilla, la sobrina, mujer de deslumbrante belleza, no pudo ser peor: cruel, ninfómana y codiciosa, como así la califica la Real Academia de la Historia. Esa mala fama es debida, en parte, a la contribución de escritores como Baltasar de Castiglione, que en su famosa obra El Cortesano, mencionó dos historietas sobre la vida disipada de Beatriz.
Otros autores relatan que Beatriz pudo ser amante del propio rey Fernando y que Isabel, para alejarla de su entorno, la casó con el citado Fernán (o Hernán) Peraza el Joven, de muy distinguida familia —pues era segundogénito de los señores de Canarias, Diego de Herrera e Inés Peraza—, pero sospechoso de asesinato. Por este supuesto crimen, en efecto, la reina Isabel le condena a casarse con Beatriz. El matrimonio fue enviado a la isla de La Gomera por traspaso o donación del señorío de esta isla y la de El Hierro que, en beneficio de Fernán, había realizado su madre en 1478 respecto de La Gomera y en 1486 respecto de El Hierro.
Matrimonio y traslado a Canarias.
Es sabido que Beatriz de Bobadilla contrae matrimonio en Madrid en el año 1482 con el citado Fernán Peraza, hijo segundo de los señores de Canarias, Diego de Herrera y doña Inés Peraza.
En efecto, estando en la corte Fernán Peraza el Joven, señor de las islas de La Gomera y El Hierro, quien había sido requerido por los reyes para responder por la muerte en La Gomera del capitán conquistador de la isla de Gran Canaria, Juan Rejón. Para obtener el perdón real, como hemos expuesto, Fernán Peraza fue obligado a casarse con Beatriz por mandato de la propia reina, así como a participar con sus vasallos en la conquista de Gran Canaria que se estaba realizando en aquellos momentos. Para la mayoría de los primeros historiadores, este matrimonio sirvió a la reina Isabel para alejar a Beatriz de la Corte, ya que estaba celosa de las atenciones amorosas que le prestaba el rey Fernando.
Tras su boda solemne en Madrid a finales del citado año de 1482, Beatriz abandona la Corte castellana y acompaña a su marido Fernán a su nueva residencia en la torre-fortaleza de San Sebastián de La Gomera.
Beatriz de Bobadilla tuvo de su matrimonio con Fernán Peraza dos hijos, Guillén Peraza de Ayala e Inés de Herrera. Guillén Peraza, fue primer conde de La Gomera, casará andando el tiempo con su prima hermana doña María de Castilla, y su hermana Inés se unirá en matrimonio con Pedro Fernández de Lugo, segundo Adelantado de Canarias.
Fernán Peraza no tardó en meterse de nuevo en problemas. Sedujo y se hizo amante de una princesa gomera, Iballa. Sorprendidos por su tutor, los gomeros acabaron con la vida de Peraza. A raíz de este crimen, estalló una tremenda rebelión en toda la isla contra los castellanos (la conocida como "rebelión de los gomeros"). Sin embargo, Beatriz demostró coraje y valor, se encastilló en la Torre de San Sebastián de la Gomera y aguantó hasta que llegaran refuerzos desde Gran Canaria. Al poco tiempo, tropas de Gran Canaria al mando de su gobernador Pedro de Vera, levantaron el cerco a la torre en la villa de San Sebastián e hicieron huir a los rebeldes.
Una vez levantado el asedio, ella y su libertador se entregaron a una sangrienta y sádica represión que alcanzó por igual a responsables e inocentes, pues hasta mujeres y los niños fueron vendidos como esclavos, pese a su condición de cristianos.
Lo que sucedió después cambiaría, desde luego, de manera total la imagen de la bella Beatriz y su vida futura. El citado gobernador Pedro de Vera y ella ofrecieron a los rebeldes gomeros una amnistía a cambio de su rendición. Estos la aceptaron y entonces, faltando a su palabra, desataron un represión terrible, asesinando a muchos de ellos, tanto de las tribus sublevadas como de otras que no habían participado en las revueltas, y desatando así una terrible cacería de exterminio en la que buscaron la muerte de todo gomero varón mayor de 15 años. Fue tal la crueldad desatada en La Gomera, que ambos fueron denunciados ante la Corte, entre otros, por el obispo de Gran Canaria, y hubieron de comparecer ante los reyes a rendir cuentas. A Pedro de Vera, le costó el cargo de gobernador y perder el favor para siempre de los reyes, y a ambos, tener que pagar una multa de medio millón de maravedís cada uno, para el rescate y liberación de los gomeros que habían esclavizado.
Sin embargo, los buenos oficios de su tía, la condesa de Moya, logró que su sobrina pudiera volver a su señoría de La Gomera, aunque su nombre desde ese momento quedó manchado para siempre como mujer extremadamente cruel.
En cuanto a su familia política, la más violenta acusación contra ella la formuló en Córdoba, alrededor de octubre de 1491, ante el Consejo Real (especie de tribunal supremo de la época), su cuñado Sancho de Herrera, el futuro señor de Lanzarote. En este agresivo escrito se la tachaba de "sospechosa tutriz", dilapidadora y manirrota, reclamando de ella la rendición de cuentas, previo el oportuno inventario de la herencia.
En efecto, como resultas de la cruel represión contra los gomeros, los Reyes resolvieron para garantizar las responsabilidades penales de Beatriz y el rescate de los inocentes vendidos como esclavos, la entrega de un depósito de 500 mil maravedíes de fianza. No obstante, Beatriz Bobadilla en 1492, alegó con innumerables documentos probatorios su inhumano derecho de venta, negándole a los gomeros el carácter de cristianos, por seguir los gomeros, decía en su alegato, "llamándose con nombres gentiles, viviendo desnudos e teniendo ocho o diez mugeres".
Fallecido su marido, Beatriz se casó en segundas nupcias, durante el verano de 1498, con Alonso Fernández de Lugo, el conquistador de las islas de La Palma y Tenerife, cuyas acciones le habían enriquecido extraordinariamente, sobre todo con la venta de esclavos benahoritas y guanches, capturados tras la conquista de ambas islas. De esta unión no hubo descendencia.
De la presencia de estos gomeros en Sevilla, puedes consultar el siguiente artículo:
El Callejón de los Canarios de Sevilla
En La Gomera, Beatriz, una vez casada en segundas nupcias, dejó personas de su confianza como administradores en La Gomera, trasladándose a vivir en Tenerife con su segundo marido, donde ejerció el poder por delegación durante las ausencias de aquél.
'La Cazadora' tenía también prohibido por la Reina Isabel regresar a Castilla a no ser que fuera requerida por ella o por la Justicia. Andaba muy metida en pleitos por sus derechos canarios, y acechada por no pocos enemigos que se había ganado. Al fin pudo hacerlo a la muerte de Isabel, a principios del 1504 y regresó a su ciudad natal, a Medina del Campo (Reino de Castilla). Pero no tardó mucho en encontrarse con la muerte. Aquel mismo año, en noviembre, se la encontraron, un amanecer, muerta en su cama. Tenía 42 años y seguía siendo una mujer muy hermosa. Quedó sembrada la duda de si había sido por causas naturales o si había sido envenenada.
Los años finales, pues, de Beatriz fueron muy difíciles y algunos autores indican que se volvió completamente paranoica, atacada con denuncias y reclamaciones ante el Consejo Real por las amenazas de su familia política de revocarle el mayorazgo sobre las islas de La Gomera y El Hierro, y con intentos para arrebatarle la tutela de sus hijos..., en fin, todo fueron problemas...
En el siguiente capítulo repasaremos, por último, los amoríos más conocidos de Beatriz "La Cazadora", es decir, de sus relaciones extraconyugales fuera de sus dos matrimonios, aquellos que han despertado en los cronistas e historiadores de todas las épocas las más encendidas especulaciones.
Pedro R. Castro Simancas, 30.12.2024.
Fuentes:
RUMEU DE ARMAS, Antonio (1960): "Cristóbal Colón y Beatriz de Bobadilla en las antevísperas del descubrimiento" en El Museo Canario, nº 75-76, pp. 255-279, Ed. El Museo Canario, Las Palmas de Gran Canaria, 1960.
RUMEU DE ARMAS, Antonio (1985): "Los amoríos de doña Beatriz de Bobadilla" en Anuario de Estudios Atlánticos, nº 31, pp. 413-455, Casa de Colón, Las Palmas de Gran Canaria, 1985.
VACA DE OSMA, José Antonio (2001): Los Reyes Católicos, Espasa Calpe, S.A., Madrid, 2001.

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