Sevilla: La historia del "Callejón de los Canarios", donde habitó la colonia de aborígenes canarios en los siglos XV-XVI.

En la conquista de las islas Canarias, especialmente de las islas realengas de Gran Canaria, La Palma y Tenerife, era considerado normal y legal que los aborígenes capturados de los bandos de guerra, pasaran a la condición de esclavos, y así fueron importantes los mercados esclavistas de Jerez de la Frontera, Sevilla y Valencia de canarios capturados. La esclavización del vencido por armas era parte de la vida cotidiana en los siglos XIV y XV. Sin ir más lejos, en la propia guerra de Granada, con un rival de cultura y civilización similar al castellano, se cautivaron y deportaron poblaciones enteras de sus ciudades. Por supuesto, muchos de los aborígenes, especialmente en Tenerife, estaban incluidos en la categoría de bandos de paces, y muchos de aquellos que teóricamente deberían haber estado protegidos como resultado de su acuerdo con las condiciones de la conquista, fueron también objeto de esclavitud.

En efecto, los aborígenes de los bandos de paces (caso de los reinos de Anaga, Güímar, Abona y Adeje, en la isla de Tenerife), deberían haber disfrutado de libertad y de igualdad de derechos como se les reconocía a los demás colonos que poblaron las islas, pero lo cierto es que muchos guanches de estos reinos que apoyaron a los conquistadores, también engrosaron las listas negras de la esclavitud, por diversidad de causas injustas. Estos debieron pleitear ante la Justicia y demandar a los Reyes Católicos para obtener su libertad, por su esclavitud injusta.

En el caso de Gran Canaria, la solución del gobernador Pedro de Vera para el problema de los aborígenes fue la deportación en masa; esta idea surgió a partir de una de las primeras etapas de la campaña de conquista de dicha isla, cuando un gran número de canarios habían sido atraídos hacia las fortificaciones castellanas, si bien De Vera no les consideraba totalmente convertidos a la causa castellana y, temiendo un levantamiento y al verse escaso de provisiones, tanto para los aborígenes como para sus propios hombres, dijo, en palabras del cronista Bernáldez que "deberían acompañarle en las carabelas para atacar a Tenerife, para confiscar ropas para ellos, y por medio de este truco, en las bodegas de las carabelas les envió a España. Los llevaron a Cádiz y Puerto de Santa María en el año 1483".

Según el historiador británico Felipe Fernández-Armesto, a partir de ahí una colonia de canarios se establecería en Sevilla por la que incluso Don Fernando Guanarteme se interesó en agosto de 1485. Además, en 1491, cuando el Cabildo de la isla expresó sus temores por la población aborigen todavía no conforme con la conquista y potencialmente peligrosa, por lo que los Reyes Católicos ordenaron a los regidores de varios puertos de Andalucía y Canarias que no permitieran que ningún canario expatriado en Andalucía embarcara hacia Gran Canaria sin permiso expreso de los mismos monarcas, ya que al ordenar su expulsión se les había prohibido volver allí; y si algún indígena volvía sin permiso "que muriese por ello".

Como ha señalado Mariano Gambín García, en el caso de Tenerife, es muy difícil intentar explicar las violentas esclavizaciones realizadas por el gobernador Alonso Fernández de Lugo durante y después de la conquista de Tenerife. En muchas ocasiones, la conducta de Lugo no tiene otra explicación que un afán recaudatorio desmedido unido a una falta de escrúpulos asombrosa. 

A finales del siglo XV, la definitiva conquista del Archipiélago canario, con la terminación de la conquista de Tenerife en 1496, trajo como consecuencia la llegada a Sevilla de un contingente numeroso de prisioneros tinerfeños y gomeros rebeldes.

El indígena canario (especialmente, canarios de Gran Canaria y guanches de Tenerife) no era conceptuado mejor que otro tipo de esclavo originario de lejanas tierras, como los indios o los moros. Pero pasaba a ser una mercancía valiosa desde su captura, por lo que casi siempre los captores perdían de vista, cegados por el afán de lucro, la noción de persona de sus cautivos, y se convertía en pura mercancía. Esta visión inhumana, desde nuestro punto de vista actual, era moneda corriente y cotidiana en los puertos andaluces en los años anteriores y posteriores a la conquista de las islas de Gran Canaria, La Palma y Tenerife.

Aspecto actual del Callejón de los Canarios (Sevilla)

LA CIUDAD DE SEVILLA, EL DESTINO DE MUCHOS CANARIOS ESCLAVOS EN LOS SIGLOS XV Y XVI.- La historia de los canarios esclavizados en Sevilla es poco conocida. Allí, terminada la conquista de la totalidad de las islas Canarias, a principios del siglo XVI convivían negros, canarios, musulmanes, mulatos e indios americanos, todos ellos en su seno dentro de una célula familiar cerrada y en  medio de unos grupos sociales muy diversificados.

Según ha podido estudiar Alfonso Franco Silva, casi todos los canarios de Sevilla procedían de la isla de Gran Canaria, en segundo lugar provenían de Tenerife, y el resto, algunos procedían de otras islas. Lanzarote y La Palma son las islas del Archipiélago con menor presencia física en la ciudad. Canarios naturales de las islas de El Hierro y La Gomera son prácticamente desconocidos desde los  primeros años del siglo XVI. Sin embargo su número alcanzó cierta importancia en el último cuarto del siglo XV. Casi todos ellos fueron liberados más tarde por orden expresa de los Reyes Católicos, según iban reclamando ante el Consejo Real.  Sin  embargo su liberación no  fue cumplida inmediatamente, sino de una forma paulatina con muchas resistencias por parte de los compradores y enormes protestas  a los monarcas protagonizadas por los propios afectados deseosos de liberación. 

Constituía un grupo social y étnico bien definido dentro del conjunto de lo que podríamos denominar la clase servil esclava de Andalucía. La repartición sexual evidencia un claro equilibrio entre varones y hembras, sin embargo, en algunos años concretos parece observarse un predominio del varón sobre las mujeres, especialmente en la  segunda década del siglo XVI. En concreto, en el año 1496, se contabilizaron 21 varones y 19 mujeres.

En efecto, en 1496 dos barcos llegaron a la ciudad desembarcando en el puerto del Guadalquivir un número de 40 canarios, seguramente capturados en el final de la conquista de Tenerife, que pasaron a engrosar el mercado. Todos fueron vendidos ese año, en pública subasta, y en los posteriores, algunos incluso fueron llevados a ferias locales, como la de Guadajoz (pedanía perteneciente al histórico municipio de Carmona) para enajenarlos en la feria del pueblo.

El precio del canario en el mercado tendía a aproximarse al de los negros. Se preferían jóvenes que no tuviesen apenas defectos físicos y su precio medio oscilaba siempre entre ocho y diez mil maravedíes. El precio de  las mujeres  por lo general tendía  a ser ligeramente superior  al de los varones, sobre todo las que estaban embarazadas. El encarecimiento de la mujer se debía a su capacidad de procreación y rendimiento,  a su mayor longevidad, y a que generalmente eran más obedientes y  se daban menos  a la fuga  que  los varones. La segunda década del siglo XVI presencia  una  disminución progresiva en el número  de los cautivos  canarios,  que  a  fines de 1510 terminan  por  ser  excepcionales. 

Para estos canarios en Sevilla, la recompensa, después de largos años de trabajo y obediencia desinteresada, era la obtención de la libertad mediante una carta de ahorría pagada por el propio esclavo o concedida graciosamente por su dueño gracias a una cláusula testamentaria por el cual los liberaba. Otros muchos tuvieron menos suerte y terminaron sus días como esclavos.

Bien es cierto que los canarios lograron conseguir la liberación con más facilidad que los negros y musulmanes, sobre todo los que procedían de los bandos de paces y los que eran de los bandos de guerra, también, comprando su libertad por sí mismos o mediante ayuda económica de otros canarios residentes en la islas. Muchos fueron obligados a vivir en algunas casas de las cercanías de la Puerta de la Carne, por donde hoy se encuentra el Callejón de los Canarios, y poco después, con objeto de conseguir su conversión sincera al cristianismo, fueron repartidos por toda la ciudad de Sevilla. Otros consiguieron con facilidad integrarse dentro de la sociedad sevillana como hombres libres. Sin embargo, no les fue fácil conseguir la liberación, teniendo muchas veces que realizar los servicios de un personero o procurador que les defendiese frente a  sus  dueños o amos.

El procurador más conocido de los antiguos esclavos canarios en Sevilla, a comienzos del  siglo XVI, fue Timoteo de Vargas. El liberto podía entablar pleitos demandando a otra persona o defendiéndose de ella, pero su antiguo dueño no podía hacerle ninguna demanda ni moverle pleito, en razón del ahorramiento o liberación, bajo multa de 50.000 maravedíes, si se arrepentía de haberlo hecho. El amo estaba obligado a dar su poder a los alcaldes y justicias de Sevilla y de los lugares hacia los que se dirigiese el esclavo, para que cumpliesen y guardasen la carta de ahorramiento o de libertad.

LOS PLEITOS DE LOS CANARIOS PARA CONSEGUIR SU LIBERTAD.- Los canarios esclavizados en Sevilla y en la Baja Andalucía, sobre todo si eran de los bandos de paces, accionaron sus pleitos ante el Consejo Real, cuando la Corte de los Reyes Católicos estaba en Sevilla. Así, según nos cuenta el investigador Mariano Gambín, se produjeron muchos procesos judiciales de carácter individual que se fueron fallando independientemente, y los afectados lograron una pronta resolución a su problema, como fue el caso de don Enrique, último mencey de Icod. Sin embargo, el proceso de causa general, en el que se agrupaba a otros muchos aborígenes, distó de ser resuelto a corto plazo y prolongó durante años.

El gran número de afectados, residentes en Sevilla y personados en este proceso general hizo que las actuaciones, con todas las notificaciones, comparecencias y diligencias a realizar, provocaran una ralentización del procedimiento judicial. Además, la ausencia posterior de los monarcas de Sevilla, pues la Corte de los Reyes Católicos era itinerante, no ayudó precisamente a que el asunto se despachara más rápido. El juicio se eternizó, y fueron pasando los años y cambiando los personajes. La reina Isabel murió en 1504; Sepúlveda, el procurador de pobres nombrado por la reina, dejó de actuar en esos años como procurador de los canarios; el letrado de éstos, el licenciado Maluenda también falleció en 1507; y el Conde de Cifuentes cesó asimismo como Asistente judicial de Sevilla en 1508, sin que su sucesor entendiera que debía heredar la resolución del asunto de los pleitos de los canarios que se hallaban pendientes.

El problema principal para los afectados era que la mayoría de los canarios continuaba en poder de sus “propietarios”, con lo que se veían privados de libertad durante todos estos años, si es que no corrían la suerte de ser revendidos a terceros, situación que fue denunciada en varias ocasiones.

Posteriormente, el cambio de protagonistas judiciales se impuso para dar impulso al pleito estancado. Realmente, hasta que el rey Fernando no vuelve a residir en Sevilla en 1511, esta vez durante cuatro meses, no podemos hablar de una reactivación tangible del proceso, según comenta Mariano Gambín. Un tal Martín Canario solicitó ser el “procurador e soliçitador de todos los canarios que proclamaron su libertad ante el liçençiado Maluenda e de otros que agora nuevamente quieren reclamar”, lo que fue aceptado por el Consejo Real. No obstante, el monarca Fernando designó un nuevo procurador letrado, el licenciado Cristóbal Arenas, que a la sazón era el nuevo procurador de los pobres de la Corte. Atribuyó el conocimiento y sentencia del proceso no a la autoridad local sevillana, sino a los justicias de su Corte. Se citó en marzo de 1512 al gobernador de Tenerife, Alonso Fernández de Lugo, para responder a las acusaciones que se le hacían, de injusta esclavitud a guanches de los reinos de paces. En este año debió finalizar el proceso, del que desgraciadamente no conocemos la sentencia, pero el dato destacado de la ausencia posterior de documentación sobre los canarios esclavizados indica que el problema se resolvió a satisfacción de los afectados, que ya no consta que volvieran a presentar reclamaciones ante la Corte.

Toda esta rápida actuación se enmarcó coherentemente con la reactivación por el monarca de una política real de defensa de los aborígenes de la Corona, como ya había impulsado en el pasado la reina Isabel, su esposa, y que se plasmó en la expedición de multitud de resoluciones reales a favor de los canarios liberados y que dieron lugar a reglamentar definitivamente el estatuto jurídico de aquéllos, teniendo como colofón las Leyes de Burgos de 1512, conjunto de normas jurídicas que se hacía necesaria para intentar poner orden y evitar el abuso reiterado que se hacía de los indígenas, tanto en Canarias como en las Antillas, y de las que también se beneficiaron los aborígenes canarios residentes en Sevilla. Con ello, la monarquía castellana dio pruebas con respecto a los canarios esclavizados de una magnanimidad inhabitual e inusitada, de manera que los esclavos canarios que ya eran cristianos iban a ser objeto de liberación paulatina, como ha señalado Alfonso Franco Silva.

En efecto, los canarios lograron conseguir su liberación con más facilidad que los negros y musulmanes. Sin embargo, muchos fueron obligados a vivir en algunas casas de las cercanías de la Puerta de la Carne, y no pudieron regresar a las islas, de manera que consiguieron con facilidad integrarse, al fin, dentro de la sociedad sevillana como hombres libres.

Entrada al Callejón de los Canarios (Sevilla)

EL CALLEJÓN DE LOS CANARIOS.- Paseando por Sevilla, es hoy uno de los lugares mas desconocidos de dicha ciudad. Muy cercano a la calle Santa Maria la Blanca y, en efecto, a dos pasos de la famosa Puerta de la Carne, nos encontramos con el Callejón de los Canarios. 

La Puerta de la Carne, una de las puertas que tuvo Sevilla.

La Puerta de la Carne era una de las antiguas puertas que servían como punto de entrada y salida a la antigua ciudad amurallada de Sevilla. Se encontraba situada junto a la actual Ronda Histórica (Avenida Menéndez Pelayo), aproximadamente en la confluencia entre las calles Santa María la Blanca y Cano y Cueto.​ Dicha Puerta se demolió en el año 1864. El origen de su nombre se debe a un matadero que se encontraba en las afueras de la ciudad, que se construyó durante el reinado de los Reyes Católicos. A través de esta zona entraba la carne que iba a parar a la Plaza de la Alfalfa, ya que allí estaban las Carnicerías Reales.

Pues, en efecto, cerca de allí, el "Callejón de los Canarios", sigue siendo un lugar emblemático cercano al barrio de Santa Cruz de Sevilla y a los Jardines de Murillo, y a pesar de su relevancia, su historia es desconocida para muchos. La calle es pequeña y poco transitada, lo que hace que muchas personas pasen por allí sin detenerse ni conocer su significado. Por ello, la zona es el lugar que en el siglo XVI fue conocida en Sevilla como 'el Barrio de los Canarios', pues allí vivían muchos naturales de las islas y sus descendientes, que ya se habían quedado a vivir en esa capital.

Sin duda, el Callejón de los Canarios de Sevilla es un lugar con una historia interesante, poco conocida, y que recuerda la presencia de esa colonia de aborígenes canarios liberados en los siglos XV y XVI en Sevilla que hemos venido comentando, y que es un reflejo todavía hoy de lo que fue la colonización y esclavitud en las islas Canarias una vez terminada la conquista. Su nombre se debe, por tanto, a la presencia de esa importante colonia de aborígenes canarios, sobre todo originarios de Gran Canaria y Tenerife que, tras ser esclavizados, fueron liberados durante la primera mitad del siglo XVI. Una vez liberados, se les obligó a integrarse en diversas familias sevillanas donde se les asignó casas en dicha calle, algunos echaron raíces en la ciudad y allí se asentaron y otros, tras conseguir ser "horros", es decir, libres, lograron volver a las islas Canarias.

Ubicación del Callejón de los Canarios (Sevilla)

Indicaciones para llegar al Callejón de los Canarios de Sevilla en transporte público.

Las siguientes líneas de transporte tienen rutas que pasan cerca del Callejón de los Canarios:

Guaguas urbanas: 01, 05, 21, 24, 37.

Tren: C1, C5.

Metro: L1.

Pedro R. Castro Simancas, 11.12.2024.


Fuentes:

FERNÁNDEZ-ARMESTO, Felipe (1997): Las islas Canarias después de la conquista. La creación de una Sociedad Colonial a principios del siglo XVI, (traducido del inglés por G. L. Oxbrow e Iñaki Iriondo), Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas, 1997.

FRANCO SILVA, Alfonso (1988): "El esclavo canario en el mercado de Sevilla a fines de la Edad Media (1470-1525), en VIII Coloquio de Historia Canario-Americana, nº 8, pp. 54-66, Casa de Colón, Las Palmas de Gran Canaria, 1988.

GAMBÍN GARCÍA, Mariano (2014): "Los procesos judiciales de liberación de esclavos palmeses y guanches en Sevilla (1496-1512). Nuevos datos para su estudio" en XXI Coloquio de Historia Canario-Americana, nº 17, pp. 1-10, Casa de Colón, Las Palmas de Gran Canaria, 2014.

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