Parque Nacional del Teide: Altavista, el histórico refugio de alta montaña de Tenerife.
Cinco años después de su cierre, el histórico Refugio de Altavista en El Teide ha reabierto de nuevo, completamente renovado y abierto al público desde agosto de 2026.
Situado a 3.260 metros de altitud, el Refugio de Altavista es el único alojamiento de alta montaña del Parque Nacional del Teide y un enclave estratégico para quienes desean vivir la experiencia de ascender al pico del Teide al amanecer.
Así empezó todo.
El primer antecedente lo tenemos en el año 1856, cuando Charles Piazzi Smyth (del que ya hemos hablado en otro artículo publicado el 06.08.2024), mientras realizaba observaciones astronómicas desde los altos de Guajara, detectó que el lugar presentaba los graves inconvenientes de los fuertes vientos y del poco refugio natural de la zona, por lo que decidió que debía buscar un nuevo sitio para continuar sus observaciones.
De esta forma, se decidió por el paraje de Altavista, en las faldas del Teide, al tener conocimiento que el lugar era frecuentado por isleños que extraían hielo de una cueva cercana, punto que debía ser en el que en una noche divisó una hoguera. Este lugar además estaba todavía a una mayor altitud que el de la cima de la montaña Guajara.
El 28 de agosto de 1856 Piazzi y sus compañeros se trasladaron a Altavista comprobando que el sitio reunía las condiciones necesarias y la cercana Cueva del Hielo permitiría obtener agua más fácilmente que en Guajara. Además, Altavista permitía llegar al cono del volcán para realizar experimentos geológicos y químicos (sobre los sulfuros). La zona tenía también dos coladas laterales que le brindaban protección contra los vientos.
Inmediatamente los hombres que le acompañaban en la expedición comenzaron a construir con las piedras existentes en el lugar los muros de protección de un primer recinto cerrado de 55 metros de largo, 1,20 metros de ancho y 1,80 metros de alto, dividido en compartimentos. Fue el primer refugio, pequeño y muy rústico.
Hasta que en el año 1891, otro británico, George Graham Toler mejora el lugar. Construye un nuevo refugio consistente en cimientos de mampostería, pavimento y tejado. Se construye una pequeña sala con estufa de hierro y una nave con tres habitaciones, una para damas, otra para caballeros y otra para las bestias y los guías. El techo es de mampostería y el baño está situado más alejado, a 10 metros, en una pequeña caseta.
En efecto, con esos dos antecedentes, desde finales del siglo XIX, Altavista ha estado ligado al desarrollo del montañismo canario, pero también al nacimiento de la astronomía moderna de alta montaña, pues fue precisamente en este entorno donde el citado astrónomo escocés Charles Piazzi Smyth realizó en 1856 una expedición científica que demostraría las ventajas de instalar telescopios por encima de las capas densas de la atmósfera. Aquellas investigaciones cambiaron para siempre la observación astronómica y sentaron las bases de los grandes observatorios instalados posteriormente en las cumbres del planeta, incluidos los telescopios actuales en Izaña pertenecientes al Instituto de Astrofísica de Canarias.
Ese legado científico inicial formará ahora parte de la experiencia de quienes pernocten en el Refugio. La rehabilitación actual incorpora una exposición permanente sobre la historia de Altavista, con paneles divulgativos dedicados a Piazzi Smyth y a George Graham Toler —impulsor del refugio tal como lo conocemos—, además de audiovisuales y actividades destinadas a acercar la ciencia a los visitantes.
El refugio de Toler.
George John Scarlett Graham-Toler (Londres, Inglaterra, 17 de agosto de 1850)-La Orotava, Tenerife, 29 de agosto de 1929) llegó a Tenerife en 1889. Procedente de una reputada familia británica, llegó a Tenerife en la década de 1880, para recuperarse de una dolencia pulmonar. Durante su estancia en la isla conoció a la tinerfeña María del Carmen Regina Monteverde y Lugo con quien se casó en 1892, tras renunciar a la fe protestante o anglicana y convertirse al catolicismo, y residiendo el resto de vida en La Orotava. Dedicó gran parte de su tiempo a explorar los atractivos turísticos de la isla y realizó varios proyectos, entre los que destaca, la construcción del Refugio de Altavista en El Teide en 1891-1893, el cual regentó él mismo con la finalidad de acoger los viajeros que ascendían a El Teide.
El estado natural en el que vivió en Tenerife lograría que pronto recobrara la salud, primero en Madre del Agua (Granadilla), donde canalizó el agua hasta su tienda de campaña, utilizándola para su consumo, y luego en Altavista, a 3.270 metros de altitud, para lo que el 26 de junio de 1890 solicitó autorización para construir una casa-descanso y cuadra para caballerías.
En efecto, mandó construir en Altavista sobre los restos del refugio de Piazzi y en sustitución de la caseta de madera existente, un nuevo refugio con el objeto de fomentar el turismo en la isla y en especial el de montaña. La construcción se inició en el otoño de 1891 y fue finalizada entre el invierno de 1892 y principios de 1893. Comenzó a prestar servicio este último año. El contratista de las obras fue don Nicolás Álvarez. La obra fue costeada en su totalidad por Toler de su pecunio particular.
La instalación, antecedente de la actual construcción, contaba de una pequeña estancia de gruesas paredes, dotada de una estufa de leña que además de calentar el interior se utilizaba para cocinar o calentar alimentos. Disponía además de una nave separada dotada de una habitación para señoras, otra para caballeros similar a la anterior y una destinada a los guías. En el fondo de la primera habitación contaba además con una cuadra para las mulas con capacidad para 10 animales.
El refugio solo daba servicio de alojamiento. Los usuarios debían subir los enseres de cocina y alimentos que necesitaran. Estaba construido con muros de piedra revestidos con cemento, cal y arena; el techo era de mampostería y forma abovedada. A unos 10 metros de distancia estaba ubicada una pequeña caseta destinada a retrete.
Pero debido a los desperfectos sufridos en el refugio, en noviembre de 1902 Toler tiene que acometer obras de reforma en la construcción, que asimismo costea personalmente. Los daños mayores se produjeron en la tubería de conducción del agua y en la puerta de la instalación. De manera que Toler gestionó durante unos 30 años personalmente el Refugio. El precio por pernoctar en él era de 5 pesetas (0,03 euros) por persona, destinadas a reparar los desperfectos del invierno.
En el año 1926 (tres años antes de su fallecimiento), Toler ofrece en donación la instalación del Refugio al Ayuntamiento de La Orotava y dicha Corporación municipal en sesión extraordinaria de fecha 22 de agosto de 1927, acuerda aceptar la donación del refugio en los términos expuestos por Toler, con la creación de un Patronato para su gestión.
Pero unos años más tarde, en plena II República española, el Cabildo se interesa por el Refugio y el 28 de julio de 1933 el Presidente del Cabildo Insular de Tenerife, Don Máximo Acea Perdomo se reunió con el alcalde de la villa de La Orotava para tratar de la cesión del Refugio de Altavista al Cabildo, con el fin de incorporarlo a la reorganización turística que el Organismo estaba llevando a cabo. De esta forma se podría explotar turísticamente la instalación, manteniendo el fin para el que fue construido, dando albergue a los visitantes de Tenerife que pretendían ascender hasta el pico del Teide, haciendo efectiva una pequeña cuota, destinada al mantenimiento de la propia instalación.
Es en la sesión del Pleno del Ayuntamiento de La Orotava celebrada el 26 de marzo de 1934 cuando se acuerda ceder en propiedad a la Junta Insular de Turismo de Tenerife (órgano dependiente del Cabildo), a título gratuito, el Refugio de Altavista y la extensión de terreno que ocupa un círculo de cincuenta metros de radio tomando como centro el ángulo noroeste del refugio, lo que hacía una extensión de 7.854 m2. Para que esta donación pudiese llevarse a cabo, el Patronato que lo gestionaba atendiendo a las dificultades que le planteaba su mantenimiento y conservación, así como el interés para su uso turístico que el Cabildo Insular planteaba, acuerda aceptar la cesión del Refugio a la Junta de Turismo del Cabildo Insular de Tenerife. Este acuerdo es preceptivo para poder realizarse la cesión, ya que formaba parte de las condiciones de cesión de su primer dueño, el citado Graham Toler, al Ayuntamiento de La Orotava.
Los viajeros y otros ilustres personajes que pernoctaron en el Refugio de Altavista.
Por relatos de viajeros que aún se conservan conocemos que la zona de Altavista era punto de descanso de aquellos que ascendían al Teide o simplemente zona de paso obligada para llegar hasta el pico. Para llegar a Altavista se aprovechaba el sendero utilizado por los neveros, es decir, por aquellas personas que acudían a recoger hielo.
La primera afirmación explícita de subida al pico llega desde fuera. En 1566, el marino inglés George Fenner fondea en Santa Cruz y escribe que “nadie había subido hasta su cima”. Aquella frase refleja la percepción europea del momento: el Teide seguía “virgen” a mediados del XVI.
Poco después aparece el nombre de Thomas Nichols. Comerciante inglés, que residió en Tenerife entre 1557 y 1560 y publicó en Londres, en 1583, una descripción minuciosa del pico: habla de la caldera, de las cenizas volcánicas, de la piedra pómez y de nieve permanente en torno a la cumbre. Su conocimiento es tan detallado que muchos historiadores deducen que subió al Teide. Pero el propio Nichols nunca cuenta el ascenso paso a paso. Hay relato científico, pero no confesión de cumbre.
La primera ascensión con pruebas sólidas llega de la mano de dos ingenieros italianos enviados por Felipe II a cartografiar Canarias: Leonardo Torriani y Próspero Casola.
Entre 1587 y 1588 relatan una subida de 24 horas a caballo y dos a pie, con un tramo final “de piedra pómez sin senderos”. El manuscrito de Torriani existe, se conserva y describe la travesía con detalle. Por eso, la mayoría de autores les otorga la primera ascensión fehacientemente documentada.
En un fragmento reproducido por estudiosos, Casola relata: “…llegamos al pie del monte, que dicen las Estancias… dormimos aquella noche debajo de la capa del cielo, con mucho frío y viento”. La frase revela que no hubo refugios ni carpas, y que el clima nocturno fue muy adverso. Desde allí afrontaron a pie un desnivel de terreno suelto, obligados a usar manos y pies para no resbalar.
Torriani y Casola describieron la zona alta como un desierto mineral: cenizas, pómez y apenas vegetación. Por debajo de ese tramo, señalan una “zona fría, cubierta de nieve todo el año”, lo que encaja con la presencia histórica de neveros y ventisqueros permanentes en el entorno del cráter en aquella época climáticamente más fría.
A partir de estas primeras referencias, sin embargo, surge la figura más repetida en guías y portales turísticos de los que ascendieron al pico: Sir Edmund (o R. E.) Scory. La tradición lo sitúa en La Laguna y le adjudica la “primera ascensión” en 1582. Scory entra así en la historia como “el primero”, según parece, un poco antes que lo hicieran Leonardo Torriani y Próspero Casola.
Por su parte, Rafael Cedrés sitúa al citado viajero Scory subiendo al pico en el año 1629, es decir, muy posterior a Torriani y Casola. Scory fue un caballero y viajero inglés del siglo XVII conocido, en efecto, por redactar uno de los primeros relatos históricos y descriptivos sobre Tenerife y el Pico del Teide, titulado "Extracts taken out of the observations of the Right Worshipfull Sir Edmond Scory, Knight, of the Pike of Teneriffe".
Sin embargo, según ha indicado Rafael Cedrés Jorge, los primeros visitantes que subieron al Teide fueron San Macrovio y San Brandino en 1302 y San Bartolomé en 1308 (es decir, mucho antes de culminada la conquista de la isla en 1496), y al parecer, acompañados por los guanches del Menceyato de Güímar.
No obstante, no es hasta fechas muy posteriores cuando podemos documentar los naturalistas, botánicos, geólogos, entre otros, que suben al pico por el sendero que pasa por Altavista, siendo algunos de estos ilustres viajeros, aparte del citado Scory, los siguientes:
• Chappham en 1646.
• Edens en 1715. Edens partió de Inglaterra a principios de agosto de 1715. Desembarcó en el Puerto de la Cruz y el 15 de agosto emprende la ascensión del Teide, acompañado de cuatro ingleses y un holandés. Edens, es el primer viajero que da una detallada descripción del cráter del Teide (describe su forma, da las medidas de su profundidad y diámetro, etc.).
• Louis Feuillée en 1724. Este astrónomo y botánico francés llegó a Tenerife el 23 de junio de 1724 a bordo del navío Neptune. Enviado por la Academia de Ciencias de Francia, su misión principal era medir la diferencia de longitud con París y calcular la altura del Teide para ayudar a la navegación. Intentar medir la altura del pico del Teide para mejorar los mapas marítimos.
• Herberden en 1752. Este médico y naturalista inglés (1703-1769) vivió en Tenerife durante el siglo XVIII. Desde su residencia en La Orotava, realizó importantes expediciones científicas al Teide para medir su altura y estudiar la naturaleza de la isla. Llegó a Canarias en la década de 1730 y se instaló en Tenerife en 1741, donde pasó siete años. Sus detalladas notas sobre la ascensión al Pico del Teide y el análisis de sales volcánicas fueron publicadas más tarde por su hermano William Heberden.
• Posteriormente Malouin (en fecha no determinada). En la historia científica de Tenerife, Malouin figura, en efecto, en las crónicas de los siglos XVIII e inicios del XIX como uno de los primeros viajeros y naturalistas históricos que escalaron el pico del Teide, antecediendo a expediciones legendarias como la del naturalista Alexander von Humboldt. Las crónicas de viajes científicos por el Atlántico citan a un tal Malouin entre los pioneros en coronar la cumbre del Teide, en una lista selecta que incluye a Louis Feuillée (1724), Thomas Heberden (1752) y el caballero de Borda (1776)
• George Glas en 1761, que en uno de sus libros recoge que existe un lugar en el Teide apropiado para la instalación de un observatorio en la denominada zona de “La Estancia”, lugar donde los neveros (habitantes de Tenerife que extraían el hielo de la cueva existente en el lugar) dejaban las mulas. Este lugar coincide con lo que hoy se conoce como Altavista.
• Robert Edward Alison fue otro de los viajeros que realizaron ascensos al Teide y relató en sus escritos la calidad del cielo que se observaba desde Altavista.
• Jean Charles de Borda subió al Teide por este paraje en 1776, La Peyrouse en 1785, D'entrecasteaux en 1791, D'Macartney en 1792. En efecto, el matemático y científico francés Jean Charles de Borda visitó Tenerife en 1771 y 1776. Su logro más destacado en la isla fue realizar el primer cálculo trigonométrico preciso de la altura del Teide en 1776 (¡estimándola en unos 3.713 metros!, teniendo en cuenta que actualmente su altitud está calculada en 3.715 m.), además de mejorar la cartografía del archipiélago canario. Efectivamente, en su segunda visita a Tenerife (1776), regresa a la isla con el propósito específico de corregir sus mediciones anteriores del Teide, logrando calcular con gran rigor científico la altitud del pico tinerfeño.
• Por su parte, el botánico alemán Alexander von Humboldt junto con Aimé Bonpland ascendieron al Teide por Altavista en 1799 y en 1804. En efecto, el botánico y médico francés Aimé Bonpland llegó a Tenerife en junio de 1799 a bordo de la corbeta Pizarro, acompañado por el citado naturalista alemán Alexander von Humboldt. Durante una breve escala de seis días en la isla de Tenerife, de camino a América, ambos científicos realizaron observaciones geográficas y escalaron el Teide. La labor de Bonpland en Tenerife fue básicamente botánica, tal como demuestran sus cuadernos de campo que se conservan en el Museo de Historia Natural de París.
• El sacerdote e historiador canario José de Viera y Clavijo también subió al Teide en 1799.
• Cordier en 1803. Este geólogo y mineralogista francés llamado Louis Cordier visitó Tenerife en 1803 durante más de un mes. Realizó una de las primeras exploraciones científicas y geológicas de Las Cañadas y del Teide, subiendo dos veces al pico y descubriendo el papel clave del volcán Chahorra en la zona
• Von Buch en 1815. Este geólogo alemán, llamado Leopold von Buch visitó Tenerife en 1815 para realizar el primer estudio geológico y botánico profundo de las islas Canarias. Su trabajo definió la ciencia de los volcanes en el archipiélago. Subió al Pico del Teide en mayo de 1815 para estudiar su estructura y los cráteres de la zona.
• El cónsul francés en Santa Cruz de Tenerife, Sabino Berthelot, pasó por el Refugio de Altavista en 1825, en 1827 y en 1828, junto con su amigo Webb.
• El intelectual lagunero Manuel Osuna Saviñón lo hace en 1834.
Por su parte, en 1848, se documenta la vista de los Duques de Sajonia Weimar. El duque de Sajonia-Weimar que visitó Tenerife en 1848 formaba parte de los viajeros y científicos europeos ilustres que recorrieron la isla en el siglo XIX para estudiar su naturaleza y ascender al Pico Teide, sumándose a otras figuras históricas como Alexander von Humboldt o Le Verrier. Al igual que otros nobles y naturalistas alemanes de la época, el duque centró su ruta en la ascensión a Las Cañadas del Teide y el estudio del paisaje volcánico de la isla.
• Lyell en 1854. Este célebre geólogo escocés, llamado Sir Charles Lyell visitó Tenerife en la primavera de 1854 durante su viaje de estudios por las islas Canarias junto al geólogo alemán Georg Hartung. Su objetivo principal era analizar el vulcanismo insular y comprobar sus teorías sobre la formación de los conos volcánicos por acumulación. Ascendió al Teide el 30 de marzo de 1854 partiendo desde el Puerto de La Orotava.
• Hartung también en 1854. Georg Hartung (1822–1891) fue un geólogo y dibujante alemán que realizó importantes estudios sobre la geología y el paisaje de Tenerife y el resto de las Islas Canarias durante el siglo XIX, colaborando con científicos como Sir Charles Lyell. Realizó famosos bocetos y dibujos panorámicos de Las Cañadas y del cono del Teide que sirvieron para ilustrar publicaciones geológicas fundamentales de la época. Viajó por primera vez a Canarias en 1851 y regresó en 1854, año en el que visitó Tenerife junto al prestigioso geólogo británico Charles Lyell.
• Los viajeros Karl von Frictsch, Michoucho, Woll y Graef pasaron por el Refugio de Altavista en 1862, mientras Richard Francis Burton lo hizo en 1863. En efecto, el explorador británico Sir Richard Francis Burton visitó Tenerife en varias ocasiones entre 1861 y 1880 durante sus viajes en tránsito. Destaca su escala inicial en septiembre de 1861, descrita en su obra Wanderings in West Africa y editada en español como [Un día en Tenerife], además de una estancia en marzo de 1863 junto a su esposa Isabel.
• El militar y político tinerfeño Nicolás Estévanez subió en 1863.
• Haeckel en 1866. Este célebre biólogo y filósofo alemán llamado Ernst Haeckel visitó Tenerife en noviembre de 1866. Su viaje buscaba estudiar la vida marina, difundir las teorías de Charles Darwin y cumplir su sueño de infancia de subir al Teide, inspirado por los escritos de Alexander von Humboldt. Subió al pico del Teide en invierno con mal tiempo, guiado por el jardinero suizo Hermann Wildpret.
• Fenci en 1865.
• Ramón Hernández Poggio (1823-1907) lo hizo en 1867. En ese año publica el libro Una ascensión al Teide. Pertenecía al Cuerpo de sanidad Militar de España.
En 1878 William Marcet acampó durante 12 días en Altavista ubicando sus tiendas en los restos del refugio construido por su colega Piazzi para realizar experimentos con fines terapéuticos y atmosféricos.
En el año 1879, los príncipes británicos Alberto Víctor y Jorge Federico recalaron en Tenerife. El trayecto hacia Las Cañadas, iniciado a las 3 de la madrugada del 5 de diciembre de ese año, centró la atención de las descripciones, que no cesaban de admirar el paisaje contemplado por los príncipes. A modo de curiosidad apuntaron que “los guías que corren al lado de los ponis parecen conocer el camino aunque todavía esté oscuro”, evidenciando una vez más la experiencia e importancia de esos individuos casi anónimos en este trasiego de viajeros al Teide a lo largo de los siglos. Los príncipes dejaron constancia del frío que se notaba en la cumbre, pero su esfuerzo les valió la pena, tal y como atestiguan sus propias palabras: “Desde este punto obtenemos una de las mejores vistas que hemos contemplado. Estos son los jardines de las Hespérides, como los llamó la colonia cartaginesa de Cádiz; se extiende en un anfiteatro que mira hacia el oeste, delimitado en el extremo sur por Icod y en el norte por La Matanza; entre los cuales hay una gran ladera de eterna fertilidad y belleza, parecida a las laderas del Etna, solo que aquí, además del maíz y del verdor de los ricos cultivos, tenemos las palmeras, los plátanos y otro follaje semi-tropical. Allá está el pico más alto en el que descansaban los ojos griegos: la columna atlante de los cielos. Aquí llegaron los errantes Perseo y Heracles en busca de la fruta dorada custodiada por el dragón, cuyos restos vimos en el árbol del dragón que admiramos ayer en La Orotava”.
• El arquitecto francés Adolphe Coquet, en 1882, subió al Teide por Montaña Blanca, y en sus escritos dejó recogido la siguiente descripción: “Llegamos a la última estación, Altavista, una especie de refugio abierto entre los desprendimientos...”. Señalar, además, que fue el arquitecto que diseñó el mausoleo de mármol que aún se conserva en los jardines del Marquesado de la Quinta Roja en La Orotava, y el autor del proyecto del Gran Hotel Taoro, el primer establecimiento turístico de lujo de Canarias, situado en el Puerto de la Cruz y que se halla de nuevo en funcionamiento.
Se sabe igualmente que entre los restos del viejo refugio de Piazzi, pernoctaron muchos viajeros que intentaban ascender al pico en dos jornadas o realizar experimentos meteorológicos y astronómicos. Una de estas viajeras fue Olivia M. Stone en 1887.
El Refugio también fue utilizado por Charles Edwards cuando ascendió al Teide. Charles Edwards fue un viajero y escritor británico del siglo XIX conocido por su obra de literatura de viajes Rides and studies in the Canary Islands, publicada en Londres en 1888, la cual documenta sus impresiones, rutas y observaciones etnograficas de Tenerife y el resto del archipiélago. El libro se editó en 1888 tras sus recorridos por las islas realizados entre 1887 y 1888.
En 1888 el austriaco Oskar Simony igualmente utilizó durante dos semanas los restos del refugio de Piazzi como base para sus experimentos en el pico del Teide relacionados con las variaciones del espectro solar.
Y en el siglo XX, el 19 de enero de 1901, pernoctaron entre otras personalidades en Altavista el Conde de Pradere y el escritor lanzaroteño Don Benito Pérez Armas. El Conde de Pradere fue una figura aristocrática de relevancia histórica que a fines del siglo XIX se hallaba vinculada a las islas Canarias (como inversionista y viajero en la época de introducción del tendido eléctrico y la modernización hotelera de Tenerife).
En el año 1908 se documenta una expedición suiza formada por científicos suizos y alemanes pernoctan en el refugio para realizar experimentos meteorológicos, sobre la luz y botánica.
El geólogo y explorador español Lucas Fernández Navarro en 1909 pernoctó en Altavista para efectuar estudios y observaciones del cráter. Lucas Fernández Navarro (Guadalajara, 3 de enero de 1869 - Madrid, 31 de octubre de 1930) fue autor de trabajos sobre mineralogía y petrografía. Publicó el estudio «Erupción volcánica del Chinyero (Tenerife) en noviembre de 1909», en la revista Anales de la Junta para ampliación de estudios nº 5, en el año 1911.
En el año 1910, Jean Mascart también utilizó el refugio como base para su trabajo y ascenso al pico. Jean Mascart estudió de 1891 a 1894 en la Escuela Normal Superior y en 1897 en el Observatorio de París. Tras doctorarse en Ciencias en 1899 fue el encargado de organizar el laboratorio de astronomía de la Facultad de Ciencias y de supervisar la instalación de un ecuatorial fotográfico. En 1910 se embarcó durante tres meses en una expedición científica a Tenerife, organizada por la Asociación Internacional contra la Tuberculosis. El objetivo principal de esta misión era estudiar la influencia de diferentes factores climatológicos sobre distintos órganos humanos. Sin embargo, como astrónomo y meteorólogo, Mascart se encargó de estudiar el cometa Halley, a su paso por la isla, y las condiciones climatólogicas que ésta presentaba como observatorio metereológico y astronómico. Los resultados de su trabajo fueron recogidos en una relación del viaje Impressions et observations dans un voyage à Ténérife, que publicó en 1910, en París.
Walter Buchheim acampó en Altavista para realizar experimentos de meteorología, ionización y astrofísica en la cueva del hielo y en el cráter.
En el marco del XIV Congreso Geológico Internacional celebrado en Madrid en 1926, los geólogos asistentes participaron en una excursión de varios días a Canarias, pernoctando el día 12 de mayo en el refugio de Altavista para continuar de madrugada hasta el cono del Teide. Esta comitiva fue la mayor que ha albergado el refugio en su historia, al estar formada por 53 miembros entre geólogos y arrieros, con una dotación de 72 caballerías.
El 10 de septiembre de 1927 Fray Albino G. Menéndez Reigada, Obispo de Tenerife pasa por Altavista rumbo al Pico del Teide para oficiar la misa más alta de España. Fue la primera vez que un prelado tinerfeño subía las laderas del volcán para oficiar una misa en la cima. El propio obispo relató la experiencia en un texto titulado Excursión al Teide. Una misa a tres mil setecientos metros de altura, editado en Santa Cruz de Tenerife en 1927.
En septiembre de 1959, los Príncipes de Baviera pernoctan en Altavista, apreciando el atardecer desde el Refugio y en la madrugada del día siguiente ascienden al pico para apreciar el amanecer. Los miembros de la Casa de Wittelsbach (la dinastía real de Baviera, Alemania) que protagonizaron esta histórica ascensión en 1959 fueron el príncipe Konstantin de Baviera y su esposa, la princesa Leonor de Saxe-Meiningen. Konstantin de Baviera (1920-1969), además de príncipe, fue un reconocido periodista, político y escritor alemán, hijo del príncipe Adalberto de Baviera. Apasionado de la historia y el montañismo, Konstantin viajó a las islas Canarias para documentar el patrimonio cultural y la naturaleza atlántica. Su estancia nocturna en el Refugio de Altavista quedó registrada en las crónicas insulares de la época como uno de los eventos sociales y de promoción turística más notables para las cumbres de Tenerife a mediados del siglo XX.
Durante generaciones, pues, Altavista ha sido el lugar donde comenzaban algunas de las experiencias más intensas que puede ofrecer Tenerife. Ha sido el lugar donde personas de Tenerife y de cualquier otro rincón del planeta han compartido techo y han descubierto la misma sensación: que desde aquí se entiende mejor la grandeza de esta isla de Tenerife.
De manera que el Refugio de Altavista nunca fue únicamente un edificio donde pasar la noche antes de afrontar la cumbre del Teide. Durante más de un siglo ha sido refugio para montañeros, laboratorio para científicos, hogar temporal para guardas y punto de encuentro para miles de personas que encontraron en la montaña algo más que un paisaje, sino una experiencia capaz de cambiar la forma de experimentar la isla de Tenerife.
La reapertura del Refugio de Altavista.
La reapertura oficial con la asistencia de las autoridades se celebró en La Rambleta, a 3.555 metros de altitud, apenas unos metros por debajo de la cima del Teide, con el inmenso anfiteatro de Las Cañadas como escenario y el Atlántico extendiéndose bajo el característico mar de nubes. Desde allí comienza el último tramo hacia el pico más alto de España, el mismo recorrido que durante décadas hicieron naturalistas, exploradores, investigadores y montañeros después de descansar en Altavista.
Mucho más que una rehabilitación.
La recuperación del refugio ha supuesto una inversión de 1,9 millones de euros y el Cabildo Insular de Tenerife, titular de la instalación, ha querido recuperar un espacio histórico adaptándolo a las exigencias ambientales y de seguridad del siglo XXI. La intervención ha transformado por completo el funcionamiento de las instalaciones. Por primera vez en su historia, Altavista incorpora un sistema de autoconsumo mediante energía solar, mejoras en el aislamiento térmico, nuevas redes de saneamiento adaptadas a las condiciones extremas de la alta montaña y un modelo integral de gestión del agua pensado para reducir al máximo el impacto ambiental dentro del Parque Nacional.
El resultado sitúa al refugio entre las infraestructuras europeas de referencia en sostenibilidad aplicada a la alta montaña. Un modelo que demuestra que es posible compatibilizar el uso público con la máxima protección de uno de los espacios naturales más valiosos de Europa. Porque Altavista ya no pretende ser únicamente un lugar donde dormir antes del amanecer. Aspira a convertirse en un ejemplo de cómo deben gestionarse las infraestructuras situadas en espacios naturales protegidos.
Levantar una infraestructura de estas características en alta montaña ha supuesto un desafío técnico poco habitual. Pedro Millán del Rosario, director insular de Medio Natural, reconoció la emoción que suponía volver a abrir el Refugio de Altavista: "Quienes conocemos bien esta montaña sabemos lo que significa volver a ver Altavista abierto. Recuperamos un lugar muy querido por generaciones de montañeros y lo hacemos con unas instalaciones preparadas para proteger mejor el Parque Nacional y ofrecer una experiencia segura y sostenible a quienes lo visiten."
Las nuevas instalaciones disponen de 49 plazas para senderistas, cuatro plazas reservadas para emergencias, enfermería, desfibriladores y espacios preparados para prestar una primera asistencia mientras se activa, si fuera necesario, la coordinación con el Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad 112. La propia configuración del refugio favorece además una ascensión más segura. Dormir en Altavista permite aclimatarse antes de afrontar el último tramo hacia la cumbre, reduciendo el esfuerzo físico concentrado en una sola jornada y disminuyendo el riesgo asociado a la altitud.
Dormir bajo uno de los mejores cielos del planeta.
El nuevo Altavista suma además un reconocimiento que trasciende las fronteras de Canarias. La Fundación Starlight lo ha certificado como el alojamiento Starlight situado a mayor altitud del planeta, incorporándolo a una red internacional integrada por algunos de los mejores destinos para la observación astronómica del mundo.
La certificación reconoce la extraordinaria calidad del cielo del Teide, pero también el compromiso del proyecto con la divulgación científica y la protección del firmamento nocturno. No es casualidad. Durante generaciones, el Teide ha sido uno de los grandes laboratorios naturales para la observación del universo. Ahora, ese patrimonio científico deja de ser una nota al pie para convertirse en uno de los grandes protagonistas de la experiencia de quienes pasen la noche en Altavista.
El libro de visitantes.
La reapertura en agosto de 2026 recupera también una tradición casi centenaria: el histórico Libro de Visitas con firmas inaugurado en 1929. En él volverán a convivir las impresiones de quienes ascienden por primera vez al Teide con las de investigadores, montañeros veteranos o viajeros llegados desde cualquier rincón del mundo. Como hace casi cien años, cada firma volverá a formar parte de la memoria colectiva del refugio.
En efecto, en 1929 (fecha que consta en la primera página) existía un libro de visitas en el pico encerrado en una armadura de latón y guardado en un monolito de cemento. La primera firma del libro pertenecía a un isleño. Según cuenta Rafael Cedrés, en 1933 se sustituye el primer libro por otro nuevo, supuestamente por haberse agotado sus hojas.
Los viajeros que han subido el Teide han dejado en este Libro de Visitas sus impresiones, han estampado su firma e incluso han dejado dibujos a plumilla en el que se representan imágenes del refugio y del cráter del volcán. Incluso alguno ha dejado datos de su ideología anarquista.
A continuación reproducimos algunas reseñas recogidas en los libros de visita que existieron y que debían ser custodiados por los guardianes del refugio de Altavista, según señala el citado Rafael Cedrés. Parte de esas reseñas fueron reproducidas por el Diario Republicano de Tenerife “Hoy” en su edición del 19 de enero de 1934. Estas son algunas de las reseñas que se han tomado tal y como aparecen en los libros originales y que fueron reproducidas en el citado diario:
• Unos ingenieros alemanes dicen: “Hamos subido para tomar medidas para un camino aéreo y cómodo para subir y bajar. Mucho frío y viento.”
• Unos maestros carpinteros isleños escribieron: ¡Ellos también subieron a tomar medidas para un camino aéreo para “subil” y ‘ bajar’! (parece que se refieren al proyecto del futuro Teleférico). Mucho frío y “biento”.
• La Comisión Geodésico-Astronómico del Instituto Geográfico Nacional de España hace una serie de observaciones que cubren unas tres páginas del libro. Esta Comisión estuvo en el Pico en julio de 1930. Dicen que han realizado unas 450 observaciones.
• Un tal C. Frick, de París dice: “Yo creo que todos los “touristas” que visiten este refugio deben de tener de no turaren ni romper botellas ni “cacharros” a lado del refugio, porque el “pie” será “muí” bonito”.
• El 28 de junio de 1931, unos anarquistas escriben llenando varias páginas: “Tiempo espléndido. Todo marcha bien. Tenemos que hacen noche; porque estamos muy rendidos los 25 compañeros que hemos alzado la bandera anarquista en pro de la libertad en el cráter de esta “ermosa” montaña. En estos días el volcán ha sentido el fuego de los libertarios”.
Un republicano: “Por la República he luchado toda mi vida. Para que la primera vez que en este Teide se enarbola la bandera, tuviera mi asistencia, he venido. ¡Viva la República!”.
• Una señora ha escrito: “Subí al Teide con toda felicidad el 29 de julio de 1931 y quedé encantada ante tan grandioso espectáculo”.
• Unos turistas dicen: “La excursión ha sido organizada por 40 turistas del vapor “Mexique”; tiempo hermoso como nunca; hemos presenciado la salida del sol, quedando todos maravillados de tanta belleza. Había bastante nieve y nos hemos divertido mucho”.
• Unos futbolistas del Club Deportivo Athletic de Bilbao dejaron sus impresiones en vasco. Al final de estas expresan: ¡Viva Canarias! ¡Viva Éuzcadi!
• Un burgués algo incómodo dejó escrito: “Tengo ganas de que pongan un restaurant, porque esto de traer la comida a cuestas no me convence”.
• Don Honorato de Castro, Director General del Instituto Geográfico Catastral y de Estadística, escribe lo siguiente: “Comprendo perfectamente las exclamaciones consignadas en este álbum, de que no volverán a subir, y las comprendo, puesto que yo las suscribo; pero no quiere ello decir que esté arrepentido de haber subido, pues las penalidades de la ascensión quedan de sobra compensadas con la observación del espectáculo dantesco que desde la cima del cráter se contempla”.
Según asevera Rafael Cedrés, hay constancia de que este primer Libro de Visitas se conservaba hasta 1934, siendo actualmente su paradero desconocido.
En la inauguración de las obras de reforma del Refugio realizadas en 1997 por el Presidente del Cabildo Insular, el recordado Adán Martín Menis, se inició un nuevo libro de visitas para que los visitantes dejaran en él sus impresiones y comentarios. Ahora, pues, vuelve a recuperarse esta tradición de un libro de firmas para constancia de las impresiones que viajeros y montañeros quisieran dejar reflejadas en sus páginas.
Fuentes:
CEDRÉS JORGE, Rafael (2013): Historia del Refugio de Altavista. 157 años de historia. 1856/2013, Ed. Teleférico del Pico de Teide, S.A., Santa Cruz de Tenerife, 2013.
Así renace el refugio más emblemático del Teide, en El País, Madrid, 27 de julio de 2026.
Reserva tu noche en el Refugio de Altavista
HERNÁNDEZ CASTILLA, José Melchor (2020): EL CONSTRUCTOR DEL REFUGIO DE ALTAVISTA EN EL TEIDE: GEORGE GRAHAM TOLER en el Blog Diario del Valle, 17 de diciembre de 2020.
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