Personaje histórico: El trágico final de Pedro de Algaba, primer gobernador de la Gran Canaria.

Pasaje Pedro de Algaba, en Vegueta, 
Las Palmas de Gran Canaria.

Pedro de Algaba (también figura como del Algaba o de La Algaba), fue un hidalgo y conquistador castellano que participó en la conquista de la isla de Gran Canaria, siendo su primer gobernador nombrado por los Reyes Católicos.

De Pedro de Algaba ya hemos hablado aunque de pasada, cuando nos detuvimos en la biografía de unos de sus hijos, Jerónimo de Valdés, conquistador y colonizador de Tenerife, personaje infame, que fue acusado de violar a una hija del Mencey de Adeje.

En aquella ocasión comentamos que Pedro de Algaba era un judeo converso que había sido conquistador de Gran Canaria y que se había casado con la también conversa Leonor Suárez Gallinato.

Habiendo sido nombrado por los Reyes Católicos como el primer Gobernador de la isla de Gran Canaria todavía sin hallarse la isla conquistada, sin embargo, tuvo un final trágico, pues a finales del mes de mayo de 1480 o principios de junio de ese año, el capitán Juan Rejón ordenó la ejecución pública de dicho gobernador en el Real de Las Palmas, en pleno proceso de la conquista de la isla. Este episodio se encuentra muy bien relatado en la novela Los giros del destino, una ficción histórica sobre la conquista de Gran Canaria, escrita por el abogado e historiador tinerfeño Mariano Gambín (Ed. Oristán, Santa Cruz de Tenerife, 2023).

Grabado que representa la fundación del Real de Las Palmas 
por el conquistador de Gran Canaria Juan Rejón.

Por su parte, qué decir de Juan Rejón (León ¿? - 1481 Hermigua, La Gomera), pues que había sido nombrado capitán de la conquista de la Gran Canaria por los Reyes Católicos. Hombre distinguido por cuna y por linaje, originario de León, y que antes de embarcarse en su aventura canaria ya había dado muestras de su arrojo, coraje y destreza militar. Experimentado en el campo de batalla frente a musulmanes y portugueses, siempre manifestó un recio y fuerte carácter personal en el desempeño de sus destinos. Abreu Galindo cuenta que "Era el capitán Juan Rejón altivo, amigo de su voluntad y vengativo, pero buen soldado, animoso, osado y para mucho." El 24 de junio de 1478 arriba con su flota en la Bahía de Las Isletas (noreste de Gran Canaria). Nada más llegar a la isla, manda instalar un campamento junto al arroyo del Barranco de Guiniguada y de manera inmediata funda el Real de Las Palmas.

Sabedor de los riesgos y las reales amenazas de los aborígenes, Rejón mandó construir el Real de Las Palmas, como puesto base de la conquista en un emplazamiento de fácil defensa, junto al cauce del Barranco de Guiniguada, en la vertiente nordeste de la isla. Pero pronto sus sospechas se convirtieron en realidad y su campamento fue sitiado por los canarios capitaneados por el Guanarteme de Telde y los guayres Adargoma y Tasarte, comandados por el guerrero Doramas. La posición castellana en el Guiniguada estaba sin haberse concluido su fortificación, lo que la situaba en franca desventaja. Rejón, hábil y sagaz, instó a los canarios a una rendición, a someterse a los Reyes de manera pacífica y a convertirse al cristianismo, de lo contrario serían ajusticiados o trasladados a España. Para ello envió un emisario a los sitiadores de Telde. El mensaje era claro, como meridianas eran sus intenciones. Rendición o muerte. Los atacantes canarios despreciaron el ofrecimiento hecho por los castellanos y su respuesta la darían al día siguiente de una manera hostil.

De manera, pues, que Juan Rejón sabía por su amplia experiencia castrense que se encontraba en una situación comprometida y adelantándose al ataque enemigo, cargó contra los canarios con la caballería al mando del Deán Bermúdez y la infantería comandada por Alonso Fernández de Lugo. Ante el daño causado por los canarios, Rejón decidió cargar personalmente contra Adargoma, al cual hirió e hizo prisionero. Esta valiente y decidida maniobra selló la suerte del encuentro, ya que los isleños se retirarían dejando sobre el campo de batalla centenares de muertos y no menos cantidad de heridos. El combate fue feroz y se prolongó durante unas tres horas de pelea encarnizada. Finalizó así, de manera desigual, la Batalla del Guiniguada, retirándose los canarios hacia el interior de la isla y abandonando los poblados costeros.

Sin embargo, para el investigador José María Nieto, tres importantes cuestiones ralentizan la conquista de la isla de Gran Canaria desde un primer momento:

- Comienzan las tensiones entre el Deán Juan Bermúdez y el capitán Juan Rejón, provocando la división castellana en dos bandos irreconciliables, más pendientes de sus intrigas y desavenencias que de proseguir en la ardua y cada vez más difícil conquista.

- Los portugueses, interesados en las islas Canarias, deciden aliarse con los isleños. Tanto es así que deciden un desembarco en la Bahía de Las Isletas, con el propósito de sumarse a las fuerzas de los guayres locales, apoyando al Guanarteme de Agáldar. Sin embargo, una vez más, la habilidad como estratega de Rejón, da al traste con la intentona.

- El método de guerra de guerrillas practicado por los canarios, sabedores de su inferioridad frente a la caballería castellana, les daba ventaja en numerosos lances y operaciones de emboscada, sobre todo en los profundos y abruptos barrancos del interior de la isla. Las escaramuzas les resultan muy productivas y el botín interesante en armas, víveres, ganados y prisioneros.

Esas disputas internas entre los castellanos llegaron a conocimiento de los Reyes Isabel y Fernando, quienes intentarían poner remedio al desorden, enviando como gobernador de Gran Canaria a Pedro de Algaba. Era finales de 1478.

Pero tras las intrigas y disputas en el Real de Las Palmas, entre los partidarios de Juan Rejón, por un lado, y los partidarios del Gobernador Algaba y del Deán Bermúdez por otro, que iban de acuerdo en su estrategia, Pedro de Algaba es hecho preso, siendo ejecutado por orden de Juan Rejón a finales del mes de mayo o principios de junio de 1489, siendo degollado en la plaza frente a la ermita de San Antonio Abad, en el Real de Las Palmas. Estos son los hechos que acontecieron que lo llevaron a tan trágico final.

El personaje de Pedro de Algaba.

La figura de don Pedro de Algaba (o de La Algaba), aparece con confusión en la historia de la Conquista de Canarias y más concretamente en la isla de Gran Canaria. Ello no es óbice para que se le hayan dedicado trabajos que van desde el intento de dilucidar su origen judeoconverso, hasta sus actos militares y políticos, o su muerte cruel a manos del verdugo tras un proceso extraño auspiciado por su mortal enemigo el citado Juan Rejón, primer capitán de la conquista de la isla de Gran Canaria. 

Pedro de Algaba (Condado de Niebla, hacia década de 1440-Real de Las Palmas, 20 de mayo o 2 de junio de 1480) fue el fundador y primer alcalde provincial de la Santa Hermandad en Andalucía, y el primer gobernador de la isla de Gran Canaria por mandato de los Reyes Católicos.

Algaba era un hombre de máxima confianza del rey Fernando de Aragón y, con anterioridad, de su padre, Juan II. Con una carrera de servicios a la Corona aragonesa, en efecto, en el año 1476 fue designado comisario por el rey para el establecimiento de la Santa Hermandad en Andalucía (una especie de cuerpo de policía rural para controlar a forajidos en los campos). Allí coincidiría con Juan Rejón, comisario nombrado a tal menester por la reina Isabel, junto a Alonso de Palencia y Francisco Peña. Por tanto, las diferencias personales entre Rejón y Algaba venían de lejos.

De su origen sevillano ninguna duda podemos tener, más aún tras la lectura  del análisis de las redes de parentesco en la Andalucía del siglo XV salido de la mano del magistral medievalista Rafael  Sánchez Sáus. Para este investigador, el origen converso sería a través de su madre Isabel Hernández de Venegas. Se confirma que el Fernando de Cabrera que llega en su compañía a Gran Canaria, es su hermano que lleva el apellido de los Cabrera sevillanos de los cuales el más conocido es Andrés de Cabrera I Marqués de Moya. Un hijo de Pedro de La Algaba, Andrés Xuárez Gallinato que sería conquistador y colonizador de Tenerife, llevará por ello este nombre muy propio de la familia de los Cabrera. 

Sin embargo, no se conoce prácticamente nada de los primeros años y juventud de Pedro de Algaba. La primera noticia suya aparece en la Crónica de Enrique IV del cronista Alfonso de Palencia. En ella, el propio cronista indica que en noviembre de 1474 aceptó la petición de Enrique de Guzmán, duque de Medina Sidonia, para negociar con el príncipe Fernando de Aragón, con el arzobispo de Toledo y con el conde de Paredes, su pretensión al cargo de gran maestre de la orden de Santiago, vacante por la muerte del primer marqués de Villena, Juan Pacheco.

Afirma por otra parte el historiador canario José Viera y Clavijo en su obra Noticias de la Historia General de las islas Canarias, que Pedro de Algaba es nieto de Mariana Pérez de Segura por línea paterna. Algo nos tendría que aclarar este parentesco con la familia Segura. Al nombrar a su padre Fernán es de suma importancia citar como dato que nos ayudará a comprender las relaciones de esta familia con Canarias, el que ya en 1427 Fernán vende al matrimonio Fernán Peraza e Inés de Las Casas, señores de Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro, una propiedad conocida en la escritura oportuna como Alquería de La Vaca. Este dato que facilita el profesor Ladero Quesada nos da pie para situar a los Algaba en el entorno de los que serán los citados Señores de La Gomera. 

Es así mismo digno de resaltar la personalidad de Pedro de La Algaba en su relación con el hermano no legitimado del Rey Fernando el Católico conocido como Alfonso de Aragón y de cuya corte es Pedro un personaje citado en la obra del citado Alfonso de Palencia en 1476. En efecto, parece que tenía cierta vinculación con la casa de Medina Sidonia, pues el citado cronista Alonso de Palencia indica que Pedro del Algaba era «familiar» del duque don Enrique de Guzmán, y su hijo Andrés Suárez Gallinato era tenido por «cavallero de la casa del Duque de Medina Cidonia». Por su parte, el historiador Juan de Abreu Galindo dice que Algaba era «caballero principal de Sevilla y veinte y cuatro de ella» (es decir, miembro de su Consejo municipal).

Lo cierto es que el 27 de agosto de 1478 los Reyes Católicos nombran a don Pedro de Algaba primer gobernador de la aún no conquistada isla de Gran Canaria, enviándolo para que mediara en los enfrentamientos habidos entre el capitán Juan Rejón y el deán del Obispado de Rubicón, Juan Bermúdez, jefes de la conquista, y que habían retrasado la empresa, por sus disputas internas. Algaba tenía también el cargo de alcaide de la fortaleza que había sido construida junto al Barranco de Guiniguada para la conquista de la isla, en el Real de Las Palmas.

El nuevo gobernador arriba a la isla de Gran Canaria a finales de 1478. Sin embargo, en lugar de resolver el conflicto entre los jefes de la campaña, Algaba acaba tomando partido por el bando del citado Deán Bermúdez.

La empresa real para la conquista de Gran Canaria.

La dirección de la conquista de la isla de Gran Canaria, en efecto, era bicéfala. En lo militar, la dirigía el Capitán Juan Rejón y en lo religioso el Deán Bermúdez, clérigo del Obispado del Rubicón (Lanzarote).

En 1551, cuenta López de Gomara (1511–1566), Catedrático de retórica en la Universidad de Alcalá de Henares, en su obra La historia general de las Indias, en el capítulo CCXXII dedicado a la conquista de las islas Canarias, que "Entendieron el rey don Fernando y la reina doña Isabel, recién herederos, cómo Diego de Herrera [señor de las islas de Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro] no podía conquistar a [Gran] Canaria; y como fueron a Sevilla el año 1478, enviaron a Juan de Rejón y a Pedro del Algaba con gente y armada a conquistarla. Riñeron estos capitanes andando en la conquista, y mató Rejón a Pedro del Algaba, cuya venganza no se dilató mucho, [...] luego mató Fernán Peraza, hijo de Diego de Herrera [señor de La Gomera], al Juan de Rejón, cuya muerte dañó después sus propios negocios, [...] prosiguiendo los reyes aquella guerra, estuvieron mal con Diego de Herrera, que se nombraba rey sin serlo."

La llegada de Pedro de Algaba a las islas Canarias.

Entretanto, la cizaña crecía entre el buen trigo, en el campamento español en el Real de Las Palmas, como señala Joaquín Blanco, en su Breve Noticia Histórica de las islas Canarias. Los intendentes de la conquista en Sevilla, recibían quejas constantes; Rejón se quejaba de las intromisiones del Deán Bermúdez en los asuntos de la guerra; y el Deán tachaba a Rejón de entrometido en los asuntos eclesiásticos y criticaba su modo de llevar la guerra.

Para el historiador Juan Blanco no eran tales las intromisiones del Deán Bermúdez, pues simplemente fiscalizaba, como representante de la iglesia, el empleo de los caudales que, procedentes de las indulgencias autorizadas por el Papa que obtuvieron los Reyes Católicos para financiar la conquista de la isla.

Si el Deán Bermúdez conocía en las cosas de su competencia, aunque se excediera en ello, el capitán Juan Rejón se entremetía en aquello de que no debiera conocer. Con razón o sin ella, ambos elevaban sus quejas a los comisarios en Sevilla. Sus disensiones producían banderías entre sus respectivos partidarios y amenazaban arruinar la empresa de la conquista de la Gran Canaria. Entonces, los comisarios buscaron persona capacitada que hiciese pesquisa o investigación de los hechos, terminara con las disensiones, e impulsase la conquista, que languidecía en el Real de Las Palmas. Y hallaron a Pedro del Algaba.

Llega Pedro de Algaba a la isla de Gran Canaria en el año de 1478 comisionado, como ya hemos comentado, por los Reyes Católicos para poner fin a las divergencias en torno a la conquista de la isla entre el capitán Juan Rejón y el Dean Bermúdez. Antes ha tenido que gestionar con autorización de los reyes Isabel y Fernando el aprovisionamiento de los barcos que llevará a Canarias: “A todas las villas y lugares de Andalucía para que consientan a Pedro del Algaba comprar y sacar pan para el aprovisionamiento de los navíos que manda armar” (Archivo General de Simancas, 1477). Le acompañaban su mujer, Doña Leonor Xuárez Gallinato, un hermano y sus dos hijos.

Según cuenta Juan Manuel Valladares, muy mala para sus intereses políticos y militares fue la presencia de Pedro de Algaba en Gran Canaria. Solo consiguió un agrio enfrentamiento con el capitán Juan Rejón de quien, a pesar de haber conseguido, en una rápida actuación, enviar a Juan Rejón cargado de cadenas a España, le fue imposible a la vuelta de este a Las Palmas librarse de su venganza.

El Gobernador halló mal abastecido el Real de Las Palmas y envió a Rejón a Lanzarote para suplicar a Diego de Herrera, el señor de la isla, que permitiese comprar el grano y el ganado necesarios para la vida de los habitantes del Real. A comienzos de 1479, al escasear los suministros en el real, en efecto, Algaba envía a Rejón a la isla de Lanzarote para solicitar ayuda al señor de las islas Diego García de Herrera. Este no acepta ayudar a Rejón, volviendo el capitán a Gran Canaria totalmente de vacío. 

La nave de Rejón fondeó en el puerto de Arrecife. Hernán Peraza el Mozo, hijo predilecto de Diego de Herrera, de orden de su padre, intentó impedir la compra de granos y ganados, y hasta el simple desembarco del capitán en Lanzarote. Rejón pretendió vencer la negativa de Peraza, pero intervino Herrera, que conminó a Rejón a salir del puerto de Arrecife y lo amenazó con la expulsión forzada si no se partía de grado.

El capitán Rejón volvió airado a Gran Canaria e intentó retornar a Lanzarote con sus tropas para vengar la ofensa que Herrera había inferido a su persona, y aún a los mismos Reyes, negando vituallas para una conquista de Sus Altezas, como era la de Gran Canaria.

Una vez en tierra, se queja de la actuación de Herrera a Algaba y al deán Bermúdez, diciendo que se vengaría. Algaba llama la atención a Rejón por sus palabras, a lo que el capitán le contesta que él era «el todo en esta conquista». Al día siguiente, Algaba y Bermúdez le tienden una celada y lo toman prisionero por no acatar órdenes y creerse jefe único de la conquista de la isla, ante el descontento de los soldados leales al capitán. Finalizado el proceso, Algaba envía a Rejón a la corte para que fuera juzgado por los Reyes Isabel y Fernando.

Algaba y Bermúdez decidieron que el castigo competía a los Reyes y que no se podía comprometer el éxito de la empresa de Gran Canaria por vengar la ofensa inferida en Lanzarote. Y como el terco Rejón deseara venganza a toda costa, el Deán y Gobernador se confabularon para hacer desaparecer de la isla a personaje tan irascible, irrazonable y voluntarioso, y lo enviaron a Sevilla.

Entretanto, Rejón llega a Sevilla; defiende su conducta ante los comisionados reales de la conquista de Gran Canaria; es absuelto, y, confirmado en el mando militar de la conquista, planta bandera en Sevilla y recluta nueva gente para socorrer en hombres al empobrecido real en Las Palmas. 

Según Abreu Galindo, al continuar la falta de mantenimientos en el Real, Algaba y Bermúdez resuelven hacer una expedición isla adentro, llegando hasta la zona de Satautejo donde se hicieron con algo de ganado y seis aborígenes que apresaron. Más tarde hicieron otra entrada hacia Moya, entablando combate con los canarios bajo el mando del Guanarteme de Gáldar y del caudillo Doramas. Allí los conquistadores castellanos son derrotados y perseguidos hasta el Real.

Mientras tanto, una vez en la corte, Rejón acusa a Algaba de querer vender la isla a los portugueses, siendo escuchado por los reyes. Rejón vuelve entonces a la isla, llegando el 2 de mayo de 1480 y entrando secretamente en el Real de Las Palmas. 

Juan Rejón denuncia, en efecto, ante los reyes a Pedro de Algaba por delito de alta traición, ya que le acusa de coaligarse con los portugueses en contra de los intereses de la Corona. Aceptada la exposición de los hechos ofrecida, es enviado con refuerzos a Gran Canaria. Llega el 2 de mayo de 1480. De forma furtiva para no ser identificado, entra en el Real de Las Palmas con el firme propósito de vengarse de sus acérrimos enemigos Algaba y Bermúdez por haberle denunciado ante los reyes, también por haberle obligado a  tener que comparecer ante ellos para defenderse de las acusaciones vertidas contra él. 

Así fue que Juan Rejón volvió a Gran Canaria, con ánimo de venganza, apoyado en un dictamen que muchos han puesto en cuestión, por su aparente falsedad, como afirma el cronista Gómez Escudero: ”Con relación a la muerte de Pedro muchos hablaron de la brevedad de la venida de España de Juan Rejón, de que se dijo que la Real Cédula fue falsa e que los testigos del gobernador lo fueron y que solo por venganza le quitó la vida”, ordenando la muerte del Gobernador por degollamiento en la mañana de Pentecostés en la plazuela de San Antonio Abad del Real de Las Palmas.

Ermita de San Antonio, en el barrio de Vegueta. 
En su plaza fue ejecutado Pedro de Algaba en 1480.

En agosto de 1479 retorna, en efecto, Juan Rejón a la isla para proseguir con la conquista indultado por los reyes, arribando junto al obispo de Rubicón, y jefe espiritual de la conquista, fray Juan de Frías y el marino Pedro Hernández Cabrón. Continúan entonces las desavenencias entre los dos bandos —los rejonistas y los seguidores de Bermúdez-Algaba—. 

En el documento denominado la Crónica Lacunense, un extenso manuscrito anónimo del siglo XVI sobre la conquista de Gran Canaria, que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de La Laguna, se nos relata los hechos acontecidos:

"... se celebraba  la  fiesta  de  la Cruz de mayo  estando  la  gente  en  missa  en  la  iglecia  de  San  Antón   y  al  tiempo que  tañían   a  Santos,  entró   el  Capitán   Rejón  en   la  iglecia  con  treinta   hombres   de  guardia  bien apersebidos  de  armas  y  munisiones  lo  qual  visto  por  el Gouernador Algaba,  y  por  el  Deán  Vermudes,  fueron  muy  turbados, y  acabada la missa, los prendió el Capitán Rejón con su gente que para ello llevaba prevenida,  aunque  ubo  apariencia   de  resistencia  atajola el  Capitán   Rejón, presentando la  provisión  y  cédula  Real  que  llebaba  de  sus  altessas  ante Esteban   Pérez,  alcalde  mayor,  el  qual  la  tomó  en  sus  manos,  y  la  besó,  y  puso sobre su  cabessa  y  la  mandó  leer  en  alta  voz  por escribano  público en la plaza pública, la cual decía de esta manera:

"Nos Don Fernando y Doña Isabel, por la Gracia de Dios, Reyes de Castilla, León,  de  Aragón,  etc.., aviendo  visto  un  processo  que  nuestro  Governador de   Canaria  Pedro  de  Algaba  hiço  y  fulminó  contra  don  Juan  Rejón, nuestro capitán de la  conquista della,  fallamos  que  lo  contra  el  intentado, no  ubo lugar, y  lo  restituimos,  en  su  honor, y  buena  fama, y  lo  damos  por  libre,  y le mandamos  por  libre  y  que  vuelva  a la  dicha  isla  de  Canaria  y  acabe  su conquista como  le  estaba  encargado,  y  para  ello y para  lo  demás  tocante  a nuestro servicio  le damos  poder,  y  facultad, etc."  

Por su parte, este momento del apresamiento, también lo cuenta Abreu Galindo en su Historia: [El día] "de la Santa Cruz, 3 de mayo, estando en misa el gobernador Pedro del Algaba entró Juan Rejón con sus treinta hombres y otros muchos del Real, diciendo viva el rey y llegándose al gobernador lo prendió, y sacándolo de la iglesia lo metió en la torre con unos grillos."

El día 3 de mayo de 1480, en efecto, Algaba y Bermúdez son detenidos por los hombres de Rejón al salir de misa en la ermita de San Antonio Abad. Rejón inicia entonces un proceso contra el gobernador Algaba, acusándolo de alta traición. 

Fue cuando el Deán Bermúdez celebraba misa en la citada ermita de San Antonio Abad, Rejón salió de las casas de Escudero con sus treinta soldados; leyó en público la real cédula de los Reyes Católicos que le encargaba nuevamente la conquista de la isla; arrestó al Gobernador Algaba, y le dio por prisión la torre que le había servido de palacio. Procesó al Deán por sedicioso, y acusó a Algaba de tratos con el portugués para entregar la isla. Sustanció con rapidez ambos procesos. A Pedro de Algaba, a quien tenía especial animadversión, Rejón le hizo ejecutar parece que el 20 de mayo de 1480.

Tras un proceso carente de cualquier garantía para los intereses de los reos la sentencia es contundente e inapelable. Juan Bermúdez, por tratarse de un eclesiástico, es deportado junto a sus seguidores a la isla de Lanzarote. Y el Gobernador, fue reo de alta traición, subió a un cadalso en la plazuela de San Antón, y fue decapitado. 

La ejecución de Algaba se verificó, pues, a finales del mes mayo o principios de junio de 1480 (algunos dan por buena la fecha del 20 de mayo), en la plaza de San Antón, en pleno campamento o Real castellano de Las Palmas, tras un proceso, que, según las crónicas duró diecisiete días. 

Efigie de Juan Rejón ubicada en la fachada 
de la Casa de Colón, Las Palmas de Gran Canaria.

Algaba fue ejecutado, siendo degollado o decapitado en la plaza frente a la ermita de San Antonio en el Real. En cuanto a la fecha del suceso, se discute, pues Alfonso de Palencia indica que «fue decapitado justamente a los diecisiete días de la primera vista de su causa», habiendo sido arrestado el día 3 de mayo. Por su parte, para el historiador Marín de Cubas, Algaba fue ejecutado el 2 de junio, mientras Viera y Clavijo lo data el 20 de mayo.

La ceremonia fue anunciada por el pregonero Juan Francés, quien ya servía como trompeta de la tropa, según refirió Abreu Galindo, a comienzos del siglo XVII: “Fue pregonero un maestre Juan Francés, que servía de trompeta a los de a caballo, y desta manera quedó”. Otras versiones de la conquista añaden a la voz del voceador, los sonidos de trompetas y atabales, instrumentos habituales en las campañas militares: “Algaba fue degollado en la plaza de San Antón con trompetas y atabales, y con voz de pregonero que manifestaba su delito por traidor a la corona real” (según la Crónica Ovetense).

El trompeta Juan Francés, pues, ha pasado a la historia por ser el pregonero del primer cabildo o Concejo de Gran Canaria.

Puesto en conocimiento de los Reyes Católicos lo sucedido en el Real de Las Palmas, por lo notorio y probado de los hechos, sumamente graves, Isabel y Fernando nombraron como nuevo gobernador de Gran Canaria, capitán general de la conquista y alcaide de la Torre de Las Isletas, a Pedro de Vera y Mendoza. Su misión era clara: detener a Juan Rejón y reemprender la conquista de la isla. El nombramiento tuvo efecto el 4 de febrero de 1480.

Rejón recibió de mala gana a Pedro de Vera. El nuevo gobernador, sabiendo lo ocurrido con Algaba, manda arrestar a Rejón y lo procesa, enviándolo ante los reyes. Una vez en la corte, los reyes lo indultan ordenándole que volviera a Canarias y que fuera a conquistar las islas de La Palma y Tenerife.

Playa de Hermigua, en La Gomera.

Pero para Juan Rejón, su final también fue trágico e inesperado. Camino de La Palma para iniciar su conquista, las vicisitudes y las inclemencias del tiempo dificultan la travesía de manera que, debido a una tempestad en alta mar, Rejón se ve obligado a  desembarcar en el norte de La Gomera, concretamente en la playa de Hermigua. Mal lugar para hacerlo puesto que el señor de la isla, Hernán Peraza el Mozo o el Joven –hijo de Diego García de Herrera, señor de Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro- no guardaba especial afecto a Juan Rejón, envía a varios vasallos para prender a Rejón y traerlo a su presencia. Rejón se niega, enfrentándose los vasallos de Hernán Peraza.

Era sabido que años atrás, en 1479, durante su visita a Lanzarote, acompañado por infieles vasallos de Don Diego, Rejón mantuvo una seria disputa y desavenencia con éste con motivo del cobro de los mantenimientos para la conquista de Gran Canaria, como antes hemos comentado.

De manera que Rejón consciente del peligro, pero obligado por las circunstancias, desembarca con unas decenas de hombres, sabedor de las pocas simpatías que tenía entre los señores de la isla. Hernán Peraza no quiso esperar acontecimientos y envió una guarnición a detener a Rejón a Hermigua. Como cabía esperar, Juan Rejón se defendió con bravura, pero sería herido de muerte en la refriega mediante una lanza. El ataque fue inmediato y por sorpresa, lo que no evitó una feroz resistencia de Juan Rejón, pero inevitablemente cae cadáver en las arenas de la playa de Hermigua. Como se ve, su muerte fue un ajuste de cuentas entre viejos enemigos.

Parece que todos los hechos con visos de venganza y ensañamiento tienen su castigo. Así afirmaba Abreu Galindo:

“Que todos los que participaron en la  muerte de Pedro de Algaba padecieron tristes y violentas muertes, unos entre los canarios, otros por manos de guanches de Tenerife, de tal manera  que ninguno murió de muerte natural.“

El cuerpo de Rejón fue trasladado a la villa de San Sebastián de dicha isla y sepultado en la capilla mayor de la primitiva Ermita de la Asunción (hoy Parroquia matriz de la Asunción). En unas excavaciones arqueológicas llevadas a cabo entre 1979 y 1980 se localizaron varias sepulturas en el actual antepresbiterio de la Iglesia de la Asunción, relacionándose una de ellas con el posible cuerpo de Juan Rejón.

Matrimonio y descendencia de Pedro de Algaba.

Algaba contrajo matrimonio con Leonor Suárez Gallinato, o Suárez de Figueroa, hermana de Violante de Valdés, primera mujer del también conquistador y futuro adelantado mayor de las islas Canarias Alonso Fernández de Lugo, y del bachiller Pedro de Valdés el Viejo, prior y canónigo de la catedral de Canaria.

El matrimonio tuvo dos hijos:

Jerónimo de Valdés (Sevilla, c. 1470-San Cristóbal de La Laguna, 1530). No se casó, aunque sí hizo promesa de matrimonio a Margarita Perdomo, con la que tuvo un hijo. También dejó descendencia de sus uniones con María de Cabrera, mujer casada, y con su criada María de Lugo y Adeje (o María Díaz), que fue hija del Mencey de Adexe.

Andrés Suárez Gallinato (Sevilla, c. 1477-San Cristóbal de La Laguna, 1525). Casado con Juana de Lobón, hija del licenciado Fernando Yáñez de Lobón, miembro del Consejo de Castilla, con quien tuvo a:

Bartolomé de Fonseca;
Juan de Gallinato;
Fernando Yáñez de Lobón;
Gregoria Gallinato o Fonseca;
Ana de Lobón;
Isabel Suárez o Fonseca.

Ambos hermanos fueron protegidos por su tío, el ya mencionado don Alonso Fernández de Lugo, el Adelantado de Canarias, llegando a ser conquistadores de las islas de La Palma y Tenerife, y pobladores de esta última tras su conquista en 1496, donde ejercieron como regidores del primer cabildo en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna.

Legado en Las Palmas de Gran Canaria.

En el casco histórico de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, existe el Pasaje Pedro de Algaba, un callejón estrecho y curvo que une la Plaza del Pilar Nuevo con la Plaza de San Antonio Abad, en la trasera de la Catedral de Santa Ana, recordando al primer y trágico gobernador de la isla.

Pedro R. Castro Simancas, 11.09.2026.
Festividad de San Pafnucio de Egipto.

Fuentes:

ABREU GALINDO, Juan de (1590-1602): Historia de la conquista de las siete Islas de Canaria, (edición crítica con introducción, notas e índice de Alejandro Cioranescu), Goya Ediciones, Santa Cruz de Tenerife 1977.

NIETO, José María (2021): Juan Rejón; el indómito conquistador de Las Canarias en España en la Historia, en línea, 17 de julio de 2021.

TRUJILLO YÁNEZ, Gustavo Alejo (2024): "Pregón del ajusticiamiento del gobernador de Gran Canaria Pedro de Algaba (1480)" en Paisajes sonoros históricos, nº 10, 2024.

Crónica Lacunense, Patrimonio Digital Lacunense, Biblioteca de la Universidad de La Laguna, 2026.

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