Conquista de Tenerife: Rodrigo de Betanzos, el liberador de los guanches cautivos.
Como ha dicho el Doctor en Historia y licenciado en Derecho, Mariano Gambín García, es muy difícil intentar explicar las violentas esclavizaciones realizadas por el gobernador Alonso Fernández de Lugo durante y después de la conquista de Tenerife. En muchas ocasiones, la conducta de Lugo no tiene otra explicación que un afán recaudatorio desmedido unido a una falta de escrúpulos asombrosa. Sin embargo, el hacer de Lugo no fue algo inusual para la época que le tocó vivir, pues la esclavización del vencido por armas era parte de la vida cotidiana en los siglos XIV y XV, y así estaba permitido por las normas en vigor entonces.
Que Lugo, como conquistador de Tenerife, se cebara con la esclavitud de los guanches de guerra (los que fueron de los menceyatos de Taoro, Tegueste, Tacoronte, Icod y Daute) que fueron apresados y vendidos en los mercados de Jerez de la Frontera, Sevilla y Valencia, era hasta cierto punto lógico, pues constituían un botín de guerra. Pero que también se aprovechara de la situación, alegando ciertas excusas de traición, apresando y esclavizando a los guanches de los menceyatos de Anaga, Güímar, Abona y Adeje, ciertamente no tiene un pase ni justificación posible. Por ello, el trato dispensado a los indígenas merece la repulsa general.
En efecto, las víctimas legales del conquistador fueron los guanches de los bandos de guerra, reducidos masivamente a esclavitud y desterrados al continente, especialmente a la Baja Andalucía y al Reino de Valencia, para su venta en los mercados públicos. Las víctimas arbitrarias fueron múltiples guanches de los bandos de paces, capturados como represalia por supuesta deslealtad o infidelidad. Esta medida afectó en mayor escala a los guanches de Anaga, Abona y Adeje, y en número mucho más reducido a los de Güímar.
Como ha señalado el profesor Antonio Rumeu de Armas, resulta admirable contemplar el esfuerzo titánico que desplegaron los aborígenes para recuperar su libertad, integrándose a la isla de la que eran nativos. Y no menos encomiable las ayudas y valimientos que encontraron -oficiales y privados- para el logro de tan nobles propósitos.
Entre estos valedores y defensores de los guanches cautivos fuera de Tenerife, destaca sobremanera la poco conocida figura de Rodrigo de Betanzos, actuando de procurador de los guanches cautivos ante los Reyes Católicos, para obtener justicia y conseguir la liberación de los mismos.
DENUNCIAS FORMULADAS A FAVOR DE LOS GUACHES CAUTIVOS.- Ya un conquistador de Tenerife, Francisco de Albornoz, reconoció: "Después no se ha guardado justicia; especialmente [...], el adelantado [Alonso de Lugo] hizo traer ante sí a los guanches del reino de Anaga, unos doscientas ánimas entre hombres y mujeres, los cuales eran de paces, y en la conquista ayudaron a conquistar a los otros en favor de Sus Altezas [los reyes Isabel y Fernando]. No se acuerda si los tomaron cristianos o no, pero vio cómo los cautivaron y enviaron a vender. Y asimismo, al dicho tiempo, el adelantado hizo [com]parecer ante sí hasta doscientos guanches del reino de Adeje y de las paces, que asimismo ayudaron a conquistar [a] los otros. En esta manera, y con tal engaño que como estaban escarmentados de lo pasado, pusieron en un corral, cercado de piedra, un hombre (que se dice Sepúlveda) y cubriéronlo de ropa y dijeron que el adelantado les llamaba para que viniesen a tornar cristianos, que estaba allí el obispo [de Canaria, don Diego de Muros], y al momento que los tuvieron dentro de el corral, los cautivaron y los repartieron y embarcaron por cautivos".
Hoy sabemos, por las denuncias que luego se formularon, que el número de los cautivos de los reinos de paces, pasaron de mil personas, de las cuales, permanecían en Tenerife, en 1498 (dos años después de finalizada oficialmente la conquista de la isla), unos trescientos.
Siguiendo el texto de Antonio Rumeu de Armas en su obra sobre La política indigenista de Isabel la Católica, podemos extraer las siguientes ideas: «los abusos y tropelías que se cometieron contra los indígenas de las islas Canarias fueron infinitos en número y crueldad, a espaldas de la acción tutelar de la Corona y violando las rígidas normas de conducta decretadas por los Reyes Católicos para estimular la convivencia y alentar la conversión.
En este aspecto concreto, Fernán Peraza, señor de La Gomera, Pedro de Vera, conquistador de Gran Canaria, y Alonso de Lugo, conquistador de La Palma y Tenerife, dejarán sus nombres marcados para siempre con letras rojas en el libro de la historia».
Las quejas y denuncias contra la censurable conducta del conquistador Alonso de Lugo, se dejan sentir en la Corte de los Reyes Católicos en las postrimerías del año 1497. Portavoz de los oprimidos será el procurador Rodrigo de Betanzos, quien aboga con tesón en defensa de los guanches de paces, como ahora veremos.
EL PAPEL JUGADO POR RODRIGO DE BETANZOS.- De Rodrigo de Betanzos poco sabemos, salvo que no era canario. Su nombre puede llevar a pensar que era gallego. Todo parece indicar que debió ser uno de los capitanes que acudieron a la conquista de Tenerife por la espada; pero que, al contrario de otros de sus compañeros, cuando vio lo que allí se estaba haciendo decidió denunciarlo, por reputarlo escandaloso.
¿Quien fue, pues, Rodrigo de Betanzos?, no lo sabemos. ¿Fue un conquistador?, pudiera ser, pero no aparece en ninguna de las listas de conquistadores. ¿Fue un colono? tampoco parece, pues no figura como beneficiario de ninguna data de repartimiento de tierras y aguas. A lo mejor, pudo ser un residente en la isla que se avecindó en la villa de San Cristóbal de La Laguna, después de finalizada la conquista. Es posible que su estirpe proviniera de los Becerra de Betanzos (reino de Galicia), originarios de dicha villa. Como ha señalado el cronista oficial de la ciudad de Betanzos, José R. Nuñez-Varela (1984), este linaje de los Becerra es de los más antiguos de aquel reino, "i de ella an procedido grandes Caballeros, que se señalaron mucho en el servicio de sus Reies..." (Fray Felipe de la Gándara, 1652). De esta familia proceden los Rodrigo de Becerra, padre e hijo, que fueron regidores de la ciudad de Betanzos, durante la primera mitad del siglo XVI. El padre obtuvo del monarca Carlos I, una real cédula de "pribilegio [de] mayorazgo", con el que poder vincular algunos de sus bienes y garantizar la línea sucesoria principal, que le sería concedida el 15 de abril de 1520, y datada en La Coruña.
Pues bien, Alonso de Lugo es acusado en 1497, al año siguiente de finalizada la conquista de esta isla, de cautivar a aborígenes tinerfeños de los bandos de paces. El acusador era, en efecto, Rodrigo de Betanzos, representante y procurador judicial de los guanches vendidos por Lugo, que de alguna manera se habían organizado para que aquél los defendiera en la Corte. A comienzos de 1498 comenzó a moverse la maquinaria real.
Denuncia, pues, Rodrigo de Betanzos respecto de los guanches que "aviéndose convertido a nuestra Santa Fe católica, e seyendo christianos e libres, el dicho Alonso de Lugo, a buelta de los otros cabtivó e tomó e conquistó de la otra tierra que non era de los dichos vandos [de paces] diz que tomó e cabtivó fasta mil ánimas de los susodichos vandos de Dexa [Adeje] e [A]Bona e Guymar, e que ha vendido parte dellos, seyendo christianos e de las dichas paces."
El denunciante solicitaba que todo esto fuese investigado, previsión que fue totalmente aceptada por los reyes en cédula expedida en Alcalá de Henares el 29 de marzo de 1498.
En este documento descubierto por Rumeu de Armas, fechado ese 29 de marzo de 1498, entre otros pormenores, se indicaba:
"... que Rodrigo de Betanzos, en nombre de ciertos canarios de los vandos de Dexa (Adeje) e [A]Bona e Güymar, nos hizo relación por su petición, diciendo: que al tiempo que Alonso de Lugo, nuestro governador de la ysla de Tenerife, fue a conquistar la dicha ysla, los dichos vandos diz[e] que guardando las paces que tenían puestas e asentadas con Pedro de Vera, nuestro governador que fue de la dicha ysla por virtud de los poderes que de Nos tenía, diz[e] que se juntaron con el dicho Alonso de Lugo [que] les mandava, e que acogían en los dichos vandos a nuestras gentes e les amparaban e defendían, en que les davan de sus mantenimientos; e que los dichos canarios de los dichos bandos, haciendo todo lo susodicho e aviéndose convertido a nuestra santa fee católica e seyendo christianos e libres, que el dicho Alonso de Lugo, a bueltas de los otros que cautivó e tomó e conquistó de la otra tierra que no heran de los dichos bandos, diz[e] que tomó e cabtivó hasta mil ánimas de los susodichos bandos de Dexa (Adeje) e [A]Bona e Güymad, e que ha vendido parte dellos, seyendo christianos e libres..."
Rodrigo de Betanzos solicitó, en efecto, de los Reyes Católicos que se hiciesen informaciones testificales, así en la Corte como en las islas Canarias, sobre la veracidad de las infidelidades y violencias denunciadas. La respuesta fue cuádruple, según ha podido señalar Mariano Gambín:
Por un lado, se comisionó al gobernador de Gran Canaria, que por entonces era Lope Sánchez de Valenzuela para que se informara de la situación de los guanches que todavía estaban en Tenerife y protegiera judicialmente a los afectados.
La instrucción real era terminante “... e todos los que asy fallardes de los susodichos bandos, los tomeys en vuestro poder e les pongays en secrestaçion, e no acudan con ellos a persona alguna fasta tanto que por Nos sea visto lo que dellos se debe faser...”. Valenzuela cumplió su misión, estando ausente casualmente de la isla Alonso de Lugo, realizando el secuestro judicial de todos aquellos aborígenes, como atestiguaron los propios monarcas más tarde “... e vos cunpliendo nuestro mandado fuystes a la dicha ysla de Tenerife e tomastes fasta ochenta animas, poco mas o menos e las pusistes en secrestaçion...”. La actuación de Valenzuela provocó la inmediata protesta de Lugo, sin resultados positivos.
Por otro lado, se encargó al obispo de Canaria, Diego de Muros, y al gobernador Valenzuela, que realizasen sendas pesquisas sobre el asunto y las enviasen a la Corte.
Igual comisión se encargaba también al juez de términos de Sevilla, el licenciado Pedro de Maluenda, para que en dicha ciudad y su entorno pudiera recabarse toda la información sobre el asunto de los propios esclavos y sus captores.
Finalmente, se comisionó al alcalde de Corte Luis de Polanco para que conociese los pleitos y causas de los canarios esclavizados. El asunto adquiría gran importancia, y además, coincidía con la llegada de los Reyes a Sevilla en diciembre de 1499, por lo que su estancia en la ciudad andaluza hacía más fácil las actuaciones judiciales, por encontrarse en sus cercanías todos los protagonistas del asunto.
En efecto, Pedro de Maluenda, juez de términos y suplicaciones de Sevilla, fue encargado de hacer averiguaciones específicas, dado que la mayoría de los guanches afectados residían allí. El obispo Diego de Muros se encargaría de las averiguaciones en las propias islas.
El Consejo Real, por su parte, tuvo noticia de que había en Tenerife 300 guanches de paces cautivos, y actuó a tiempo para impedir incluso su embarque hacia el Reino de Castilla. El recién nombrado gobernador de Gran Canaria, Lope Sánchez de Valenzuela, llevó a cabo la misión. Se presentó en Tenerife con la cédula y ordenó pregonarla por toda la isla; y, según denunció amargamente Alonso de Lugo, se presentó con un guanche que andaba de casa en casa, informando a los habitantes de que todos los guanches (residentes en territorio de bandos de paces) eran "horros" (es decir, libres) y, por lo tanto, intocables.
Los guanches que estaban presos en Tenerife tuvieron suerte. Estaban bastante localizados, todo el mundo los conocía y, nada más llegar a la isla el gobernador Valenzuela con la cédula, su libertad era cosa hecha. Pero el caso de los que habían llegado al puerto de Sevilla y se habían desperdigado por varias ciudades de Castilla y Aragón era otra cosa.
Cuando los Reyes Católicos entraron en Sevilla, en diciembre del año 1499, se encontraron, entre otras cosas, con numerosas delegaciones de canarios residentes en el área, que como ya hemos dicho eran la mayoría de los esclavizados de los bandos de paces en su día sin motivo ni razón por Alonso de Lugo, exigiéndoles, por tanto, reparación del desafuero. Hubo tiempo de sobra para dichas presiones, puesto que la Corte estuvo en Sevilla toda la primera mitad del año 1500, para luego pasar año y medio en Granada y después volver a Sevilla. Los reyes no abandonaron la zona hasta febrero de 1502.
Alonso de Sepúlveda se trasladó a Sevilla en el otoño de 1500, donde comenzó a trabajar. Tenía poder real para recabar cuanta información testifical y documental necesitase y su investigación dio el fruto, entre otros resultados, de encontrar al cautivo don Enrique, rey que fue de Ycoden.
Las pesquisas se centraron principalmente en las ciudades de Sevilla, Jerez, Cádiz y sus comarcas vecinas. Apenas llegado a Sevilla, las investigaciones de Sepúlveda lo llevaron a uno de los centros donde se localizaba un gran número de canarios esclavos, la ciudad de Jerez. Con rapidez impetró y logró del Consejo Real el 5 de octubre del año 1500 una provisión por la que se ordenaba al corregidor de Jerez que comprobara la existencia y situación jurídica de los canarios esclavizados, les escuchara y les hiciera justicia. Hay que tener en cuenta que en esta ciudad se encontraban “...algunos canarios e canarias, asy gomeros como de los vandos de Gazmira [en La Palma] e de Abona e Goymar e Adez [Adeje] e Anaga [en Tenerife], no podiendo ni deviendo estar cabtivos...”, es decir, aborígenes de todas las islas, habiéndose convertido Jerez en uno de los destinos preferentes de esclavos canarios en Andalucía.
Los reyes, por su parte, reaccionan otorgándoles una legitimidad ilimitada en esta causa contra la depredación de los aborígenes canarios por parte de los conquistadores castellanos de las islas. Todo hace indicar, en todo caso, que la decisión final fue en todo favorable a los guanches, puesto que, tras la sentencia que sabemos se falló, las protestas de los canarios residentes en Andalucía cesaron, lo cual hace pensar que sus demandas fueron atendidas en lo esencial. Así, desde 1498, se sabe que los guanches de los cuatro bandos de paces, de Adeje, Abona, Anaga y Güímar, residentes en Tenerife, tuvieron asegurada en plenitud su libertad desde ese momento, gracias a la iniciativa de justicia impulsada por Rodrigo de Betanzos.
Por último, debemos recordar el caso del guanche Juan Manuel, tinerfeño y amparado por los bandos de paces, que se erigió también en denunciante de sus paisanos que igualmente estaban cautivos en Sevilla. Pero no sólo hizo eso, sino que elevó a los reyes una denuncia específica sobre en qué medida se habían enriquecido con la venta de esclavos personas muy poderosas del reino, como el duque de Medina Sidonia y el propio Alonso Fernández de Lugo, que tenían "usurpados e ocultados muchos canarios, faciéndose servir [...] de ellos, diciendo ser sus esclavos, injusta e no debidamente, porque diz[e] que los canarios naturales de las dichas yslas, no son ni pueden ser esclavos, según lo que por Nos [reyes de Castilla] está asentado e capitulado con ellos...". Los Reyes Católicos no sólo no lo represaliaron por ello, sino que le concedieron una carta de seguro (una especie, de salvoconducto), expedida el 10 de septiembre de 1499, por la cual Juan Manuel se convirtió en protegido de la Corona e intocable.
Pedro R. Castro Simancas, 25.11.2024.
Fuentes:
GAMBÍN GARCÍA, Mariano (2016): "Los procesos judiciales de liberación de esclavos palmeses y guanches en Sevilla (1496-1512). Nuevos datos para su estudio", en XXI Coloquio de Historia Canario-Americana, nº XXI-17, pp. 1-10, Las Palmas de Gran Canaria, 2016.
NÚÑEZ-VARELA Y LENDOIRO, José R. (2005): "Linajes Mariñanes. Los Becerra y los Romay de Betanzos", Programa Oficial de Fiestas de Betanzos, 2005.
RUMEU DE ARMAS, Antonio (1975): La conquista de Tenerife, Ed. Aula de Cultura de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1975.

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