Vilaflor de Chasna: El nacimiento de un pueblo fundado por el catalán Pedro Soler en el sur de Tenerife.
El origen de Vilaflor de Chasna, en el sur de Tenerife, se remonta a principios del siglo XVI, cuando el mercader catalán don Pedro Soler, tras su matrimonio con Juana de Padilla, hija de Juan Martín de Padilla, se convierte en el administrador de las tierras de Chasna, en el antiguo menceyato de Abona. Este acuerdo no solo aseguraba el control de una vasta extensión de tierras y recursos hídricos, sino que sellaba el inicio de un proceso de desarrollo económico para la comarca sur de Tenerife, con la fundación del pueblo de Vilaflor.
CONCLUYE LA CONQUISTA DE LA ISLA DE TENERIFE.- Tras la finalización de la contienda en 1496, las tierras altas de Chasna, en el antiguo reino de Abona, se convirtieron en refugio de guanches rebeldes o alzados, episodio del que hablaremos en otra ocasión. Sin embargo, en paralelo comienza el proceso colonizador en esta zona con el reparto de tierras y aguas entre los conquistadores y pobladores por parte del gobernador Alonso Fernández de Lugo. Aunque el antiguo reino guanche de Abona comienza a colonizarse desde 1498, lo hace en primer lugar en torno al Porís de Abona, radicando aquí el primer alcalde «de las partes de Abona» y una de las primeras ermitas de la zona, la de Nuestra Señora de las Mercedes, situada en la Punta del Porís, erigida en 1514, episodio del que también hablaremos en otra oportunidad, cuando tratemos de las apariciones marianas en las bandas del sur de Tenerife. Sin embargo, entrado el siglo XVI, la preponderancia social y económica en la comarca va a pasar rápidamente al lugar de Chasna, con la creación de un ingenio azucarero en Vilaflor.
En efecto, según cuenta el historiador Francisco Báez (2010), fue en 11 de julio de 1504, cuando son concedidas simultáneamente dos datas en el área de Chasna (actual Vilaflor de Chasna), en el sur de Tenerife. La primera y más importante de ellas, se adjudicaba conjuntamente a los sobrinos políticos del Adelantado, a los hermanos Jerónimo de Valdés y Andrés Suárez Gallinato, junto al regidor Guillén Castellano y a Fernando de Espinosa, a los cuales se les concedían tierras y aguas en el río de Chasna, territorio fronterizo entre los reinos de Adeje y Abona, sin especificar la orientación productiva de las mismas.
Dichas tierras y aguas en torno al río de Chasna fueron entregadas a los citados conquistadores Jerónimo de Valdés, Andrés Suárez Gallinato, Guillén Castellano y Fernando de Espinosa en ese año de 1504. También hubo otros beneficiarios de las tierras en Chasna, entre los que se encuentran el antiguo mencey de Adeje, bautizado como Diego, Pedro Fernández Señorino, sobrino del gobernador, o el miembro de la Corte, Nicolás Tello. Sin embargo, en 1508, Valdés, Suárez Gallinato, Espinosa y Castellano ceden sus tierras a Sancho de Vargas, siendo alcalde mayor de la isla.
LA FAMILIA SOLER LLEGA A TENERIFE.- Según cuenta el profesor Antonio Rumeu de Armas, la familia Soler era oriunda de Cataluña, pues los antepasados de don Pedro Soler, dueño de los magníficos ingenios de azúcar de Abona en el siglo XVI, habían nacido en Tarragona. Su padre había venido a Tenerife con la conquista, y obtuvo al finalizar aquélla buenos repartimientos de tierras en Abona. Pedro Soler se dio maña para explotar sus tierras, cultivando en ellas caña de azúcar, y en los alrededores de Chasna cimentó un ingenio que fue con el tiempo la base de su fortuna, lo que daría lugar a la fundación del pueblo de Vilaflor.
Había casado Pedro Soler con Juana de Padilla y Linares, dueña de importantes heredamientos en el término de Chasna y habiendo tenido de este matrimonio varios hijos: el mayor, Pedro, cura beneficiado de la iglesia parroquial de los Remedios, de La Laguna, y vicario eclesiástico en Tenerife; el segundo, Gaspar, militar que con el tiempo sería capitán de la compañía de Infantería de Abona y Vilaflor; el tercero, Baltasar, también militar que alternó con su hermano en el mando de la mencionada compañía, y el cuarto, Juan, cuyas actividades se ignoran.
Sin embargo, en 1508 los citados colonos Jerónimo de Valdés, Andrés Suárez Gallinato y Fernando de Espinosa ceden sus tierras, mediante venta a Sancho de Vargas, en aquel momento alcalde mayor de la isla.
La esposa de don Pedro Soler, la mencionada Juana de Padilla era hija de Juan Martín de Padilla y de Juana de Linares. El primero había adquirido grandes extensiones de tierras en Chasna por compra en el año 1525, sin que todavía se hubiera creado ningún ingenio.
LA FUNDACIÓN DE VILAFLOR DE CHASNA.- Es en el año 1508 cuando los citados colonos Jerónimo de Valdés, Andrés Suárez Gallinato y Fernando de Espinosa ceden sus tierras, mediante venta a Sancho de Vargas, en aquel momento alcalde mayor de la isla. Siendo en el año 1525, cuando los herederos de Sancho de Vargas venden las tierras a Juan Martín de Padilla por un importe de 15 mil maravedís. Con esta importante adquisición de tierras en la zona de Chasna, es cuando se considera que la hija de este, Juana de Padilla, y su marido, el citado poblador catalán Don Pedro Soler, ponen en marcha el ingenio de azúcar, y de facto, fundan el pueblo de Vilaflor con los primeros trabajadores del ingenio. Años más tarde, hacia 1530, será cuando Pedro Soler y su mujer construyen junto al río de Chasna una ermita dedicada a San Pedro Apóstol.
Así, Don Pedro Soler forma hacia el año 1530 el pueblo de Vilaflor entorno a dicha ermita, atrayendo a los pobladores y posibilitando traer recursos hídricos desde los montes para el riego de las huertas, como ha contado el cronista oficial de Vilaflor de Chasna, Nelson Díaz Frías.
Para facilitar la explotación agrícola en esta zona del sur de Tenerife, además, los Soler construyeron dicho ingenio azucarero en el lugar conocido como El Llano del Ingenio, el cual operó hasta que la competencia americana sumió en la ruina a la industria azucarera canaria. “El lugar era idóneo para esta actividad, pues tenía las condiciones perfectas”, explica el cronista. La llegada al ingenio de trabajadores especializados y campesinos permitió la consolidación de un incipiente núcleo urbano, que se erigió en torno a la primitiva ermita de San Pedro, dedicada al santo homónimo de su fundador.
En Abona, por tanto, es la familia Soler, rival de la de Ponte que se asienta en Adeje, la que edifica y explota el ingenio de Chasna, viniendo así a dar realización al proyecto de Suárez de Quemada, factor del duque de Medina Sidonia que nunca pudo llevar a cabo por las razones que hemos explicado en un artículo anterior. Como sabemos, este recibe en febrero de 1503 la donación de tierras con cargo de edificar un ingenio; pero las condiciones de aquella zona eran tan adversas, que abandona pronto su construcción, como efectivamente pudimos comentar en el artículo sobre El relevante papel del Duque de Medina Sidonia en Abona.
EL MAYORAZGO DE CHASNA.- La riqueza territorial y el poder de los Soler alcanzaron su máximo esplendor, dos generaciones después, con la creación del Mayorazgo de Chasna, una institución jurídica (extinta desde el siglo XIX en España) que vinculaba los bienes de la familia a perpetuidad, como una manera de garantizar la transmisión de los bienes solo a los descendientes directos de una familia, es decir, de todo su patrimonio, sin posibilidad de fragmentación o de que estos se repartieran con algún otro linaje. Todo el patrimonio familiar quedaba garantizado, pues, para el hijo mayor de la familia, evitando así la fragmentación de dicho patrimonio.
Va a ser en el siglo XVII cuando un nieto de don Pedro Soler, llamado de igual forma, junto a su mujer María de Cabrera, es el que va a obtener una real cédula de Felipe III, expedida en Valladolid en 3 de noviembre de 1601. Por ella se les concedía facultad para que de sus propiedades, muebles, raíces, semovientes, juros, rentas, heredamientos y otros bienes que en ese momento y en adelante tuviesen, instituyesen mayorazgo en vida, al tiempo del fallecimiento, por vía de donación entre vivos, o por otra manda, en uno de sus hijos o hijas.
En virtud de la real facultad se procederá por escritura otorgada en San Cristóbal de Tenerife, ante el escribano Alonso Gallego, el 29 de agosto de 1602, por Pedro Soler y María de Cabrera a fundar mayorazgo a favor de Juan Soler de Padilla, su hijo mayor, con extensas propiedades comprendidas en los actuales municipios de Vilaflor de Chasna, Arona, San Miguel de Abona y Granadilla de Abona, principalmente.
En dicha escritura de fundación del mayorazgo de los Soler, se confirma la existencia de sus propiedades en esta comarca sur de Tenerife, al señalarse que debían incorporarse al mayorazgo, aparte de los bienes presentes, además, como propiedades futuras: "las q. hubieren e compraren el dho. Juan Soler de Padilla e sus descendientes e subcesores, en las partes de Abona e Adeje, dende lindar con tierras del mayorasgo de Pedro de Ponte Regidor, hta. lindar con tierras del Duque de Medina [Sidonia]...".
Entre esas diversas propiedades dispersas por toda la comarca de Chasna, debemos destacar la Casa familiar, que todavía hoy se conserva en el casco histórico de Vilaflor. Ubicada frente a la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, y que fue desde el siglo XVI hasta el XIX, residencia de las distintas generaciones de la familia Soler de Padilla, y también de sus descendientes en la titularidad del Mayorazgo de Chasna: los marqueses de la Fuente de Las Palmas. La primitiva vivienda fue construida por don Pedro Soler y su esposa, Juana de Padilla a principios del siglo XVI. El aspecto actual data del siglo XVII, con las lógicas mejoras y ampliaciones de siglos posteriores.
A día de hoy, la casa de los Soler pertenece al Cabildo Insular de Tenerife, que actualmente la somete a una profunda restauración, esperando que el futuro uso y disfrute será del Ayuntamiento y de los vecinos de Vilaflor de Chasna, como museo o equipamiento cultural.
Sin embargo, los bienes que formaron parte de dicho Mayorazgo de los Soler, van a ser objeto de mucha polémica a lo largo de los siglos, poniéndose de manifiesto irregularidades en la fundación, al no constar las particiones entre los hermanos y tíos del fundador, ni la liquidación de su capital y del de su mujer, sin que tampoco se dedujeran las legítimas de los hijos, ni se distinguiera entre lo que era del fundador o de su mujer.
Asimismo, a pesar de su contribución al desarrollo inicial del pueblo de Vilaflor, la existencia de este mayorazgo creó conflictos entre la familia Soler y los habitantes de la comarca. Las tensiones se debían a los tributos que los pobladores debían pagar anualmente en favor de los Soler. “Los vecinos del pueblo tenían que pagar todos los años un tributo anual por el día de San Pedro a favor de la familia Soler por usar esos terrenos donde luego ellos habían construido sus casas”, explica el cronista Díaz Frías. Esta situación, que se mantuvo hasta el siglo XIX, fue la semilla de una serie de disputas sociales y legales que con el tiempo escalaron hasta niveles trágicos. En 1840, se produce, en efecto, el asesinato de Alonso Chirino de Hoyo, VII Marqués de La Fuente de Las Palmas, que era en aquel momento el último titular del Mayorazgo de Chasna.
En 1765 este Heredamiento de Chasna había pasado a formar parte de los bienes del Marquesado de la Fuente de Las Palmas, al casarse el V marqués Alonso Chirino y Ascanio con Josefa Soler de Padilla y Castilla, séptima poseedora del mayorazgo.
LA FUNDACIÓN DE LA ERMITA DE SAN PEDRO, LA CREACIÓN DEL POSTERIOR BENEFICIO DE CHASNA Y MÁS TARDE, LA PARROQUIA DE SAN PEDRO.- La actual iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Vilaflor, es una de las más antiguas del sur de la isla y cuyo origen está en la modesta capilla o ermita que Pedro Soler y su esposa, Juana de Padilla, ordenaron construir allá por 1530, como ya hemos comentado.
Le dieron la advocación del santo de su patrón, San Pedro, y la dotaron de lo necesario para su culto con una imagen de alabastro de dicho santo titular que trajeron de Cataluña y que todavía hoy se conserva. Su modestia queda constatada hacia el 1568, año en que fue elevada a la condición de parroquia y sede del Beneficiado de Abona tras la visita del arcediano Juan Salvago, con la condición de que los Soler, como patrones del templo y habiéndose comprometido a ello, culminaran la construcción de una iglesia de mayor cabida.
En este punto, aclarar que el siglo XVI en Tenerife, la Iglesia católica tuvo un papel significativo en la organización territorial y social, con la creación de beneficios eclesiásticos y su influencia en la vida de los habitantes de cada uno de los pueblos que se fueron creando. La Corona, a través del Patronato Real, intervenía en la designación de beneficios eclesiásticos y la gestión de las rentas que estos producían. Estos beneficios eclesiásticos eran los cargos o empleos en la Iglesia que otorgaban una renta a su titular, el beneficiado. Estos beneficios se otorgaban a personas que cumplían ciertas funciones dentro de la Iglesia, como sacerdotes o clérigos.
Pues bien, esta primitiva ermita origen del pueblo de Vilaflor, fue elevada a la categoría de parroquia con la condición de que la familia Soler la ampliara. Por este motivo, fueron los nietos de don Pedro Soler los que derribaron la pequeña ermita y levantaron la majestuosa iglesia que hoy podemos ver en el pueblo de Vilaflor de Chasna, terminando las obras en el siglo XVII.
De manera que en 1568 la ermita es elevada al rango de parroquia, convirtiéndose en la sede del Beneficio de Abona, que aglutinaba los lugares de Vilaflor, Arona, Granadilla, San Miguel y Arico, y que había sido creado en 1560. En efecto, entre 1615 y 1675 los Soler reedifican la ermita de San Pedro, hasta darle el cuerpo de iglesia moderno que hoy conocemos.
Según señala el cronista Octavio Rodríguez Delgado, es por una real cédula dada en Toledo a 10 de abril de 1560, cuando se crea el Beneficio de Abona o de Vilaflor, con sede en la citada iglesia de San Pedro Apóstol de dicha localidad. De este dependieron los feligreses que vivían en la amplia jurisdicción de Chasna, la cual incluía a los actuales municipios de Arico, Granadilla de Abona, Vilaflor, San Miguel de Abona y Arona. Pero que a lo largo del tiempo sufriría sucesivas segregaciones, por la creación de las nuevas parroquias en Granadilla de Abona y Arico, hasta quedar reducida al actual municipio de Vilaflor: en 1617 se separó Granadilla; en 1639 lo hizo Arico; y en 1796 se segregaron San Miguel de Abona y Arona, así como el pago de Chiñama, que se unió a Granadilla.
Por cierto que en 1626 fue bautizado en esta iglesia de San Pedro de Vilaflor, José de Betancur (el futuro Santo Hermano Pedro), que fue misionero en Guatemala y primer santo canario, canonizado en 2002 por el papa Juan Pablo II.
LA IGLESIA DE VILAFLOR.- En efecto, en 1615, los hermanos Gaspar Soler de Arguijo y Juan Soler de Padilla decidieron desbaratar la capilla o ermita que habían levantado sus padres, a fin de edificar una iglesia de mayor capacidad. Contrataron para ello al cantero Custodio López. Era de planta cuadrada con tosca blanca, salvo las basas y guarniciones del arco mayor, que se hicieron en piedra azul volcánica por su mayor prestancia y por haber sido empleada en su puerta. Sin embargo, en 1675 se rehizo desde sus cimientos nuevamente, ya que tras los trabajos en la cabecera resultó pequeña la nave central. Por el contrario se mantendría el testero con la recién construida sacristía. Es la fecha en que fueron trazadas sus dos portadas.
En cuanto a las características del edificio parroquial tal como hoy lo conocemos, la iglesia de Vilaflor se presenta como un templo de una sola nave y planta de cruz latina; con estilo canario y artesonado de inspiración mudéjar; carece de torre, pero aun así está rematado en una bonita espadaña. Sobre la portada principal se conserva una inscripción en la que consta que la iglesia se terminó de construir en 1675, siendo su beneficiado Matías Ruíz Alfonso.
En el interior del templo pueden apreciarse las huellas de la familia Soler, como el sol tallado en piedra que está en la clave del arco que separa las naves; el escudo de madera ovalado que hace alusión a esta familia y su distinguida situación en la sociedad del momento.
En cuantos a sus imágenes, la escultura más antigua y valiosa que posee esta iglesia es el San Pedro de alabastro, esculpido por el aragonés Pedro Villar en el siglo XVI y donado por Pedro Soler a la primitiva ermita de Vilaflor, y que en su base tiene tallado el sol que hace referencia a la ilustre familia que lo donó. Esta imagen está situada en la hornacina izquierda del altar mayor, en cambio, en el nicho derecho de este retablo se encuentra la imagen del Santo Hermano Pedro de Bethencourt, esculpida por el imaginero Ezequiel de León en 1981, primer santo canario y nacido en este pueblo.
Según opinan los expertos en arte, la imagen de San Pedro Apóstol, hasta hace unas décadas esta escultura estuvo atribuida a Diego de Siloé (1495-1563) o Bartolomé Ordoñez (h. 1480-1520) por don Juan Contreras y López de Ayala, más conocido como el “Marqués de Lozoya” (1893-1978), en una visita efectuada a Vilaflor. De hecho, el señor Contreras quedó sorprendido “de que en un pueblo tan pequeño … exista una obra artística de tal categoría”. Por su parte, otro estudioso, José Goyanes Capdevila (1876-1964) opinó que era una obra italiana, proponiendo, nada menos que al gran artista del Renacimiento italiano Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) como el supuesto autor de la misma.
En cambio, la Catedrática de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna, Carmen Fraga González, publicó en 1982 un valioso estudio en el que, a partir de la inscripción obrante en la base de la escultura desvela el nombre del verdadero autor: “Entendemos que la conveniente interpretación de esas letras da la clave de la pieza, en cuanto al autor, procedencia y cronología, aunque estas dos últimas interrogantes se conocen: la imagen fue traída de Cataluña a mediados de la decimosexta centuria. Respecto a su artífice, se citan nombres como los de Diego de Siloé y Bartolomé Ordoñez, que no corresponden a la fecha de la llegada a la isla. Sin embargo en el pedestal están escritos todos los datos: a través de los escudos se indica que un Soler fue el donante; luego se señala que la "Esculpió Pedro Villar Apóstol Pedro". Ello relaciona indirectamente a esta obra con el arte de Ordoñez, cuya labor en el trascoro de la catedral de Barcelona fue continuado entre 1562-1564 por el mencionado Villar, un escultor aragonés establecido en Cataluña. [...]”. Como explicita el texto de la profesora Fraga, el autor de la obra que nos ocupa es, definitivamente, Pedro Villar, un escultor de origen aragonés cuyos trabajos más conocidos se integran en el trascoro de la Catedral de Barcelona, según acreditan y confirman Mª Isabel Sánchez Bonilla y Gerardo Fuentes Pérez, profesores de la Universidad de La Laguna.
En 1986 la iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento de interés para la Comunidad Autónoma de Canarias, siendo modificada la categoría del Bien en 2005, añadiéndose además su delimitación gráfica y escrita, la justificación de la delimitación y la descripción, así como los bienes muebles vinculados al mismo.
DON PEDRO SOLER Y SU AMISTAD CON EL PIRATA INGLÉS JOHN HAWKING.- El pirata John Hawkins (1532-1595) representa al comerciante inglés que toma a Canarias como territorio trampolín para realizar acciones de piratería por la costa africana y el Caribe. Hijo de un antiguo comerciante que conocía bien Canarias, cambió el trueque de mercaderías por la venta de esclavos. Pertenecía a una familia de navieros de Plymouth, que aseguraba una parte del tráfico del azúcar y de vinos canarios a Inglaterra.
John Hawkins (nacido en Plymouth en 1532), en su juventud se había familiarizado con las islas Canarias al navegar en buques mercantes en el comercio del azúcar. Por esta razón tenía casa de comercio en Tenerife
Se sabe que en 1560 visitó Tenerife, donde ya tenía socios comerciales pertenecientes a las familias Soler, de Abona, y de Ponte, de Garachico y Adeje, quienes poseían plantaciones de azúcar en el Sur de la isla. En esas visitas, Hawkins llegó a saber que los colonos españoles en el Caribe necesitaban con urgencia esclavos negros. Se podía ganar mucho dinero en aquel negocio, y participando en él, Hawkins se introdujo en un círculo de comerciantes que había estado casi exclusivamente bajo control español. Al hacerlo se convirtió en el primer inglés que traficó con esclavos africanos.
Venía a Tenerife, además, con cierta frecuencia, como ha señalado Alejandro Cioranescu, y visitaba a sus amigos en la isla, el beneficiado, párroco de la Iglesia de la Concepción, Mateo de Torres, y al propietario de Abona Pedro Soler, por lo que parece que hablaba español perfectamente.
Sus socios en Canarias, en efecto, fueron Pedro Soler y Pedro de Ponte, que le proporcionaron los contactos y la protección legal para hacer esclavos en Guinea que luengo vendía en las Indias Occidentales (la América hispana). En la década de 1560 se sabe que visitó frecuentemente el Archipiélago ejerciendo su oficio de pirata, pues no dudaba en abordar a otros navíos esclavistas a los cuales robaba la valiosa mercancía humana. Precisamente, en el año 1561, llegó con un barco cargado de ropas y telas y comunicó al Cabildo de La Laguna que no se atrevía a descargar, por temor a que le hicieran pagar a él la culpa de unos piratas ingleses que acababan de robar un navío de la carrera de Indias y con los que él no tenía ninguna relación.
Sin embargo, según apunta Rumeu de Armas, el trato de los Soler con John Hawkins tuvo que ser muy anterior al viaje de 1560. Las relaciones de íntima amistad entre éste y el beneficiado de La Laguna (el cura hijo de don Pedro Soler), no pueden explicarse en el corto intervalo de un viaje comercial. Sin duda, el trato de la relación comercial venía ya existiendo desde hacía algunos años, y John Hawkins debió experimentar repetidas veces la acogida cariñosa que la familia Soler le deparaba en sus posesiones de Abona, mientras los navíos cargaban lentamente sus bodegas con el rico producto del azúcar en suelo tinerfeño.
En virtud de esta amistad, cuando hubo descargado sus telas por los principales y más ricos puertos del archipiélago, regresó a Tenerife para cargar su navío en los puertos de Abona con los azúcares de la familia Soler producidos en su ingenio de Chasna.
Mientras permaneció en la isla, oyó misa aunque era protestante, aparentó devoción y se hizo pasar por católico en sus conversaciones con los isleños, pues tenía amistad con los curas de La Laguna y de Santa Cruz. John Hawkins no solo asistía a misa durante sus visitas comerciales a la Tenerife católica, sino que lo hacía con un fervor aparente que hacía pensar a sus amigos tinerfeños que era un católico devoto. Esta actitud pudo haber sido típica de las familias de comerciantes de la época.
Durante estas primeras visitas a Tenerife, John Hawkins estableció importantes contactos comerciales en las islas Canarias, que utilizó como base para sus visitas a la costa guineana. Un pariente de Hawkins llamado John Lovell fue durante un tiempo el agente residente de la familia en Tenerife, donde las familias de Pedro Soler y Pedro de Ponte eran amigos personales de John Hawkins. Otros dos amigos cercanos eran unos sacerdotes católicos: el citado Pedro Soler, hijo del comerciante de Chasna, beneficiado de la Iglesia de los Remedios de La Laguna y Mateo de Torres, beneficiado de la Concepción de Santa Cruz.
Según señala el profesor Rumeu de Armas, este cura llamado Pedro Soler era, en efecto, hijo del capitán del mismo nombre y apellido, dueño de los ingenios de Abona, y de su legítima mujer Juana de Padilla. Como comentamos, fue beneficiado de la parroquia de los Remedios de La Laguna, y como tal, encargado por el Santo Oficio de Canarias para llevar a cabo muchas informaciones y procesos en materia de fe. Por su parte, el citado Mateo de Torres, era beneficiado de la parroquia de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife, aunque natural de La Laguna, siendo hijo de Antonio de Torres, que era sacristán, natural de Toledo, y de Ana Hernández de la Fuente.
Se sabe que durante la visita de 1560, Hawkins vendió su cargamento de lanas en Santa Cruz de Tenerife y en Abona, y probablemente también en Adeje, Puerto de Garachico y San Sebastián de La Gomera. Antes de regresar a casa, se detuvo de nuevo con la familia de Pedro Soler en Chasna y cargó su barco con azúcar del molino del ingenio de la familia Soler en Abona.
Según cuenta Joaquín Blanco, de estas conversaciones y amistades surgieron las bases de una nueva sociedad comercial con Pedro de Ponte, propietario del ingenio de azúcar en Adeje y con Pedro Soler, fundador de Vilaflor y propietario del ingenio en Chasna. Cuando Hawkins volvió a Inglaterra, trasladó a Londres su residencia y entró en relación con un grupo de comerciantes ingleses. Una de las garantías máximas que mostró a sus nuevos socios fue la seguridad de aprovisionamiento que Pedro de Ponte y Pedro Soler les ofrecía en sus ingenios y tierras de Adeje y de Chasna, respectivamente, que todavía en aquella época en la práctica eran los territorios más despoblados de la isla de Tenerife. Allí podría descansar, seguro, tranquilo e inatacado, a la mitad de sus viajes a las Indias hispanas. Porque el deseo de John Hawkins era que se proponía comerciar solapadamente con las provincias ultramarinas de la corona española.
Según cuenta Harry Kelsey, profesor de la Universidad de Yale, en su obra Francis Drake, el Pirata de la Reina (edición española de 2002), tras partir de Plymouth en octubre de 1562, Hawkins se detuvo, como estaba previsto, para reunirse con sus contactos comerciales en Tenerife. Sin duda, los barcos ingleses también transportaban las habituales lanas y otros artículos comerciales de Devon (Inglaterra) que se vendían en Tenerife, además de un suministro de frijoles que se cocinarían para alimentar a los esclavos cautivos.
Desde Tenerife, la flota navegó hacia Cabo Verde y continuó por la costa guineana hasta Sierra Leona. Allí, Hawkins llenó los barcos de esclavos negros, robando algunos a comerciantes portugueses, capturando a otros por su cuenta y, finalmente, tomando un navío portugués para transportar a los esclavos que no podían caber en sus bodegas. El barco inglés, cuyo nombre no se menciona, fue devuelto a casa con mercancías, algunas comercializadas, otras adquiridas "a espada".
John Hawkins vino de nuevo a Tenerife en 1564, pero ya no podía desembarcar en Santa Cruz por temor a la Inquisición. Se fue con sus dos navíos al puerto menos vigilado de Adeje, donde los Ponte lo recibieron y agasajaron durante una semana. Pero en su tercer viaje a las Indias Occidentales, al llegar a Santa Cruz en octubre de 1567, existía un abierto estado de hostilidad entre Inglaterra y España como consecuencia de las actividades de los piratas y corsarios ingleses. En resumen, el rey Felipe de España se había hartado de que los extranjeros se entrometieran en los asuntos de sus posesiones americanas. Además, la brecha abierta entre católicos y protestantes se ensanchaba cada vez más.
Según cuenta Alastair F. Robertson, de los tres viajes de Hawkins a las Indias Occidentales, el primero, en 1562, supuso un gran éxito financiero, especialmente porque la novedad cogió desprevenidos a los españoles; el segundo, en 1564, no fue muy provechoso, porque los españoles estaban siendo menos tolerantes con las discutibles añagazas piráticas de los ingleses; y el tercero, en 1567, cuando estaba acompañado de su primo Francis Drake, fue un desastre. En este último viaje, la flota llegó a Santa Cruz, según cuenta Cioranescu, el 23 de octubre, cuando ya se había tocado a rebato. Es decir, se habían convocado a los vecinos de Santa Cruz, hecha por medio de la campana del Castillo de San Cristóbal, con el fin de defenderse ante el eventual peligro de ataque, pues los navíos ingleses disponían de una artillería diez veces más potente que la del puerto de Santa Cruz. Sin embargo, Haukins mantuvo sus embarcaciones a distancia prudencial del castillo. Permaneció allí cinco días, recibiendo mantenimientos con licencia del gobernador, y sin ella, numerosas visitas de amigos. Al salir de la rada de Santa Cruz, saludó la plaza con una salva de despedida.
A su regreso a Inglaterra, fue nombrado Tesorero de la Armada británica en 1578 y fue decisivo en el diseño de nuevo tipo de buque de guerra, totalmente distinto, más rápido y más maniobrero, y fue hecho caballero por su actuación en la derrota, en 1588, de la Armada española. Pero su muerte fue ignominiosa: en 1595, en su último viaje a la española isla de Puerto Rico, falleció por enfermedad.
DON PEDRO SOLER, MERCADER.- Se han podido encontrar en algunos protocolos notariales, contratos suscritos por don Pedro Soler en relación a sus diversos negocios tratados con otros mercaderes, así hemos encontrado estos negocios suscritos ante los escribanos públicos de Tenerife:
Año 1519, agosto, 9.- Pedro Soler, vecino, da poder especial a Juan de la Fuente, mercader catalán, vecino de la ciudad de Sevilla, ausente, para cobrar a Pedro Bonoga todos los maravedís y deudas de pan, trigo, cebada, joyas y otras cosas que le deba. (Fontes XXXII, doc. no. 154, f. 187r).
Año 1520, julio, 5.- Nufio Belbey y Pedro Soler, mercaderes catalanes, estantes en Tenerife, deben a Gaspar Mateo, mercader, estante, presente, 52.350 maravedís de moneda corriente en Tenerife por razón de tantos dineros y ropa que recibieron, a pagar en dineros de contado en agosto. Testigos: Gonzalo Sánchez, Alonso Velázquez y Jerónimo Joven, vecinos. Firman: Nufio Belvey y Pedro Soler. En 29 de julio de 1522, ante Juan Márquez, escribano público, y testigos, comparece Gaspar Mateo, mercader, estante, y se da por pagado de los 52.350 maravedís porque se los pagó Pedro Soler. Firma: Gaspar Mateu. (Fontes XXXII, doc. no. 911, f. 544r).
Año 1521, mayo, 11.- Pero Soler, catalán, vecino, da poder especial a Francisco Morillo, mercader, estante, presente, para cobrar a Juan González y a Baltasar González, 50 doblas de oro que le deben por un contrato público ejecutorio otorgado ante Ximón Rabelo, escribano público del Cabo de Aguer. Una vez recibidas, se quedará con ellas en parte de pago de 30 y tantos mil maravedís que Pero Soler y Nufio Belvey le deben por un contrato público ejecutorio, otorgado ante Alonso de Llerena, escribano público. Francisco Morillo, mercader, estante, como cesionario de Pero Soler, catalán, vecino, da poder especial a Manuel de Gibraleón, procurador de causas, para demandar a Baltasar Gon- zález y a Juan González las dichas 50 doblas de oro. (Fontes XXXII, doc. no. 1814, f. 316r).
1523, octubre, 13. San Pedro.- Antonio Joven, vecino y regidor de esta isla de Tenerife, da poder general a Pero Soler, vecino, catalán, presente. (Fontes XXVII, doc. no. 1172, f. 842r).
Hasta aquí podemos llegar en la indagación de la historia de don Pedro Soler, el viejo, fundador del pueblo de Vilaflor de Chasna, a través de la construcción del ingenio de azúcar y de su primera ermita dedicada al patrón San Pedro. Pocos datos más sabemos de este personaje originario de Tarragona que llega a Tenerife después de terminada la conquista de la isla (1496), pero del que desconocemos su fecha y exacto lugar de nacimiento, así como de su fallecimiento, aunque dejará una extensa e ilustre descendencia.
Fuentes:
BELLO LEÓN, Juan Manuel y GONZÁLEZ ZALACAÍN, Roberto José (2011): "Los catalanes en la documentación notarial de Tenerife (1505-1525)" en Estudis històrics i documents dels arxius de protocols, nº XXIX, pp. 63-186, Col·legi Notarial de Catalunya, Barcelona, 2011.
CIORANESCU, Alejandro (1993): Historia del puerto de Santa Cruz de Tenerife, Viceconsejería de Cultura y Deportes Gobierno de Canarias, Madrid, 1993.
RUMEU DE ARMAS, Antonio (1947): Los viajes de John Hawkins a América (1562-1595), Escuela de Estudios Hispano-americanos, Sevilla, 1947.
ROBERTSON, Alastair F. (2018): John Hawkins, un pirata inglés en Tenerife, publicado en inglés en el nº 593 de Tenerife News (26 de enero a 8 de febrero de 2018). Traducción de Emilio Abad, en línea web Tertulia Amigos del 25 de Julio.
SÁNCHEZ BONILLA, María Isabel y FUENTES PÉREZ, Gerardo (2018): "Imágenes de alabastro en el patrimonio escultórico de Tenerife. Análisis específico de San Pedro Apóstol de Vilaflor" en El alabastro: usos artísticos y procedencia del material. Actas del I Congreso Internacional, pp. 351-362, Universidad de Zaragoza, 2018.
Artículo: La historia de ‘conflicto’ de los Soler y la fundación de Vilaflor, Diario de Avisos, Santa Cruz de Tenerife, 10.11.2024.





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