Menceyato de Abona: El relevante papel del Ducado de Medina Sidonia en la conquista y colonización de Tenerife.

Palacio de los duques de Medina Sidonia
 en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)

A finales del siglo XV, el Ducado de Medina Sidonia jugó un papel clave en la expansión territorial de la Corona castellana, especialmente en la conquista de la isla de Tenerife y de la plaza de Melilla, a través de sus recursos y apoyo logístico. 

Grabado con el retrato del III Duque de Medina Sidonia

En efecto, el Ducado de Medina Sidonia tuvo una intervención crucial en la conquista de Tenerife en 1496 y de Melilla en 1497. Ambas conquistas fueron iniciativas privadas con apoyo político de la Corona castellana y en ambos casos, el Ducado proporcionó tropas y suministros, lo que hizo posible la rapidez y el éxito militar para estas empresas. 

EL DUCADO DE MEDINA SIDONIA.- El ducado de Medina Sidonia es un título nobiliario hereditario del Reino de España que el rey Juan II de Castilla otorgó a Juan Alonso Pérez de Guzmán, el III conde de Niebla, el 17 de febrero de 1445, como premio a los servicios a la corona de su linaje, que había fundado el legendario Guzmán el Bueno. El nombre del ducado proviene de la localidad española de Medina Sidonia, en Andalucía y de él deriva, a su vez, la denominación casa de Medina Sidonia.

El fundador de la casa de Medina Sidonia fue, en efecto, Guzmán el Bueno, pues él fue quien puso las bases sobre las cuales se asentaría la misma. Se trata, pues, del ducado hereditario vigente más antiguo de la Corona de Castilla y del reino de España.

Este título estuvo en manos de la familia Pérez de Guzmán hasta el año 1779, cuando lo heredó José Álvarez de Toledo y Gonzaga, undécimo marqués de Villafranca del Bierzo. Desde entonces los Álvarez de Toledo han ostentado dicho título hasta la muerte de la XXI duquesa en 2008 (la apodada Duquesa Roja), cuando lo heredó su hijo, el actual Duque, don Leoncio Alonso González de Gregorio y Álvarez de Toledo, del linaje de González de Gregorio.

Don Juan Alonso casó en 1488 con su prima segunda Isabel Fernández de Velasco, hija de Pedro Fernández de Velasco y Manrique de Lara, condestable de Castilla y de Mencía de Mendoza; y en segundas nupcias con su prima hermana Leonor de Zúñiga y Guzmán, hija de Pedro de Zúñiga y Manrique de Lara, I conde de Ayamonte.​

Durante mucho tiempo, especialmente en el siglo XVI, la Casa de Medina Sidonia consiguió mantener su estatus gracias al trabajo de la mano esclava que trabajaba en sus posesiones agrarias. Según quedó señalado en su testamento de muerte, el tercer duque, Juan Alonso Pérez de Guzmán, tenía 216 esclavos; de lo cuales 95 eran mujeres y 121 hombres. Estas personas esclavizadas eran, predominantemente, guanches, moros y negros. 

En un documento relativo a la carta de seguro expedida por los Reyes Católicos el 10 de septiembre de 1499, para amparar al guanche de un menceyato de paces llamado Juan Manuel, quien se había erigido en defensor de sus paisanos guanches esclavizados. Este indígena denunció precisamente ante los soberanos de Castilla, los cuales relataban"que él ha descubierto cómo algunos grandes e otras personas de nuestros reynos, especialmente don Juan de Guzmán, duque de Medina Sidonia..., e Alonso [Fernández] de Lugo... tenían... usurpados e ocultados muchos canarios, faciéndose servir... de ellos, deciendo ser sus esclavos, injusta e no debidamente, porque diz que los canarios naturales de las dichas yslas no son ni pueden ser esclavos, según lo que por nos [los Reyes de Castilla] está asentado e capitulado con ellos...".

Precisamente el número elevado de esclavos aborígenes canarios se debe al uso de un ingenio de azúcar en Tenerife,  en la zona de Abona, que obtuvo el duque por apoyar al sanluqueño Alonso Fernández de Lugo en su segundo intento de conquistar la isla. 

Sobre la importancia histórica de este Ducado, podemos decir que la casa noble más importante de Andalucía fue la de Guzmán, ya que sus titulares fueron señores de Sanlúcar de Barrameda desde 1295 y de otros lugares y tierras en el bajo Guadalquivir a partir de 1282; fueron condes de Niebla desde 1369 y duques de Medina Sidonia en 1445, y marqueses de Gibraltar entre 1488 y 1526.

Además, desde el punto de vista patrimonial, el Duque de Medina Sidonia era uno de los nobles más ricos del reino de Castilla. Según el cronista de la época Lucio Marineo Sículo, sus rentas se elevaban a 55.000 ducados anuales, es decir, unos dos millones de maravedíes. Los ingresos básicos provenían de las propiedades rurales y de las rentas perpetuas que en forma de juros o censos percibían, a lo que se unía los salarios por el desempeño de altos puestos de la administración de la Corona, según cuenta Mariano Gambín.

EL DUQUE DON JUAN ALONSO PÉREZ DE GUZMÁN INTERVIENE EN LA CONQUISTA DE TENERIFE.- Juan Alonso Pérez de Guzmán y Afán de Ribera (Sevilla, febrero de 1466-Sevilla, 10 de julio de 1507) fue el III Duque titular de la Casa de Medina Sidonia.

Escudo de armas del III Duque de Medina Sidonia

Juan Alonso participó con sus tropas ducales en la guerra de Granada, en la conquista de la isla de Tenerife, en la ocupación de Melilla y en la conquista de la villa norteafricana de Cazaza.

Fue a finales de 1494 o principios de 1495, entonces cuando el III duque prestó su apoyo al adelantado Alonso Fernández de Lugo, quien conquistó definitivamente Tenerife en 1496, lo que le trajo a la Casa ingenios azucareros en el norte y bienes raíces en el sur de la isla de Tenerife, concretamente en el antiguo Menceyato de Abona.

Sin embargo, el Duque Don Juan Alonso muere prematuramente en Sevilla el 10 de julio de 1507 a consecuencia de la peste que en esa fecha asolaba la ciudad.

SU PARTICIPACIÓN ACTIVA EN LA SEGUNDA FASE DE LA CONQUISTA DE TENERIFE.- Tras el éxito de Alonso de Lugo en la rápida conquista de la isla de La Palma, se propuso intentarlo en Tenerife, que era la última de las islas Canarias que no estaba todavía bajo la soberanía del Reino de Castilla.

Tanto la conquista de La Palma como la que iba a acometer con la conquista de Tenerife, se trataba de conquistas privadas, financiadas con medios de particulares, si bien con la licencia y visto bueno de los Reyes Católicos. Por ello, una sociedad mercantil con varios mercaderes establecidos en Sevilla le procuró a Alonso Fernández de Lugo los fondos necesarios para acometer el desembarco con un ejército de mil trescientos combatientes, el más grande que se había visto en el Archipiélago. Muchos de los enrolados desconocían la difícil orografía tinerfeña y las tácticas de los aborígenes. De tal manera que en la primera fase de la Conquista, sabemos que el grueso del ejército cayó en una emboscada en un barranco, en La Matanza de Acentejo, donde no podían valerse de los caballos y la superioridad de las armas. La derrota fue total, la retirada terminó en desbandada y la fuerza expedicionaria, reducida a 300 soldados, acabó por dejar la isla y volver a Gran Canaria. Con esta derrota castellana termina esta primera entrada bélica en la isla de Tenerie.

Entonces para acometer la segunda fase de dicha conquista, Alonso de Lugo, el capitán andaluz, para intentarlo de nuevo necesitaba un ejército nuevo, o lo que es lo mismo, mucho dinero para levantarlo. A la hora de buscarlo, Lugo tuvo que acudir a todos los medios posibles. El concierto con sus socios no preveía la aportación continua de dinero por parte de aquéllos, y en aquel momento Lugo no podía esperar a renegociar el acuerdo con los Reyes Católicos ni a que sus asociados en la empresa tuvieran liquidez. Así, resolvió obtenerlo a través de dos fuentes. Por un lado, la liquidación de su patrimonio personal, pues tuvo que vender sus propiedades en Sanlúcar y así como la hacienda de Agaete (Gran Canaria), su bien más preciado y, por otro, acudir a la ayuda ajena a través de préstamos o acuerdos económicos de colaboración.

Para la ayuda militar, los socios de Alonso de Lugo pensaron en el Duque de Medina Sidonia, que podía levantar un ejército fácilmente como había demostrado varios años antes en la conquista de Granada. El duque era conocido de todos ellos por su residencia en Sanlúcar y Sevilla, lo que conllevaba una cierta familiaridad que podía ayudar a que se decidiera a participar en la conquista. Posiblemente se decidiera pedir ayuda a este noble por estar en aquellos momentos en Gran Canaria, Gonzalo Suárez de Quemada, criado del Duque y representante o factor de sus intereses económicos.

Con esta premisa, Suárez (o Xuárez) de Quemada se trasladó a Andalucía, donde trató del asunto con el Duque, a quien le pareció bien el proyecto, decidiendo enviar una fuerza expedicionaria de mil peones y cincuenta caballeros al mando de uno de sus hombres de confianza, Bartolomé de Estupiñán.

Otorgado poder a Gonzalo Xuárez de Quemada, vecino de Sanlúcar de Rarrameda, para que levantara un cuerpo expedicionario que enjugase las pérdidas habidas en la matanza de Acentejo, y, en efecto, Gonzalo Xuárez obtiene del duque de Medina Sidonia que enviase hombres y caballos a la conquista de Tenerife.

En cuanto a los detalles de este acuerdo de colaboración militar pactado entre Alonso Fernández de Lugo y el duque de Medina Sidonia, para ultimar la conquista de la isla de Tenerife, carecemos de pormenores concretos. Sabemos, eso sí, que demandó del noble andaluz la movilización de un cuerpo expedicionario veterano compuesto de 50 caballeros y 1.000 peones. Como esta ayuda llevaba aparejada un cuantioso gasto de dinero, Alonso, el capitán mayor de la Conquista, se comprometía a resarcir totalmente al Duque del dinero gastado en la empresa y a recompensarle con una importante prima sobre los beneficios de la conquista.

En un documento fechado el 5 de octubre de 1504 por los Reyes Católicos se indicaban algunos detalles: «Que Alonso de Lugo, Adelantado que agora es de la ysla de Tenerife fue desbaratado por los canarios e le mataron çiertos onbres e le echaron fuera de la dicha ysla; e quél pasó a la dicha ysla de Gran Canaria, e de allí enbió a pedir socorro al duque de Medina Sidonia, el qual dicho duque, por serviçio de Dios e nuestro, le envió a socorrer con mill onbres a pie e çinquenta de cavallo, [y] enbió al dicho Bartolomé de Estopyñán de la dicha gente». El propio Alonso de Lugo nos informa por su pluma que «pagó al... duque la gente que envió en dineros e esclavos e ganados e otras cosas, sin le dar Sus Altezas cosa alguna...».

En una fecha incierta, pero entre noviembre de 1495 y marzo de 1496, el Duque de Medina Sidonia envió, pues, un contingente de tropas profesionales y experimentadas que fueron determinantes para la conquista de Tenerife. En concreto, 38 jinetes y 792 peones fueron desplegados para asegurar la victoria de la corona de Castilla. Este refuerzo fue crucial, ya que sin la intervención de estas fuerzas, la conquista podría haber tenido un desenlace muy diferente. En palabras del profesor Rumeu de Armas, este pequeño ejército, aguerrido y disciplinado, va a desempeñar un importante papel en la hora decisiva de aplastar la resistencia indígena.

Según cuenta José de Viera y Clavijo, el Duque de Medina Sidonia no podía olvidarse de que el conde de Niebla, su bisabuelo, había sido señor propietario de las Islas Canarias, y estas memorias le excitaban a interesarse en la reducción de Tenerife. Así se prestó con gusto al apoyo de aquel proyecto [de conquista]; mandó poner siete banderas en diversos parajes de sus estados, con los escudos de las armas reales y los de su casa; permitió se hiciesen las principales reclutas [para la conquista] en la ciudad de Sanlúcar, patria del mismo don Alonso; nombró por coronel del regimiento a Bartolomé de Estupiñán, caballero de la primera nobleza de Jerez, y por capitán de la caballería a Diego de Mesa, hijo de Álvaro Ruiz de Mesa, caballero de la banda y alcalde de Jimena y del castillo de Ronda; y finalmente, a 22 de octubre de aquel año [de 1495], hizo embarcar en el referido puerto [a] 650 hombres de infantería y 45 caballos a bordo de seis bajeles de transporte, que surgieron [es decir, fondearon] en Canaria después de una feliz navegación.

En efecto, en la segunda fase del proceso de Conquista, el capitán Alonso Fernández de Lugo consiguió que el duque de Medina Sidonia, D. Juan de Guzmán, facilitase en sus estados una recluta de 600 infantes y 45 caballos, que fueron enviados a Canaria, desde el puerto de Sanlúcar, en octubre del año 1495. Iba al mando de este pequeño grupo expedicionario, Bartolomé de Estupiñán, como capitán de las tropas alistadas.

En efecto, a la cabeza del cuerpo expedicionario venía un capitán de notorio prestigio, Bartolomé de Estupiñán, quien al mando de las milicias señoriales del duque de Medina Sidonia había tenido brillante intervención en la recién conclusa guerra de Granada. Era natural de Jerez de la Frontera, perteneciendo a uno de los más ilustres linajes de Cádiz.

Según cuenta Mariano Gambín, se carece de fechas documentales ciertas del arribo del tan ansiado refuerzo del Duque, cifrado en «mill onbres a pie çinquenta de cavallo». Los historiadores del siglo XVI dan como fecha del desembarco en Tenerife la del 2 de noviembre de 1495 (sin embargo, como hemos visto, para Viera y Clavijo, sería en octubre de 1495), lo que le parece a este estudioso demasiado tiempo, sobre todo si es cierto que Lugo ya estaba en la isla desde marzo de aquel año. Gambín señala que es extraño que los guanches no trataran de expulsar masivamente a los intrusos en los días siguientes al desembarco y que esperaran a que llegara más gente castellana. Además, se daba la circunstancia de que la prórroga del plazo otorgado por los Reyes Católicos a Lugo para finalizar la conquista se cumplía el 31 de diciembre. Por ello, Gambín pone en duda un arribo tan tardío, sobre todo por el testimonio del capitán del Duque, Bartolomé de Estupiñán, que años después manifestaría haber servido en la conquista: «el dicho Adelantado e él (Estupiñán) tornaron a la conquista de la dicha ysla, e estovieron en ella dos años hasta que se acabó de ganar la dicha ysla». De la anterior frase, para Mariano Gambín, parece deducirse que Estupiñán acompañó a Lugo desde un principio, por lo que habría que anticipar la llegada del refuerzo andaluz más de siete meses, a principios del año 1495.

En efecto, un actor de excepción, fue Bartolomé de Estupiñán, que declarará, en abril de 1505, «que puede aver nueve o diez años, poco más o menos, que estando el adelantado Alonso de Lugo en esa dicha ysla [de Gran Canaria] él fue con gente armada por mandado del duque de Medina Sidonia, su señor, a le socorrer; e que con su ayuda e industria le hizo ganar la ysla de Thenerife...». 

Terminadas las operaciones de conquista, las compañías veteranas del duque de Medina Sidonia abandonaban la isla de Tenerife, en la segunda quincena de febrero, y arribaban a los puertos andaluces en los primeros días de marzo de 1496.

Pero un año antes, en enero del año 1495 se presentó, además, otro problema no menor, y fue la falta de aprovisionamiento de víveres para las huestes castellanas, apostadas en el fuerte de Santa Cruz de Añazo, al negarse la Compañía de asentistas genoveses a suministrarlos; alegaron, entre otras razones, que la conquista les estaba resultando interminable. De suerte que, a ruegos de Lugo, el Duque de Medina Sidonia vino de nuevo en socorro de los castellanos, y envió desde Andalucía una importante remesa de víveres, que llegaron a Santa Cruz a últimos de mayo de aquel año de 1495. Como señala Viera y Clavijo: El duque no se negó a ello, y mandó que con la brevedad posible se despachase a Tenerife una embarcación con treinta barriles de harina, veinte y cuatro fanegas de garbanzos, sesenta quintales de bizcocho, veinte toneles de vino, ochenta arrobas de aceite, etc., cuyos comestibles aportaron a últimos de mayo [de 1495] a la rada de Santa Cruz, bien que nuestro ejército no abrió la campaña hasta primero de julio.

La fecha de la finalización, al menos oficial, de la conquista debe fijarse en el mes de febrero de 1496, ya que el día quince ordenó Lugo el licenciamiento del resto de las tropas y el regreso de todos aquellos que no quisieran quedarse a vivir en la isla. Para esta fecha nos basamos en la fecha aportada por el conquistador Diego de Maldonado para el pago de su soldada: desde mediado el mes de abril fasta mediado el mes de hebrero del año de noventa y seys, que son veynte e dos meses, setenta e tres mill e tresyentos e veynte maravedis, a rasón de quarenta mill maravedís que ovo de aver por año del tiempo que sirvió por nuestro mandado en las yslas de la Grand Canaria.

Según cuenta el profesor Rumeu de Armas, finalizada la conquista, el duque de Medina Sidonia reclamó por medio de sus factores la devolución del capital invertido y el pago del premio o recompensa, cantidades que Lugo, con mayor o menor prisa, hizo efectivas en su casi totalidad «en dineros, esclavos e ganados», sin concederle, en cambio, tierras en la isla como compensación a la ayuda prestada, al menos de manera directa. Por tanto, el duque poseyó bienes propios en Tenerife de manera indirecta, pues los disfrutó merced a sus factores o representantes puestos por cuenta ajena. 

Todavía en el año 1509 se estimaba que Alonso Fernández de Lugo seguía adeudado con los prestamistas de la conquista, y, en particular, se consideraba como uno de sus mayores acreedores al citado duque de Medina Sidonia. Por supuesto, además de la devolución del dinero prestado para la conquista, el Duque recibió su cuota de esclavos y unas excelentes tierras de riego, si bien de manera indirecta, como veremos, a través de sus factores o empleados por cuenta ajena, por cuanto el Duque ni pisó la isla ni tenía intención de hacerse vecino de la misma, que era condición necesaria para ser beneficiario de datas de tierras y aguas. 

Como ha señalado Mariano Gambín, gracias a los refuerzos enviados a Tenerife, se terminaron de conquistar las islas Canarias, con lo que se cerró un ciclo comenzado cien años antes de introducción paulatina de la Corona de Castilla en la Berbería de poniente (lo que hoy serían tierras de Marruecos). Tenerife se conquistó, pues, con una inversión mínima de la Corona, gracias a las iniciativas particulares de Alonso de Lugo y a sus acuerdos comerciales con sus socios y con el Duque.

Mapa de la costa con la ubicación de Sanlúcar de Barrameda

EL DUCADO DE MEDINA SIDONIA, UN BENEFICIARIO INDIRECTO DE DATAS CON TIERRAS Y AGUAS EN LA ISLA DE TENERIFE.- El III Duque de Medina Sidonia por su relevante contribución a la conquista de la isla de Tenerife, recibió del Adelantado datas de tierras y aguas, tanto en el norte como en el sur de Tenerife, aunque tuvo el problema de no haber venido a residir a la isla, pues era condición legal que los beneficiarios de datas se comprometieran a ser vecinos de la isla y pusieran a explotación las tierras asignadas, por lo que tuvo que nombrar a factores o representantes, que actuaban como capataces o personas que administraban las tierras por cuenta del Duque, pues los Reyes Católicos habían impuesto como condición para recibir datas, acreditar la residencia en la isla, con casa abierta, por un plazo mínimo de cinco años para así consolidar la propiedad. 

El Ducado recibió como data todo el reino de Abona, además de otras tierras en diferentes lugares de Tenerife.

Según el profesor Rumeu de Armas, el Duque de Medina Sidonia fue propietario en La Orotava de treinta y ocho fanegas de tierra de regadío con su correspondiente ingenio. Habían pertenecido con anterioridad al regidor Lope Fernández, quien se las traspasó por venta en 1.600 doblas. El mediador en este contrato fue el mayordomo o factor del duque, Gonzalo Muñoz. También explotó el Duque durante cierto tiempo —total o parcialmente—las tierras de Daute que correspondieron en repartimiento al genovés Mateo Viña, pero el hecho cierto es que don Juan de Guzmán invirtió caudales en el heredamiento de Daute y que al frente de la explotación estuvo por algún tiempo su otro factor, el ya citado Gonzalo Suárez de Quemada.

Al duque de Medina Sidonia aludía en La Orotava la calle donde se emplazaba su ingenio (calle del Duque), denominación conservada hasta hace unos años, en que pasó a llamarse del Doctor Buenaventura Machado Melián.

Para el profesor Rumeu de Armas, una pregunta salta a la pluma: ¿qué recompensa recibieron por su actuación en la conquista don Juan Alfonso de Guzmán, el Duque de Medina Sidonia, como patrocinador de la empresa; Gonzalo Suárez de Quemada, factor o representante del Duque y negociador de la ayuda militar, y Bartolomé de Estupiñán, militar y capitán de la hueste veterana enviada por el Duque? Estudiemos por separado cada caso, con los pocos datos que han sobrevivido hasta el presente.

En cuanto a Gonzalo Suárez de Quemada, no sólo negoció hábilmente esta importante ayuda militar, por la que fue más adelante recompensado, sino que tomó parte con su «persona e con cierta gente e cavallos... en la dicha conquista hasta tanto que la dicha isla se ganó...». No ha de sorprendemos, por tanto, que sus importantes servicios fuesen recompensados con datas de tierras y aguas en la comarca de Abona.

Así se hace constar en el Memorial de descargos al transcribir la data que el repartidor Alonso Fernández de Lugo concedió en Sevilla el 13 de febrero de 1503 al citado Gonzalo Suárez de Quemada, «que estaba presente». Se le titula regidor y vecino de la villa de Sanlúcar de Barrameda y se le conceden las aguas del río Abona y las tierras aledañas, con la obligación de edificar dentro del plazo de dos años un ingenio azucarero. En dicho Memorial de descargos se insiste en la concesión a Quemada de las tierras y aguas de Abona, negándose lo que la maledicencia corría y divulgaba de haber sido repartidas al propio duque de Medina Sidonia. Sin embargo, Suárez de Quemada no le sacó beneficio a esta data en Abona porque no pudo edificar el ingenio azucarero por «la aspereza de la tierra e el poco provecho que de ella se podía aver», y por otra razón muy personal, que luego veremos.

Dada la reiteración con que los testigos que declaran en el Proceso de las yslas de Canaria aseguran que las tierras de Abona habían sido concedidas al Duque de Medina Sidonia, por lo que cabe estimar sin género de dudas, que Gonzalo Suárez de Quemada actuaba como auténtico testaferro del duque. Las denuncias de Lope Fernández son particularmente sospechosas. La real carta de comisión al gobernador de Gran Canaria Lope de Sosa, expedida en Medina del Campo el 10 de julio de 1504, se hace eco de los rumores, a través de las denuncias formuladas: «... e que a un Xuares de Quemada, criado del duque de Medina Cidonia, le dio en la dicha ysla de Tenerife cierta cantidad de tierras en pago de ochocientos mili maravedís quel dicho don Alonso de Lugo diz que devía al dicho duque; las quales diz que agora posee el dicho Xuares de Quemada...»,

El último, y al mismo tiempo el más significado de los colaboradores andaluces en lo militar, fue también el mencionado capitán Bartolomé de Estupiñán, vecino de Jerez de la Frontera, que recibió como recompensa por sus importantes servicios una extensa data de tierras en lugar ignorado, aunque suponemos que en el norte de la isla y muy probablemente en el valle de Taoro. El propio beneficiario la describe en estos términos: «una parte de tierras con su agua para regar los cañaverales que en dichas tierras se oviesen de sembrar, e asymismo agua para el yngenio...». Sin embargo, en 1497, el capitán Estupiñán, finalizadas las operaciones de la conquista, retornó a su residencia de origen, estableciéndose en Jerez. Ello daría pie a que el conquistador Alonso Fernández de Lugo finalmente le despojase del repartimiento, cumpliendo de estricta manera las prescripciones establecidas por la Corona.

Más tarde, la Casa de Medina Sidonia dio la mayor parte de estas tierras en el norte de la isla a Juan de Gordojuela y Grimón, que con el tiempo le fueron cedidas a los frailes y monjas agustinas del Realejo.

Pero ¿qué tierras le fueron asignadas al Duque en el sur de Tenerife? Sabemos que el Adelantado asignó al duque de Medina Sidonia, ciertas tierras y aguas en Abona, en el territorio del antiguo Menceyato de este nombre, pero que como hemos comentado, su atribución no fue directa, sino a través de un testaferro o factor que actuaba por cuenta del Duque, su apoderado llamado Gonzalo Xuares de Quemada.

Pero, ¿qué había de aprovechable en las tierras del antiguo reino de Abona, generalmente áridas y de pocos recursos hídricos? Según cuenta el historiador Francisco Báez, en Abona, teníamos, en primer lugar, el llamado río de Abona, que lo identificamos con el actual barranco del Río, entre los términos de Arico y Granadilla de Abona, que discurría hasta llegar al mar, según se puede observar a través de la cartografía histórica. En la época de la que hablamos, principios del siglo XVI, su caudal se aproximaba a una azada y media de agua. En segundo lugar, en ese mismo término de Abona, existía otra corriente de agua, denominada el río de los Abades, conocida en la lengua guanche como Tenixe, que desde las medianías descendía discurriendo por el cauce del barranco infiltrándose en su lecho antes de alcanzar su desembocadura en el mar. Su caudal debía oscilar entre una azada y azada y media. La ubicación del mismo, parece coincidir con el barranco que discurre por el caserío de Las Vegas, situado en la parte alta de Chimiche, en el actual municipio de Granadilla de Abona. Aunque otro autor, Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de Canarias, Madrid, 1845-1850, en referencia al municipio de Granadilla del que nos informa que dicho término confina por el oeste con San Miguel [de Abona], “que le divide otro precipicio titulado de la Orchilla: en él se encuentran porción de manantiales de buenas aguas que forman algunos arroyos, siendo el principal el de los Abades, ...”.

Pues bien, según cuenta el citado historiador Francisco Báez, el Adelantado Alonso Fernández de Lugo habría adjudicado el reino de Abona al tercer duque de Medina Sidonia, como parte del pago a su colaboración en la conquista de la isla. Sin embargo, el regidor del Cabildo, Lope Fernández, desaconsejó al propio Adelantado la concesión de un lote tan importante de tierras a tal personaje de la nobleza, puesto que tal y como le manifiesta: “... vengo a deziros com suena mal e non paresçe bien que metais tal gallo en la isla y en vuestro muladar, porque el Duque es grand señor y podría ser que os heche fuera de la isla.”

De todas maneras, dada la ilegalidad de tal concesión, puesto que, como hemos comentado, el duque no se asentaría en la isla, Alonso opta entonces por entregar dicho albalá a su representante o factor. En este sentido, el duque envió como su factor o apoderado a la isla de Tenerife al citado Gonzalo Suárez de Quemada, que era regidor de Sanlúcar de Barrameda. De hecho, ya Gonzalo previamente había obtenido en Sevilla del propio Adelantado el 13 de febrero de 1503, la citada data del río de Abona, con la obligación de construir un ingenio en los siguientes dos años: "...otorgo e do[y] e entrego a vos, el dicho Gonçalo Suares, e para vos: el agua del río de Abona, ques en lo dicha isla de Tenerife, con todas las tierras que se puedan regar con el dicho río de Abona...en la muy noble e muy leal cibdad de Sevilla a treze días del mes de febrero año del nascimiento de Nuestro Salvador Jesu Xpto de mill e quinientos e tres años...". Sin embargo, parece que no fue posible construir dicho ingenio azucarero en el sureste tinerfeño, pues se dice "que Abona es un reino estéril y que Xuárez de Quemada no pudo hacer allí ingenio, aunque hizo gastos en ello." 

De manera, pues que los representantes del Duque comienzan a asentarse en torno al barranco del Río, fundando el núcleo de Las Vegas (hoy pedanía de Granadilla de Abona), aunque durante las primeras décadas del siglo XVI el territorio de Granadilla y en general de todo Abona se halla escasamente poblado, dado lo costoso de poner en rendimiento y explotación el árido suelo del antiguo reino de Abona. Por ello, estas tierras son dedicadas en un primer momento principalmente a la explotación de los montes, para sacar madera y la industria peguera asociada, mediante la extracción de la pez o brea para el calafateo de los barcos, así como a la ganadería y a la apicultura. 

No obstante, aunque parece que Gonzalo Suárez de Quemada sí efectuó algunas inversiones en dicha hacienda, es lo cierto que las mismas no tuvieron una continuación, como hemos dicho por razones logísticas y personales. Muy posiblemente, aquellas primeras actuaciones de posesión de la data, pudieron haberse producido en el actual núcleo de Las Vegas: 

“... que no a visto a ninguno que haya edificado en la dha hazienda salvo tener allá ganados, salvo Gonzalo Xuares de Quemada que vino allí a hazer un ingenio e que non lo hizo, que dezían que lo hazia por el Duque e que lo demás que non lo save. 

... que save quel dicho Gonzalo Suares de Quemada fue a la dha Abona e descargó un navío e después se vino e no quiso entender en el aprovechar, que decía que tenía poca agua e que hera tierra muy costosa, ...

... que el dicho Xuares de Quemada hizo gastos en la hazienda de Abona e que después se avía dexado della, por que hera costosa e que lo save por que vio gastar e hedeficar en ello y después se dexo della.”

Fallecido el Duque en Sevilla el 10 de julio de 1507 (casi 11 años después de que hubiera finalizado la conquista de la isla de Tenerife), y habiendo otorgado testamento, en el mismo había ordenado la manera de entregar sus legitimas a sus hijos, y entre otros permenores, se señalan los heredamientos y pertenencias que tenía el Duque en Gran Canaria y en Tenerife y sus esclavos que estaban en Niebla.

Añadir como detalle interesante que sobre aquella explotación de los montes de Abona y la reparación de los barcos averiados que paraban en Canarias, nos da cuenta el hecho histórico del fondeo de la expedición de Magallanes en el puerto de Montaña Roja, en la costa actual de Granadilla de Abona, tal como lo hemos contado en otro artículo publicado el 12.07.2024, y que puedes consultar en el siguiente enlace: La primera vuelta al mundo para en Tenerife. Tal como allí contamos, en efecto, fue en la rada de Montaña Roja, donde los maestros pegueros Andrés Blanco, Blas Afonso, Hernán López, y Pedro de Indarchi, conocido como Pedro de Tenerife, se dedicaron a calafatear las naves de la expedición de Magallanes con la brea, la pez de los pinos canarios, llevada desde los hornos de resina que el Duque de Medina Sidonia tenía en sus tierras de Abona. 

Sin embargo, esta data en el antiguo reino de Abona fue administrada, desde la segunda mitad del siglo XVI, por el citado Juan de Gordejuela y Grimón, regidor de la isla, fundador y primer patrono de los conventos del Realejo, después de habérsela despojado a su primer beneficiario, el mencionado Gonzalo Suárez de Quemada, por la razón que ahora veremos.

EL TRISTE FINAL DE GONZALO SUÁREZ DE QUEMADA, FACTOR DEL DUQUE DE MEDINA SIDONIA.- Por último, señalar que el final de Gonzalo Suárez de Quemada fue tremendamente trágico porque dicho factor ducal fue condenado a la pérdida de sus bienes, a la vez que fue ajusticiado por cometer prácticas homosexuales hacia finales del año 1504. En efecto, fue condenado a morir quemado en la hoguera, tal como señalan ciertos documentos reales, y así tenemos acreditado que el Rey Fernando (pues ya había fallecido la reina Isabel el 26.11.1504), en documento del 13 de enero del año 1505, datado en la villa de Toro, otorga una Merced a Luis Ortiz, criado del Rey, por los servicios prestados, de los bienes que quedaron de Suárez Quemada, así en Tenerife como en otros lugares, cuando fue condenado a muerte de fuego por el pecado nefando. Y al año siguiente, en otro documento, el mismo rey firmado el 6 de febrero del año 1506, datado en Salamanca, remite una Carta a Diego Palomino, que era alcalde mayor del Puerto de Santa María, para que guarde a Luis Ortiz, repostero de camas del Rey, la merced que éste le otorgó, datada el 13 de enero de 1505 en Toro, en la que se le conceden y todos los bienes que quedaron, tanto en Tenerife como en otros lugares, de Gonzalo Suárez de Quemada, que fue condenado a pena de muerte de fuego y a pérdida de todos sus bienes por el pecado abominable. Dicho "pecado abominable" se cometía cuando un varón, por su libre albedrío, cometía sodomía con otro varón. Desde luego era un delito conceptualizado como un acto malicioso y se castigaba con la hoguera si el hombre era mayor de edad o con azotes si menor. En el ámbito jurídico, señalar que regía una Pragmática contra la sodomía de 22 de julio de 1497, ordenada en Medina del Campo por los reyes Isabel y Fernando. Dicha Pragmática agravaba las sentencias y las penas decretadas contra los sospechosos de sodomía. Las descripciones que hace de la práctica sodomita la conciben como un crimen y también como un pecado. Proponían que tanto "la ley secular como la eclesiástica unieran sus fuerzas para castigar el crimen nefando, ese que no merece tener nombre, destructor del orden natural y por tanto punible por la justicia divina."

Finalmente, en cuanto al destino de aquellas tierras y aguas de Abona, don Juan Manuel de Guzmán y Silva, XI Duque de Medina Sidonia, consejero de Estado y Guerra, además de capitán general del Mar Océano, vendió dichas tierras que aún le quedaban en Las Vegas de la Data de Abona, a Juan de Mesa y Mena, que era vecino de Sanlúcar de Barrameda, en doscientos ducados, por escritura dada en aquella villa, el 28 de julio de 1620.

Pero años más tarde, en las postrimerías de ese siglo XVII, en las tierras de Abona será la familia de los Soler, de origen catalán, los fundadores del pueblo de Vilaflor de Chasna, y rival de la Familia de los Ponte, asentada en Adeje, la que edificará y explotará finalmente el ingenio, viniendo así a dar realización a aquel proyecto planteado por Suárez de Quemada, como factor que había sido del duque de Medina Sidonia. 

Pedro R. Castro Simancas, 18.05.2025.
Festividad de San Félix de Spalato.
Actualizado el 03.06.2025.

Fuentes:

BÁEZ HERNÁNDEZ, Francisco (2010): "La organización económica de las bandas del sur de Tenerife a comienzos del siglo XVI: Abona y Adeje, unos términos muy lejanos" en II Jornadas de Historia del Sur de Tenerife, pp. 69-99, ed. Ayuntamiento de Arona (Tenerife), 2010.

GALÁN PARRA, Isabel (1988): "El linaje y los estados señoriales de los duques de Medina Sidonia a comienzos del siglo XVI" en Revista En la España Medieval, nº 11, pp. 45-78, Universidad Complutense de Madrid, 1988.

GAMBÍN GARCÍA, Mariano (2014): "Una ayuda inesperada. La decisiva intervención del Duque de Medina Sidonia en las conquistas de Tenerife y Melilla (1496-1497)" en Revista de Historia Canaria, nº 196, pp. 185-204, Universidad de La Laguna, 2014.

RUMEU DE ARMAS, Antonio (1975): La conquista de Tenerife (1494-1496), Ed. Aula de Cultura de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1975.

Entrevista al actual Duque de Medina Sidonia

Entrevista con una de las hijas de la fallecida Duquesa de Medina Sidonia

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