Historia del Siglo XX: ¿el canario Nicolás Estévanez inductor del atentado en la boda del rey Alfonso XIII?
A raíz de la emisión de la serie histórica ENA en TVE (estreno 24.11.2025) dedicada a la vida de la reina de España doña Victoria Eugenia de Battenberg, interpretada por Kimberley Tell (Lanzarote, 10.03.1989), actriz, cantante y pintora española de ascendencia anglo-danesa, donde hemos visto que en su primer capítulo aparece la figura del canario Nicolás Estévanez y Murphy, como un inductor o autor intelectual del atentado sufrido por la reina el día de su boda con el rey Alfonso XIII en Madrid, ejecutado por el anarquista catalán Mateo Morral el 31 de mayo de 1906. Fue él, en efecto, quien lanzó la bomba que, escondida en un ramo de flores, detonaría al paso de la comitiva real por el nº 88 de la Calle Mayor de Madrid.
De la figura del poeta, militar y político español Nicolás Estévanez y Murphy, un tinerfeño nacido accidentalmente en Las Palmas de Gran Canaria el 17 de febrero de 1838, ya hemos hablado en este Blog en dos ocasiones, el 15.08.2025 y el 1.10.2025.
Ya comentamos, en efecto, el 15 de agosto de 2025, en el primer artículo dedicado a los ministros canarios en los gobiernos de España, que derrotado don Nicolás Estévanez en las elecciones de 1905, este estrechó sus lazos con el futuro presidente de la II República Alejandro Lerroux, cuyo libro De la lucha había prologado en el año 1900. En mayo de 1906, llegado Nicolás a Barcelona para embarcar hacia Cuba, se reunió con aquél, quien apareció en compañía de Ferrer Guardia y de Mateo Morral, por lo que desde ese momento muchos sospecharon que el canario Nicolás Estévanez había introducido en España la bomba que explotaría al paso de la comitiva nupcial, bomba de origen francés o alemán, y que fue lanzada veinte días después al paso de la citada comitiva una vez celebrada la boda de Alfonso XIII en Madrid, pero que Nicolás, en privado y en público, lo había desmentido siempre y reiteradamente.
VOLVEMOS A LA SIEMPRE APASIONANTE FIGURA DEL CANARIO NICOLÁS ESTÉVANEZ Y MURPHY.- Ahora, la trayectoria de este singular personaje vuelve a brillar con luz propia gracias, no solo a la mencionada serie de TVE, sino al trabajo del catedrático de Geografía e Historia Nicolás Reyes González (Santa Cruz de Tenerife, 1945), profesor de la Universidad de La Laguna, investigador y presidente de la Asociación Cultural Desde la Sombra del Almendro. Sus dos tomos publicados en 2016 sobre la vida de Nicolás Estévanez suponen un detallado y riguroso repaso a esta biografía nada común. No en balde, hablamos de quien fuera ministro durante la I República española. Los contactos con el nacionalista canario Secundino Delgado, la estrecha relación que mantuvo con su amigo Francisco Pi y Margall, su adiós a la carrera militar por el injusto fusilamiento de ocho estudiantes en Cuba y la aportación que hizo al frustrado atentado contra el rey Alfonso XIII confirman que no hablamos de un personaje nada convencional.
Por el citado profesor Reyes González en una entrevista publicada en Diario de Avisos el 10.07.2017 se asevera que “Participó en el atentado, pero no hay pruebas de que fuera él quien trajera los explosivos o algo determinante para la bomba que utilizó Mateo Morral contra el rey Alfonso XIII el día de su boda”.
Explica el biógrafo que los único probado a ese respecto es la reunión previa celebrada en Barcelona, para la cual Estévanez se desplaza desde París, y en la que también participan el propio Mateo Morral, el citado amigo Alejandro Lerroux García (1864-1949) (el que luego sería presidente en varias ocasiones durante la II República) y Francisco Ferrer y Guardia, que fue posteriormente fusilado como instigador de la Semana Trágica acaecida en la ciudad de Barcelona. “Es posible que trajera la bomba”, dice Reyes, “pero solo hay constancia cierta de que tal reunión se produjo y nada más, es la realidad”. Para reforzar sus palabras, recuerda Reyes que en el proceso judicial abierto a cuenta del atentado, del que la pareja real Victoria Eugenia salió ilesa, pero del que se cobró la vida de hasta 25 personas que se hallaban en la calle de entre el público asistente, solo se vieron involucrados como autores materiales Mateo Morral y Roca y un profesor suyo de Barcelona llamado Francisco Ferrer y Guardia.
Las claves para saber cómo llega Estévanez a relacionarse con esta vanguardia del anarquismo en nuestro país pasan por la relación del militar y político tinerfeño con Pi y Margall, del que fuera muy amigo hasta el fallecimiento del catalán. “Estévanez, como Pi y Margall, era un federalista convencido, más concretamente, partidario de una confederación donde las naciones tuvieran la libertad de sumarse o de irse, y se encontraba ideológicamente a la izquierda del propio Pi y Margall. La estrecha relación de ambos es el nexo con el anarquismo, dado que Pi y Margall es uno de los primeros que traducen al castellano las obras de Proudhon [Pierre-Joseph, uno de los padres del pensamiento anarquista junto con Bakunin, Kropotkin y Malatesta], ya en un año tan temprano como era 1855”, detalla Nicolás Reyes, para a continuación recordar que, por aquel entonces, “el anarquismo y el federalismo presentaban muchos puntos de contacto desde la perspectiva autonómica y del respeto al derecho a la autodeterminación partiendo como base la voluntad popular”.
Estévanez empieza como militar y termina conectado a los círculos anarquistas. Cuestionado sobre si fue evolucionando con los años hacia posturas más radicales, el biógrafo Reyes niega la mayor, y afirma con rotundidad que “se trata de un revolucionario, desde el principio hasta el fin de sus días, más allá de que, con el paso del tiempo, fuera más consciente de la realidad sobre determinados temas”. Como ejemplo, el biógrafo recuerda su faceta militar. “Ingresó en la Academia de Toledo, donde curiosamente coincidió con Valeriano Weyler [futuro comandante de la Capitanía general de Canarias], al que considero en las antípodas de Estévanez personal y profesionalmente. Luchó en Marruecos a las órdenes de Prim, que luego le ofrecería ser ministro, aunque lo rechazó. Se le describe como un oficial preocupado por las condiciones de la tropa y ajeno a las luchas por subir en el escalafón. La mejor prueba de su personalidad fue el episodio de los estudiantes de Medicina cubanos, condenados a un fusilamiento que Estévanez denunció por injusto y, a raíz del cual, puso fin a su trayectoria en el Ejército”. Sobre este trascendente episodio en la vida de don Nicolás Estébanez, puede consultarse nuestro artículo publicado en este Blog sobre LA ESPAÑA DE LA PRIMERA REPÚBLICA VISTA POR EL CANARIO NICOLÁS ESTÉVANEZ.
El fallecimiento de tan llamativo personaje tinerfeño de mediados del siglo XIX y principios del XX se produce en París, al poco de estallar la I Guerra Mundial. “Murió pobre, hubo que hacer una colecta para pagar el funeral, pero seguía siendo el mismo, ya que intentó alistarse en el Ejército de la República francesa para luchar contra los imperios europeos”, resaltaba Nicolás Reyes en aquella entrevista publicada en Diario de Avisos.
QUIEN FUE MATEO MORRAL EL ANARQUISTA CATALÁN QUE EJECUTA EL ATENTADO CONTRA LOS REYES ALFONSO XIII Y VICTORIA EUGENIA EN EL DÍA DE SU BODA EN MADRID.- El anarquista y frustrado regicida Mateo Morral y Roca había nacido en Sabadell (Barcelona), hacia 1880, falleciendo en extrañas circunstancias en la población de Torrejón de Ardoz (Madrid), el 2 de junio de 1906.
Como señala la Real Academia de la Historia, Mateo era hijo de un industrial, recibió esmerada educación y viajó por Europa. Estudió en Alemania y fue discípulo del citado Francisco Ferrer y Guardia. A principios del año 1905, o poco antes, Mateo se estableció definitivamente en la ciudad de Barcelona, donde Ferrer lo incorporó como profesor a su famosa Escuela Moderna, llegando a colaborar en algunas publicaciones de la misma. Por estas fechas, Mateo se había distanciado definitivamente de su familia a causa de sus ideas anarquistas, aspecto este que queda muy bien explicitado en la mencionada serie de TVE en su primer capítulo.
Se produce el atentando en la boda real de Alfonso XIII con la inglesa Victoria Eugenia de Battenberg.
En efecto, en mayo de 1906, con motivo del enlace entre el rey Alfonso XIII y su prometida británica Victoria Eugenia Julia Ena de Battemberg (1887-1969) (pues era nieta de la reina Victoria de Inglaterra y ahijada de la emperatriz de Francia Eugenia de Montijo), familiarmente conocida como Ena, acudieron a Madrid numerosas personalidades nacionales y extranjeras, así como agentes de las policías francesa, alemana, inglesa e italiana, para velar por la seguridad de los ilustres invitados. Al frente de la sección de Orden Público del Ministerio de la Gobernación se hallaba Emilio Moreno, coordinando la labor policíaca en Barcelona, en Madrid y en la frontera francesa. Por entonces, a Mateo Morral, sin embargo, la policía le tenía clasificado como “poco peligroso”, por lo que su retrato no apareció ni en la jefatura de Barcelona ni en la Sección de Anarquismo de Madrid, ciudad a la que llegó en la mañana del lunes 21 de mayo de 1906, tras lo cual se dirigió al Hotel Iberia, situado en la calle Arenal. Al enterarse de que el cortejo de la boda real no pasaría por esta calle, sino por la calle Mayor, el día 24 siguiente se trasladó a una casa de huéspedes, sita en el cuarto piso del n.º 88 de esta (frente a la iglesia de Santa María, y al n.º 93, donde, por cierto, el 25 de octubre de 1878 ya se había cometido también un atentado frustrado contra el anterior rey Alfonso XII).
Morral, por tanto, no levantó sospechas; hablaba perfectamente el alemán, circunstancia que pretendió aprovechar para incorporarse al grupo de periodistas extranjeros que presenciarían el acontecimiento desde una tribuna pública. Por lo demás, según la crónica de la época, “su porte distinguido y su cortesía en el hablar alejaban de él toda sospecha”. Durante estos días hizo una vida muy tranquila, si bien no paraba mucho en la pensión, pues comía fuera y frecuentaba cierto café de la calle de Alcalá al que acudían algunos escritores, entre ellos, nada menos con don Pío Baroja. Solían acompañarle un periodista, un inspector de la compañía de tranvías, Isidro Barra Orozco, y un polaco, viajante y corredor de productos farmacéuticos. Afirmó en la pensión que le gustaban mucho las flores y pidió a su patrona que se las comprase a diario, lo que ésta hacía en un puestecillo instalado en el atrio de la iglesia de Santa María del centro de Madrid.
La ceremonia de la boda real entre el rey Alfonso y su prometida Ena se inició en la iglesia de los Jerónimos a las diez y media de la mañana del jueves 31 de mayo de 1906. Mientras tanto, Mateo Morral, que permanecía en su habitación de la pensión madrileña, dijo sentirse indispuesto y pidió bicarbonato.
Concluida la boda real, y ya muy cerca del Palacio de Oriente, sobre la una y media, Mateo Morral arrojaba desde su balcón, con toda comodidad, una bomba envuelta en un gran ramo de flores, sobre la carroza ocupada por los recién casados. Al parecer, el regicida era un poco miope, o quiso la suerte que no viera bien, entre las colgaduras, había un cable conductor de la electricidad, que desvió la trayectoria del artefacto; éste fue a caer sobre el lomo de uno de los ocho caballos bayos que tiraban de la carroza real, circunstancia que, desde luego, atenuó la fuerza de la explosión —que sin embargo causó 25 muertos y más de cien heridos—; los Monarcas resultaron ilesos, pero el collar de Carlos III que llevaba Alfonso quedó cortado y su uniforme desgarrado.
No le resultó nada difícil dejar la pensión, abandonando Mateo su equipaje y, aprovechando la confusión, alejarse de la calle Mayor. Desorientado y hambriento, parece ser que ese día no tomó ningún alimento, deambuló por el centro de la ciudad, hasta que entre las tres y las cuatro de la tarde se acercó a la redacción del periódico republicano El Motín, en la calle Ruiza, n.º 4 de Madrid, un periódico dirigido por José Nakens Pérez, un tipo muy conocido por sus inclinaciones izquierdistas y anticlericales, pero en manera alguna un anarquista. Ferrer, su maestro de Barcelona, le había hablado de él con elogios cuando le solicitó unos originales para las publicaciones de la mencionada Escuela Moderna.
El Motín fue una publicación madrileña de finales del siglo XIX y principios del XX, que tuvo una larga vida para la época: desde su fundación el 10 de abril de 1881 hasta el 6 de noviembre de 1926. Fue un semanario satírico, republicano y anticlerical, que al principio sólo constaba de cuatro páginas, que incluían un comentario de actualidad, un poema y algunas noticias breves, más un grabado en las páginas centrales. Entre sus objetivos se encontraban: la crítica a los conservadores, la defensa de la unidad del partido republicano y la lucha contra el poder del clero.
Su fundador y alma del periódico fue el citado José Nakens Pérez, hasta el punto de que la historia de la publicación está estrechamente unida a su vida. Por otro lado, destacaron en El Motín los dibujos y caricaturas de Demócrito (el seudónimo de Eduardo Sojo).
Pues bien, Nakens trató de ocultar a Mateo Morral, tras su previa identificación, llevándole, ya muy entrada la noche del día del atentado, a casa de su amigo y correligionario, un tal Bernardo Mata García, quien le debía señalados favores, antiguo sargento del Regimiento de Caballería de Albuela, sublevado bajo el mando del general Manuel Villacampa, el 19 de septiembre de 1886, por lo que se había visto precisado a permanecer, hasta su indulto, cinco años de exilio en Portugal. Morral fue presentado a Mata y a su familia como un periodista italiano evadido de un penal.
Mientras tanto, la policía obtenía la descripción de Mateo Morral de la mano de los propietarios de la casa de huéspedes donde se había alojado el regicida y se hacía cargo del equipaje allí abandonado por Morral. Al mismo tiempo, la Guardia Civil irrumpía en su alojamiento de Barcelona; junto a los habituales productos químicos utilizados para la fabricación de explosivos, descubrió medicinas contra la sífilis. Al día siguiente, su fotografía apareció en la prensa y el ministro de la Gobernación, el conde de Romanones, ofrecía una recompensa de 25.000 pesetas a quien descubriera al terrorista o su paradero.
A primera hora de la mañana del día 1 de junio de 1906, la mujer de Bernardo Mata García adquirió en la calle de Toledo ropas de mecánico para Morral —quien, disfrazado, se creía más a salvo—, quien metió sus ropas del día anterior en un saco, que tiró en un descampado, y abandonó aquella casa sobre las diez de la mañana.
Salió Mateo Morral al campo y anduvo errabundo casi dos días, despertando la suspicacia de todos los que tropezaban con él; además, tenía una pequeña herida en la mano derecha, producida al manipular la bomba, detalle ya conocido por la policía y que oportunamente se había divulgado por la prensa.
Finalmente, el sábado día 2, acosado por el hambre y la fatiga, entró en el Ventorro de los Jaraíces, cerca de Torrejón de Ardoz, a cuyos dueños, Jenaro Chamorro y Fermina Traisaz, pidió algo de comer. No tardó allí en infundir sospechas a algunos de los presentes, sin duda por lo repentino de su aparición y su extraño aspecto. Alguien corrió a avisar a la Guardia Civil; mientras tanto, el guarda jurado Francisco Vega, interrogó al sospechoso y le pidió que le acompañara, lo que Morral hizo; pero, no lejos del lugar, Mateo extrajo una pequeña pistola Browning con la que dio muerte en el acto a Vega.
Trató de huir, mas, viéndose rodeado, cuentan las crónicas que se disparó en el corazón a orillas de un río próximo, por lo que parece que se trataría de un suicidio, aunque este aspecto queda en duda en la serie de TVE. Pues, en efecto, la ciencia forense sostiene que no fue tal el suicidio porque el impacto mortal, desprovisto de los residuos de disparo, debió realizarse a más de metro y medio, lo que elimina totalmente la posibilidad de un suicidio. Si el disparo que se atribuye a Morral hubiera sido suicida se habría hecho a bocajarro (con cañón tocante) por seguridad en la acción, o en todo caso a quemarropa, pero se observa con claridad que la ropa de Morral no está quemada. Dice el sumario judicial que se mató con una Browning, pero esta pistola no hace un agujero de ese tamaño.
El 3 de junio de 1906, el cadáver del anarquista fue trasladado en tren a la ciudad de Madrid y depositado en el hospital del Buen Suceso para su identificación. El pueblo madrileño, irritado, quiso arrastrar el cuerpo antes de arrojarlo al fuego, lo que impidió la fuerza pública.
Las 25.000 pesetas de recompensa fueron entregadas a la viuda del guarda jurado Francisco Vega, una pobre mujer con cinco hijos.
Se ignoran los motivos que llevaron a Mateo Morral y Roca a cometer esta acción regicida, aunque para la Academia de Historia pudieran haber estado relacionados, al parecer, con Soledad Villafranca, profesora de la ya mencionada Escuela Moderna de Barcelona y compañera sentimental de su maestro, Francisco Ferrer. Morral, que estaba prendado de ella, la requirió, sin éxito, de amores. Tal contrariedad pudo influir decisivamente en sus proyectos.
Curiosamente, otro episodio que también queda expuesto en la citada serie Ena de TVE, es que días antes del atentado, el oficial primero de Oficinas Militares, Vicente García Ruipérez, descubrió, paseando por el Parque del Retiro, esta trágica y extraña advertencia: “Dinamita. Ejecutado será Alfonso XIII el día de su enlace. Un irredento”, que aparecía torpemente grabada en la corteza de un árbol en el citado Parque, y a la que, en principio, se le dio escasa importancia, pero que, tras los hechos, se atribuyó a Mateo Morral. Por otra parte, tanto el Monarca como su madre María Cristina de Habsburgo-Lorena (que fue la segunda esposa del rey Alfonso XII) habían recibido también algunas cartas anónimas, amenazadoras unas y de advertencia otras, una de las cuales contenía un retrato del propio Morral con bigote y una pequeña barba.
Se desarrolla el juicio por el atentado.
El domingo 24 de junio del mismo año de 1906, en la Sección Cuarta de lo Criminal de la Audiencia Provincial de Madrid, se vio la primera sesión de la vista de la causa con motivo del atentado. Francisco Ferrer y Guardia, acusado de inductor, fue absuelto. Por su parte, Nakens, el director de El Motín, admitió que “había amparado a Mateo Morral cumpliendo con un alto deber de humanidad”. Sentenciado a nueve años de presidio, fue indultado —tal vez por el clamor popular, dentro y fuera del país— el sábado 8 de mayo de 1909, por el Gobierno de Antonio Maura.
La medida benefició también a los citados Isidro Barra y Bernardo Mata. Sin embargo, el abogado Eduardo Barriobero fue detenido y condenado a cien días de prisión preventiva, por haber publicado en la prensa artículos ensalzando la conducta de Nakens. Otros intelectuales, como Miguel de Unamuno y Alfredo Castellón, no se libraron de complicaciones por hacer en un diario zaragozano y en el periódico El País, de Madrid, una ardorosa apología del director de El Motín.
LA ESTRECHA AMISTAD ENTRE FRANCISCO FERRER Y NICOLÁS ESTÉVANEZ A TRAVÉS DE LA INSTITUCIÓN DE "LA ESCUELA MODERNA".- En 1901 Francisco Ferrer y Guardia había fundado en Barcelona la editorial "Escuela Moderna". Nicolás Estévanez Murphy pronto se relacionó con esta editorial y con el propio Ferrer. En efecto, las vinculaciones de Nicolás Estévanez con Francisco Ferrer fueron claras, como ha señalado la investigadora Teresa González; así, Estévanez vivía en París y la editorial La Escuela Moderna le editaba sus libros en Barcelona. En 1904 don Nicolás Estévanez publicó Resumen de la Historia de España en la editorial Escuela Moderna, prologado precisamente por Ferrer.
Este libro fue empleado como texto escolar y también figuraba entre los textos que se utilizaron en la Escuela Moderna que también se había fundado en Santa Cruz de Tenerife, inaugurada el 1 de julio de 1906. Curiosamente en este Resumen de la Historia de España, que comienza con los Fenicios y acaba en el reinado de Alfonso XII, Estévanez no incluyó a las islas Canarias; sin embargo, recogió la conquista de América y efectuó una reseña histórica de Portugal.
Posteriormente, en 1906 la mencionada editorial barcelonesa le publicó un folleto titulado Pensamientos Revolucionarios de Nicolás Estévanez, cuya edición estuvo a cargo de Mateo Morral y Roca. El propio Estévanez declaró "El folleto es mío, salvo el título, que se lo puso el editor", el editor referido era, indudablemente, Mateo Morral con el visto bueno seguramente de Francisco Ferrer y Guardia, el dueño de la editorial. La obra catalogada de subversiva resultó expedientada y se le siguió causa en los tribunales. Tras el procesamiento de la obra, Mateo Morral y Roca, el profesor de la Escuela Moderna, fue requerido por el Juzgado de Instrucción del Distrito de la Universidad de Barcelona, el 25 de abril de 1906, donde declaró:
"Que de dicho folleto es su autor don Nicolás Estévanez, que reside en París, Rué Rennes, el cual dio el encargo al declarante para que lo editara, debiendo también manifestar que al consignarse en dicho título que dichos pensamientos habían sido recogidos y comentados por un anarquista, no tiene otro significado más que para dar fórmula literaria al folleto ..."
Mateo Morral y Roca escribió en la introducción de este folleto, lo siguiente, según recoge la investigadora Teresa González: "Hace algunas semanas, tuve ocasión de leer en El Diluvio un artículo de Estévanez que, si he de ser franco, no me enseñó cosa ninguna; pero confieso que me hizo meditar. Después supe que este artículo se había publicado en diferentes periódicos, siendo comentado en varios círculos, y no faltando algún camarada nuestro que lo sepa de memoria. Es indudable, pues, que otros verían en el artículo algo que a mí se me escapo. Sin embargo, ya es un triunfo en escritos de ese género el hacer pensar; y aunque a mí no se me apareciera la substancia, pudo ser por mi cortedad de vista. De pronto me vi en la precisión de hacer un viaje a París, residencia actual de Estévanez, y se me ocurrió la idea de hacerle una visita. Se la hice, efectivamente; yo no le había tratado nunca, pero el amigo Ferrer Guardia me dio para él una carta de presentación...". Esta publicación, pues, constituye otro dato más de la relación evidente que existió entre Nicolás Estévanez, Francisco Ferrer y otras personas que trabajaron en pro de la Escuela Moderna de Barcelona, como el ya citado Mateo Morral y Roca.
ENTONCES, ¿CUALES FUERON LAS IMPLICACIONES DE NICOLÁS ESTÉVANEZ EN EL ATENTADO DE LA BODA REAL ENTRE ALFONSO XIII Y VICTORIA EUGENIA DE BATTENBERG?.- Para Nicolás Estévanez y Murphy poder viajar desde París a Barcelona tuvo que mediar la intervención de Alejandro Lerroux (como hemos dicho, el futuro presidente del gobierno de la II República) con el gobernador civil de la ciudad condal porque Estévanez se hallaba procesado en un juzgado de aquella capital. Alejandro Lerroux consiguió el visto bueno de la autoridad civil garantizando la discreción de dicha visita a Barcelona. Arrastraba, pues, el peligro de ser detenido, si la Policía se enteraba de su presencia en la ciudad. Con este permiso, Nicolás Estévanez realizaría el viaje a Barcelona perfectamente planificado y de incógnito, para no contravenir lo estipulado con la autoridad gubernamental.
Nicolás Estévanez, en efecto, se trasladó a Barcelona, allí antes de embarcar rumbo a América (su destino era Cuba, previa escala en Santa Cruz de Tenerife) se entrevistó con Francisco Ferrer, Mateo Morral y con el propio Lerroux.
En sus Memorias, Lerroux cuenta la despedida de Estévanez en el puerto de Barcelona camino de Cuba: "Hubo un momento de la más intensa emoción, cuando se oyó el primer aviso de la sirena del barco. Don Nicolás se acercó estrechamente a mí.
- ¿Quien sabe si nos volveremos a ver? - exclamó.
- Si muero en Cuba...
Ferrer reaccionó briosamente:
- ¡Nada de eso, don Nicolás! ¿Quien sabe si antes de que llegue usted a Cuba se habrá proclamado la República en España y tendrá usted que regresar inmediatamente?... "
Esa breve estancia de Estévanez en Barcelona y las horas que permaneció en Santa Cruz de Tenerife en 1906 constituyeron la última visita que realizó a su patria, pues nunca más volvió a España. Desde París, Estévanez apoyó a Ferrer y Lerroux en sus intentos de derrocar a la monarquía de Alfonso XIII durante los siguientes años.
En cuanto al atentado en Madrid, aunque no está probado, parece que, según dice Lerroux en sus Memorias, Nicolás Estévanez, de paso por Barcelona cuando se dirigía a Cuba, fue el que trajo de París la bomba que utilizó Mateo Morral en Madrid, el profesor de la Escuela Moderna de Barcelona, para atentar contra el monarca español en su enlace matrimonial del 31 de mayo de 1906. Parece que don Nicolás de alguna manera estaba involucrado, aunque solo fuera intelectualmente, pues fueron muchas las coincidencias, aunque él manifestara lo contrario.
Por su parte, el escritor Pío Baroja (que conocía a Mateo Morral de frecuentar el Café Candelas de la calle Alcalá de Madrid), al igual que su hermano Ricardo Baroja, quien le hizo un retrato, y el escritor Ramón del Valle-Inclán, que le compuso un poema, la bomba le habría sido entregada diez días antes del atentado, procedente de Francia y envuelta en una bandera francesa, por su ideólogo favorito, el canario Nicolás Estévanez, al que señalan como corresponsable del atentado. Como ya hemos comentado, este se encontraba en Barcelona, de incógnito, entre el 16 y el 22 de mayo de 1906, fecha en la que salió en barco hacia La Habana.
Las investigaciones policiales trataban de demostrar que Ferrer y Guardia planificó el atentado contra el monarca junto a Nicolás Estévanez "conspirador sempiterno y especialista en explosivos, que había llegado de París varios días antes de que Morral saliera de Barcelona", según el informe policial. El juez de Instrucción del distrito de Buenavista de Madrid, que instruía el sumario por el atentado al rey, solicitó información al juzgado de Barcelona sobre la estancia de Estévanez y las personas con las que se relacionó y si estuvo con Francisco Ferrer y Guardia. Las indagaciones efectuadas por la Inspección General de Policía precisaron que fue visto con Lerroux, pero no pudieron concretar si también con Ferrer. De este modo, el juzgado requirió la presencia de Lerroux, el cual declaró, el 26 de julio de 1906, el mismo argumento que expuso en sus Memorias.
Con posterioridad, Ferrer volvió a declarar desde la cárcel, el 8 de mayo de 1906. En el interrogatorio confirmó los detalles que había aportado Alejandro Lerroux; relató sus encuentros, visitas, el almuerzo y la despedida de Nicolás Estévanez en el puerto de Barcelona.
Cuando Nicolás Estévanez llegó a Cuba se enteró de lo sucedido y de que recaían sospechas sobre su persona. El ministro conservador Juan de la Cierva, ministro de la Gobernación durante la crisis de la Semana Trágica de Barcelona, le imputó los hechos. Inmediatamente, Estévanez trató de demostrar su inocencia y remitió varias cartas al diputado republicano Gumersindo de Azcárate, para que fueran leídas en el Congreso. En una de ellas decía:
"Le mandaré una nota detallada de mis largas relaciones con Ferrer y de las pasajeras e indirectas que tuve con el Roca, de quien no sabía siquiera que se llamaba Morral. Todo esto me avergüenza y debiera ser innecesario, porque el hombre que ha sido toda su vida honrado y respetado, no se mete a criminal a los setenta años." (Carta remitida a Gumersindo de Azcárate con fecha del 8 de agosto de 1910, y que fue leída y copiada en el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados).
Estévanez se apresuró, pues, a desmentir su vinculación con el caso Morral, primero desde La Habana y después desde París. Gumersindo de Azcárate asumió la defensa de Estévanez en el Congreso el 8 de abril de 1911, basada en los testimonios manuscritos de este exministro y polifacética figura.
Pero la historiografía actual estima, sin embargo, que sí hubo una relación entre Ferrer, Morral y Estévanez y el atentado contra la carroza real en Madrid. Con todo, varios autores han escrito sobre su participación y relación con este atentado. En este sentido se manifestó el escritor Pío Baroja, que conoció a Estévanez en 1905 a través de una carta de presentación de Benito Pérez Galdós:
"Don Nicolás Estévanez era un buen amigo mío. En las temporadas que iba a París solía verle todas las tardes ... Una vez le vi exaltado; fue un día en que Javier Bueno y yo le encontramos en un café de la avenida de Orleáns... Bueno le preguntó acerca del atentado de Morral, y Estévanez se descompuso. Luego un anarquista me dijo que la bomba que lanzó Morral en Madrid la había llevado Estévanez desde París a Barcelona, en donde se embarcó para Cuba,... Supongo que esto sea una fantasía, pero yo tengo la seguridad de que Estévanez sabía de antemano, antes del atentado, que éste se iba a cometer."
Tiempo después, estando Pío Baroja en una cervecería de París con su amigo Javier Bueno, éste le dijo "al viejo Estévanez que él creía que había participado en el atentado de Morral. Estévanez se puso muy rojo y después palideció. Yo quedé convencido, como he dicho, de que él había tenido una parte muy importante en el asunto". Las conjeturas de Baroja, pues, sobre la actividad de Estévanez en relación al atentado contra el monarca español en Madrid, en el cortejo de la boda real el 31 de mayo de 1906, parecen del todo ciertas.
Fuentes:
GONZÁLEZ PÉREZ, Teresa (1997): "Nicolás Estévanez Murphy, un canario vinculado con el fundador de la escuela moderna" en Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura, nº. 10, pp. 181-196, Puerto del Rosario (Fuerteventura), 1997.
FUMERO, Tinerfe: Entrevista: Estévanez, ese revolucionario, en Diario de Avisos, Santa Cruz de Tenerife, 10 de julio de 2017.
PÉREZ ABELLÁN, Francisco: Mateo Morral: el regicida frustrado no se suicidó, en diario ABC, Madrid, 30 de marzo de 2015.
REYES GONZÁLEZ, Nicolás (2016): Desde la sombra del almendro. Nicolás Estévanez y Murphy (1838-1914), Ed. Mercurio, Rivas-Vaciamadrid (Madrid), 2016.

El actor FERNANDO SANSEGUNDO (Madrid 1957) es el que interpreta al personaje de Nicolás Estévanez, que aparece en el primer capítulo de la serie ENA de Televisión Española.
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