Historia religiosa: El Beato José Gregorio Hernández, el "médico de los pobres" de Venezuela y oriundo de las islas Canarias, será proclamado Santo.
El Beato José Gregorio Hernández
(Foto: Conferencia Episcopal Venezolana)
En el año 2020, el Papa Francisco había ordenado la beatificación del Siervo de Dios José Gregorio Hernández y Cisneros, una figura extraordinariamente popular en su Venezuela natal, en la que muchos creyentes le atribuyen curaciones milagrosas. Se le conoce como "el médico de los pobres" y desde hace décadas sus seguidores en Venezuela y en América Latina esperaban con ansias su beatificación, que finalmente tuvo lugar el 30 de abril de 2021, en la Iglesia del Colegio La Salle de Caracas.
Por tanto, desde ese momento, cada 26 de octubre la Iglesia Católica recuerda la memoria litúrgica del Beato José Gregorio Hernández, el conocido como “médico de los pobres”, Beato de la Iglesia Católica, natural de Venezuela pero con ascendientes canarios por su rama materna.
¿Quién fue José Gregorio Hernández?
El nombre de José Gregorio Hernández (1864–1919), es venerado en Venezuela, en buena parte de Colombia y muchos otros lugares como en las islas Canarias, producto de la intensa relación entre el archipiélago y Venezuela, en un constante intercambio migratorio y cultural, además porque el Dr. Hernández tenía ascendencia canaria por parte de su madre. Aquí presentamos su historia.
José Gregorio, como le conocen cariñosamente sus muchos devotos venezolanos, según sus biógrafos, destacó por sus aportaciones al desarrollo de la medicina moderna en Venezuela, la generosidad con la que atendió a pacientes de bajos recursos y su fe religiosa.
Nacido en la pequeña localidad de Isnotú, en el estado Trujillo, en el centro-oeste de Venezuela, el 26 de octubre de 1864, pronto destacó en los estudios y fue enviado a Caracas, donde se graduó en Medicina con excelentes calificaciones en la Universidad Central (UCV).
Completados sus estudios, prefirió regresar a su pueblo natal para atender allí a sus pacientes. Los médicos rurales como él tenían que lidiar en la Venezuela de finales del XIX y comienzos del XX con enfermedades como la tuberculosis o el paludismo, muy extendidas entre la población.
Hernández obtuvo una beca para completar sus estudios en París, entonces a la vanguardia de la ciencia médica. Allí conoció avances que llevaría a su país.
El doctor Hernández destacó como docente e investigador, pero lo que le hizo ganar fama entre los sectores populares fue su labor en la consulta, ya que atendía gratuitamente a los enfermos pobres.
Se le atribuye haber introducido el microscopio y haber sentado las bases de la bacteriología y otros campos científicos hasta entonces apenas desarrollados en Venezuela.
El doctor Hernández era también un ferviente católico y por dos veces intentó ordenarse sacerdote. De hecho en 1908 fue admitido en el monasterio de Cartuja de Farneta, en la Toscana, Italia, pero a los pocos meses mostró síntomas de una enfermedad respiratoria que aconsejaron su regreso a Caracas. Un segundo intento en un seminario romano en 1913 terminó de la misma manera.
Ya asentado en Venezuela desarrolló su vida como profesional de la medicina con una amplia labor clínica e investigadora, e incluso completó un tratado de filosofía.
El 29 de junio de 1919 murió atropellado en una céntrica calle de Caracas por uno de los pocos automóviles que circulaban por Venezuela en aquel entonces. Muerto el médico, nació el mito, y el culto a su figura llega hasta la actualidad.
Por qué la beatificación de José Gregorio.
En los últimos años, en las calles de Venezuela habían proliferado los carteles a favor de la beatificación de Hernández, pues son muchos los milagros que se le atribuyen a los favores de José Gregorio el haber superado graves problemas de salud.
El expediente vaticano de la beatificación no avanzó hasta que los expertos de la Iglesia determinaron que José Gregorio es responsable de la salvación milagrosa de la niña Yaxuri Solórzano, que recibió un disparo en la cabeza cuando fue asaltada junto a su padre en un caserío del estado Guárico en 2017. Pese al pronóstico de los médicos, que le auguraban secuelas permanentes si lograban salvarle la vida, la niña se recuperó rápida y totalmente. Su madre declaró haberle rezado a José Gregorio durante su convalecencia y la comisión eclesiástica que estudió el caso concluyó que el doctor obró la curación desde el cielo.
Se destaca, por encima del carácter de médico milagrero en el que se centra la creencia popular, que el doctor Hernández "batalló por hacer ciencia en las condiciones poco propicias" de la Venezuela de su tiempo. El camino de José Gregorio fue el de la "santidad dentro de la medicina".
José Gregorio es, pues, unánimemente admirado por quienes han estudiado su vida y obras. Para el historiador Rafael Arráiz Lucca, representa el "arquetipo venezolano del sanador, del hombre bueno de paz, del que cura, del que restablece, del gran hombre de ciencia".
Por otra parte, señalar que perteneció a la Orden Franciscana Seglar de Venezuela (OFS), en la fraternidad de la Merced de Caracas, en la Iglesia Nuestra Señora de la Merced de los Frailes Capuchinos, donde realizó su profesión como franciscano seglar. De ahí se desprende esa sensibilidad y amor por los más necesitados, vivió el carisma y la vida de San Francisco de Asís, reconociendo en el pobre a la persona de Cristo sufriente, a quien sirvió a través de sus pacientes.
José Gregorio venezolano con ancestros canarios.
Un emigrante canario que arribó a Venezuela y allí se estableció en el siglo XVIII es antepasado suyo. Veamos la relación de paretesco entre nuestro canario y el referido Beato José Gregorio Hernández, según nos lo cuenta el historiador David W. Fernández.
Había sido este emigrante isleño don Antonio Febres-Cordero y de la Peña, nacido en la isla de El Hierro en 1724 y que pasó a Venezuela en 1730, cuando su padre, don Diego Febres-Cordero y Espinosa de los Monteros, como funcionario de la Corona española fue a prestar servicios en la milicia y en la Real Hacienda de Caracas, y se estableció con su familia en esta ciudad.
En 1742, a la edad de 18 años, don Antonio se traslada a la ciudad de Coro, en el hoy Estado Falcón, donde obtiene el grado y empleo de capitán de infantería y donde llegó a ser alcalde ordinario de dicha ciudad de Coro. En esta ciudad casó en 1748 con doña María Bernarda Pérez Padrón, también de ascendencia canaria, y fueron las padres, entre otros, de una hija llamada María de la Cruz.
Por parte de doña María de la Cruz, fueron sus hijos, entre otros, Joaquín Febres-Cordero y Padrón, nacido en 1790. El cual casó con María Jesús Montoya. De este matrimonio nacería María de la Cruz Febres-Cordero en 1754.
Pues bien, María de la Cruz casó en 1770 con don José Gregorio Hernández de Yanguas y Mendoza, natural de la ciudad de Boconó, en la actual jurisdicción del Estado Trujillo. Como consecuencia de este matrimonio, nacen sus hijos: Remigio y José Gregorio.
Remigio Hernández casó Lorenza Manzaneda, cuyo matrimonio dio como fruto el nacimiento de Benigno Hernández Manzaneda en el año 1827.
Y, en efecto, don Benigno Hernández Manzaneda casó en 1863 con doña Josefa Antonia Cisneros Mansilla. Ambos esposos se avecindaron en Isnotú, Estado Trujillo, y fueron los padres de nuestro biografiado, el Dr. José Gregorio Hernández y Cisneros.
José Gregorio Hernández y Cisneros nació en este pequeño pueblo campesino de Isnotú, en el citado Estado de Trujillo (Venezuela). Su madre falleció cuando él tenía sólo 8 años.
El buen concepto que José Gregorio tenía de los canarios, entre quienes se hallaban antepasados suyos, como queda señalado, nos lo expresa cuando dice: "... Ninguna inmigración conviene tanto a Venezuela como la española, tanto peninsular como la insular de Canarias. Unos y otros nos asimilan de tal manera, haciéndose venezolanos de tal suerte, que me ha sucedido tener trato frecuente con personas a quienes creía nacionales y después he venido a saber que son de las Islas. En la inmensa mayoría de los que se hacen habitantes de nuestro país, los españoles e isleños son trabajadores, económicos, industriosos, de costumbres puras, cristianos verdaderos, sanos y fuertes físicamente y dignos de estimación...".
Por tanto, aquel emigrante canario, natural de la isla de El Hierro, don Antonio Febres-Cordero y de la Peña, que pasó a Venezuela en la primera mitad del siglo XVIII, y donde desempeñó empleos militares y fundó familia, es en efecto, tatarabuelo por parte de la rama materna, del Dr. don José Gregorio Hernández, el eminente médico venezolano, a quien la Iglesia Católica ha declarado Beato en 2020.
Santuario Dr. José Gregorio Hernández, en Isnotú (Venezuela)
Brillante trayectoria profesional.
A los trece años de edad, José Gregorio manifestó a su padre su deseo de estudiar la carrera de derecho. Sin embargo, su padre le convenció para que estudiara medicina.
José Gregorio Hernández realizó, en efecto, sus estudios superiores de medicina en la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, donde obtuvo el grado de doctor en Ciencias Médicas en 1888 y realizó en la Universidad de París cursos de especialización entre 1889 y 1891.
Al graduarse en lugar de abrir consultorio en la capital, como era la costumbre y ambición de los profesionales de la época, decidió ejercer la medicina en Isnotú, su pueblo natal en el Estado de Trujillo. Posteriormente realiza estudios de especialización en Europa y regresa a Venezuela como profesor universitario, siendo fundador de las cátedras de fisiología experimental y bacteriología.
Fue miembro fundador de la Academia Nacional de Medicina de Venezuela en 1904. Catedrático de Histología Normal y Patológica, Fisiología Experimental y Bacteriología de la Universidad Central de Venezuela desde 1891 hasta 1919.
En 1908 entró a la Cartuja de Farneta, en Italia, con el nombre de Hermano Marcelo. Sin embargo, algunos meses después se enfermó y su superior le ordenó volver a Venezuela para recuperarse. Llegó a Caracas en abril de 1909 y ese mismo mes recibió el permiso para ingresar en el Seminario Santa Rosa de Lima, pero siguió anhelando la vida monástica. Volvió a Roma luego de tres años, hizo algunos cursos de Teología en el Colegio Pío Latinoamericano, pero una vez más enfermó y tuvo que volver a Venezuela.
El Dr. José Gregorio Hernández, como ya se ha comentado, perteneció a la Orden Franciscana Seglar, siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís y su amor por los pobres y necesitados. Esto contribuyó a que su veneración se extendiera de manera espontánea y exponencial, porque si bien la Iglesia Católica desde mediados del siglo XX, inició un largo proceso de canonización, le concedió tempranamente el título de “Siervo de Dios”, y la verdad es que no es extraño encontrar en los altares de los hogares humildes las estampas del Dr. Hernández, pues siempre se ha considerado un santo popular.
Sin embargo, comprendió que Dios lo quería laico y ya no intentó volver a la vida religiosa. Decidió convertirse en un católico ejemplar siendo médico, sirviendo al Señor en los enfermos. Dedicaba dos horas diarias a servir a los pobres.
Perseveró en sus principios cristianos toda su vida, con gran amor a la Santa Misa y a la Eucaristía. Era un hombre bondadoso, lleno de talentos; tocaba piano y violín, y le gustaba bailar. Sabía siete idiomas y, según cuentan, cosía su propia ropa.
Un día, mientras cruzaba la calle con el fin de comprar medicinas para una anciana muy pobre, fue atropellado y llevado a un hospital donde un sacerdote pudo impartirle la Unción de los enfermos, antes de morir el 29 de junio de 1919, cuando tenía 54 años.
Caracas se conmovió y muchos decían: "Ha muerto un santo". Fueron tantos los que asistieron a su velorio que las autoridades tuvieron que intervenir para organizar a la multitud que quería despedirse de él.
Reposan sus restos en la Iglesia de Nuestra Señora de La Candelaria, de Caracas.
Esta iglesia fue fundada por canarios en honor a su patrona, la Virgen de Candelaria. Precisamente por los lazos históricos que existen entre las islas Canarias y Venezuela, en nuestro archipiélago existe una popular veneración por José Gregorio Hernández, devoción que se ve acrecentada por la gran colonia venezolana residente en nuestras islas.
Pues bien, el 23 de octubre de 1975, luego de un incendio provocado por las llamas de las velas sobre su tumba, y también debido al inicio del proceso de beatificación, y por solicitud del Vaticano, se realizó la exhumación de sus restos mortales para luego ser trasladados hasta el baptisterio de la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria ubicada en el centro de la ciudad de Caracas, sitio donde reposan actualmente. En el año 2020, la Archidiócesis de Caracas anunció que el cadáver sería trasladado a una sala especial de dicho templo, ante la aprobación de la Santa Sede de su beatificación.
Retrato de José Gregorio Hernández
pintado por el artista Eduardo Abad.
El Beato es proclamado Santo por el Papa Francisco.
El pasado 25 de febrero de 2025, desde el Hospital Universitario Gemelli de Roma, el Papa Francisco, cuando todavía estaba hospitalizado convaleciente por una neumonía bilateral, autorizó la canonización de José Gregorio Hernández, como el primer santo venezolano. Concluyó así una larga cruzada de la Iglesia católica venezolana por lograr el decreto de canonización de quien era conocido como “el médico de los pobres”.
Por su parte, el Papa León XIV ha decretado que el Beato José Gregorio Hernández sea inscrito en el Libro de los Santos el próximo domingo 19 de octubre de 2025.
Pedro R. Castro Simancas, 08.10.2024.
Actualizado el 30.08.2025.
Fuentes:
DOMÍNGUEZ DE GEMA, P. (1957): El Siervo de Dios Dr. José Gregorio Hernández, Ediciones Clima, Valencia (Venezuela), 1957.
FERNÁNDEZ, David W. (1970): "El canario Antonio Febres-Cordero, tatarabuelo de los Siervos de Dios José Gregorio Hernández y Hermano Miguel" en Revista de Historia Canaria, nº 165-168, pp. 56-59, Universidad de La Laguna, 1970.
Véase su biografía en la Enciclopedia Wikipedia:
Web oficial: José Gregorio de Venezuela
Un pedacito de San José Gregorio Hernández, primer santo de Venezuela, ya reposa en la parroquia de Los Realejos, Diario de Avisos, Santa Cruz de Tenerife, 30 de octubre de 2025.


Qué interesante! No conocía esta historia. Un artículo muy ameno e interesante sobre la historia de un descendiente de canarios. Me ha encantado! Gracias!
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