Flora exótica: La Higuera de Indias llega a Canarias y comienza la explotación de la cochinilla.

Indio que recoge la Cochinilla con una colita de Vena. Foto Pedro Rubens.

JOSÉ ANTONIO ALZATE Y RAMÍREZ (1737-1799) es el autor del tratado Memoria sobre la naturaleza, cultivo y beneficio de la grana, obra escrita en México, en 1777.

Este manuscrito es propiedad de Patrimonio Nacional de España y se halla expuesto con una encuadernación del siglo XIX en pasta tachonada en la exposición actual de la Galería de las Colecciones Reales, en Madrid.

El valor de este colorante ya era conocido por los aztecas antes del descubrimiento de América. Cuando los españoles conquistaron México en 1518, vieron a los indígenas recoger insectos de los cactus, tal como se aprecia en la lámina expuesta en la Galería de las Colecciones Reales, perteneciente al tratado de José Antonio Alzate y Ramírez. 

PRIMER TRATADO CIENTÍFICO SOBRE LA COCHINILLA.- Conocedor de la importancia que había tenido para Europa el descubrimiento del pigmento natural conocido como grana americana -fuente fundamental de riqueza para España, que lo comercializó por todo el viejo continente y parte de Asia-, el científico y sacerdote novohispano José Antonio Alzate y Ramírez escribió a instancias de Carlos III un tratado sobre su producción que vio la luz en 1777 y donde se describe pormenorizadamente el cultivo y los métodos para uso tintóreo del parásito de los nopales o chumberas, el insecto Dactylopius coccus, conocido como grana cochinilla o simplemente cochinilla. Utilizada magistralmente como tinte por los indígenas de la América precolombina, la cochinilla sustituyó en Europa a otros colorantes más caros y de peor calidad, ya que con ella se obtenían muchas más gamas de rojos dando también un colorido de mayor lustre y duración en el tiempo.

Lámina pintada a la acuarela dividida en dos escenas que 
representan el cultivo de la cochinilla. 

De la grana cochinilla se obtiene un extracto de color rojo natural o carmesí, que al ser mezclado con ácidos (como el jugo de limón) da otros tonos de rojo, pero al combinarse con los alcalinos cambia a morado. La extracción del colorante se halla compuesto por dos sustancias conocidas como el carmín y el ácido carmínico, que es una sustancia química compleja utilizada como colorante rojo. 

Entre los pueblos mesoamericanos, antes de la llegada de los conquistadores españoles, la grana era sumamente cotizada por los pobladores y se utilizaba para teñir objetos diversos: alimentos, plumas, madera, textiles, algodón, piedras, viviendas, y se usaba también como tintas para códices.

Desde el siglo XVI, los españoles reconocieron el valor económico de la cochinilla en la industria textil, y la Corona promovió su producción como monopolio en regiones del Virreinato de Nueva España, en el actual estado de Oaxaca (México), articulándola con la seda de Asia, para el consumo de ambas entre los monarcas, la nobleza y el alto clero. Asimismo, artistas en Europa, el Imperio otomano, India, China y Japón, de entre los siglos XVI y mediados del XIX, utilizaron colores rojos producidos por la cochinilla mexicana para la coloración de sus obras.

Portada del tratado de la cochinilla dedicado al Rey Carlos III. Foto Pedro Rubens.

LA TUNERA COMO SOPORTE NATURAL DE LA COCHINILLA.- La cochinilla, en efecto, se extrae de las palas o pencas de la Higuera de Indias (Opuntia ficus barbarica), también llamada chumbera, nopalera o tunera, tal como se la conoce en Canarias y Latinoamérica.

En su Historia general de las cosas de la Nueva España, fray Bernardino de Sahagún describe el legendario y "monstruoso" nopal, como él le llama (ya que los nativos lo llamaban nopalli). El sacerdote José de Acosta lo cita como un árbol célebre de la Nueva España, "el árbol se debe llamar como a un montón de hojas o pencas unas sobre otras".

La cochinilla que se cría sobre la tunera. Foto Guatiza ayer y hoy,

Actualmente, la tunera, como planta exótica que es, debido a su potencial colonizador y constituir una amenaza grave para las especies autóctonas, los hábitats o los ecosistemas, ha sido incluida en el Catálogo español de especies exóticas invasoras (con el sinónimo Opuntia maxima), aprobado por Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto, estando prohibida en España su introducción en el medio natural, posesión, transporte, tráfico y comercio. Aunque tanto el cultivo como la comercialización de sus frutos están permitidos con algunas restricciones (como el cultivarlo en lugares destinados a las actividades humanas), de manera que su cultivo y comercialización estará autorizado y se regirá por las leyes de agricultura al ser un recurso económico y alimenticio, en el ámbito agrícola. Por ello, pues, los titulares de las instalaciones y los particulares dedicados a la venta de esta especie adoptarán las medidas de prevención adecuadas para evitar la introducción de la citada especie en el medio natural y, en ningún caso, la misma podrá ser sembrada o plantada en el medio natural.

La chumbera o tunera es una planta fácilmente reconocible, por sus palas o pencas espinosas que se ubican engarzadas una sobre otras por sus bordes. Pertenece a la familia de las cactáceas y se cultiva en lugares áridos o de suelo seco, especialmente en las comarcas del litoral mediterráneo, sur de Andalucía y en Canarias. En nuestras islas llamamos higo pico o tuno al fruto, y tunera o penca a la planta.

En 1822 las Cortes de Cádiz mandaron estudiar las provincias que, por su temperatura, fueran las más apropiadas para su cultivo, resultando las islas Canarias una de las regiones más apropiadas para su explotación. A partir de entonces, el cultivo de la cochinilla no hizo más que aumentar, convirtiéndose en un auténtico río de oro a mediados del siglo XIX.

En concreto, su llegada a Canarias se produjo en 1826, cuando llegaron las primeras crías del insecto de la cochinilla al puerto de Santa Cruz de Tenerife; los buenos resultados de esas experiencias agronómicas y las exenciones fiscales que favorecieron su cultivo condujeron a un nuevo auge económico en Canarias a partir de 1846. La cochinilla supuso en la década de 1860, el 80,9% del total de exportaciones canarias, aunque el descubrimiento de las anilinas artificiales y su empleo generalizado en las industrias textiles contribuyeron de manera decisiva a un descenso de este comercio y a una nueva etapa de crisis en el sector agrícola de Canarias.

Recolección de cochinilla en Lanzarote. Foto Yuri Millares.

En las islas Canarias se cultiva, fundamentalmente, en Lanzarote (200 hectáreas), La Palma y en menor medida en Gran Canaria. Desde el año 2016, la cochinilla de Canarias es el primer tinte natural del mundo que ostenta el sello de calidad de la Denominación de Origen Protegida que concede la Unión Europea. En la actualidad la empresa Canaturex de Gran Canaria ampara su exportación bajo esta denominación de origen.


 Extracción de la cochinilla, dibujo expuesto en la 
Galería de las Colecciones Reales, Madrid. Foto Pedro Rubens.

En Canarias, la cochinilla como recurso económico de carácter agrario, se cultiva, fundamentalmente, en los pueblos de Guatiza y Mala (Lanzarote), siendo su calidad reconocida como una de las mejores del mundo.

Pedro R. Castro Simancas, 25.03.2025.
Festividad de Santa Margarita Clitherow.


Fuentes:

JAÉN OTERO, José (1991): "Chumbera. Opuntia ficus barbarica" en Revista Integral, nº 139, Madrid, 1991.

MACÍAS HERNÁNDEZ, A. M. (1990): "Canarias (1830-1890): el papel de la grana en la economía isleña" en Revista Áreas, nº 12, pp. 239-458, Universidad de Murcia, 1990.

SERRA, Lluís (2024): "Tuno tunera, chumbo chumbera… y cochinilla" en Revista Pellagofio, Las Palmas de Gran Canaria, 3 de julio de 2024.




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