Tenerife: La explosión de tres volcanes y la extraña muerte del Obispo de Canaria en La Orotava en el año 1705.

Bernardo de Vicuña y Zuazo fue Obispo de la Diócesis de Canaria, con sede episcopal en Las Palmas y con jurisdicción en todo el archipiélago canario, que fue nombrado por una bula del Papa Inocencio XII, reinando en España Carlos II, el último monarca de la dinastía de los Austrias.

Era natural de la ciudad de Logroño (La Rioja), estudió en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), habiendo sido alumno del colegio de San Ildefonso de dicha Universidad, del que llegó a ser rector en 1669. Inocencio XII, en efecto, le despachó la bula de nombramiento el 12 de noviembre de 1691 como Obispo de Canaria, llegando a la isla de Gran Canaria para su toma de posesión el 1 de agosto de 1692. Ejerció de Obispo de las islas hasta su sorpresiva muerte en el año 1705 acontecida en La Orotava (Tenerife).

Por tanto, su episcopado y estancia en Canarias coincidió con los episodios volcánicos ocurridos en los altos de Arico, Fasnia y Arafo, en la isla de Tenerife entre 1704-1705.

LABOR PASTORAL EN CANARIAS.- Entre otros cometidos, tuvo que apaciguar revueltas internas entre el clero regular y secular, así como diversas disputas entre la autoridad civil y religiosa, entre jueces y el Cabildo de la isla. Después de lograr la paz entre autoridades y algunos religiosos en Tenerife, emprendió la vista pastoral de todas las islas con singulares frutos espirituales.

Como dato curioso, entre los diversos documentos que promueve como Obispo de Canaria, llama la atención la exhortación remitida a las parroquias el 23.01.1694, en relación con la celebración de los carnavales, donde no solo no los prohibe, sino que los posibilita, anticipando la celebración de la vigilia de San Matías por coincidir con el Carnaval, dispensando a los cristianos de realizar ayuno de carne el Martes de Carnaval de aquel año:

Como este presente año [de 1694], ocurre la Vigilia del Glorioso Apóstol San Matías, [el] martes [23 de febrero] de carnestolendas, y siendo de mi obligación personal precaver los daños de mis ovejas, y apartar las ocasiones de pecar como padre de sus almas; teniendo consideración que dicho día está introducido [la] costumbre de comer, cenar, y que será muy dificultoso refrenar [al] pueblo para que observe el precepto de ayuno; he dispensando en que el ayuno que se había de hacer en dicha Vigilia, se anteponga [al] sábado inmediato, 20 de febrero, y que el martes no se ayune y se pueda comer carne. Así lo avisará Vuestra Merced a sus feligreses. 

Firmado BERNARDO. Ciudad de Canaria, 23 de enero de 1694.

También realizó diversos viajes a las islas de su Diócesis, visitando las islas de El Hierro, La Gomera y La Palma, compadeciéndose de los más desfavorecidos, llamando esto la atención de los lugareños. Estando de visita pastoral en la isla de Tenerife, le sorprende la triple erupción volcánica de 1704-1705 acontecida en esta isla, cuando se hallaba de visita pastoral en la Villa de La Orotava.

LA EXPLOSIÓN SUCESIVA DE TRES VOLCANES EN LAS CUMBRES DE TENERIFE.- En efecto, se produjo una erupción triple que dio lugar a la formación de los volcanes de Siete Fuentes (Arico), el de Fasnia y el de Arafo-Güímar, y que se produjo a lo largo de una fractura de más de 10 km de longitud en la periferia del circo de Las Cañadas del Teide. 

Como apunta Raúl Guanche Rosa, estas tres erupciones ocurrieron en fechas significativas del calendario. El proceso eruptivo comenzó con movimientos sísmicos en la Nochebuena del 24 de diciembre de 1704, y primera explosión el 31 de diciembre siguiente en Siete Fuentes (Arico). La erupción fisural múltiple avanzó hacia Fasnia donde reventó el 5 de enero de 1705, víspera de la Epifanía (Adoración de los Reyes Magos), dentro del periodo de la Octava de la Navidad. Finalmente, la tercera erupción aconteció en Arafo-Güímar el 2 de febrero de 1705, coincidiendo con una fecha tan emblemática para los católicos como es la Purificación de la Virgen, día en que se celebra precisamente la festividad de la Candelaria, Patrona general de las islas Canarias.

El fenómeno duró, pues, casi tres meses, desde el 31 de diciembre de 1704 (en que empezó a escupir lava el volcán de Siete Fuentes de Arico), hasta el 27 de marzo de 1705 en que cesó su actividad el volcán de Arafo-Güímar, y estuvo precedido y acompañado de una serie de movimientos sísmicos de gran intensidad que comenzaron, en efecto, el 24 de diciembre de 1704.

Al parecer, los terremotos, que se sintieron tanto en Tenerife como en La Gomera, produjeron graves daños en los valles de La Orotava y de Güímar, así como en las poblaciones de Los Realejos y Candelaria, donde destruyeron más de 70 casas, dejaron en ruina el templo de la Iglesia de la Concepción de La Orotava, y produjeron unas 16 víctimas humanas, constituyendo el evento eruptivo de mayor número de muertos de cuantos se han registrado en las Islas en tiempo histórico. 

La erupción del Volcán de Siete Fuentes de Arico duró 5-6 días (del 31 de diciembre de 1704 al 4 o 5 de enero de 1705), y fue la más benigna. Por su parte, el Volcán de Fasnia comenzó su actividad el 5 de enero de 1705, a 1,2 km del anterior, y su erupción duró 8 días, hasta el 13 de enero de 1705, también con pocas repercusiones sobre la población y las estructuras. El último volcán, el de Arafo-Güímar, sin duda el más “agresivo”, irrumpe en la caldera de Pedro Gil el 2 de febrero de 1705 (como hemos comentado, justo el día de la festividad de la Virgen de Candelaria), a 7,2 km de los anteriores, permaneciendo en erupción 54 días (hasta el 27 de marzo de 1705) y produciendo unas coladas importantes que llegan casi hasta el mar, en las proximidades de la playa de El Socorro, a 9 km de sus centros de emisión. 

El relato de la erupción ha quedado bien recogido en el artículo La erupción volcánica de 1705 en el Valle de Güímar, un suceso que produjo daños en los tres pueblos de la comarca y una gran inquietud en toda la isla, del cronista oficial de Güímar y Candelaria e Hijo Adoptivo de Arafo, Octavio Rodríguez Delgado.

En dicho artículo, Octavio Rodríguez cita a José de Viera y Clavijo, quien resumió así lo acontecido en 1705: “La primera erupción se verificó el 31 de diciembre en el Llano de los Infantes sobre Icore, en el país de Güímar. Solamente corrió el tercio de una milla. La segunda, en 6 de enero de 1705, distante una legua de la otra, junto a la cañada de Almerchiga. Corrió legua y media por la madre del barranco de Areza o Fasnia que, siendo muy honda, la dejó a nivel con las demás tierras de los bordes; pero el día 13 se extinguió. La tercera erupción fue el 2 de febrero al anochecer, a dos leguas del antecedente, por entre los dos roques. Esta corriente se dividió en dos brazos: el uno corrió más de una legua por el barranco de Arafo hasta cerca del mar; el otro se extendió por el Melosar, de donde arrancó tercer brazo que amenazaba echarse sobre el lugar de Güímar, a no haber encontrado estorbo que le obligó a retroceder”.

A raíz de los numerosos temblores sísmicos que se estaban produciendo en el Valle de La Orotava durante el mes de enero de 1705, según cuenta Juan Nuñez de la Peña, notario del Tribunal de la Inquisición y vecino de La Laguna en su crónica Relación de los horrorosos terremotos y volcanes de fuego que han reventado en la isla de Tenerife. Años de 1704 y 1705"...al Iltmo. Sr. Obispo [de visita pastoral en La Orotava] se le hizo una choza en la huerta de la casa de su habitación, cuanto pudiera ocupar, y un altar en que se le decía misa, su cama y pocas sillas, alfombrada y bien cubierta, por la humedad y sereno de la noche."

Vista actual del Volcán de Arafo, dentro de la Caldera de Pedro Gil, 
que reventó el 2 de febrero de 1705.

ACONTECE LA EXTRAÑA MUERTE DEL OBISPO DE CANARIA.- Las citadas tres erupciones en las cumbres de Tenerife mantuvieron a toda la población isleña en vilo y en total estado de pánico, sobre todo a los habitantes del Valle de La Orotava, al otro lado de la isla, que sentían con fuerza las embestidas de la naturaleza. Los cronistas de la época reportaron en aquellos días 16 muertes, la mayoría “por miedo”; otros, víctimas del desplome de sus viviendas tras cada terremoto. Entre los decesos de aquellos días se cuenta el del Obispo de Canaria, don Bernardo de Vicuña y Zuazo, que efectivamente murió en La Orotava el 31 de enero de 1705 a causa del profundo temor que le produjeron los temblores del volcán de Arafo-Güímar, que reventaría unos días después, concretamente, el 2 de febrero, tal como señalaron los cronistas en aquella época: “El obispo D. Bernardo Sauzo de Vicuña (sic), que huyó con el clero de La Orotava, murió de miedo en una choza donde lo habían acogido”.

En un manuscrito (reproducido por Carmen Romero Ruíz, 1991) que se custodia en la Biblioteca Central de Cataluña (Barcelona), titulada Relación diaria y verdadera de los terremotos sucedidos en la isla de Tenerife, lugares de Los Realejos, Villa de La Orotava, y su Puerto y otras vezindades, se relata que el viernes 30 de enero de 1705, la Tierra se mantuvo en continuo movimiento. El Ilustr. Señor Obispo se halla accidentado de gran cuydado, con pocas esperanzas de vida. Y el final del relato, se concluye con que El Ilustr. Señor Obispo murió, con general sentimiento de estas islas [...] Fue su fallecimiento en una choza en el Campo, que hasta aquí pudo llegar su gran Caridad.

En este punto, surgen dos versiones de las circunstancias de dicho fallecimiento, en parte contradictorias. Quienes exponen que el Obispo murió en un huerto de una casa de La Orotava, bajo una caseta donde se había refugiado durante los terremotos, y otra versión, más intrigante, de quienes señalan que su muerte aconteció fuera de la población de la Villa, por estar en el campo cuando estaba en ruta para realizar un exorcismo al volcán de Güímar.

Según el citado manuscrito de Barcelona, el 28 de diciembre de 1704, "las Comunidades Religiosas [de La Orotava] que havían hecho su habitación en las huertas de sus Conventos, presididos del Ilustr. Señor Obispo, formaron penitentes y generales Processiones... [...] parecía un Día de Juyzio, más quando a la tarde se oyeron espantables vozes, alaridos, y grande estruendo en las Caydas de las Montañas, de suerte, que atemorizavan a los más animosos, y no obstante de aver subido diversos Sacerdotes a la cumbre a exorcizar, se continuaron en la misma forma toda la noche."

Por tanto, según la versión oficial, falleció el obispo Bernardo de Vicuña en La Orotava durante los temblores previos del volcán de Arafo-Güímar. En las actas del Cabildo de la isla se dice que había fallecido: « ... en la huerta de las casas de la Villa de la Orotava dentro de una cabaña dispuesta para que su Señoría se guareciese por el horror de los volcanes que a la sazón se experimentaban en Tenerife».

Francisco Caballero Mujica (2001) indica que falleció refugiado en un huerto de La Orotava, en una caseta rústica donde se había refugiado durante los terremotos provocados por el llamado "volcán de Güímar" en 1705, sin más precisiones.

Por su parte, el citado cronista Juan Nuñez de la Peña, en su Relación de los horrorosos terremotos y volcanes... indica que "el sentimiento de la muerte del Iltmo. y benignísimo prelado obispo de ellas, de un accidente que le comenzó el miércoles 28 de dicho mes, que le privó desde el juéves á medio día; y entregó su alma al Creador en la humildad de la choza, el sábado 31 de enero [de 1705] entre la una y 2 de la mañana, y en aquella tarde se le dió sepultura en el presbiterio de la parroquia de N. S. de la Concepcion de aquella villa. Padecía algunos ataques y éstos se le agravaron con las incomodidades de la habitación y sustos tan grandes, y con los continuados temblores de este día."

Al parecer, si seguimos a la segunda versión, el Obispo Bernardo, preocupado por la desesperación de la población tinerfeña ante las erupciones, decidió actuar. Observó que las erupciones se iniciaban en días relacionados con la religión cristiana y que entre ellas había un corto intervalo de tiempo. Según algunas crónicas, esta coincidencia le llevó a pensar que los montes de Tenerife estaban poseídos por una fuerza maligna optando por subir a ellos para realizarles un exorcismo, con la mala suerte de fallecer en el intento. Se dice que el obispo, que huyó con el clero de La Orotava, murió en una choza en el campo, donde lo habían acogido.

Según esta versión de los hechos, el obispo murió por culpa de los temblores previos al "volcán de Güímar", tras realizar un exorcismo, por creerlo poseído por fuerzas malignas. Los cronistas de la época contaron que murió por el miedo que le produjeron los temblores del volcán “El obispo… que huyó con el clero de La Orotava, murió de miedo en una choza donde lo habían acogido”. No está claro si falleció aterrorizado por los temblores de tierra o bien murió rendido por el agotamiento físico de subir a la cumbre para realizar los exorcismos. 

Por su parte, el político español Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, (1845-1850) parece que se apunta a la segunda versión aludida, cuando indicaba: “El obispo D. Bernardo Sanzo de Vicuña que huyó con el clero de la Orotava, murió de miedo en una choza donde lo habían acogido”. Pero en la citada Relación conservada en la Biblioteca de Barcelona y que fue enviada a la Corte se fue más diplomático, según observa Octavio Rodríguez Delgado, al hablar de la muerte del prelado: [...] "El Ilustr. Señor Obispo murió, con general sentimiento de estas Islas, por aver perdido un amantissimo Padre, zelosissimo Pastor, cuya Piedad, Prudencia, y lleno de todas prendas, quedará para siempre: Fue su fallecimiento en una choza en el Campo, que hasta aquí pudo llegar su gran Caridad."

Si por el contrario, nos atenemos a la versión oficial de su muerte, la huerta donde se hallaba la caseta o choza en la que falleció el Obispo pertenecía entonces a la familia Castillo-Valcárcel, radicada en La Orotava, en la actual Casa Machado, que se situaba enfrente del convento de Las Dominicas o de Santa Catalina de dicha villa. Este convento hoy desaparecido, estaba en el lugar donde se ha construido el edificio actual de Correos. La huerta de dicha Casa pertenece hoy en día a la familia Zárate. Una cruz recuerda el sitio donde murió repentinamente el prelado. 

La Partida de defunción dice: En la Villa de la Orotava de Tenerife en la noche del día treinta y uno del mes de Enero de mil setecientos y cinco años entre la una y las dos horas de la madrugada murió su Señoría Ilustrísima Señor Don Bernardo de Vicuña Zuazo, mi Señor y Dignísimo Obispo de estas Islas de Canaria del Consejo de su Majestad. (Archivo Parroquial de Ntra. Sra. de La Concepción de La Orotava. libro 7 de Defunciones, folios 135, 135 vto. y 136, donde se detalla el entierro y funerales del Obispo).

Retrato del Obispo Vicuña. Foto: 'El Tesoro de la Concepción'.


Actual Casa Machado, donde falleció el Obispo de Canarias
 Bernardo de Vicuña y Zuazo (1705).

El entierro y los funerales fueron muy solemnes y están recogidos con todos su detalles en la citada partida de defunción que se conserva en la Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de La Orotava. Fue sepultado en el presbiterio, pero como hemos comentado, en la actualidad dicha sepultura se encuentra desaparecida a causa de las obras de reconstrucción que se realizaron en el templo.

Según se relata en dicha partida de fallecimiento: "En los primeros días de 1705 visita La Orotava, hospedándose en una “choza de paja” que se habilitó en una huerta de una casa enfrente del Convento de San Nicolás y aquejado de su edad y de diversos achaques producto de los temblores sísmicos del volcán de Güimar fallece el 31 de enero del mismo año y es enterrado en nuestra Parroquia."

Según consta en el libro VII de defunciones del archivo parroquial: “En la Villa de la Orotava de Thenerife. En la noche del día treinta y uno del mes de Enero de mil setecs. Y cinco años entre la una y las dos horas de la madrugada murió su señoría Illtmo. El señor Don Bernardo de Vicuña Zuazo mi señor digníssimo obispo de estas Islas de Canarias del Consejo de Su magestad.” Fue enterrado el mismo día “de tarde y después de las oraciones” en el presbiterio de esta parroquia y realizándose oficios los trece días posteriores a su entierro con todo boato: vigilia, misa con ministros, sermón y asistencia de todos los capellanes.

Un año después, según se cuenta en los libros de la Parroquia, el 2 de febrero de 1706, festividad de Nuestra Señora de la Candelaria y después de la procesión de tarde, se cantó un responso por el alma del Obispo Vicuña, sobre cuyo sepulcro se colocaron doce cirios que ardieron durante todo el día.

Fachada actual de la Iglesia de la Concepción de La Orotava.

¿PERO, DONDE ESTÁ LA TUMBA DEL OBISPO BERNARDO DE VICUÑA? El sepulcro no se conserva actualmente y debió cubrirse durante las obras de reconstrucción del templo de la Concepción de La Orotava, a finales del siglo XVIII. Para comprender completamente este hecho de la desaparición de la tumba del Obispo Bernardo de Vicuña, debemos tener en cuenta que, en el año de su fallecimiento de 1705 se producen los citados temblores que dañaron seriamente la estructura del edificio entonces existente de la Iglesia de la Concepción de La Orotava.

En relación a este templo, señalar que desde la conquista de la isla, a finales del siglo XV existió en este lugar una pequeña iglesia. Una segunda fue construida en el siglo XVI en el mismo punto y finalmente, tras los terremotos de Güímar en el siglo XVIII, se construyó el actual edificio que ostenta la categoría de Monumento Nacional.

Dado que la estructura de aquel edificio del siglo XVI era completamente inversa a la orientación actual, esto es: el presbiterio se situaba donde hoy se ubica la entrada principal al templo; por ello, debemos concretar que la zona de enterramiento especificada del Obispo como el presbiterio, no sería en el actual altar sino en los pies del edificio tal como lo conocemos en la actualidad. Curioso es también considerar que a la hora de reconstruir el templo se remueven los cimientos desconociéndose, por tanto, el paradero final de sus restos así como de la lápida que indicaría su sepultura.

Pedro R. Castro Simancas, 10.03.2025.
Festividad de San Víctor, mártir en África.
(Ampliado el 18.03.2025).

Fuentes:

CABALLERO MUJICA, Francisco (2001): Documentos episcopales canarios, III. De Bernardo de Vicuña y Zuazo a Francisco Javier Delgado y Venegas (1691-1768), Ed. Real Sociedad Económica de Amigos del País, Las Palmas de Gran Canaria, 2001.

GUANCHE ROSA, Raúl (2025): "Volcán de Arafo. Reinterpretación de un proceso eruptivo para convertirlo en parte del folclore arafero" en Revista Los Huecos, nº 3, pp. 29-33, Ed. Ayuntamiento de Arafo, Arafo (Tenerife), 2025.

RODRÍGUEZ DELGADO, Octavio (2020): "La erupción volcánica de 1705 en el Valle de Güímar. Un suceso que produjo daños en los tres pueblos de la comarca y una gran inquietud en toda la isla"en Historia y personajes del Sur de Tenerife. El Blog de Octavio Rodríguez Delgado, 21 de septiembre de 2020 (en línea).

ROMERO RUIZ, Carmen (1991): Las manifestaciones volcánicas del archipiélago canario, Tomo I, Ed. Consejería de Política Territorial, Gobierno de Canarias, Santa Cruz de Tenerife, 1991.

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