Lanzarote: 175 aniversario del nacimiento de Francisco Fernández de Bethencourt, legado y genealogía desde Canarias.

Este pasado 27 de julio de 2025 se han cumplido los 175 años del nacimiento en Arrecife (Lanzarote) del historiador, político y genealogista Francisco Fernández de Bethencourt, figura clave en la cultura canaria y considerado como el padre de la genealogía en España.

Retrato del genealogista Francisco Fernández de Bethencourt

Según informa la web MassCultura, el alcalde del Ayuntamiento de Arrecife, Yonathan de León, ha expresado públicamente su respaldo a la propuesta de institucionalizar el 27 de julio de cada año como el Día de la Genealogía Canaria, en memoria de este ilustre lanzaroteño. Fernández de Bethencourt fue, además, miembro de dos Reales Academias de España: la Real Academia de la Historia (1889) y la Real Academia Española (1914).

Abandonada la formación sacerdotal, Fernández de Bethencourt se matriculó en la Escuela de Derecho, anexa al Instituto de segunda enseñanza de Canarias, sita en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna (en la actualidad, IES Cabrera Pinto), con el fin de seguir esta carrera, que dejó más tarde sin concluir, dedicándose por entero a la práctica del periodismo y, de manera particular, a la investigación histórica.

Pocos días antes de cumplir la veintena fue admitido como socio de número de la Económica de Santa Cruz de Tenerife, en sesión celebrada el 11 de julio de 1870 y dos años más tarde, también en julio, dio a la estampa su poemario Recuerdos y Esperanzas.

Un erudito de proyección universal.

Francisco Fernández de Bethencourt nació en 1849 y falleció en 1916 en Alicante. Fue licenciado en Derecho por la Universidad Central de Madrid y desempeñó un importante papel como diputado y senador por Canarias durante la Restauración, y destaca su intervención en el Congreso en favor de la creación de una Audiencia Provincial o Sala de lo Penal en la ciudad entonces capital de la Provincia de Canarias. Compaginó su carrera política con una prolífica actividad intelectual centrada en la genealogía, la historia y la heráldica.

Fue uno de los mejores historiadores y genealogistas de su época. Censor de la Real Academia de la Historia y académico de la Real Academia de la Lengua. Gentilhombre de Cámara de Su Majestad. Senador del Reino y diputado a Cortes por Canarias. Nombrado Socio Honorario de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, de La Laguna.

La figura de Francisco Fernández de Bethencourt, desde luego, trasciende su tiempo. Su esfuerzo por documentar el pasado y comprender la estructura de las familias, linajes y casas nobles de España se mantiene como referente en los estudios genealógicos y heráldicos modernos.

Con apenas 22 años de edad publicó su primera obra, Recuerdos y Esperanzas, un pequeño libro de poesía. Entre 1874 y 1876 fundó y dirigió los periódicos La Lealtad y La Lealtad Canaria de muy corta existencia, y a lo largo de su vida colaboró frecuentemente tanto en la prensa de la Islas como en la prensa española. 

De familia noble canaria originaria de Lanzarote por parte de su familia materna, Francisco Fernández de Bethencourt estudió en el Seminario de Las Palmas y en la Escuela de Derecho de La Laguna. Ya en Madrid, se licenció en Derecho por la Universidad Central (1879). 

Durante el Sexenio fue partidario de la Restauración borbónica. Afiliado al Partido Liberal Conservador, fue diputado a Cortes en las elecciones del 1 de febrero de 1891 por la circunscripción de Canarias y distrito de Santa Cruz de Tenerife y senador por la provincia de Canarias (1903-1904).

Portada del libro Nobiliario y Blasón de Canarias (1878)

Independientemente de su actividad política, cultivó la Genealogía y la Heráldica, contribuyendo a recuperar el valor historiográfico de los estudios genealógicos y heráldicos, junto con Antonio Rodríguez Villa, Vicente Vignau y el marqués de Laurencín. Autor de obras fundamentales para el estudio de la nobleza y las estructuras sociales españolas, se le atribuye la introducción en España del método científico de la escuela francesa de Borel para los estudios genealógicos. Entre sus publicaciones más destacadas se encuentran:

Recuerdos y esperanzas (1872).

La Virgen de Candelaria. Romance tradicional (1874).

Nobiliario y blasón de Canarias (1878-1886, siete tomos).

Historia genealógica y heráldica de la monarquía española, Casa Real y Grandes de España (1897-1920).

La Corona y la nobleza de España (1903).

Anuario de la nobleza de España (1908-1917).

Anales de la nobleza de España (1880-1890, once tomos).

Reconocimientos nacionales e internacionales.

Además de su ingreso en las Reales Academias españolas, fue presidente honorario o miembro activo de importantes instituciones extranjeras como la Academia Imperial y Real Adler de Viena (Austria), la Academia Genealógica Italiana o el Consejo Heráldico de Francia. También recibió condecoraciones como la Gran Cruz de la Orden de la Concepción de Villaviciosa de Portugal y la Gran Cruz de San Olaf de Noruega. También fue académico de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. 

En Canarias, su memoria se mantiene viva en la toponimia local, como en la calle que lleva su nombre en el barrio de Valterra de Arrecife, aunque su figura sigue siendo relativamente desconocida para gran parte de la población.

En julio de 1870, pocos días antes de cumplir veinte años fue admitido como socio de número de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Santa Cruz de Tenerife (hoy inexistente). Dos años más tarde se publicó su primera obra, Recuerdos y Esperanzas, un pequeño libro de poesía.

Siguiendo a Carlos Gaviño de Franchy en sus Apuntes, Francisco Fernández Bethencourt regresa a Canarias en 1907 para la boda de un sobrino suyo en Las Palmas, según relata en la siguiente carta publicada en la prensa local:

Privado por una serie de lamentables circunstancias de hacer mi proyectada visita a esa Isla de Tenerife, creería faltar a un deber de todo punto sagrado si me limitara a explicaciones particulares de lo ocurrido, y no las formulara claras y terminantes ante la Isla entera, apelando para la inscripción de estos renglones a la amable hospitalidad de su prensa.

Un motivo de orden privado y familiar me ha traído a mi país tras de tan prolongada ausencia, promovida por el invencible horror que los viajes por mar hubieron de causarme siempre; confirióme su representación mi primo hermano D. José Joaquín de Béthencourt, jefe de nuestra familia, para que en su nombre apadrinara la boda de su hijo primogénito y mi sobrino en esta ciudad de Las Palmas, y aquí vine al cabo  de más de veinticinco años, con gusto especial por tratarse de aquel encargo, relacionado con deudos amadísimos para quienes es mi mayor afecto, con íntimo deseo de volver a ver la tierra en que nací, esta isla de Gran Canaria en que hice mis primeros estudios, y ¿porqué no decirlo? más que nada la Isla de Tenerife, en que pasé los mejores años de mi vida, a la cual estoy unido por vínculos tan estrechos y recuerdos tan hondos, a cuyo cariño debí mi primera representación en el Congreso de los Diputados, tan anhelada de la mocedad, como después la señalada honra de ocupar un puesto en la Alta Cámara, más adecuado a mis gustos y circunstancias en estos comienzos de la vejez. […]

También quiero decir a mis muchísimos amigos de Tenerife que he aprendido de nuevo el camino de las Islas, con la grata experiencia esta vez de que en efecto el odioso mareo, como la fortuna según Carlos V, vuelve las espaldas a los viejos; prométoles una pronta visita, todo lo larga y detenida que aquella Isla merece de todos, y de mi tan singularmente, pues en cada uno de sus pueblos tengo amigos, tengo afectos, tengo recuerdos, y en cada uno hay bellezas grandes que volver a admirar después de un cuarto de siglo.

Volvería de nuevo, esta vez a Tenerife, por última vez, en 1913, unos pocos años antes de su muerte, como uno de los oradores invitados a participar en las solemnidades con que se inauguraron las obras de remodelación de la Catedral de San Cristóbal de La Laguna. En efecto, el 4 de septiembre de 1913 intervino en La Laguna en la Velada celebrada con motivo de la inauguración de la Santa Iglesia Catedral de Tenerife, leyendo en ella un importante discurso.

A pesar de no haber sido anunciada su presencia en el programa de actos, don Manuel de Ossuna, presidente del Ateneo de La Laguna, logró que Fernández de Bethencourt participara en la Fiesta de Arte que celebró dicha entidad en el Teatro Viana, la noche del 11 de septiembre de 1913, donde de nuevo fue aplaudidísimo.

El 19 de septiembre siguiente, por la noche embarcó en Santa Cruz rumbo a Cádiz, no regresando nunca más a su tierra natal de las islas Canarias. 

Murió en Alicante a consecuencia de una hemiplejia, el 2 de abril de 1916 y fue enterrado en la Sacramental de San Justo de Madrid. Su duelo fue presidido por “el Obispo de Madrid Alcalá, el Director de la Academia Española, D. Antonio Maura y en nombre del de la de Historia, su Secretario accidental, Sr. Pérez de Guzmán y Gallo, los individuos de su familia, Antonio Domínguez, Diego de los Ríos y José Orozco, y los que fueron sus amigos íntimos el conde de Romilla y José de Roda” (La Época, 3 de febrero de 1916).

Una propuesta con vocación educativa y patrimonial.

Desde instituciones como la Asociación de Genealogistas de Canarias o diferentes colectivos culturales se insiste en la importancia de divulgar su obra, entendida no solo como un patrimonio bibliográfico, sino como un ejemplo de vocación investigadora y compromiso con la cultura.

Un legado para el presente y el futuro.

Compartió Fernández de Bethencourt con el primer marqués de Bajamar, el tinerfeño Antonio Porlier, el raro honor de haber sido ambos los dos únicos canarios que pertenecieron, al mismo tiempo, a las reales academias de la Lengua y de la Historia. Esta particular circunstancia no ha vuelto a producirse hasta el momento, entre los integrantes de la intelectualidad isleña, y no parece probable que lo haga en un futuro próximo.

Reivindicar su nombre y obra supone también un llamado a recuperar el valor del conocimiento, la memoria y la investigación histórica en el contexto de una sociedad en constante transformación.

Fuentes:

Archivo Histórico del Senado, exp. personal del Senador D. Francisco Fernández Bethencourt, por la provincia de las Islas Canarias, sign. HIS-0160-04. 

Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación electoral, 105, n.º 12.

Real Academia de la Historia, Archivo de Secretaría, exp. personal de D. Francisco Fernández de Bethencourt.

«Don Francisco Fernández de Béthencourt (necrología)». Nota necrológica por Antonio Maura, Presidente de la Real Academia Española, en Boletín de la Real Academia Española, nº III, pp. 145-150, Madrid, 1916.

GUIMERÁ LUJÁN, Coriolano (2001): "Francisco Fernández de Béthencourt, un esclarecido genealogista nobiliario", en la Revista Hidalguía: la revista de genealogía, nobleza y armas, nº. 285, pp. 228-255, Madrid, 2001.

GUIMERÁ PERAZA, Marcos (2002): Biografía Política e Historia Canaria, tomo III, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, Santa Cruz de Tenerife, 2002.

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