La isla de los nuevos reinos: Qué fue de los últimos menceyes (IV). El Mencey de Icoden.
El Menceyato de Icoden, situado en el norte de la isla de Tenerife, era una las nueve demarcaciones territoriales en que los guanches tenían dividida la isla de Tenerife en la época de la conquista por parte de la Corona de Castilla, a finales del siglo XV.
TODO EMPEZÓ EN ICODEN.- Este reino estaba situado en el noroeste de Tenerife y ocupaba aproximadamente la extensión de los modernos municipios de La Guancha, Icod de los Vinos y El Tanque, así como parte de Garachico. Limitaba con el bando de Daute al oeste, con el de Taoro al este, y con el de Adeje al sur.
Los límites con el Menceyato de Daute lo establecía una línea que, partiendo de San Pedro de Daute, sigue por el moderno límite entre los municipios de Los Silos y El Tanque hasta la Cumbre de Erjos. De Adeje quedaba separado por una línea que, partiendo de la Cumbre de Erjos, seguía por Montañas Negras hasta la cadena montañosa que enlaza con las estribaciones occidentales del Pico Viejo. Con respecto al menceyato de Taoro, el límite lo marcaba el barranco de la Chaurera hasta la cumbre.
En cuanto a la toponimia de este reino que nos ha llegado por las crónicas y documentos notariales, el término Icod también aparece escrito como Benicod, Icode, Icoden, Ycode o Ycoden, al parecer significando 'incendio, quemadura' según algunos investigadores.
Parece ser que por el territorio de este reino de Icoden se pobló primitivamente la isla, cuando llegaron los primeros pobladores de las tribus amazigh desde el norte de África, si seguimos la crónica que nos cuenta el dominico Alonso de Espinosa en su Historia de Nuestra Señora de Candelaria (1594), cuando escribió: "Los naturales guanches viejos dicen que tienen noticia de inmemorable tiempo, que vinieron a esta isla sesenta personas, mas no saben de dónde, y se juntaron y hicieron su habitación junto a Icod, que es un lugar desta isla, y el lugar de su morada llamaban en su lengua Alzanxiquian abcanahac xerac, que quiere decir: «Lugar del ayuntamiento del hijo del grande». Destas opiniones puede seguir el lector la que le pareciere y más le cuadrare; que la mía es que ellos son africanos y de allá traen su descendencia, así por la vecindad de las tierras, como por lo mucho que frisan en costumbres y lengua, tanto que el contar es el mismo de unos que de otros."
Vamos a tratar de conocer algo en esta cuarta entrega sobre otros de los menceyes de Tenerife. Ya hemos hablado en esta serie sobre Qué fue de los últimos menceyes, sobre los reyes de Anaga (11.11.2024), de Adexe (03.03.2025) y de Taoro (27.06.2025), que han sido publicados en este Blog de Crónicas de Guadamoxete.
LOS MENCEYES DE ICODEN.- Los menceyes de Icoden cuyos nombres se conocen son Chincanairo, que fue su primer mencey, y Pelicar, que gobernaba durante la conquista. Según Juan Álvarez Delgado, el último mencey se llamaba Belicad (o Pelicar), y según Bethencourt Alfonso, llamado después de bautizado Juan de Icod o Juan Martín de Icod. Pero según modernas investigaciones, está verificado que fue bautizado como Enrique Canario, y conocido también como Don Enrique de Icod.
Antes que la isla de Tenerife fuera conquistada, por tanto, reinaba Belicad, como mencey del reino de Icoden, uno de los bandos de guerra aliado con Benchomo, el mencey de Taoro. Su nombre puede significar según el filólogo Ignacio Reyes 'morueco fuerte' desde una forma primaria bəl-kar, y Juan Álvarez Delgado propone como traducción 'hombre vago, desidioso'.
Terminada la conquista de Tenerife y traslados siete de los nueves menceyes que habían reinado en la isla a la corte de Castilla, en la audiencia de los Reyes al conquistador y su séquito en la villa soriana de Almazán, entre el 20 de abril de 1496, fecha de la llegada de la Corte a dicha villa y el 10 de junio de 1496, día en que se atestigua la presencia de los menceyes en el séquito real, entre ellos se encontraba el Mencey Belicad, bautizado Enrique y por apellido Canario.
Son los propios Reyes Católicos los que en una carta relatan en primera persona lo acontecido en aquella audiencia real en Almazán, como testigos directos. […] Que vos (Alonso de Lugo) por nuestro mandado fuystes a conquistar e conquistastes (la isla de Tenerife) y las reduzistes a servycio de Dios y nuestro, donde posystes vuestra persona a mucho arisco e peligro, y traxistes los que se llamavan reyes de las dichas yslas a nos dar la obidiencia e reverencia que devían […].
TERMINADA LA CONQUISTA, CAZA DE GUANCHES PARA SOMETERLOS A ESCLAVITUD MEDIANTE VENTA EN LOS REINOS DE CASTILLA Y ARAGÓN.- Como cuenta el profesor Rumeu de Armas, desde abril a septiembre de 1496, en la campaña final de la conquista de Tenerife, las razzias por los territorios sojuzgados y las operaciones de limpieza se tradujeron en un número muy importante de prisioneros guanches, reducidos inmediatamente a esclavitud.
La última fase de las grandes operaciones de la conquista de Tenerife es, desde luego, sumamente confusa y oscura. Se extiende cronológicamente entre el 25 de diciembre de 1495 y el 15 de febrero de 1496. Estas fechas están señalando respectivamente a dos acontecimientos: la Batalla-victoria de Acentejo y la primera desmovilización de tropas. Son cincuenta días de incursiones y depredaciones para destruir los focos de resistencia indígena en las tierras bajas y medias del reino de Taoro y sus aledaños de Tegueste, Tacoronte e Icod. Son cincuenta jornadas de brutales razzias a la captura de esclavos y ganados.
En efecto, durante la primavera del año 1496 prosiguieron las operaciones de limpieza hasta que sobrevino un acontecimiento simbólico de la mayor resonancia: la sumisión de los menceyes rebeldes de Tegueste, Tacoronte, Icoden y Daute en El Real del Realejo, en una fecha que tuvo que girar alrededor de principios de mayo del año expresado.
Este hecho, de decisiva influencia, se tradujo en la proclamación de que la isla se había «acabado de ganar». Desde ese momento, con arreglo a las prácticas jurídicas de la época, Alonso de Lugo pudo someter a servidumbre a todos los pobladores de los cinco bandos que habían sido de guerra: Tegueste, Tacoronte, Taoro, Icoden y Daute; y así efectivamente lo realizó con saña singular. Estos esclavos constituyeron la base primordial del botín. El norte de la isla puede asegurarse que fue materialmente barrido en toda su extensión. Los míseros cautivos guanches, transportados a la metrópoli, sin distinción de sexo o edad, fueron a nutrir con sus cuerpos el inmundo negocio de la trata de seres humanos, siendo transformados en dinero contante en los mercados esclavistas más acreditados: Sanlúcar de Barrameda, Puerto de Santa María, Cádiz, Sevilla, Valencia o Barcelona. Varios miles de indígenas nativos de Tegueste, Tacoronte, Taoro, Icoden y Daute tuvieron esta triste suerte.
Las operaciones de limpieza del verano de 1496 tendrán como escenario de lucha los bandos de Icoden y Daute, con objeto de reducir a los rebeldes, y el reino de Abona, con el propósito de vencer la resistencia de los refugiados. El 20 de noviembre de 1496 se registra el eco de las importantes operaciones de aquel verano-otoño en las comarcas de Icoden, Daute y Abona. Según apunta el profesor Rumeu, cincuenta y cuatro cautivos guanches se venden en una sola jornada en el mercado de Valencia.
VENTA, ESCLAVITUD Y LIBERACIÓN DE DON ENRIQUE DE ICOD, ANTIGUO MENCEY DEL REINO DE ICODEN.- Entre esos guanches vendidos del reino de Icoden, encontramos al propio Mencey Belicad, que ya habiendo sido bautizado como Enrique Canario, y ser por tanto, un hombre libre y no obligado a ser sometido a esclavidud, según las leyes de Castilla, sin embargo, es objeto de venta por uno de los cortesanos de los Reyes Católicos.
Una vez los menceyes fueron presentados a los Reyes Católicos, el Rey de Icoden quedó enseguida adscrito a la Corte del príncipe don Juan de Aragón, que era el segundo hijo de los Reyes Católicos, pero por ser varón iba a ser el heredero a las Coronas de Castilla y de Aragón.
El Príncipe Juan había nacido en Sevilla el 30 de junio de 1478 y fue nombrado Príncipe de Asturias (título para el heredero de Castilla) y Príncipe de Gerona (título para el heredero de Aragón). Fue, pues, el heredero de las coronas de Castilla y Aragón, pero falleció prematuramente a los 19 años en Salamanca en 1497, antes de poder ascender al trono de ambos reinos. Su muerte, causada por unas fiebres, supuso un duro golpe para sus padres, Isabel y Fernando, y alteró la sucesión al trono, que vino a recaer en Juana, conocida más tarde como Juana la Loca.
Don Enrique Canario de Icod, entonces queda adscrito en calidad de cortesano del citado Príncipe heredero, y con tratamiento de don (por su condición de antiguo rey de Icod). Sin embargo, don Juan enferma de viruelas o según algunas versiones, por un exceso de pasión marital que sentía por su esposa Margarita de Austria, y fallece el 4 de octubre de 1497. Entonces se disuelve la pequeña corte creada en torno al Príncipe Juan, con lo que se liquidan todos los enseres y derechos y, fuera de toda justicia, en ese momento se vende como esclavo a don Enrique, hecho que probablemente ocurre entre los años 1498 y 1499.
En efecto, según se cuenta, aún no había cumplido el príncipe Juan los diecinueve años, este comenzó su vida conyugal con su esposa Margarita. Algunos consejeros de los reyes, entre ellos Pedro Mártir de Anglería, y también los médicos de la corte, recomendaron a la reina Isabel que buscase una interrupción en las relaciones sexuales a las que el príncipe se había entregado con tanto entusiasmo, ya que se temía por los efectos perniciosos sobre una salud que no era muy fuerte. Pero Isabel replicó con una reflexión: “Lo que Dios ha unido no puede ser separado por el hombre”.
Sin embargo, el 1 de octubre de 1497, correos a caballo trajeron a los Reyes la terrible noticia: el príncipe, acometido de fiebres, estaba al borde de la muerte y los médicos habían perdido toda esperanza. El rey Fernando partió al galope y pudo recibir las últimas palabras de aquel hijo heredero que falleció en la noche del 3 al 4 de octubre de 1497 en Salamanca. Isabel aceptó el hecho recurriendo a las palabras de la Escritura: “Él me lo dio y Él me lo quitó”. Sólo le sobreviviría cinco años. El cadáver del príncipe fue enterrado en Santo Tomás de Ávila, en donde, por encargo de la Soberana, Domenico Fancelli le levantó un bello monumento. Tampoco quedó descendencia de ese matrimonio, pues Margarita que estaba embarazada, abortó.
Pues bien, fallecido el Príncipe Juan, el documento que nos pone tras la pista de Belicad Mencey de Icoden, es de fecha de 4 de diciembre del año 1500; se trata de una carta de los Reyes Católicos dirigida a un servidor real, Juan de Salcedo, por la que se le notificaba que uno de los menceyes de Tenerife había sido vendido como esclavo injustamente por otro cortesano, Pedro Patiño que servía en aquella corte al fallecido Príncipe Juan, episodio que ha sido estudiado por el profesor de la Universidad de La Laguna Mariano Gambín García, y que dice:
[…] Sepades que el procurador de los pobres nos hizo relación por su petiçion, diziendo que don Enrique Canario, Rey que fue de Codex (es decir, del reino de Icoden), seyendo christiano e libre e quito de toda servidumbre, diz que […] Patiño, contino de nuestra casa, lo tomó e trasportó fuera de nuestra Corte e lo vendió a quien tobo por bien, diziendo que hera esclavo, e quel estava al presente en servidumbre con fierros a los pies, e que ovimos mandado al dicho Patiño so çiertas penas que traxiese al dicho don Enrique Canario, a nuestra Corte dentro de çierto termino, e como quiera que aquel es ya pasado, non lo ha traydo […].
En este punto, debemos aclarar que el citado cortesano llamado Pedro Patiño, ostentaba el cargo de contino, dignidad que durante el Antiguo Régimen, era un hombre de confianza allegado al rey y a su Casa, que estaba junto a él y para el que tenía total disponibilidad.
Los continos no eran exactamente oficiales de la Casa del Rey, sino que generalmente eran hijos de las familias más prestigiosas del reino, equiparables a las damas de la reina, respecto a las hijas, que vivían en el palacio real durante la adolescencia y juventud de los príncipes. Existieron tanto en la Corona de Aragón como en la de Castilla y León.
Como analiza el profesor Mariano Gambín, no es descabellado pensar que el contino Patiño se desembarazara del mencey de Icoden en la liquidación que hizo de los bienes que conformaban la pequeña corte del Príncipe Juan. Una carta real de 1500 no indica la fecha de la venta del mencey, por lo que pudo haber ocurrido un par de años antes.
Pues bien, en dicha carta con el Sello Real (que eran documentos oficiales expedidos por el gabinete de los Reyes de Castilla) se recoge textualmente: “1500 Diciembre 4, Granada. Orden a Juan Salcedo, para que averigüe, a petición del procurador de pobres, el paradero de Don Enrique, canario, rey que fue de Icod, vendido por Patiño, contino de la casa real, sin tener derecho a ello, ya que el dicho Don Enrique es cristiano y libre; y para ello que lo traiga a la corte en un plazo de diez días, durante los cuales cobrará 200 maravedíes diarios a cargo del dicho Patiño. Episcopus ovetensis. Felipus. Joahannes licenciatus. Martinus. Zapata. Tello. Moxica, Mármol. Pérez”.
En este punto, imaginamos que el citado contino Patiño se había hecho con Don Enrique Belicad, porque los Reyes Católicos habían puesto bajo su responsabilidad la custodia del Mencey. Los monarcas – Isabel y Fernando – encargaban a Juan Salcedo, arriba mencionado, que buscara al mencey donde estuviera y lo trajera de vuelta a la Corte.
El citado profesor Mariano Gambín García extrae del transcrito documento de 4 de diciembre de 1500 las siguientes consecuencias:
En primer lugar, que el rey de Icod, el mítico Belicad, en efecto, había recibido el nombre cristiano de Enrique.
En segundo lugar, el mencey había recibido, o escogido, el apellido de Canario, algo frecuente en muchas personas, que se apellidaban en función de su lugar de procedencia.
En tercer lugar, a pesar de ser un rey vencido y constreñido a la esclavitud, su condición noble le hacía merecedor del título de «don», para lo que se necesitaba licencia real, lo que no estaba al alcance de cualquiera en aquellas fechas. Y por otro lado, concluye Gambín García, que “destaca el hecho de que se trataba de una persona que no era esclava”. Como expresa el citado documento real, "sin tener derecho a ello, ya que el dicho Don Enrique es cristiano y libre".
Que Juan Salcedo, alto funcionario de la Corte era la persona idónea para buscar al mencey vendido, delata su relevancia institucional y de máxima confianza de los reyes. Su presencia en cualquier lugar del Reino personificaba la voluntad real, y como tal era obedecido y respetado. Que fuera el alguacil de la Corte quien fuera a buscar a don Enrique de Icod también implicaba que la preocupación por su suerte provenía del escalón más alto en la administración de la Corona, lo que, desde luego, añadía gravedad al asunto, derivado de la venta y posterior esclavitud de Belicad.
Y el mandato del Consejo Real era explícito y no dejaba dudas al respecto: […] vos mandamos que vayades a qualesquier partes e lugares destos nuestros Reynos donde quiera que el dicho don Enrique Canario estoviere, e lo tomeys e saqueys del poder de qualquier persona que lo tenga e lo traygays a nuestra Corte para que mandemos sobre ello lo que la nuestra merçed fuere. E mandamos a cualesquier persona e personas en cuyo poder estoviere el dicho don Enrique Canario, que luego que por vos fueren requeridos, (a) vos lo den e entreguen syn (a) vos poner en ello enbargo nin ympedimiento alguno […].
El profesor Gambín García recoge en su trabajo que en el otoño de 1500 Sepúlveda se trasladó a Sevilla, donde comenzó a trabajar. Tenía poder para recabar cuanta información testifical y documental necesitase y su investigación dio el fruto, entre otros resultados, de encontrar al cautivo don Enrique, rey que fue de Icoden.
Las pesquisas se centraron principalmente en las ciudades de Sevilla, Jerez, Cádiz y sus comarcas vecinas. Apenas llegado a Sevilla, las investigaciones de Sepúlveda lo llevaron a uno de los centros donde se localizaba un gran número de canarios esclavos, la ciudad de Jerez. Con rapidez impetró y logró del Consejo Real el 5 de octubre de ese año de 1500, una provisión por la que se ordenaba al corregidor de Jerez que comprobara la existencia y situación jurídica de los canarios esclavizados, les escuchara y les hiciera justicia.
Sepúlveda siguió trabajando en la liberación de los canarios durante el primer semestre de 1501, momento en que volvemos a tener noticias de don Enrique Canario. El hecho comprobado es que don Enrique, una vez localizado en Andalucía y liberado de su cautiverio, fue llevado a la Corte, donde se le puso bajo la protección del bachiller Sepúlveda para tramitar su proceso judicial, pero no en Sevilla, donde se ventilaban el resto de los juicios de los canarios, sino en la ciudad de Granada, donde estaba el Consejo Real en aquellos momentos, que asumió la resolución del caso.
En cualquier caso, Sepúlveda llevó la defensa en juicio de don Enrique frente a la parte acusada, en este caso, el contino Pedro Patiño, que se personó en el proceso y presentó su defensa:
[…] Sepades que (el) pleito se trató ante nos (los Reyes) en el nuestro Consejo entre parte: de la una el bachiller de Sepulveda, procurador de los pobres en nuestra corte e en nonbre de don Enrique Canario, e Pedro Patiño, contino de nuestra casa, de la otra, sobre rason quel dicho bachiller dixo: ser el dicho don Enrique Canario, horro e libre de todo cativerio e servidumbre, e el dicho Pedro Patiño tenerle cativo contra justiçia; sobre lo qual los del nuestro Consejo resçibieron a amas las dichas partes a la prueva. E cada uno de ellos fiso su provança, e la traxeron e presentaron ante ellos e fue fecha publicaçion dellas, e fue alegado de bien provado, e dixeron e alegaron de bien provado e en guarda de su derecho todo lo que desir e alegar quisyeron, fasta tanto que concluyeron e por los del nuestro Consejo fue avido el dicho pleito por concluso […]. Los argumentos de Patiño no debieron ser de peso, pues el Consejo Real (especie de tribunal supremo del Reino de Castilla) resolvió el 4 de junio de 1501 a favor de la libertad de don Enrique de Icod:
[…] en que fallaron, que atentos los autos e méritos deste proçeso, que devían dar e dieron al dicho Enrique Canario por libre e quito de toda servidumbre e catyverio en que este puesto, para que haga lo que quisyere e por bien toviere, asy como persona libre e fuera de cativerio, e mandaron que agora nin en algund tienpo sea constreñido nin apremiado a servidunbre nin cativerio alguno […]. Dada en la nombrada e grand çibdad de Granada a quatro dias del mes de junio, año del Nasçimiento de nuestro señor Jhesu Christo de mill e quinientos e uno años, etcetera. Esta firmada de todos los del Consejo e yo Juan Ramires, escrivano, etcetera. Alonso Peres (rubricado).
En efecto, el 4 de junio de 1501, fecha del anterior documento, los monarcas de Castilla anunciaban a todas las justicias del Reino el resultado del pleito entre don Enrique y Pedro Patiño, por el que se reconocía al mencey Belicad su condición de persona libre, y mandaban ejecutar lo fallado:
[...] E agora el dicho bachiller de Sepulveda en nombre del dicho don Enrique Canario (com)paresçió ante nos, en el nuestro Consejo, e nos suplicó e pedió (que) por merçed le mandamos dar nuestra carta executoria de la dicha sentencia o sobre ello proveyesemos como la nuestra merçed fuese, e nos tovimoslo por bien, por que (a) vos mandamos, a todos e a cada uno de vos, en vuestros lugares e jurediçiones, que veades la dicha sentencia que de suso va encorporada que asy por los del nuestro Consejo fue dada, e la guardedes e cumplays e esecuteys e hagays guardar e cumplir e executar en todo e por todos, segund (lo) que en ella se contiene; [...].
Por tanto, a partir de ese fallo favorable a la libertad del Mencey Belicad de Icoden, cristianizado con el nombre de don Enrique Canario, "como rey que fue de Codex", son todas meras conjeturas:
- ¿Retornó nuestro mencey a servir como cortesano, esta vez adscrito a la Corte de los Reyes Católicos, donde finalizó sus días?.
- ¿Acaso fue el mencey Belicad el denominado “il piu famoso e piu bello”, aquel que regalaron los Reyes Católicos a la República de Venecia?.
- ¿Murió en la indigencia en algún arrabal de Sevilla, como tantos compatriotas suyos?.
- O quizá, ¿Don Enrique terminó sus días en algún lugar de Castilla, lejos de su añorada tierra, viviendo con alguna renta concedida por la Corona, y con algún que otro privilegio otorgado al amparo del tratamiento de don que ostentaba por su antigua estirpe real?.
Lo único seguro es que a partir de aquella sentencia del Consejo Real de Castilla, no sabemos nada más del destino último del mencey de Icoden, salvo que terminó sus días posiblemente en Sevilla como hombre libre, junto a otros compatriotas como aquellos canarios que vivían en la ciudad hispalense, donde se hizo célebre el El Callejón de los Canarios, del que ya hemos tratado, cerca de la Puerta de la Carne, por lo que es casi seguro que nunca pudo regresar a su isla de Tenerife. Había sido un mencey del bando de guerra y lo lógico era que viviera el resto de sus días desterrado y no se le dejara volver a la tierra donde había reinado.
Fuentes:
ESPINOSA, Fray Alonso de (1980): Historia de Nuestra Señora de Candelaria (con Introducción de Alejandro Cioranescu), Goya Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 1980.
GAMBÍN GARCIA, Mariano (2003): "Un rey guanche en la corte de los Reyes Católicos. Tras los pasos de Don Enrique Canario, el último mencey de Icod" en Revista de Historia Canaria, nº 185, pp. 125-157, Universidad de La Laguna, 2003.
GAMBÍN GARCÍA, Mariano (2014): "Los procesos judiciales de liberación de esclavos palmenses y guanches en Sevilla (1496-1512). Nuevos datos para su estudio" en XXI Coloquio de Historia Canario-Americana, nº XXI-017, pp. 1-10, Casa de Colón, Las Palomas de Gran Canaria, 2016.
RUMEU DE ARMAS, Antonio (1975): La conquista de Tenerife 1494-1496, Ed. Aula de Cultura de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1975.

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