Gran Canaria: La invasión del holandés Van der Does y la batalla del Monte Lentiscal.

Batalla del monte Lentiscal de Carlos Morón (1921-1999)

Esta es una obra pintada al óleo sobre lienzo, de tamaño 150 x 200 cm. que se conserva en el Palacio de la Capitanía General de Canarias (Cuartel General del Mando de Canarias, Ejército de Tierra-Ministerio de Defensa). Representa la Batalla del Monte Lentiscal cuando la invasión a Las Palmas de Gran Canaria de los holandeses capitaneados por Pieter Van Der Does, y que fue pintado por el artista canario Carlos Morón (1921-1999).

De esta invasión acontecida en 1599 ya hemos hablado que puedes consultar en este enlace, en relación con otro cuadro pintado por el artista Carlos Morón: Obra de Carlos Morón sobre la invasión de Van Der Does.

Allí comentábamos que lo que se recordaba en la obra de este pintor era el asedio de dos días por los denominados corsarios holandeses, el ataque pirata más importante en la historia de Canarias, que acabó con la ciudad en llamas y sus vecinos huidos a Santa Brígida.

La Batalla del Monte Lentiscal sucede el 3 de julio de 1599, cuando una columna holandesa se dirigió hacia Santa Brígida, pero fue atacada en el Monte Lentiscal por la milicia canaria. 

Esta Batalla del Monte Lentiscal, en las afueras de la ciudad, también conocida como la Batalla de El Batán, fue, por tanto, un enfrentamiento clave durante el ataque de Pieter van der Does a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria en 1599. Ocurrió el 3 de julio de 1599, cuando las fuerzas holandesas intentaron avanzar hacia Santa Brígida y fueron repelidas por la milicia canaria en una zona boscosa del monte Lentiscal, aprovechando el conocimiento del terreno y las tácticas de guerrilla. 

Esta batalla, muy bien retratada en el cuadro de Carlos Morón que presentamos, acontecida en El Batán marcó, pues, un punto de inflexión, contribuyendo a la derrota final de Van der Does y su flota. La victoria canaria en el Lentiscal es recordada como una gesta heroica que impidió la conquista total de la isla por los holandeses. 

Si en este ataque a Las Palmas, ya comentamos que en la heroica defensa de la ciudad, destacó un militar tinerfeño, natural de La Orotava, Francisco de Franchi y Alfaro, que era capitán de infantería y alguacil mayor del Santo Oficio en Las Palmas, ahora también queremos destacar a otro tinerfeño en esta defensa, la del Arcediano de Tenerife en la Catedral de Santa Ana, el Doctor don Fernando Díaz de Vera (1554-1604). Este prebendado era Doctor en Sagrada Teología y aparte de Arcediano, ocupó el cargo de tesorero del Cabildo catedral de Santa Ana en Las Palmas de Gran Canaria.

Como apunta el genealogista y estudioso Leopoldo de la Rosa, entre los descendientes del rey don Diego de Adexe, debió serlo el doctor don Fernando Díaz de Vera, nacido en Abona y bautizado en Vilaflor de Chasna, que tenía, en efecto, el cargo de Arcediano de Tenerife en la catedral de Canaria, y de quien el obispo don Fernando Suárez de Figueroa, en informe que elevó a la Corte en 1588, dijo que era de treinta y seis años, por lo que debió nacer hacia el 1552-1554, que se había graduado como doctor en Sagrada Teología en la Universidad de Valencia, que era calificador del Santo Oficio y del que añade, que «es hombre honesto y virtuoso, ayuda con su doctrina predicando, es natural de Tenerife y sus padres naturales de la tierra, guanches, que así se llaman» y recalca que «es hombre honesto y hábil, es guanche de padre y madre, de los naturales gentiles que los llaman así».

Pues bien, Don Fernando Díaz de Vera figuró entre los miembros del cabildo catedralicio de Las Palmas que, al frente del obispo Francisco Martínez de Ceniceros, acudió en armas a la defensa de la capital grancanaria al ser atacada por la escuadra holandesa en los primeros días de julio de 1599, cuando la ciudad fue ocupada por Van der Does. Don Fernando que figura con los apellidos Díaz de Vera en las relaciones del Cabildo catedral de Santa Ana, combatió como un miliciano más en las horas del desembarco y ocupación de la ciudad, cuando se produce el ataque de Van der Does.

En efecto, este Obispo, apenas llegado a su diócesis en 1597, tuvo ocasión de contemplar la invasión holandesa, con sus secuelas de incendios y pillaje por toda la ciudad. Luego, vencido el holandés, emprende visita pastoral a las islas. En 1607 fue trasladado a Cartagena, en el reino de Murcia.

Al respecto, terminado el episodio de la invasión holandesa a la ciudad, este Obispo Martínez de Ceniceros eleva al Rey de España Memorial sobre la invasión holandesa, fechado en Canaria, el 21 de agosto de 1599. En dicho documento, obrante en el Archivo Diocesano de Canaria, el citado Obispo cuenta los pormenores de la invasión, los daños producidos, las escaramuzas habidas entre los holandeses y las milicias isleñas, y la necesidad de remedio que tenía la isla de Gran Canaria para su defensa.

En su largo Memorial, relata como el sábado 7 de julio de 1599, las tropas holandesas después de invadida y ocupada la ciudad de Las Palmas pretendían "subir a un término que llaman la Vega, que es un lugar dos leguas de la ciudad, donde tuvo relación que estaba toda la hacienda de ella; [Van Der Does] envió cosa de tres mil hombres en tres escuadras, y antes de llegar a él hay un monte que llaman el Lentiscal, adonde estaba el teniente [de las milicias canarias] con algunos capitanes de los nuestros y sargento mayor; y habiendo sido avisados de los centinelas que tenían, de la venida del enemigo, se retiraron más adentro del monte, porque estaban muy al principio, a lugar más acomodado para poderse defender, porque no tenían consigo sino doscientos hombres poco más o menos [...]. 

El enemigo fue marchando al monte adentro con un escuadrón de gente, dejando la restante al principio del monte; los nuestros se metieron el monte adentro [...], y el enemigo, o que por reconocer la dificultad del paso o que temiendo emboscada, volvió las espaldas y fue su gente de huída [...]

Los nuestros, aunque pocos, animados con esto, siguieron la huída y mataron [a] algunos que de cansados y muertos de sed, porque hacía muy gran calor y les faltó agua, no pudieron huir tan aprisa [...]. Aquella tarde se volvió el enemigo a la ciudad con su ejército [...]; trataron luego de embarcarse, y aquella noche pegaron fuego a algunas casas; y por la mañana, que era domingo ocho de julio, procuraron muy de mañana embarcar artillería en la caleta que llaman de Santa Ana [...]. Estuvo el enemigo embarcado en el puerto hasta el jueves [día 12 de julio de 1599], que se hizo a la vela...".

Esta segunda obra del pintor Carlos Morón que ahora presentamos, está fechada en abril de 1959, y fue un regalo de la Corporación municipal de Las Palmas, por el encargo personal del General D. José María López Valencia a la Capitanía General del Archipiélago, de un nuevo lienzo también destinado a decorar los salones de la primera ilustre Sede Militar de las islas, y este importante cuadro formará pareja con el regalado por el Cabildo Insular de Gran Canaria, que ya presentamos en el artículo anterior de este Blog.

En esta segunda obra del artista canario, se muestra la victoria de los canarios sobre el ataque de los holandeses, en la decisiva “Batalla del Lentiscal”, escenificándose los inicios de la batalla que llegaría hasta el Monte Lentiscal donde el ejército enemigo, que avanzaba cargado con pesadas armaduras, se encontró con un bosque, en el que los canarios conocedores del terreno, pudieron vencer al ejercito en el mes de julio de 1599, solo con armas arrojadizas.

Carlos Morón exaltó el éxito y el valor en la batalla de los canarios, que fueron más astutos, por conocer mejor que nadie su tierra, llegando a usar estratagemas algo duras como el hecho de cerrar el paso del agua, para que el ejército holandés llegase en malas condiciones por la deshidratación y el cansancio. Fue el principio del fin de la invasión y ocupación de Pieter Van Der Does de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Luego, que levantó vela, tiró derrota hacía el sur, pasando por Telde, a continuación hace intento de invasión de San Sebastián de La Gomera, luego atraviesa el canal entre las islas de La Gomera y Tenerife y marcha hacia la isla de La Palma donde no entra y desde la que se le pierde la pista, no se sabe bien, si de regreso a Flandes o con intención de marchar hacia El Caribe hacia las otras posesiones españolas. 

Pedro R. Castro Simancas, 03.07.2025.
  Festividad de Santo Tomás.

Fuentes: 

CABALLERO MUJICA, Francisco (1996): Documentos episcopales canarios. Volumen I. De Juan de Frías a Fray Juan de Toledo OSH (1483-1665), Ed. Real Sociedad Económica de Amigos del País, Las Palmas de Gran Canaria, 1996.

DE LA ROSA, Leopoldo (1977): "La familia del rey Bentor", en Anuario de Estudios Atlánticos, nº 23, pp. 421-441, Casa de Colón, Las Palmas de Gran Canaria, 1977.

RODRÍGUEZ DELGADO, Octavio (1989): "El Doctor don Fernando Díaz de Vera (1554-1604)", en Personajes del Sur (Vilaflor), publicado en línea. También en El Día-La Prensa del Domingo, de 9 de abril de 1989.

SOCORRO SANTANA, Pedro: El cerro de El Batán. Geografía de una batalla, Web de la Tertulia Amigos del 25 de Julio, Santa Cruz de Tenerife, 2015.


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