Fasnia: Noticias del Obispo Tavira por las bandas del sur de Tenerife.
Muchos son los autores que afirman que el siglo XVIII es de las épocas más florecientes para las islas Canarias, fundamentalmente durante el reinado de Carlos III. Se produce un inusitado estado de actividad y de iniciativas económicas y culturales, y en lo político-administrativo, se democratizan las instituciones locales con la creación de la figura de los diputados del común. Es el momento de la aparición de las sociedades económicas del amigos del país, experimentando nuevas técnicas y cultivos, con el impulso de una nobleza media y periférica que se acercaba al estado llano.
Por otra parte, los eclesiásticos continuaban siendo un estamento privilegiado, pero ahora encauzando sus riquezas y rentas hacia labores educativas y al fomento de las artes. Incluso los cargos de la jerarquía se popularizan, accediendo a ellos clérigos de origen humilde.
El movimiento cultural de las islas está ahora imbuido del espíritu de la Ilustración que se concentra en las pocas tertulias de nobles y clérigos, experimentando un avance extraordinario en el campo de la literatura, especialmente con las influencias procedentes de Francia. Esta época llamada de la Razón, penetraba en España, y Canarias no era una excepción, y para ello, son ejemplo, familias como los Iriarte, Viera, Clavijo y Fajardo, el Obispo Verdugo, etc. Y entre los que llegaron del exterior, algunas figuras de la Iglesia que rigieron la Diócesis de Canaria en la segunda mitad de la centuria, obispos ilustrados, preocupados por prestar atención a la asistencia espiritual de los fieles, de entre los que destaca sobremanera, don Antonio Tavira y Almazán (1737-1807), "el de mayor personalidad del episcopado canario del setecientos", en palabras del Catedrático de historia Bethencourt Massieu.
EL RELEVANTE PAPEL DEL OBISPO DE CANARIA DON ANTONIO TAVIRA Y ALMAZÁN.- Fue Tavira el 57º Obispo que ocupó la mitra de la Diócesis de Canaria, con sede en la ciudad de Las Palmas y con jurisdicción en todo el archipiélago canario.
Nacido en Iznatoraf (Jaén) el 30 de septiembre de 1737, Antonio Tavira y Almazán fue una figura destacada de la Ilustración en España; además de eclesiástico, fue predicador real, teólogo, tratadista, arabista y arqueólogo, y miembro de la Real Academia Española (RAE). Fallece en Salamanca el 7 de enero de 1807.
En vida, ocupó, entre otros cargos, el de catedrático de Vísperas de Teología en la Universidad de Salamanca (1771) y el de capellán de honor del rey (1772). Su elocuencia y su formación hicieron que Carlos III le nombrara, siendo capellán de honor, predicador por excelencia de su Corte. El eclesiástico desplegó entonces sus dotes en los círculos intelectuales y religiosos de Madrid e inoculó la semilla del movimiento jansenista en los sectores más exigentes del clero ilustrado. Además de la RAE, perteneció a la Real Academia de la Historia y a la de Bellas Artes de San Fernando.
Años más tarde fue nombrado prior del Convento Real de Uclés (1788) y Obispo de Canaria (1791-1796), luego obispo de Burgo de Osma y finalmente, de la Diócesis de Salamanca, donde falleció en el año 1807. Formaba parte de un grupo de prelados con ideas ilustradas; era amigo de Jovellanos, y criticó la riqueza de la corte papal, fue acusado de afrancesado y jansenista.
Según el Diccionario de la RAE, el jansenismo era una doctrina que exageraba las ideas de San Agustín acerca de la influencia de la gracia divina para obrar el bien, con mengua de la libertad humana. En el siglo XVIII, era una tendencia que propugnaba la autoridad de los obispos, las regalías de la Corona y la limitación del poder papal.
Pero para Antonio Tavira, su espíritu liberal y afrancesado tendrá incluso oportunidad de demostrarlo en Salamanca (después de haber sido Obispo de Osma), acogiendo amigablemente a las tropas francesas de Napoleón en su famosa Pastoral a propósito del paso de las Tropas auxiliares francesas, fechada en 4 de junio de 1801, dirigida al pueblo salmantino.
De la Orden de Santiago, fue capellán de honor y predicador de S.M., nombrado en 1790 para aquel cargo en Canarias, por el Rey Carlos IV, hasta que es ordenado su traslado a Burgo de Osma (Soria) en 1795 (pero que se hace efectivo en 1796).
Perteneciente a la nobleza rural más linajuda, el futuro obispo jansenizante de Canaria demostró desde la infancia abundantes dotes para el estudio, en el que se introdujo de la mano de su muy culto progenitor, guía y mentor de sus primeros pasos educativos. Tras una considerable pero poco documentada estancia en el que muy pronto sería el más famoso Seminario de la Iglesia borbónica —el murciano de San Fulgencio—, alcanzó en la Universidad de Baeza los títulos de bachiller en Artes y Filosofía y en el mismo mes —septiembre de 1761— se graduó bachiller en Teología. Adentrado ya en la carrera de los honores y títulos, un mes más tarde recibió el hábito de Santiago otorgado por la casa matricia de la Orden: el convento conquense de Uclés.
Obtenido el doctorado en Teología a finales de diciembre de 1764, continuaría con ahínco su instrucción en lenguas orientales —llegó a ser un consumado especialista en árabe— y en el conocimiento de los saberes bíblicos al tiempo que se encargaba de la docencia de algunas de estas materias.
Ya en sus días madrileños en la Corte de Carlos III, amigos y admiradores de Tavira intentaron infructuosamente su aceptación como obispo de sedes episcopales como la de Málaga, y varias castellanas —Valladolid, Segovia, Zamora...—; ahora, sin embargo —en las postrimerías de 1790—, dio su favor a la propuesta real para ocupar la silla del Obispado de Canaria.
Deberíamos preguntarnos cual es la razón por la que precisamente acepta el cargo de Obispo de Canaria, cuando ningún cargo político de las islas era especialmente apetecible en aquella época ¿Acaso un enigma psicológico?; ¿afectado por presiones irresistibles? Lo cierto es que estaba en su mente una eventual creación bajo su mitra de una universidad literaria en las islas Canarias, lo que debería sin duda espolear su asentimiento. Pues como apunta la profesora de la Universidad de La Laguna, Mª Inés Cobo, "no debemos olvidar que bajo su episcopado y muy posiblemente debido a su afinidad y amistad con el ministro Floridablanca, dictó Carlos IV el Decreto de 11 de marzo de 1792, que es el que se considera fundacional de la Universidad de La Laguna."
EL OBISPO ANTONIO TAVIRA LLEGA A CANARIAS.- El quinquenio que cubre el episcopado canario de Antonio Tavira fue muy fructífero en lo personal e institucionalmente. Sus aptitudes para regir una diócesis tan extensa y variada quedaron bien patentes a través del denodado esfuerzo pastoral que realizara en las sietes islas, visitadas exhaustivamente hasta llegar en ocasiones a la extenuación; mientras que sus relaciones con el Cabildo de la Catedral de Santa Ana, en Las Palmas, y las autoridades civiles fueron también modelo de concordia y diplomacia. Naturalmente, los problemas no faltaron en un archipiélago cada vez más importante a medida que su posición geográfica y estratégica se revalorizaba de modo espectacular como consecuencia en ancha medida de un tráfico ultramarino —de productos agrícolas y manufactureros pero también humano, como la trata esclavista de negros...— en imparable auge. Como buen ilustrado, el obispo se afanó por paliar la gran pobreza física —a las veces, terebrante incluso— y espiritual de gran parte de sus diocesanos por medio de actos y gestos cargados de simbolismo en muchas ocasiones. Su pastoreo en nuestras islas se caracterizó por la reestructuración de las parroquias de forma racional y realista, como producto de una mentalidad ilustrada.
LA RIVALIDAD INSULAR FUE UN FRENO PARA CREAR LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA.- Paradójicamente, tal como nos comenta la Real Academia de la Historia en su biografía, las mayores dificultades arrastradas en su gobierno como Obispo de las islas Canarias sobrevinieron del lado académico a la hora de establecer la ansiada universidad canaria. El enconado pleito entre La Laguna —asiento en época pasada de un establecimiento docente superior regentado por la Orden Agustina— y Las Palmas —aspirante a la erección en ella de una Universidad a la altura del tiempo— entibió los ánimos del obispo, encargado por la Corona de establecer su primer Plan de Estudios, que quedó en el limbo aún cuando Tavira partiera hacia la Diócesis de Osma, su nuevo destino, en mayo de 1796 para una nueva etapa en su itinerario episcopal.
El tinerfeño Antonio Porlier y Sopranis, Marqués de Bajamar (La Laguna, 1722 - París, 1739), siendo Ministro de Gracia y Justicia de España e Indias en 1792 intenta la restauración de los estudios universitarios que los Agustinos habían tenido en La Laguna, su ciudad natal. Bajo su influencia, obtiene de Carlos IV la Real Cédula de 11 de marzo que viene acompañada del visto bueno del Papa Pío V de 25 de mayo y del informe del propio Porlier para que se instale en La Laguna una universidad literaria. Se nombró, según comenta Marcos Guimerá Peraza, como Obispo de Canaria, a don Antonio de Tavira y Almazán, comisionado para llevar a la práctica su instalación.
En efecto, por Real Cédula de 11 de marzo de 1792, el rey Carlos IV mandaba por primera vez establecer en la ciudad de La Laguna, por entonces capital de la isla de Tenerife, una universidad humanística, destinando para ello como sede la que había sido casa-colegio de los expulsados de la Compañía de Jesús, inmueble que aún subsiste en la calle de San Agustín de aquella ciudad (y que es la actual sede de la Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife). Sin embargo, dicha universidad finalmente no llega a ser realidad, pues comisionado el citado Tavira para su puesta en marcha, a causa de las rivalidades entre las islas de Tenerife y de Gran Canaria, y especialmente por la influencia del Cabildo de la catedral de Santa Ana, ello no fue posible. De manera que, según cuenta Francisco M. de León, fue el propio Tavira el que "paralizó los efectos del real decreto de 11 de marzo de 1792". No volvería a crearse una universidad en La Laguna hasta el reinado del Rey Fernando VII, bajo el influjo de su confesor, el tinerfeño Cristóbal Bencomo Rodríguez.
En relación con aquella primera creación de la universidad, en el año 1795 nos encontramos al obispo don Antonio Tavira de nuevo en el Puerto de La Orotava. Allí coinciden el obispo y un jovencísimo Bernardo Cólogan Fallon, comerciante de origen irlandés radicado en aquella población y que más tarde sería un miembro destacado de la Junta Suprema de Canarias (1808).
En el siguiente enlace puede verse más información sobre La creación de la Junta Suprema de Canarias.
Concretamente, es en junio de ese año de 1795, dentro de su intensa agenda pastoral por las islas, cuando don Antonio Tavira visita de nuevo el Puerto de la Cruz de La Orotava, la localidad con mayor empuje comercial del momento. Esta visita de Tavira al citado Puerto de La Orotava no es más que una etapa en su apretada agenda por las islas, ocasión que aprovecha Cólogan para dedicarle un poema en su onomástica, el 13 de junio, día de San Antonio. Así, a la edad de 23 años –y mostrando una precoz habilidad en el uso del latín–, Bernardo Cólogan Fallon compuso unos versos con motivo del encargo de establecer la Universidad en La Laguna, lo que le había sido encomendado al Obispo Tavira por el Rey; el poema aparece publicado bajo el título: Illustrissimo ac Dilectissimo D. D. Antonio de Tavira et Almazan, Canariensi Episcopo, Tertia decima Junii Sancti Antonii festiva die. Hoc carmen humillime ofert Bernardus Cologan Fallon, ut Studia litteraria iam Regio concessa Decreto his in Insulis promoveat foveatque.
Como ha señalado Carolina Real Torres (2024), pareciera que las ideas de Cólogan y Tavira se fundieran a lo largo de los 207 versos que emplea el autor en ese Poema, para pintar por medio de figuras retóricas y constantes alusiones a la mitología clásica, el ideal ilustrado que representa el Obispo. Parece que Bernardo Cólogan quisiera presentar a Tavira como un héroe cultural capaz de instaurar la instrucción educativa tan necesaria en las islas. Cólogan en su Poema presenta al Obispo, pues, como un nuevo Febo, dios del sol y de la luz, que viene a disipar las sombras de la ignorancia, a la vez que denuncia un hecho evidente en aquella época: el penoso olvido en el que estaban sumidos los estudios universitarios en Canarias.
Pero lo cierto es que aquella universidad nunca llega a instalarse, y más tarde, pese a la influencia en la Corte del tinerfeño Antonio Porlier Marqués de Bajamar que intenta aquella instalación en La Laguna en la que luego sería la Universidad de San Fernando creada por Fernando VII, dadas las enormes resistencias, como hemos comentado, que Tavira encontró para su puesta en marcha, la mayor de las cuales fue la rivalidad existente entre Gran Canaria y Tenerife por poseer en su suelo dicha universidad.
Ya iniciado el siglo XIX, en 1807, el propio Marqués de Bajamar se lamenta de la actuación de Tavira, en una Relación fechada en Madrid el 14 de septiembre de dicho año: "el cual, después de tres años que se mantuvo allí [en las islas Canarias], hasta su regreso al Obispado de Osma, nada hizo, que se sepa, en el cumplimiento de aquel encargo [de crear la universidad], y ignoro lo que expondría, o al nuevo Ministro de Gracia y Justicia, o a la Cámara de Castilla, y la cosa se ha quedado así, hasta ahora, careciendo aquellos naturales ultramarinos de un beneficio a que son acreedores, y malográndose aquella juventud en perjuicio del Estado y de su Patria." (en Marcos Guimerá Ravina, Biografía Política e Historia Canaria, tomo I, p. 58, año 2003).
DESTACADA LABOR PASTORAL VISITANDO TODAS LAS ISLAS CANARIAS.- Desde el punto de vista pastoral, Tavira encarnaba una Iglesia nueva y renovada, como ha tenido ocasión de explicarlo uno de sus mejores estudiosos, Infantes Florido (que fue Obispo de Canarias en la segunda mitad del siglo XX): "Se trataba de un prelado de ideas nuevas, fundamentado en teleología, historia, lenguas clásicas y escritura. Tenía un claro concepto de España, estaba al tanto de sus verdaderos problemas" (1977).
Hombre ajeno a todo gasto superfluo en el culto. Hasta en el uso de la cera para las velas de los templos imponía su moderación "quando en su uso se exceda de los que se prescribe por rúbricas y reglas de la Iglesia, la cual nunca ha creído ni enseñado que sea mayor el culto a Dios con mayor número de luces" (Tavira a Carlos IV, La Oliva (Fuerteventura), 27.06.1792).
Fuera de la vertiente evangelizadora, la Visita que realiza Tavira a la totalidad de las islas Canarias, dadas las precarias condiciones de las infraestructuras de transporte, las lamentables condiciones de los caminos y la lejanía de los núcleos poblacionales de las islas, supuso superar durísimas dificultades durante los trayectos, no solo entre los distintos pueblos de cada isla sino de transporte marítimo entre todas ellas. De hecho, hay que señalar que fue uno de los pocos Obispos de la Diócesis de Canaria que lograron visitar todas las islas y todos y cada uno de sus pueblos que al menos contaban con una ermita principal.
De manera protocolaria, tan pronto llega a un lugar, lo primero que hace es recibir a las personalidades, tras un descanso, pasa a la ermita o iglesia y, acto seguido, da el sermón y realiza las preceptivas confirmaciones, que comienzan a partir de las cinco de la tarde, prolongándose algunas de ellas hasta altas horas de la noche.
En su visita a las islas de Fuerteventura y Lanzarote, es interesante señalar como los burros y camellos, en su mayor parte, fueron los medios de transporte utilizados durante su estancia en Fuerteventura para visitar sus pueblos. No fue este el caso de Lanzarote, donde, contrariamente a lo que se pueda pensar, el transporte utilizado fue el caballo, causando extrañeza al notario de la visita por su elevado número en el séquito que se traslada desde el Puerto del Arrecife a Teguise, que era la capital de la isla.
Después de visitar las islas de Fuerteventura (mayo 1792) y de Lanzarote (junio 1792), regresa a Gran Canaria el 25 de julio de 1792 y el 13 de noviembre de 1793 embarca para la isla de Tenerife desde el Puerto de la Luz (Las Palmas). Ya no volverá más a Gran Canaria, aunque seguirá el itinerario pastoral por el resto de las islas hasta su despedida como Obispo electo de Osma. Recorre toda la isla de Tenerife, visitando incluso el Sur a finales de ese año. Partirá de las islas Canarias definitivamente desde el puerto de Santa Cruz en mayo en 1796.
Como curiosidad, indicar que al Obispo en su periplo pastoral le acompañaba, entre otras personas, su criado llamado Antonio Silva, un portugués, y que según contó más tarde el Vizconde de Buen Paso, el 13.07.1809 en su Diario, este criado luego regresó a Tenerife, porque "volvió de España y fue empleado en la guarda de contrabando y ha comprado huertas y fabricado y [se] pasea por Santa Cruz en birlocho." (Juan Primo de la Guerra, 1809). Este birlocho se trataba de un carruaje ligero y sin cubierta, de cuatro ruedas y cuatro asientos, que era abierto por los costados y sin portezuelas.
Pues bien, Tavira termina su primera estancia por Tenerife, en el Valle de La Orotava, embarcando en el Puerto de la Cruz el 29 de mayo de 1794 para la isla de La Palma, viajando luego a El Hierro (agosto 1794) y La Gomera (septiembre 1794), regresando de nuevo a Tenerife el 5 de octubre de ese mismo año, con claros achaques como consecuencia del duro recorrido.
Antes de partir definitivamente de las islas, en el Puerto y Plaza de Santa Cruz de Tenerife redacta el proyecto final de erección de nuevas parroquias para los partidos de La Laguna y La Orotava en expediente fechado el 25 de abril de 1796, que pese a algunas oposiciones locales, le será propuesto al Rey Carlos IV que finalmente lo aprobará ya cuando Tavira se había marchado de las islas y ocupe la mitra canaria el Obispo Verdugo (por cierto, el primer obispo de origen canario que tuvo la Diócesis y el último común para todas las islas Canarias).
Pues bien, por parte de Tavira, como consecuencia de su Visita por las bandas del sur de Tenerife, son creadas en ese año de 1796 las nuevas parroquias de San Juan de Arafo, San Joaquín de Fasnia, San Miguel de Abona del pueblo del mismo nombre y San Antonio en Arona, entre otras, como efecto de la creciente conciencia de comunidad de esos pagos. La necesidad de asistencia espiritual y por motivos de prestigio local en la que tendrán un papel los síndicos personeros de las localidades, los alcaldes pedáneos y la pequeña oligarquía de la monarquía en aquellos momentos "por una exacta y recta administración eclesiástica en beneficio de un eficaz apostolado de sus vasallos", según señala el profesor Bethencourt Massieu (Revista de Historia Canaria, nº 170, 1976).
Las causas de estas nuevas erecciones parroquiales en el sur tinerfeño hay que buscarlas, pues, en el elevado número de vecinos y la creciente conciencia de comunidad de dichos núcleos de población de las bandas del sur de Tenerife, así como en la necesidad de asistencia espiritual de sus feligreses.
Recogiendo de nuevo la presencia de nuestro ilustrado Tavira, nos lo encontramos en Tenerife, cuando el Rey Carlos IV en 1795 lo promueve para la Diócesis de Osma (Soria), sin embargo aún permanecerá unos meses más en la isla de Tenerife, como hemos dicho, hasta el mes de mayo de 1796.
SU PASO POR EL PUEBLO DE FASNIA Y LA CREACIÓN DE LA PARROQUIA DE SAN JOAQUÍN.- Del paso de don Antonio Tavira por el Pago de Fasnia el 2 de enero de 1794, tenemos constancia en un documento conservado en el Archivo Parroquial de San Joaquín de dicho pueblo (si bien, en la actualidad, la documentación histórica de dicho archivo parroquial ha sido transferida al Archivo Histórico Diocesano de San Cristóbal de La Laguna), donde se halla firmado por dicho Obispo, el Decreto de 29 de enero de 1796, del Iltmo. Sr. Don Antonio Tavira, Obispo de Canaria, [por el que] instituye la Parroquia de San Joaquín del Pago de Fasnia. Dictado en el Puerto y Plaza de Santa Cruz de Tenerife.
En este auto de erección de la ermita de Fasnia en Parroquia, se expone que "... con motivo de haber dado confirmaciones en la Hermita de San Joaquín perteneciente a dichos Pagos [de Fasnia, La Zarza, Sabina Alta y La Sombrera], el día dos de enero del año de mil setecientos noventa y cuatro en que confirmó cuatrocientos y ocho entre adultos y párvulos, y se enteró del crecido vecindario de aquellos pagos, y de la falta de asistencia espiritual que padecían por la larga distancia de la Parroquia a donde sólo podían concurrir al cumplimiento de Iglesia no sin grande incomodidad y trabajo cual lo experimentaban también en llevar a enterrar sus cadáveres, y en ir a bautizar sus hijos...".
Como ha señalado Octavio Rodríguez Delgado, el 2 de enero de 1794 el obispo Tavira, en pastoral visita, se había acercado a la ermita de San Joaquín en el pago de Fasnia, con motivo de dar confirmaciones. Allí conoció personalmente lo gravoso que era a los vecinos de los pagos de Fasnia, La Zarza, Sabina Alta, La Sombrera y Valencia (actual Cruz del Roque) la dependencia de Arico, por la larga distancia a la parroquia, y se hizo cargo de que ya componían vecindario suficiente para constituir una parroquia independiente, lo cual venían suplicando repetidamente los vecinos de los mismos.
Cuenta el sacerdote güimarero Dr. Agustín Díaz Núñez en su obra Religión Católica Apostólica Romana en Islas Canarias (1850), que "El Iltmo. Tavira en su visita canónica [a Fasnia] conoció personalmente lo gravoso que a los pagos en cuestión el recurso a Arico, y hecho cargo que componían ya un vecindario suficiente para constituir parroquia independiente, los erigió en curato, que al parecer tuvo efecto en 1796, y sirvió de iglesia la antigua ermita que tenían con el título de San Joaquín, inmediata a Fasnia..."
En efecto, será en el Puerto y Plaza de Santa Cruz de Tenerife cuando dicta el citado Auto de 29 de enero de 1796 "de erección de la ermita del Sr. San Joaquín de Fasnia en Iglesia Parroquial desmembrándose de la de Arico". Eran en aquellos momentos, Fasnia junto con los pagos de La Zarza, Sabina Alta, Valencia y La Sombrera, pequeñas comunidades campesinas integradas en el pueblo de Arico, con la parroquia de San Juan en el Lomo, pues desde 1722 estos pagos se habían desmembrado de la Parroquia de San Pedro de Güímar y pertenecían a la parroquia de Arico.
Sirvió de Parroquia provisionalmente la antigua ermita que tenían con el título de San Joaquín, inmediata a Fasnia pero no en el centro de la población, al extremo del lomo que por ello recibió el nombre de dicho Santo. Señalar que la construcción de esta primitiva ermita de San Joaquín, tiene lugar cuando a mediados del siglo XVII, los vecinos del término solicitaron y obtuvieron licencia para levantar una iglesia que les evitara desplazarse a Güímar o Arico para oír misa. Desde su construcción hasta el año 1800, fue el único edificio público del lugar. Actuó, por tanto, de primera parroquia, de sede de las juntas del Ayuntamiento e incluso, sirvió de sepultura a los fallecidos en la jurisdicción. Además, en la plaza anexa a la ermita tenía lugar la toma de posesión de las corporaciones, ante todo el pueblo, y en las ceremonias de relevo los alcaldes salientes entregaban "el bastón de justicia" a los entrantes.
Como ha señalado Octavio Rodríguez Delgado, cuando los vecinos de Fasnia le plantearon al obispo Tavira su deseo de erigir en parroquia su antigua ermita de San Joaquín, éste les puso como condición previa el que se comprometieran por escrito a donar los terrenos y a construir una nueva iglesia, de mayor capacidad y situada en lugar más céntrico.
Hay que señalar que desde el año 1722 ya el pago de Fasnia se había segregado del pueblo de Güímar, agregándose al de Arico, y ya en 1796 en lo administrativo existía una alcaldía real o pedánea, bajo la jurisdicción del ayuntamiento de La Orotava.
De manera que en el auto de la Real Audiencia de Canaria por el que se autorizaba la elección del primer ayuntamiento o junta vecinal de esta localidad, se estableció que la nueva alcaldía pedánea llevaría la denominación del barrio en el que se construyese la nueva iglesia parroquial; por ello, era muy importante la elección del lugar en el que se debía construir el nuevo templo.
De este modo, para cumplir con la condición exigida por el Obispo, el 17 de enero de 1796 se reunieron en la plaza de la mencionada ermita la mayor parte de los vecinos de estos pagos, con el fin de elegir el sitio donde se habría de construir la nueva parroquia que pretendían y, habiéndose discutido varias propuestas, resolvieron edificarla en el centro del pago de Fasnia, en los terrenos ofrecidos al efecto por el alcalde real don José Díaz Flores, juntamente con su mujer doña María Josefa, y por el teniente don Diego de Torres y su esposa doña Bárbara Petra Llarena. Por este motivo, el nuevo término llevaría en adelante el nombre de Fasnia, en cumplimiento del auto de la Audiencia: “el qual se denomine con el nombre del Barrio en que se fabrique la Parroquia”.
Pues bien, en este mismo expediente eclesiástico de creación de la nueva Parroquia de San Joaquín en Fasnia, se encuentra la escritura de donación de terrenos para el nuevo templo (donde se halla la actual parroquia), efectuada por el Capitán don Diego A. Estanislao Las Torres y esposa, y don Josef Díaz Torres, Alcalde mayor del territorio y esposa.
El Auto del propio Tavira, de fijación de límites entre la nueva parroquia que nacía y de la que se desmembraba, la de la parroquia del Lomo de Arico, fijándose tal linde en el Barranco de Cano, hoy conocido por Los Cazadores, de la Linde o de las Ceras, y el acta de celebración de la primera misa, entre otros documentos. Pues bien, en el más importante de todos ellos, el citado Auto de 29 de enero de 1796 empieza con la exposición de hechos: "Que atendiendo a los ruegos y súplicas de los vecinos de los Pagos de Fasnia, La Zarza, Sabina Alta y La Sombrera, en los bandos del Sur de esta Isla y perteneciente a la Iglesia Parroquial del Lugar del Lomo y en su origen a la de Vilaflor de donde ésta fue segregada". Sin embargo, esto que afirma el Auto de Tavira no del todo exacto, pues el Pago de Fasnia, como ya hemos explicado, originariamente no pertenecía a Chasna, sino a la parroquia de San Pedro de Güímar.
El Auto de Tavira, después de recordar lo que había observado en su visita a Fasnia de dos años antes, continúa su exposición de hechos: "teniendo presentes también las diferentes Escrituras que se han otorgado por los vecinos para la dotación de la lámpara del Santísimo, y separadamente de algunas cortas cantidades para otras necesidades de la Iglesia que todos se han presentado a S. I., y así mismo, las ofertas que se han hecho por algunos que se hallan en América de la Custodia, y otras alhajas precisas, y las que otros vecinos hacen de los ornamentos sagrados más necesarios."
Por tanto, Tavira finalmente dijo en su decreto: "que erigía y erigió desde luego en Parroquia la otra Hermita de San Joaquín por otra interinamente y hasta tanto que se fabrique la nueva Iglesia que los vecinos por escritura que igualmente han celebrado se obligan a edificar de nuevo en sitio que han señalado...". En dicho documento, más adelante se añadía, "se hará saber al Sr. Cura de la Igª Parroquial del Lomo [de Arico] la segregación que se hace para que de ningún modo impida ni perturbe el ejercicio de la otra Parroquia, y del Párroco que se nombrará por S.I., ...". Firmado, Antonio, Obispo de Canaria.// Por mandato de S. I. el Obispo, mi señor. Firmado Don Mateo de Obregón Cevallos, Secretario.// Por el que mandamos a dicho Venerable Párroco vea el citado nuestro Auto incerto y le dé su puntual y debido cumplimiento.// Dado en el Puerto de Santa Cruz, a veinte y nueve de enero, de mil setecientos noventa y seis."
La labor principal de don Juan en esos primeros años fue la construcción, dentro del casco de Fasnia, de un templo de mayor capacidad a donde debía trasladarse la Parroquia, tal como había ordenado el obispo; labor que emprendieron con esmerado celo los vecinos: “por las muchas incomodidades que resultaba al Venerable párroco, y al mismo vecindario la situación fuera de poblado en que estaba el templo, sin olvidar lo expuesto que está a un saqueo y otras fatales consecuencias”, según señala el cronista Octavio Rodríguez Delgado.
FINAL DE SU OBISPADO Y DESPEDIDA DE CANARIAS.- Este expediente de erección de nuevas parroquias en Tenerife don Antonio Tavira lo completa el 25 de abril de 1796, que pese a la oposición del Fiscal de la Real Audiencia, contó con el informe favorable del Cabildo Catedral de Santa Ana y de los oidores de la Real Audiencia de Canaria, ordenándose su envío de inmediato al Rey para su preceptiva ratificación real lo que finalmente se produjo, siendo muy probable que el propio Tavira lo portara personalmente pues ya partía de las islas para su nuevo destino en la Diócesis de Osma.
Exactamente lo hizo en el navío "El Oriente" de bandera real que zarpó del puerto de Santa Cruz de Tenerife el 3 de mayo de 1796, cuando el pueblo de Santa Cruz celebraba sus fiestas fundacionales en espera de tiempos más brillantes para su historia. Rumbo a Cádiz, desde la rada tinerfeña donde se agolpaba un pueblo que quedaba triste por la partida de un hombre bueno, que dejaba un halo de humanidad difícil de olvidar para aquella generación de gentes. Así cantaba Francisco Gutiérrez Vigil, Oidor (o juez) de la Real Audiencia de Canaria, en sus Liras a la salida del Ilustrísimo Señor Don Antonio Tavira, Obispo de estas Islas Canarias desde la rada de Santa Cruz de Tenerife para Cádiz. Con destino a Osma, adonde ha sido trasladado (La Laguna, 1796):
Tavira Amable, Justo, Sabio, Pío
lo lloran tus ovejas
en su Redil sombrío:
¡quando se llenará tanto vacío!
Qué candor, qué fineza!
qué accesible! que honrado! qué tratable!
qué exacto en la promeza!
qué modesto, si hable!
un hombre tal ¿podrá no ser amable? [...]
Ah! Osma! afortunada
más que las Islas que lo son de suyo!
dellas sois envidiada;
es Dicha, y no te arguyo:
TAVIRA será Isleño, más que tuyo.
LOS EFECTOS DE LAS DIVISIONES ECLESIÁSTICAS DEL OBISPO TAVIRA EN LA CREACIÓN DE LOS MUNICIPIOS DEL SUR DE TENERIFE.- Las divisiones eclesiásticas en parroquias tendrían vital importancia años después, en pleno periodo constitucional español, a comienzos del siglo XIX, para la creación de los nuevos municipios, máxime cuando ya venían estos pagos disfrutando de cierta autonomía mediante la constitución de juntas presididas por el alcalde pedáneo de cada lugar, estimuladas por la Real Audiencia de Canaria, denominándose a sí mismas, ayuntamientos.
Así, estos incipientes “ayuntamientos” estarían compuestos por un alcalde real o pedáneo, dos diputados, un síndico personero y un fiel de fechos (o secretario), todos estos cargos nombrados por los propios vecinos del lugar.
Como pudo afirmar el jurista e historiador tinerfeño Leopoldo de la Rosa Olivera en su obra Evolución del Régimen Local en las Islas Canarias (1946), "este rudimentario organismo, completado en la mayoría de los lugares por la existencia de pósitos importantes, que no se limitan a la prestación de granos para la siembra, sino que contribuyen a la obras de la parroquia, crean escuelas, obras públicas, etc., instituciones que también la Audiencia protegió y estimuló, [y que] daría lugar a los nuevos municipios que nacieron legalmente al amparo de las normas constitucionales de 1812", y cuya existencia y límites prácticamente ha llegado hasta nuestros días. De manera, pues, que tenemos en las bandas del Sur de Tenerife a aquellas cuatro parroquias: San Juan Degollado de Arafo, San Joaquín de Fasnia, San Miguel de San Miguel de Abona y San Antonio Abad de Arona, que fueron creadas por aquel Obispo Tavira en las postrimerías del siglo XVIII, y cuyos núcleos y límites dieron lugar a los mismos municipios que en la actualidad conocemos.
Fuentes:
CASTRO SIMANCAS, Pedro Rubens (1985): "Noticias del obispo Tavira en las bandas del Sur de Tenerife", en Diario de Avisos, Santa Cruz de Tenerife, 11 (p. 7) y 12 (p. 4) de abril de 1985.
COBO SÁENZ, María Inés (2004): "El Obispo Tavira (1737-1807) - su contribución a la modernización de las Islas Canarias" en Revista Almogaren, pp. 169-178, nº XXXV, Viena (Austria), 2004.
INFANTES FLORIDO, José Antonio (1977): Figuras de la Iglesia canaria. Tavira (1791-1796), Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas, 1979.
PERAZA DE AYALA, José (1972): "La jurisdicción eclesiástica de Tenerife antes del Obispado" en Anuario de Historia del Derecho Español, Madrid, 1972.
RODRÍGUEZ DELGADO, Octavio (2016): "El proceso de creación de la parroquia de San Joaquín de Fasnia (1795-1796)", en Historia y personajes del Sur de Tenerife, Blog en línea, 14 de junio de 2016.
Creación de la Parroquia de Fasnia
SAUGNIEUX, Joël (1970): Un Prèlat Eclaire: Don Antonio Tavira y Almazán (1737-1807), Université de Toulouse, 1970.




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